Dicen que aquel día en que las tropas del turco Bakhtiyar Khalji atacaron la universidad monasterio de Nalanda el gran Buddha Amida salio de su infinita paz y tembló por unos segundos de dolor. Durante semanas la inmensa riqueza bibliografica que atesoraba Nalanda estuvo ardiendo y el olor a sangre y muerte se podía sentir a kilometros.
Nunca antes la humanidad había perdido tanto en tan poco tiempo. Los barbaros habían incendiado y destruido uno de los grandes hitos de la civilización humana.
El mundo debio pararse aquel día, pero siguió girando.
Mucho años más tarde, entre las ruinas de Nalanda, cuando ya estaba todo perdido para el Dharma en la India, un hombre, un gran maestro, junto a un reducido grupo de discípulos se enfrentaba con una inmensa dignidad a la decadencia y a la derrota. Pese a que toda esperanza había muerto el anciano y venerable Rahula Sribhadra se resistía a entregar su dignidad y persistia enseñando el Buddhadharma a sus discipulos entre las piedras de lo que un día fue Nalanda. En su cabeza y en algunos pocos textos salvados entre las ruinas, conservaba la gran sabiduría de los más grandes maestros del budismo mahayana: Nagarjuna, Aryadeva, Chandrakirti, Asanga, Vasubandhu, Dharmakīrti, Shantideva ...
Rahula Sribhadra representa la dignidad, como unico camino virtuoso, más allá de ningún fin.
En este barco llamado mundo donde las ratas han tomado el puente de mando, roen las vetustas maderas y nos conducen sin remedio hacía los acantilados. En este barco llamado samsara, que es tan real como una flor en el cielo, que está más allá de la existencia y de la no existencia, no hay escapatoria posible: los arrecifes nos esperan sin remedio, el fondo del mar será nuestra patria.
¿Que se puede hacer en un mundo sin rumbo, en descomposición, donde los más criminales tienen el poder absoluto, donde la verdad ha perdido su sentido, donde la honradez y la virtud son cosa del pasado? ¿que podemos hacer en un mundo destinado irremediablemente a arder por los cuatro costados?
En un mundo así Rahula Sribhadra nos enseña el camino, el camino de la virtud, el camino de los nobles. Mientras las ratas sedientas de sangre y poder, se comen las entrañas unas a otras, siempre sedientas de más, nos queda Rahula Sribhadra, como una luz que alumbra en la oscuridad de nuestro pequeño escondite en esta aciago barco. Las ratas terminarán sin duda por encontrarnos, pero hasta que lleguemos a los acantilados, no es posible otra cosa mejor que escuchar el camino de la virtud, el noble octuple sendero, el camino del maestro entre maestros.
El espiritu de Rahula Sribhadra
- Carl Sagan
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Re: El espiritu de Rahula Sribhadra
El Buda ya nos advirtió de la impermanencia de todas las cosas, Dharma y Sangha incluidos. ¿Qué se puede hacer en este mundo corrupto? Lo que harán los demás no lo sé, pero sí sé lo que yo haré: mantenerme desapegado respecto a la séxtuple base sensorial. No porque pretenda ser un loto inmaculado y puro que emerge en la basura...
Así como un deleitable y perfumado loto crece allí, en una pila de basura que ha sido desechada en el camino, de la misma forma, entre la basura de los seres, el discípulo del Buddha brilla con su sabiduría sobrepasando a la ciega humanidad. (Dhammapada, 58-59).
...sino porque lamento haber tenido algo que ver con este samsara. Ojalá pudiera revertirlo. Como diría Borges al menos queda el consuelo de la caducidad de esta lamentable condición.
Así como un deleitable y perfumado loto crece allí, en una pila de basura que ha sido desechada en el camino, de la misma forma, entre la basura de los seres, el discípulo del Buddha brilla con su sabiduría sobrepasando a la ciega humanidad. (Dhammapada, 58-59).
...sino porque lamento haber tenido algo que ver con este samsara. Ojalá pudiera revertirlo. Como diría Borges al menos queda el consuelo de la caducidad de esta lamentable condición.
Re: El espiritu de Rahula Sribhadra
Siempre habrá seres como Muhammad Bakhtiyar Khalji, hienas sedientas de sangre, que buscarán quemar y destrozar todo lo bello del mundo. Sumidos en la ignorancia y el odio las ratas siempre sedientes de más poder roen las maderas que nos sostienen en medio del proceloso mar. ¿Que sostrendrá la vida cuando este barco sucumba, cuando las ratas abran vias de agua en el casco)
Sribhadra y sus setenta monjes ayudados por algunos escasos textos mantenían la tradición oral y la literatura memorizada que permitía la continuidad de enseñanzas filosóficas budistas en medio de la devastación. Pero ¿por que lo hacían? ¿por que ponían su vida en peligro si sabían que en cualquier momento podrían volver tropas del sultanato de Delhi, que tantos saqueos de instituciones budistas habían realizado en la región de Magadha? Lo hacían porque honrar a las enseñanzas, a aquel castillo del conocimiento que yacía destruido, derrotado, era la forma de dignidad mas coherente que podían encontrar.
Hoy, al hombre moderno le parecía extraña la actitud de Sribhadra. Rodeado en cada minuto de mil artificios, de mil engaños a la mente, expuesto a infinitas y ridículas formas del engaño, el hombre moderno ha perdido la capacidad de reconocer la verdad.
Me imagino la inmensa dignidad de Sribhadra, incorruptible ante un mundo en llamas, retando a la muerte, llevado por corazón y mente a permanecer allá, hasta el final, en donde la inconmensurable belleza del conocimiento floreció sin límites.
Me arrodillo antes los grandes hombres del Dharma como Sribhadra, que fueron incansables en tratar que aquella inmensa llama del conocimiento, no se apagara.
Sribhadra y sus setenta monjes ayudados por algunos escasos textos mantenían la tradición oral y la literatura memorizada que permitía la continuidad de enseñanzas filosóficas budistas en medio de la devastación. Pero ¿por que lo hacían? ¿por que ponían su vida en peligro si sabían que en cualquier momento podrían volver tropas del sultanato de Delhi, que tantos saqueos de instituciones budistas habían realizado en la región de Magadha? Lo hacían porque honrar a las enseñanzas, a aquel castillo del conocimiento que yacía destruido, derrotado, era la forma de dignidad mas coherente que podían encontrar.
Hoy, al hombre moderno le parecía extraña la actitud de Sribhadra. Rodeado en cada minuto de mil artificios, de mil engaños a la mente, expuesto a infinitas y ridículas formas del engaño, el hombre moderno ha perdido la capacidad de reconocer la verdad.
Me imagino la inmensa dignidad de Sribhadra, incorruptible ante un mundo en llamas, retando a la muerte, llevado por corazón y mente a permanecer allá, hasta el final, en donde la inconmensurable belleza del conocimiento floreció sin límites.
Me arrodillo antes los grandes hombres del Dharma como Sribhadra, que fueron incansables en tratar que aquella inmensa llama del conocimiento, no se apagara.
Re: El espiritu de Rahula Sribhadra
¿que podía hacer Rahula Sribhadra ante un mundo que colapsaba denitivamente (el budismo en India)? ¿ante un mundo condenado a desaparecer dejando atrás grandeza, pero tambien olvido?
En realidad no podía hacer nada. Pero podía seguir cuidando de las pocos discipulos que le acompañaban, podía seguir enseñando el Dharma del Buddha. Incluso podía seguir cuidando de su mente. Por lo poco que conocemos de la historia de Rahula Sribhadra creo que su mente debió ser un remanso de paz, una luz en las tinieblas hasta el último momento.
Me imagino su mente en aquellos años como un mar en calma, en absoluta paz, en cuyo centro se podría encontrar una pequeña isla con un pequeño templo con el Buddha como figura central, pero tambien a bodhisattvas como Avalokiteshvara, Manjuri o Maitreya. Tal vez habría en aquel templo de su mente un espacio para el Buddha Amitabha, no podemos saberlo. Pero sabemos que en su mente no había miedo, que pese a que en cualquier momento podía volver las tropas del sultanato de Delhi. Los suyos le pedían escapar hacia el norte, tal vez incluyo tratar de llegar al Tibet, un refugio para los seguidores del Dharma de aquella época en India. Pero él decidió permanecer en Nalanda hasta el final.
La vida en realidad es muy sencilla y creo que la historia de Rahula Sribhadra es una gran y valiosa enseñanza. Nuestro mundo podría estar condenado, lo que hoy es orden mañana puede ser caos, nuestros días podrían estan contados (en realidad siempre están contados) y en realidad poco hay que podamos hacer. Sólo podemos cuidar de nuestra mente, de nuestro mar , de los templos que hemos sido capaces de levantar en islas condenadas a desaparecer, de las hogueras que podamos mantener en la oscuridad de la noche.
En realidad no podía hacer nada. Pero podía seguir cuidando de las pocos discipulos que le acompañaban, podía seguir enseñando el Dharma del Buddha. Incluso podía seguir cuidando de su mente. Por lo poco que conocemos de la historia de Rahula Sribhadra creo que su mente debió ser un remanso de paz, una luz en las tinieblas hasta el último momento.
Me imagino su mente en aquellos años como un mar en calma, en absoluta paz, en cuyo centro se podría encontrar una pequeña isla con un pequeño templo con el Buddha como figura central, pero tambien a bodhisattvas como Avalokiteshvara, Manjuri o Maitreya. Tal vez habría en aquel templo de su mente un espacio para el Buddha Amitabha, no podemos saberlo. Pero sabemos que en su mente no había miedo, que pese a que en cualquier momento podía volver las tropas del sultanato de Delhi. Los suyos le pedían escapar hacia el norte, tal vez incluyo tratar de llegar al Tibet, un refugio para los seguidores del Dharma de aquella época en India. Pero él decidió permanecer en Nalanda hasta el final.
La vida en realidad es muy sencilla y creo que la historia de Rahula Sribhadra es una gran y valiosa enseñanza. Nuestro mundo podría estar condenado, lo que hoy es orden mañana puede ser caos, nuestros días podrían estan contados (en realidad siempre están contados) y en realidad poco hay que podamos hacer. Sólo podemos cuidar de nuestra mente, de nuestro mar , de los templos que hemos sido capaces de levantar en islas condenadas a desaparecer, de las hogueras que podamos mantener en la oscuridad de la noche.