¿Hablan los budistas de política?
Publicado: 16 Oct 2024 18:10
Dado que en otros hilos ha salido el asunto, he pensado traerlo a un hilo específico.
Respecto a la pregunta que da nombre al hilo, en otras partes, aquí, en el foro Theravada y en otros lugares he leído diversas opiniones. Unos opinan que sí y otros que no. Unos dicen que no existe una posición budista al respecto, otros dicen que, a partir de los principio éticos del Budismo, se podrían formular unos mínimos de esa política budista... Y, como suele suceder, las posiciones a favor o en contra suele tender a incendiarse.
Señalaré por mi parte que en realidad el Budismo, así, genéricamente, no existe; lo que existen son los budistas, uno a uno, que encarnan, mejor o peor, este camino de liberación con sus propias vidas y, por tanto, en sus opiniones, en sus apegos y rechazos, en sus emociones y en sus actos.
Añadiré que, en tiempos del Buddha, el concepto de política no existía siquiera, dado que es un concepto propiamente occidental, que aparece con Aristóteles (Πολιτικα), dando nombre a una de sus obras y que este, en su Ética a Nicomaco, dice que la investigación sobre la ética conduce necesariamente a la investigación sobre la política (las cosas que conciernen a la polis, a la comunidad), a no ser, claro, que se carezca de "ética" o que esta sea una "ética" egoista. Es decir que, en realidad, afirmar que "se pasa de la política" es en realidad una afirmación ya política por si misma... y por lo general se sabe hacía quçe lado de la política se decanta.
También, por último, decir que el hablar de política o el actuar políticamente no necesariamente quiere decir tomar partido concreto por tal o cual partido; por ejemplo, acudir a una manifestación en pro del fin de la guerra de Gaza y de la adopción de la solución de los dos estados, es un acto que puede realizar cualquier ciudadano (si lo desea) sin que ello implique estar del lado de tal o cual partido.
Ahora, respondiendo al título del hilo, veamos ejemplos concretos de budistas que sí que hablan, y difunden, sus posiciones políticas. Empecemos con Bikhu Bodhi, un conocidísimo monje Theravada, que ha sido y es uno de los grandes difusores y referencias del Budismo en occidente, además de traductor y erudito en lo que respecta, sobre todo, al Canon pali. Bikhu Bodhi, respecto al conflicto de Gaza escribe:

Respecto a la pregunta que da nombre al hilo, en otras partes, aquí, en el foro Theravada y en otros lugares he leído diversas opiniones. Unos opinan que sí y otros que no. Unos dicen que no existe una posición budista al respecto, otros dicen que, a partir de los principio éticos del Budismo, se podrían formular unos mínimos de esa política budista... Y, como suele suceder, las posiciones a favor o en contra suele tender a incendiarse.
Señalaré por mi parte que en realidad el Budismo, así, genéricamente, no existe; lo que existen son los budistas, uno a uno, que encarnan, mejor o peor, este camino de liberación con sus propias vidas y, por tanto, en sus opiniones, en sus apegos y rechazos, en sus emociones y en sus actos.
Añadiré que, en tiempos del Buddha, el concepto de política no existía siquiera, dado que es un concepto propiamente occidental, que aparece con Aristóteles (Πολιτικα), dando nombre a una de sus obras y que este, en su Ética a Nicomaco, dice que la investigación sobre la ética conduce necesariamente a la investigación sobre la política (las cosas que conciernen a la polis, a la comunidad), a no ser, claro, que se carezca de "ética" o que esta sea una "ética" egoista. Es decir que, en realidad, afirmar que "se pasa de la política" es en realidad una afirmación ya política por si misma... y por lo general se sabe hacía quçe lado de la política se decanta.
También, por último, decir que el hablar de política o el actuar políticamente no necesariamente quiere decir tomar partido concreto por tal o cual partido; por ejemplo, acudir a una manifestación en pro del fin de la guerra de Gaza y de la adopción de la solución de los dos estados, es un acto que puede realizar cualquier ciudadano (si lo desea) sin que ello implique estar del lado de tal o cual partido.
Ahora, respondiendo al título del hilo, veamos ejemplos concretos de budistas que sí que hablan, y difunden, sus posiciones políticas. Empecemos con Bikhu Bodhi, un conocidísimo monje Theravada, que ha sido y es uno de los grandes difusores y referencias del Budismo en occidente, además de traductor y erudito en lo que respecta, sobre todo, al Canon pali. Bikhu Bodhi, respecto al conflicto de Gaza escribe:
Bien, por lo menos un budista reconocido internacionalmente en el mundo budista SÍ tenía algo que decir. En próximos días iré añadiendo otros testimonios.La campaña israelí en Gaza es la crisis moral más grave de nuestro tiempo
La crisis en Gaza muestra que las naciones que deberían defender el derecho internacional y los valores humanitarios están traicionando abiertamente sus compromisos.
Escribo este ensayo como monje budista norteamericano de origen judío, profundamente consternado por el ataque militar de Israel contra la población de Gaza. Considero que esta campaña es quizá la crisis moral más grave de nuestro tiempo. Los fulminantes bombardeos, el número de muertos en constante aumento, el bloqueo letal de los bienes esenciales, la aniquilación de vidas humanas inocentes... todos estos acontecimientos queman la conciencia moral como un hierro al rojo vivo y exigen un grito fuerte desde lo más profundo del alma: “¡Por el amor de Dios, deténganse!”. De hecho, en su propio tono discreto, la Corte Internacional de Justicia ha lanzado ese grito, pero parece haber caído en oídos sordos.
Teniendo en cuenta los numerosos casos de absoluta inhumanidad que se han producido en tan solo dos décadas (en Irak, Siria, Tigray, Myanmar y Ucrania), ¿por qué debería señalar a Gaza como la mayor calamidad moral de nuestro tiempo? Expondré cinco razones para ello.
La primera se refiere a la enorme intensidad de los ataques. Arif Husain, economista jefe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, da testimonio de ello con su observación : “He estado haciendo esto durante las últimas dos décadas y he estado en todo tipo de conflictos y todo tipo de crisis. Y, para mí, esto no tiene precedentes debido, en primer lugar, a la magnitud, la escala, la población entera de un lugar en particular; en segundo lugar, la gravedad; y, en tercer lugar, la velocidad a la que está sucediendo, a la que se ha desarrollado”.
A diferencia del Holocausto nazi y otros crímenes de guerra —incluidas las espeluznantes operaciones de Rusia en Ucrania— el genocidio en Gaza se desarrolla en vivo en nuestras pantallas de televisión y computadora, ante nuestros ojos.
Las cifras de muertos, heridos y destrucción en Gaza confirman las palabras de Husain. Nos dicen que el 70% de las víctimas son mujeres y niños; que los médicos, el personal médico, los periodistas y los profesores universitarios están en la mira; que toda Gaza se ha convertido en un campo de exterminio donde nadie está seguro en ningún lugar. Nos enteramos de familias enteras que han sido liquidadas con el lanzamiento de una bomba, de tres generaciones aniquiladas en un instante; de niños que han perdido a sus padres y a todos sus hermanos, sin ningún familiar superviviente en el mundo; de hospitales que han sido cerrados y sus pacientes obligados a caminar kilómetros hasta zonas de seguridad designadas, sólo para ser alcanzados por el fuego de francotiradores en el camino o por cohetes cuando llegan.
Además de las muertes, los heridos y las demoliciones causadas directamente por los bombardeos, el bloqueo casi total de Israel a los bienes esenciales de primera necesidad (alimentos, agua, combustible y medicinas) profundiza aún más el sufrimiento en los corazones de la población de Gaza, sometiendo a los desplazados a condiciones extremas de hambre, sed y enfermedades infecciosas. Ahora que los principales donantes occidentales están suspendiendo su financiación a la UNRWA, la agencia de ayuda de la ONU para los refugiados palestinos, se está cortando el mismísimo sustento de la población de Gaza. Como un halcón voraz, la hambruna se cierne sobre la Franja, lista para atacar.
El segundo factor que subraya la gravedad moral de la crisis en Gaza es su visibilidad, su inmediatez viviente. A diferencia del Holocausto nazi y otros crímenes de guerra –incluidas las operaciones espeluznantes de Rusia en Ucrania–, el genocidio en Gaza se desarrolla en vivo en nuestras pantallas de televisión y computadora, ante nuestros ojos. Las imágenes saltan de la pantalla y nos imploran que actuemos: niños con miembros amputados, sus cuerpos destrozados y rotos; bebés abandonados en incubadoras sin energía; edificios de apartamentos y universidades derrumbándose como barajas de cartas; iglesias históricas y mezquitas destruidas sin posibilidad de reparación; refugiados hacinados en campamentos infestados, clamando por agua y comida; cadáveres arrojados a fosas comunes; cautivos con los ojos vendados y desnudos, desfilando como ganado por calles desoladas.
Esas imágenes hacen que todas nuestras actividades habituales (conversar con amigos, salir a comer, participar en una reunión familiar, ir a un concierto) parezcan insípidas, vacías y sin sentido. Cuando somos testigos de estos crímenes horribles, sentimos que recae sobre nuestros hombros una gran responsabilidad moral, una carga de la que no podemos deshacernos afirmando que estas atrocidades no nos conciernen. La carga es dolorosa, pero también estimulante, porque nos recuerda nuestra capacidad de empatía.
Un tercer factor que aumenta la gravedad moral de la crisis de Gaza se deriva del hecho de que es el Estado de Israel, el hogar nacional autoproclamado del pueblo judío, el que está infligiendo todo este sufrimiento, angustia y muerte en Gaza. Sí, nosotros le exigimos a Israel un estándar moral más alto que a la mayoría de las demás naciones, pero no por prejuicios antijudíos. Lo hacemos porque los judíos son el grupo étnico que experimentó el horror del Holocausto y, por lo tanto, deberían ser los defensores más vigilantes del derecho inviolable de las personas a no sufrir persecución étnica.
El juramento “nunca más”, tal como lo entienden los judíos de conciencia, significa “nunca más” para nadie . Sin embargo, en lugar de mostrar empatía, Israel ahora está utilizando el trauma pasado del Holocausto –y la culpa de los países que infligieron ese trauma– como escudo para silenciar las críticas y mantener su impunidad. Es como si estuvieran diciendo al mundo: “No pueden tocarnos porque cargan con la culpa por nuestro sufrimiento pasado”.
Dado que nosotros, como estadounidenses, somos ciudadanos de la nación cuyo principal objetivo es proteger a Israel de la rendición de cuentas, esto nos impone la carga moral de oponernos a las políticas de nuestro país.
La cuarta forma en que la crisis de Gaza tiene peso moral se relaciona específicamente con nosotros aquí en los Estados Unidos. Nuestro país es cómplice de los crímenes de Israel. Con nuestros propios impuestos, financiamos el ejército de Israel, suministrándole el armamento más avanzado disponible. Damos a Israel cobertura diplomática en la ONU mediante el uso del veto. Y le damos cobertura moral al hacernos eco de los mensajes de su maquinaria de propaganda en conferencias de prensa y reuniones internacionales, mientras difamamos a quienes critican sus acciones.
Cuando se analizan en conjunto todas las dimensiones morales de la situación en Gaza —el volumen de asesinatos indiscriminados, el hecho de que la devastación es claramente visible para nosotros a través de los medios de comunicación, el hecho de que la operación la esté llevando a cabo el Estado que representa al pueblo judío, las víctimas históricas de la persecución y el genocidio, y la complicidad de los Estados Unidos—, se llega a la quinta razón por la que se trata de una profunda crisis moral. Tomados en conjunto, todos estos factores hacen añicos el marco moral que se nos ofrece como clave para comprender nuestro mundo .
Durante décadas, las principales potencias occidentales se han presentado como los baluartes del orden internacional basado en normas, los defensores de los derechos humanos y la moral humana decente. Sin embargo, ahora, bajo los pretextos más superficiales, respaldan a Israel, incluso cuando el Tribunal Internacional califica sus operaciones de “genocidio plausible”. Esta lealtad inquebrantable a una nación que se burla del derecho internacional trastoca la lente moral a través de la cual nos han enseñado a ver el orden global. Ahora se quitan las máscaras, exponiendo la hipocresía de las principales potencias occidentales oculta tras sus pulidas apariencias.
La crisis en Gaza muestra que las naciones que deberían defender el derecho internacional y los valores humanitarios están traicionando abiertamente sus compromisos. Su bancarrota moral no podría ser más evidente. Aconsejan a Israel que lleve a cabo sus operaciones de acuerdo con el derecho internacional, pero siguen suministrándole armas incluso cuando infringe esas leyes. Dicen que están a favor de la paz, pero en el Consejo de Seguridad de la ONU vetan o se abstienen de aprobar resoluciones que piden un alto el fuego humanitario. Dicen que se oponen al genocidio, pero cuestionan la postura de Sudáfrica en el Tribunal Internacional. Dicen que Israel debe tratar a los prisioneros con humanidad, pero hacen la vista gorda cuando los tortura, humilla e incluso ejecuta.
Como nosotros, como estadounidenses, somos ciudadanos de la nación que, en primer lugar, protege a Israel de la rendición de cuentas, esto nos impone la carga moral de oponernos a las políticas de nuestro país. Dada esta responsabilidad, ¿cómo podemos permanecer en silencio? Sencillamente, no hay excusa para permanecer sin palabras al margen. No podemos permitir que el silencio reine como la última palabra. No podemos permitir que el silencio sustituya a la palabra. Como el gobierno de Estados Unidos nos representa, como estadounidenses debemos alzar la voz con valentía y oponernos a su apoyo a las operaciones de Israel.
El hecho es que la clave para una solución está en manos de Estados Unidos. Sólo si Estados Unidos aplica una fuerte presión económica y política sobre Israel se podrá resolver el conflicto de manera justa. Y, lo que es crucial, una resolución justa también serviría a los intereses a largo plazo de Israel, permitiéndole finalmente vivir en paz con un Estado palestino libre, para beneficio mutuo de ambas naciones.
Cada voz cuenta y podemos hacer nuestra parte de diversas maneras: uniéndonos a las marchas, escribiendo a la Casa Blanca y a nuestros representantes en el Congreso, publicando artículos y comentarios relevantes en nuestras plataformas de redes sociales, escribiendo artículos y hablando con amigos. No basta con publicar frases hechas en las redes sociales sobre el amor y la paz o colocar palomas y corazones en nuestros perfiles. Para cumplir con nuestro deber como seres morales, necesitamos expresar activamente nuestra solidaridad con los palestinos asediados que no pueden hablar por sí mismos. Y eso significa, para empezar, pedir un alto el fuego completo . No solo por la “paz”, sino por un alto el fuego real, completo y monitoreado.
Pero un alto el fuego es sólo el primer paso. Además de detener la actual ronda de destrucción, también deberíamos exigir un intento genuino, sincero y concertado de satisfacer finalmente las aspiraciones del pueblo palestino de tener un Estado plenamente soberano, que también será la clave inestimable para la seguridad de Israel. El camino hacia la solución de este problema de larga data será pedregoso y difícil, pero tenemos que unir nuestras voces y nuestras manos a las de muchos otros que piden que se den los primeros pasos, y que se den ahora.