La meditación zen experimentada paso a paso

Budismo Zen, Tibetano, Nichiren...

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Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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Arcaduces

Gustos y Regalos





Oigamos lo que dice Eckhart Tolle, en una de sus charlas:

“Dios o tu naturaleza esencial, no es algo, no tiene contenido, ni forma. La mejor descripción de Dios, es decir lo que no es. Y entonces dejarte con lo que es, pero no puede nombrarse. Pero puede conocerse, aunque no conceptualmente, porque cada concepto es de nuevo un nombre, y una forma”

Pongo estas palabras de un místico contemporáneo, Eckhart Tolle, el cual no es budista ni cristiano, ni pertenece a ninguna denominación religiosa, y lo hago solo para poner en claro el significado de Dios. Cualquier persona que haya llegado a experiencias profundas, sabe que Dios no cabe en concepto alguno, pero muchos místicos cristianos han seguido hablando de Dios como si fuese una persona. ¿La razón? Quizás porque sus contemporáneos no hubiesen podido entenderlo de otro modo, o quizás porque las autoridades religiosas de su época no hubiesen aceptado otra manera de referirse a ello.

Nosotros, que vivimos en una época tan distinta, nos sentimos a veces inclinados a rechazar el concepto de Dios (con toda razón), pues en su nombre se han cometido tales barbaridades y abusos, que uno siente horror al pensar en ello. No obstante, la literatura mística cristiana, utiliza el nombre de Dios, para referirse a la naturaleza esencial, y ese es mi punto de partida, cuando entro en escritos de místicos medievales, como Santa Teresa de Jesús. Puestos a elegir un libro de literatura mística cristiana, como base para entender mejor cual es el planteamiento de esta tradición para llegar a la experiencia interior, elegí Las Moradas de Santa Teresa (como dije anteriormente), por tener algo en común con el budismo, ya que Santa Teresa compara el alma a un castillo, y Dios es el rey que lo habita. No casualmente, el mismo Hui Neng, compara la mente a una ciudad, y la naturaleza esencial al rey que habita en ella. La similitud es más que obvia.

Pero también elegí ese tratado por otra razón más personal, y es que durante un retiro intensivo de meditación zen (sesshin), en una época en que las experiencias místicas de índole sobrenatural se sucedían en mí con cierta frecuencia, escribí un poema, que ahora no sabría reproducir entero, pero cuyas dos últimas estrofas hablaban de las lágrimas que en aquel momento estaba derramando abundantemente, y decían así:

Estas lágrimas me las ha mandado mi padre
Que vive en un castillo de cristal


Teniendo en cuenta que en aquel momento yo no había leído el libro de oración mística de Santa Teresa, Las Moradas, me pregunto si la imagen de un castillo, (la mente o el alma), habitado por un monarca, (que es Dios o la naturaleza esencial), es algo universal. Y me pregunto igualmente, si la imagen del mismo había venido a mí, sin pensar en ello, justamente por esa razón.

Entrando ya en materia, en su libro, Santa Teresa establece muy bien la diferencia entre la mística natural y la mística sobrenatural. Cuando tenemos experiencias de tipo natural (experiencias buenas, naturalmente) las llama contentos o gustos, mientras que a las experiencias de tipo sobrenatural, las llama regalos. Los contentos son algo que podemos obtener mediante la práctica de la meditación (u oración, como se la llama en la tradición cristiana) ¿Y en qué consisten esos contentos? En el comienzo de las cuartas moradas (que es donde podría ponerse una cierta línea de separación entre la mística natural y la sobrenatural), dice:

Pues hablando de lo que dije que diría aquí, de la diferencia que hay entre contentos en la oración o gustos, los contentos me parece a mí se pueden llamar los que nosotros adquirimos con nuestra meditación (…) que procede de nuestro natural

Añadiendo poco después:

nacen de la misma obra virtuosa que hacemos y parece a nuestro trabajo lo hemos ganado, y con razón nos da contento habernos empleado en cosas semejantes

Y, efectivamente, cuando practicamos la meditación de un modo regular, aunque sea tan solo media hora al día, obtenemos algo de eso. No hay que esperar tanto para obtener algún gusto natural, quizás en una o dos semanas empecemos ya a sentir esos efectos de la meditación. Nos levantamos de ella, más enfocados, más enteros, más nosotros mismos, y eso nos anima, sin duda alguna, a seguir meditando. Nos parecerá muchas veces que hemos encontrado una manera de sentirnos bien, y eso será sin duda un gran descubrimiento. Y querremos seguir practicando por esa razón.

Los contentos, son obtenidos en cierto modo con el esfuerzo puesto en la meditación, como si obtuviésemos agua que llegara a nosotros por una tubería (o arcaduces, en su lenguaje):

Es la diferencia que la que viene por arcaduces es, a mi parecer, los "contentos" que tengo dicho que se sacan con la meditación; porque los traemos con los pensamientos, ayudándonos de las criaturas en la meditación y cansando el entendimiento; y como viene en fin con nuestras diligencias, hace ruido cuando ha de haber algún henchimiento de provechos que hace en el alma.

Hay que aclarar aquí, que meditación para Santa Teresa, es pensar, no meditar en el sentido que nosotros le damos. Esto me recuerda, por ejemplo, cuando practicaba la meditación del budismo tibetano, en la que, efectivamente se utiliza el pensamiento, como ya expliqué en los primeros capítulos. Allí se piensa en cosas positivas, o se intenta que el pensamiento transcurra por esos cauces, y efectivamente, haciéndolo, a veces se obtienen pequeñas experiencias interiores de tranquilidad, o “contentos” como dice Santa Teresa. Pero para ello tenemos que cansarnos mucho, como ella comenta, tenemos que pasar mucho tiempo haciendo ese penoso esfuerzo de forzar nuestra mente para pensar positivamente.

Pero cuando practicamos la meditación zen, en su forma de Shikantaza, el resultado es otro tipo de contento, pues el pensamiento no interviene, y podría decirse, que lo que sucede viene directamente de Dios o la naturaleza esencial:

Estotra fuente, viene el agua de su mismo nacimiento, que es Dios, y así como Su Majestad quiere, cuando es servido hacer alguna merced sobrenatural, produce con grandísima paz y quietud y suavidad de lo muy interior de nosotros mismos

Creo que con la meditación del zen, se obtienen también este otro tipo de experiencias, que ya no son enteramente naturales, sino que entramos ya dentro de la mística sobrenatural. Y no solo es un gusto espiritual, sino que alcanza claramente el cuerpo, en la oración teresiana:

vase revertiendo este agua por todas las moradas y potencias hasta llegar al cuerpo; que por eso dije que comienza de Dios y acaba en nosotros; que cierto, como verá quien lo hubiere probado, todo el hombre exterior goza de este gusto y suavidad.

Y aquí es donde veo yo un punto de unión muy importante entre la práctica de la meditación zen y la oración de Santa Teresa, pues nosotros, durante el zazen, sentimos esa energía espiritual (el agua) que se extiende por nuestro cuerpo. Lo cierto es que en el budismo no establecemos diferencias entre cuerpo y mente (o espíritu) por lo que no encontramos nada que nos sea difícil de entender en el hecho de que el agua llegue al cuerpo.

Santa Teresa llama agua, a lo que en el zen se llama energía interior o joriki (o simplemente ki), naturalmente, lo que abre nuestro entendimiento hacia muchas de las palabras de Jesús, cuando se refiere al agua. Incluso, el bautismo, que se hace con agua, es para mí algo que tiene que ver con la energía interior, y no con el agua exterior. La experiencia del bautismo, posiblemente sea producida por la energía que despertamos durante momentos de meditación, no precisamente con un chorrito de agua sobre nuestra cabeza, así sin más ni más. Habría que entender el asunto del bautismo en un río o en una pila, como algo simbólico, no como algo real. El bautismo de fuego, que aparece también en las palabras de Jesús, se aproxima más a lo que estoy comentando, seguramente.

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Agua que corre sola
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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¿Para qué sirve nuestro esfuerzo?





Pero en todo caso, ¿Qué debemos hacer para entrar en esas profundidades? Bien, la práctica de la meditación tiene un comienzo, cierto, pero no tiene un final. Os diré por qué. Sabemos cómo empezar: nos sentamos, ajustamos el cojín, las piernas, enderezamos la espalda etc. Todo esto es lo que Dogen nos dice en el Fukanzazenji, no es ningún secreto. Pero luego, cuando estamos en esa postura, sus palabras, como dije en la primera parte, se vuelven misteriosas: “pensad el no pensar. ¿Cómo se piensa el no pensar? Estando más allá del pensamiento”. Eso no es nada que podamos hacer, como lo hacemos para poner el cuerpo derecho y relajarlo a continuación.
Y ahora que hablo de la postura otra vez, Santa Teresa de Ávila no dice nada sobre como sentarnos. Yo fui una vez a un convento de carmelitas donde guardaban la silla en la que ella se sentaba a orar, y la silla era una silla bajita y sencilla. Era fácil imaginársela sentada allí durante horas, tratando de recoger su mente y entrar en oración. Las tres primeras moradas son más o menos las que tienen que ver con lo que nosotros hacemos cuando nos sentamos a hacer zazen, pero a partir de la cuarta, suceden estados de oración profunda. ¿Cómo se puede llegar a ellos? Bien, ella escribe claramente:

Luego querréis, mis hijas, procurar tener esta oración, y tenéis razón; que como he dicho no acaba de entender el alma las que allí la hace el Señor y con el amor que la va acercando más a Sí, que cierto está desear saber cómo alcanzaremos esta merced. Yo os diré lo que en esto he entendido. Dejemos cuando el Señor es servido de hacerla porque Su Majestad quiere y no por más.

No hay nada, por tanto, absolutamente nada, que podamos hacer para entrar en estados profundos de oración (en nuestro caso, meditación), salvo ponernos en camino. Sin embargo, puedo asegurar que esos estados suceden, y con relativa frecuencia, a todos cuantos se embarcan en la práctica de la meditación. Sentarnos a meditar, es como empezar a contar. Ahora bien, llegar al infinito contando, es completamente imposible. Esos estados son ciertamente parte de esa otra dimensión de la mente (el alma, si se prefiere) que tiene que ver con lo infinito, lo eterno, la Presencia, Dios. El vacío. No es algo a lo que podamos llegar contando, evidentemente.

Por ello nos surge la duda razonable que puede expresarse de un modo parecido a este: “si no hay nada que podamos hacer para entrar en esa profundidad, ¿por qué cansarnos meditando? Si ese estado, por otra parte, puede llegar sin que esté en nosotros el mérito de alcanzarlo, ¿para qué ponernos a meditar? Ese estado llegará si tiene que llegar, aunque no nos sentemos a meditar”

Lo cierto, sin embargo, es que esos estados no suceden a casi nadie que no esté haciendo un ejercicio diario de meditación u oración. Casi nadie ha llegado al satori sin practicar zazen. Es verdad, algunas personas que practican deportes extremos, tienen experiencias de ese tipo en ocasiones. “El apuro del hombre es la oportunidad de Dios” decía DT Suzuki. Un alpinista extremo, se encuentra a menudo en apuros, por lo que las experiencias místicas pueden sucederle. También los navegantes solitarios, o personas que viven solas en medio de la naturaleza, son personas que se encuentran en esa proximidad a la realidad esencial, (o Dios). Estoy casi seguro, además, que su atracción por ese tipo de vida, tiene esa explicación, aunque ellos no lo considerarán de ese modo. Lo más probable es que no sepan explicar a nadie (ni siquiera a ellos mismos) por qué sienten la necesidad de embarcarse en aventuras solitarias, con riesgo de su propia vida.

Lo cierto, sin embargo, es que meditar horas y horas, esperando conseguir lo que en el budismo se llama samadhi, o unión con Dios en el cristianismo, es inútil. Eso es a lo que yo me refiero como “empujar el muro”, no meditar delante de él. Nos cansamos inútilmente. O como dice Santa Teresa de Ávila:

…trabajaremos en balde, que como no se ha de traer esta agua por arcaduces como la pasada, si el manantial no la quiere producir, poco aprovecha que nos cansemos. Quiero decir que aunque más meditación tengamos y aunque más nos estrujemos y tengamos lágrimas, no viene este agua por aquí. Sólo se da a quien Dios quiere y cuando más descuidada está muchas veces el alma.

(Recordemos que traer el agua por “arcaduces” es meditación con el pensamiento, o sea, el tipo de práctica que proponen en el budismo tibetano, donde se consideran las razones para amar a los demás, y procurar así sentir compasión universal)

Continúa diciendo Santa Teresa:

Dicen que "el alma se entra dentro de sí" y otras veces que "sube sobre sí"

Ya vemos que el lenguaje cristiano no es tan diferente del budista. Entrar dentro de uno mismo, es una manera de decir que nos concentramos durante la meditación. Sin embargo, esto no es cosa que podamos decir que hacemos a voluntad. Unas veces, estaremos tratando de entrar dentro de nosotros mismos, sin conseguirlo, mientras que otras, sucederá de un modo natural, sin pretenderlo. Algunas veces podemos notar algo así como un eco, en nuestro interior. Esto en Las Moradas se explica diciendo que el Rey:

…con un silbo tan suave, que aun casi ellos mismos no le entienden, hace que conozcan su voz y que no anden tan perdidos, sino que se tornen a su morada.

(La naturaleza esencial es el Rey, también en el Sutra de la Plataforma, de Huineng, el sexto Patriarca chino, por cierto)

Por tanto, estamos ahí sentados, pero no tenemos poder para entrarnos en nosotros mismos, sino que esperamos (inútilmente, casi siempre) que algo suceda, que nos introduzca en las profundidades de nuestra mente. Hay que reconocer que, hasta que sucede al menos una o dos veces, uno no puede saber de qué se trata esto. Es algo bastante peculiar, que Santa Teresa expresa de un modo muy simple:

…siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior

Ese encogimiento, no puede conocerse lo que es, hasta que sucede. Por otro lado, puede ocurrir que uno esté tratando de sentir ese encogimiento, y simplemente imagine que está sucediendo, cuando en realidad no está pasando nada. Por eso, diré que hay una manera bastante clara de saber a posteriori, si hemos estado dentro de ese encogimiento suave, con los sentidos recogidos, y es que, si esto sucede durante una sentada, el tiempo nos parecerá que ha pasado más deprisa de lo habitual. Estaremos ahí sentados, y oiremos el reloj avisador, y nos pillará un poco por sorpresa. Si esto sucede, casi con entera seguridad, hemos estado en un cierto estado de “encogimiento”

Pero esto no es el satori, ni mucho menos. Es solo un abismamiento, un estado de ligero samadhi, no muy grande tampoco. Puede suceder con cierta frecuencia, o puede no suceder casi nunca. Lo cierto es que sucederá cuando menos lo esperemos, y si lo estamos esperando, esperaremos en balde, por lo que estaremos perdiendo el tiempo. Y hablando de tiempo:

…tampoco dura tanto, sino muy poco espacio

Pero sin embargo, estamos ya en el terreno de la mística sobrenatural. Esto, es importante tenerlo en cuenta.

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Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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Dick Proenneke vivió solo en una cabaña construida por él mismo, en las soledades de Alaska por muchos años, de la caza y de la pesca.

Soledad y Silencio





Pero en todo caso, hemos acudido a Teresa de Ávila solo por una razón, que es encontrar el comienzo de nuestra búsqueda en la parte sobrenatural. No podemos forzarlo, como hemos visto, pero podemos de algún modo predisponernos e incluso ponernos en una situación en que tales experiencias sucedan de un modo más fácil. Siempre vuelvo a la frase de DT Suzuki, “el apuro del hombre, es la oportunidad de Dios” El apuro es básico si deseamos encontrar la puerta de entrada hacia las profundidades.

Si solo meditamos en casa un rato (media hora, por ejemplo) eso no es un gran apuro. El apuro viene normalmente si hacemos un retiro de meditación, sea en grupo o sea por nosotros mismos. En los tiempos antiguos, las personas se retiraban como ermitaños durante largo tiempo, hoy nuestras posibilidades son más limitadas. Si uno hace retiros con un maestro, regularmente, encuentra la guía que necesita, (supuestamente, al menos). Yo ya no hago retiros con ningún maestro, vengo solo a mi ermita en L’Ariol. Este es el lugar donde me pongo en apuros.

Mi apuro empieza cuando me veo solo rodeado por la naturaleza. Solo oigo los trinos de los pájaros, y veo el bosque cambiando con las estaciones. ¿Dónde está el problema, diréis? En estar solo conmigo mismo. ¿Qué puedo hacer ahora? Solo una cosa, dejarme sacar del pozo en el que me he metido. Hacer zazen, cinco horas al día, sin propósito alguno. Pero el zazen no es más que una parte de todo cuanto hay que hacer. El resto del día implica igualmente estar solo conmigo mismo. Ya conozco lo que es estar así, y sin embargo, cada vez tengo que aprenderlo de nuevo.

El apuro es necesario, por tanto, si queremos entrar a lo hondo. Ya dije en otra ocasión que hay personas que buscan sin darse cuenta, ponerse en apuros, sea practicando deportes extremos o teniendo experiencias extremas. Por ejemplo, hay algunas personas que viven solas en parajes solitarios, muy lejos de la civilización. Aún hoy, existen personas así, viviendo en Alaska, uno de los últimos lugares inhóspitos que quedan en el planeta. Viven de la caza y de la pesca, esencialmente, incluso en nuestros días, aunque tengan un leve contacto con la civilización por medio de radio y viajen a veces en avioneta hasta algún lugar habitado. Pero están sin electricidad y sin agua corriente, viviendo en cabañas de madera, construidas por ellos mismos. En tales situaciones, es seguro que Dios está presente en sus vidas de un modo muy claro para ellos, aunque puede que lo vivan de un modo tan natural que les parezca lo normal vivir en medio de esa presencia.

Yo no vivo en un sitio así de aislado, desde luego, pero aun así estoy en un paraje de montaña, donde la soledad se hace muy patente. No tengo que salir a cazar o a pescar, ni recoger alimentos al bosque. Aun así, solo pasa un coche muy de vez en cuando por la carretera cercana. Los sonidos que escucho la mayor parte del tiempo, son los sonidos de la naturaleza: los trinos de los pájaros en verano, o el viento entre los pinos, en invierno. Estoy solo, no veo a nadie en días y días. Excepto cuando tengo que ir a comprar abajo, paso la mayor parte del tiempo aquí en la casa y en el bosque colindante. Con excepción de mi vecino, que me hace una visita cada dos o tres meses, no veo a casi nadie.

Si no tienes un sitio así, mi recomendación es que busques algo parecido, donde se te permita alojarte durante, al menos, una semana. Puede ser un monasterio católico, por ejemplo, o un centro budista de retiros. Puedes aprovechar e ir a los oficios religiosos, quizás, pero lo más importante es quedarte tú solo en tu habitación o dar paseos solitarios. Evita toda conversación, dejando claro desde el principio cuales son los motivos por los que vas a estar en el monasterio.

Yo no me marco un horario estricto, dejo que todo salga por sí mismo. Debido a mis problemas de sueño, a veces no duermo por la noche, hasta llegada la madrugada. Cuando esto pasa, me levanto y hago zazen por la noche, y me quedo durmiendo hasta más tarde. Antes era una verdadera tortura para mí, estar en la cama durante horas, sin poder dormir. Ahora, la cosa la llevo mucho mejor, desde que convierto la noche en tiempo de práctica, cuando no puedo conciliar el sueño. Es mucho mejor levantarse y hacer zazen, que estar en la cama despierto. Me pongo normalmente un hábito para meditar, que me hicieron a medida en un el Rochester Zen Center, y encima de él, una prenda budista llamada rakutsu, que me entregó personalmente Tangen Harada Roshi, cuando estuve en su monasterio, en Japón, pasando un mes.

Mantengo el horario de meditación de cinco horas al día. No es mucho ni poco. Podría ser más, pero considero que estando solo es un tiempo adecuado para mí. Teniendo en cuenta que no tengo un maestro a quien acudir, estando yo solo, leo libros y veo vídeos en Youtube a ratos, antes de meditar, e incluso a veces, mientras medito. La meditación para mí no es una cosa rígida, en ese sentido, puedo escuchar (más que ver, suelo escuchar) a maestros como Allan Watts o Eckhart Tolle entre otros. Los pongo un ratito, apenas unos minutos, al principio de la sentada, y luego cierro el ordenador y estoy en la postura durante el resto de la sentada, que es verdaderamente lo importante, estar simplemente sentado.

Cuando aparece en mí la duda, es un momento importante. En muchas ocasiones se siente uno solo, descorazonado o abandonado a su suerte, en medio de un universo hostil. La sensación de duda le llena a uno. Entonces viene la pregunta de la que hablé en cierto capítulo del libro. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué he venido a este lugar solitario, otra vez? La duda es importante. Uno deber sentirse afortunado si tales momentos ocurren, porque tiene una oportunidad de entrar en la duda, haciéndose uno con ella. En vez de intentar quitarte la duda de encima, deberías aceptarla como tu amigo. Igualmente el dolor de piernas es un amigo al que debes darle la bienvenida, cuando aparezca. Los sentimientos de duda o los dolores te hacen estar en el aquí ahora, sin ir de un lado a otro con la mente.

A veces, cuando estoy en mi retiro yo solo, en medio del dolor, me doy cuenta que tiendo a ponerme en la posición de Dogen más tiempo que en la otra. Es curioso que así, sea, pues el dolor de piernas suele llevarle a uno a relajar a veces la postura en exceso. Quizás sea una forma de contrarrestar esa tendencia, pero lo cierto es que a veces me doy cuenta de que llevo mucho tiempo sentado en la posición de Dogen, sin sentir necesidad de relajarme. Es mi manera de hacerme uno con el dolor, supongo. Estando totalmente derecho, acepto el dolor como parte de la postura y, de hecho, como parte de la vida, porque la vida no puede existir sin dolor. Y tampoco puede existir sin la duda.

Cuando llueve, no puede hacerse ningún trabajo en el exterior de la casa, por lo que mientras espero la hora de ir a meditar, escribir es casi lo mejor que puedo hacer. Me acuerdo de unas palabras que me dijo cierto maestro, una vez: “Sé simple y anda derecho”. Para poder sobrevivir en L’Ariol (o en el lugar que hayas elegido tú) la fórmula es perfecta. Ser simple se refiere a tu forma de vida, mientras que andar derecho tiene que ver más bien con tu postura corporal. Efectivamente, sentarse derecho incluso cuando no estás en el cojín de meditación es importante. También estando de pie, uno está derecho. O andando. Tumbado, no se está derecho, pero estando boca arriba, se entrega uno a la gravedad enteramente.

El tiempo no existe en realidad, sino que es algo creado por la mente. Siempre estamos esperando que pase este momento, para entrar en el siguiente, lo cual se ha convertido en un tremendo error. No hay momento siguiente, pero esto dicho así parece totalmente teórico. Hay que entrar en el momento presente, sea lo que sea que esté sucediendo. Porque evidentemente todo sucede en el momento presente. Cuando uno empieza a pasar la barrera del tiempo, es cuando uno se empieza a adentrar en el terreno de lo sobrenatural. No es necesario hacer nada especial, para que esto suceda. No hay que creer que el zazen es el momento en que esto puede ocurrir, y estar siempre esperando que llegue la hora del zazen, como si ese fuera el momento de entrar en el presente. El momento de entrar en el presente, obviamente, es este momento.

Cuando estés haciendo un retiro de varios días (sugiero que tomes un tiempo de una semana, en un lugar realmente solitario, desde el primer día, tendrás que aceptar que, estando solo, no tienes más lugar donde acudir que al sitio en el que estás, ni otro momento en el que estar, que este mismo momento. Es extraño, como el aquí ahora tiene el poder de sacar tu mente de todas sus congojas y preocupaciones. Relájate, hagas lo que hagas. No vagues mentalmente de un sitio a otro, de un momento a otro. No hay más que hacer que lo que estás haciendo ahora. Puedes leer un libro, puedes pasear, puedes cortar hierba, arreglar la cocina, limpiar el cuarto de baño, siempre sin salir del aquí ahora. Pero si intentas entrar en el aquí ahora, desgraciadamente te alejas del aquí ahora. Recuerda las palabras de Nansen: “Si te diriges hacia el camino, te alejas de él”

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Ermitaño taoísta de hoy en día.
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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El océano es abierto e inmenso

Toda la carne en el asador





En el budismo, por lo general se habla del estado al que hay que llegar, o se describe ese estado con palabras simples. En el Sutra del Diamante, por ejemplo, leemos:

Todos los conceptos arbitrarios de la mente, sobre la materia, los fenómenos, y sobre todos los factores condicionados, así como las concepciones y las ideas relacionadas con ellos, son como un sueño, un fantasma, una burbuja, una sombra, una gota de rocío evanescente, el resplandor de un relámpago. El verdadero discípulo mira los fenómenos y las actividades de la mente, y mantiene su mente vacía, ausente de ego y tranquila

Es claro que el Sutra está escrito desde la realización de la naturaleza de la mente, y por tanto desde una experiencia sobrenatural, diríamos. No nos dice, sin embargo, lo que deberíamos hacer para mantener la mente vacía, ausente de ego y tranquila. Obviamente, es más fácil decirlo que hacerlo. Es como el “pensar sin pensar” de Dogen. No hay manera de saber cómo ponerlo en práctica. Si esperábamos una receta, nos quedaremos más bien despagados, pues no hay nada sobre cómo realizar la tarea. No tenemos la más mínima idea sobre cómo mantener la mente vacía, ausente de ego y tranquila. No busquemos en los sutras grandes enseñanzas prácticas, sobre cómo realizar la tares, pues no las encontraremos.

Muchas veces se da por hecho, que la práctica del zazen es una práctica que se ha realizado en el Zen desde siempre, sin embargo podríamos llevarnos una sorpresa si leemos el Sutra de la Plataforma de Hui Neng, el sexto patriarca, en la que hablando del Dhyana (meditación) y Samadhi (realización sobrenatural), dice entre otras cosas:

El estar libre de apegos a todos los objetos externos es Dhyana, y el lograr la paz interna es Samadhi. Cuando estamos en posición de manejarnos con Dhyana y mantener nuestra mente interna en Samadhi, entonces se dice que hemos logrado Dhyana y Samadhi.

Algo sumamente trivial, pero precisamente por ello totalmente incomprensible. ¿Cómo nos liberamos de los apegos? ¿Cómo logramos la paz interna? Ni una indicación. Poco después, añade algo que causa todavía mayor perplejidad:

El Sutra del Bodhisattva Sila dice, “La Esencia de la Mente es intrínsecamente pura.” Instruida Audiencia, permitámonos comprender esto por nosotros mismos en todo momento. Entrenémonos por nosotros mismos, practiquemos por nosotros mismos, y logremos la Budeidad por nuestro propio esfuerzo.

La mística cristiana puede parecer contradictoria con esta afirmación del sexto Patriarca. Es frecuente oír o leer que uno no puede lograr la unión con Dios por sus propias fuerzas, lo que lleva más a renunciar que a practicar la oración, ya que uno podría sentirse descorazonado desde el principio. Por otro lado, los budistas se sentirán descorazonados igualmente, cuando vean que sus esfuerzos no son más efectivos que tratar de mover el muro que tenemos delante, con nuestras solas fuerza. Es frecuente que, tanto unos como otros, abandonen el camino elegido, ya sea la oración o la meditación, ante la imposibilidad de alcanzar la meta.

Sin embargo, Santa Teresa, no dice que nuestros esfuerzos sean vanos. Ella dice por ejemplo:

Con que dé cada uno lo que tuviere, (Dios) se contenta

Y añade:

Para esto que tratamos no quiere que os quedéis con nada; poco o mucho, todo lo quiere para sí.

Recuerdo, que en la época en que yo estaba todavía en los comienzos, yo tuve este tipo de problemas. Entonces era budista, y creía que mis esfuerzos bastarían para encontrar la solución al koan MU, que era la práctica que yo tenía asignada en aquel momento. En cierta ocasión, recuerdo haber ido a Kiun An, durante un sesshin o retiro de meditación, y decirle “Estoy haciendo todo lo que puedo, más de lo que hago no puedo hacer” Y lo decía con total sinceridad, porque practicaba con toda el alma, sintiendo sin embargo que mis esfuerzos eran inútiles. “Eso está bien, me dijo ella, pero la flor de loto se abre cuando le llega el momento de abrirse, ni antes ni después”

En ese mismo sesshin se dio la solución al koan, en efecto, cuando ya sentí que había dado todo lo que tenía. Fue como dar hasta la última gota de sangre. Dar la vida entera. A partir de entonces, supe que se trataba de eso: darlo todo. No mucho, ni poco: todo. Recuerdo en otro sesshin haber ido como en un sueño, tratando de encontrar igualmente la solución a otro koan. Era verano, en el Zendo Betania, un lugar terriblemente árido, donde el sol y el polvo son los dueños de todo. Iba como un zombi, hacia la sombra de un olivo, sin saber que más hacer. De pronto tuve la seguridad de que mientras no lo diera TODO, no habría verdadera realización.

¿Pero qué es todo? Quizás la extraña poesía que escribí al final de ese sesshin (extraña, si el que la escribe es budista, como era mi caso entonces) pueda dar alguna pista:

Caminaba y caminaba
Bajo el sol del medio día
A un olivo me acercaba
Y a su sombra le decía
Ya te lo he entregado todo
¿Qué más quieres todavía?
Deja atrás tu vida entera,
Y así vivirás la mía.

Dar la vida, es darlo todo. Darlo todo, es dar a vida. Recuerdo perfectamente que en aquel momento estaba con un koan que hablaba de una piedra en el fondo del océano, donde estaba escrito un nombre. Había que sacar la piedra sin mojarse. Un koan que me hace reír ahora ¡qué extrañas triquiñuelas se utilizan en el zen a veces! Después de haberme allegado a la sombra de aquel olivo, recuerdo que tuve esa extraña convicción. Mi vida era lo que tenía que dar. Al volver al zendo y sentarme a hacer zazen, fue como si me vaciase totalmente. Como si me abriese en canal con una espada y mi sangre saliese a borbotones (es solo una imagen, nadie debe pensar en el hara kiri o algo así) Mi vida se vació en la Vida. Yo buscaba una piedra en el océano, pero YO era el océano. El Océano de Sabiduría, Yeshe Gyantso como le llaman los tibetanos.

Por tanto, la contradicción es solo aparente, porque ambos, Hui Neng y Santa Teresa coinciden en lo esencial: debemos utilizar todo nuestro esfuerzo. A partir de ahí, ambos difieren. Los budistas creen que pueden conseguir la meta con sus propias fuerzas. No así los cristianos, quienes creen que es el Espíritu Santo quien da los dones gratuitamente. Sea quien sea que tenga razón, el creer no es lo que produce el resultado, sino el esfuerzo. Tal vez los dos tengan razón. Tal vez, ninguno. ¿Quién puede saber eso? Lo único cierto es esto: Haz tu trabajo y deja que Dios haga el suyo. O deja que la flor se abra cuando deba.

En lo que coinciden Hui Neng y Santa Teresa es que ninguno de los dos da enseñanzas sobre como sentarse. En cambio, ambos describen la meta, pero, ¿cómo llegamos a ella? Ninguno aclara demasiado el cómo. Santa Teresa dice en las sextas moradas, cuando ya se tienen experiencias altas:

Aquí no es menester con artificio suspender el pensamiento (!); hasta el amar -si lo hace- no entiende cómo, ni qué es lo que ama ni qué querría;

Lo que parece muy similar al No Saber del Zen. El pensamiento cesa, pero no con artificio. El amor (amor es un término confuso en nuestro tiempo, cierto) no tiene meta. No hay separación entre sujeto (el que ama) y el objeto (Dios) Todo nos recuerda mucho la experiencia del Satori. Al fin y al cabo, Dogen dice lo mismo: No pensar. No hay duda de que Dogen y Santa Teresa hubiesen estado de acuerdo en eso, aunque no en cuanto a la postura para conseguir tal realización. Pero eso no es porque uno era budista y otra cristiana, porque Hui Neng, siendo budista, tampoco parecía tener mucho interés en una postura concreta:

- ¿Cómo instruye tu maestro a sus discípulos? – preguntó el Patriarca.
- Él nos dice que meditemos en la pureza, que nos mantengamos sentados con las piernas cruzadas todo el tiempo y que no nos acostemos – replicó Chi Shing.
- El meditar en la pureza – dijo el Patriarca – es una debilidad y no es Dhyana. El restringirse uno mismo, todo el tiempo, a la posición sentada con las piernas cruzadas es inútil


Hui Neng parece quitarnos toda esperanza de lograr el Satori, pues el único instrumento que teníamos, la meditación sentada, aparenta no tener valor para él (llegando a decir, en otra ocasión, que sentarse solo sirve para esclavizar el cuerpo, sin beneficiar la mente). Es decir, estamos en el extremo opuesto a la enseñanza de Dogen, quien da a entender que sin zazen no existe el Zen.

¿Por qué Hui Neng afirma lo contrario sin ambages? Francamente, no lo sé. Hay personas que tienen la iluminación de repente, y sin ningún entrenamiento previo, cierto, pero no es lo más normal. El uso de las sustancias psicodélicas puede ser una forma de conseguir cierto “insight” sin necesidad de esfuerzo alguno, pero ese método no es en absoluto recomendable, por la factura que pasa luego. Casi todo el mundo necesita hacer un gran esfuerzo, un esfuerzo supremo, para llegar al Satori. No podemos tomar las palabras de Hui Neng como modelo a seguir, pero podemos considerarlas sin duda como un contrapunto a la obsesión por la postura que manifiestan muchos seguidores del Zen actual.

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Hui Neng cortando bambú
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

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D. T. Suzuki

¿Todas las religiones conducen a lo mismo?





El hecho de que me haya metido en Las Moradas de Santa Teresa, no se debe a que esté tratando de poner en el mismo nivel cosas tan dispares como la meditación zen, y la oración contemplativa cristiana. Hay cosas que, en verdad, le hacen pensar a uno que son muy parecidas. Pero no, hay más diferencias que similitudes, me parece a mí. Pero los estados de oración que se alcanzan con la práctica de la contemplación, son sin embargo estados de la mente (o del alma) y en eso, ser cristianos o ser budistas (o no ser nada) es poca o nula diferencia. Los seres humanos estamos hechos todos de la misma masa, de modo que no hay nada extraño en que los estados de absorción meditativos (samadhi) y los estados de unión con Dios, sean simplemente nombres distintos para referirnos a la misma cosa. Así, en las moradas quintas (que ya son moradas que están cerca del Rey, que en la terminología teresiana equivale a estar en los primeros estados de samadhi) dice:

…en hecho de verdad se queda como sin sentido aquello poco que dura, que ni hay poder pensar, aunque quieran, aquí no es menester con artificio suspender el pensamiento…

Vemos, pues, que el pensamiento cesa. Esto es importante, porque efectivamente, en el samadhi el pensamiento cesa también, pero como ella dice, no es menester con artificio suspender el pensamiento. (Esta forma de decirlo es, por otro lado, muy cabal) No hay absolutamente nada que deba hacerse al respecto, pues no somos nosotros, en nuestro nivel racional, quienes, mediante una técnica, dejamos el pensamiento atrás. Yo hablo siempre desde mi experiencia personal, (nunca hablo por boca de otros) y puedo decir que, quizás en tres, cuatro o cinco veces, me he visto en ese estado, con el pensamiento suspendido.

… aun no sé yo si le queda vida para resolgar (ahora lo estaba pensando y paréceme que no, al menos si lo hace no se entiende si lo hace)

Resolgar debe querer decir algo así como respirar y, efectivamente, también basándome en mi experiencia personal, me atrevo a decir que uno no sabe si ha respirado o no durante todo el tiempo que ha pasado así. Podría ser un minuto, o podrían ser cinco, o diez… o ser media hora (desde luego más de eso, no me parece posible) y uno no sabe siquiera si respira. Y si uno tiene dudas, sobre si lo que sucedió fue o no fue una experiencia de vacío, y no una simple imaginación, Santa Teresa lo expresa de un modo magistral así:

Pues tornando a la señal que digo es la verdadera, ya veis esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la verdadera sabiduría, que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que está así, que siempre es breve, y aun harto más breve le parece a ella de lo que debe de ser. Fija Dios a sí mismo en lo interior de aquel alma de manera que cuando torna en si en ninguna manera pueda dudar que estuvo en Dios y Dios en ella. Con tanta firmeza le queda esta verdad, que aunque pase años sin tornarle Dios a hacer aquella merced, ni se le olvida ni puede dudar que estuvo.

¿Por qué cito entonces a Santa Teresa? Porque su experiencia, en parte, es la mía propia, a pesar de que ella es una monja católica del siglo XVI y yo soy un hombre laico y sin religión alguna, del Siglo XXI (el zen no es una religión, para mí). No entiendo muy bien, como puede darse una coincidencia tan asombrosa entre formas de vida tan dispares, pero, salvando su lenguaje un tanto recargado (aunque agradable y simpático) todo lo que expresa es muy parecido a la experiencia Zen del satori. Naturalmente, hay que tender un puente entre ambas tradiciones, que haga comprender la diferencia conceptual. ¿Es Dios el vacío? En el Zen no hay Dios, mucho menos un Dios personal. Aparte de eso, el resto es enteramente válido. La experiencia de vacío sucede fuera del tiempo.

Después de esa experiencia, nadie puede dudar de ella, dice Santa Teresa y, efectivamente, hoy cuando esto escribo, veo que hace muchos años ya desde que a mí me sucedieron esas cosas (porque, aunque esté mal decirlo, sucedieron), y no han vuelto a repetirse, pero sigo sin tener la menor duda de ellas. (Recientemente, no obstante, he tenido cierto número de experiencias de esa índole, que me han pillado por sorpresa, las cuales, siendo diferentes, están en esa misma dimensión, pero no hablaré de ellas, al menos por ahora, pues son demasiado recientes y aún no estoy seguro sobre su naturaleza)

Por tanto los dos caminos tienen grandes parecidos, pero a pesar de sus similitudes, supongo que no es enteramente lo mismo el Zen que la Mística Teresiana, o al menos el camino no lleva por los mismos derroteros. No obstante, la práctica del zazen puede tener momentos muy secos, también. O al menos momentos de aburrimiento, de falta de interés. Pero nada que ver con esto:

También suele dar el Señor enfermedades grandísimas

En el zen no se produce nada de eso, creo yo. A mí no me ha sucedido, al menos. He tenido épocas difíciles, especialmente cuando estaba practicando con el koan Mu, pero no enfermedades, ni físicas ni mentales. Tuve momentos muy duros, pero no exactamente enfermedades. Fueron momentos en los que, la meditación, no era aparentemente de ninguna ayuda. No había manera de salir de esos estados de abandono total, en los que me sentía, y cada vez que me sentaba, una tremenda sequedad se apoderaba de mí. Pero era debido a la búsqueda incesante de la solución al koan, más que a la práctica en sí misma. Si se practica shikantaza, no habrá ese tipo de dificultades, con casi toda seguridad.

Con la práctica del koan, por tanto, la lucha es inevitable. También, después de pasar el Mu, con otros koans, recuerdo que hubo periodos de mucha sequedad, pero desembocaban muchas veces, en experiencias sublimes. Fueron momentos asombrosos, sí, como si volviese a casa después de un largo y peligroso viaje.

D.T. Suzuki dice en uno de sus conocidos Ensayos sobre Budismo Zen:

El deseo de volver a casa no puede satisfacerse sin una larga, dura y extenuante experiencia. Porque si la realidad se ha dividido en dos, su anterior unidad no puede ser restaurada sin que suceda algún tipo de lucha.

Más aún:

La restauración es más que un mero volver atrás, ya que el contenido original es enriquecido por la división, la lucha y conseguir de nuevo la unidad

La lucha para alcanzar el despertar, es inevitable, de todos modos. Practiquemos como practiquemos, más tarde o más temprano aparecerá, y nos llevará a la búsqueda de nuestra propia naturaleza esencial, hasta que despertemos. Pero el despertar no es más que el principio, pues una y otra vez la mente vuelve a su división habitual, y es necesario volver a empezar. Esto es común, no solo al Zen y a la mística cristiana, sino a todas las tradiciones espirituales de la humanidad, porque el despertar rara vez es una experiencia definitiva, sino que una vez sucede, parece irse.

Solo en la tradición hindú, por lo que he podido ir recopilando de aquí y de allá, parece que algunas personas llegan, de manera excepcional, a un estado de samadhi permanente, sin que ocurra una lucha interior demasiado pronunciada. Algunas personas en la India (personas de tiempos recientes) han experimentado la iluminación total, quedando en ese estado, al parecer. Creo que es la única tradición donde esto sucede, pues los místicos cristianos (tampoco los sufíes, creo) no entran en una Unión con Dios sin vuelta atrás. Y en el Zen, el satori no es tampoco un estado de éxtasis permanente. La lucha vuelve y la meditación no es a veces de ningún consuelo. Santa Teresa se preguntaba:

“Pues ¿qué hará esta pobre alma cuando muchos días le durare así?

“Si en medio del sesshin uno no puede más y se quiere ir, ¡hay que aguantar!” decía Kiun An. Por tanto, aguantar la embestida de la mente del ego, parece irremediable cuando los malos momentos aparecen. La noche oscura, se ha convertido ya en un término clásico para referirse a ello, y creo muy conveniente decir en este momento que, si alguien cree que la meditación le va a llevar a un estado de paz y tranquilidad permanente, es posible que se equivoque.

Llegados al punto en que entramos en las profundidades oceánicas, cruzaremos corrientes tremendamente fuertes, que nos arrastrarán sin remedio. Y encontraremos monstruos marinos, que antes conocíamos solo por referencias escritas. Todo nuestro subconsciente se abre y los monstruos que encierra parecen adquirir vida propia. Es lo que en el Zen se llama Makyo, el mundo de los demonios. Son como alucinaciones que suceden. El camino hacia la propia identidad está plagado de dificultades. Por eso, hasta que se tiene suficiente práctica, la ayuda de un maestro externo es importante (aunque sea por teléfono, o a través de un ordenador)

En esto, también la mística cristiana se parece al Zen, pues se habla muchas veces de la necesidad de un director espiritual. No obstante, aunque hay muchas similitudes, el camino del Zen y la mística cristiana no siempre coinciden, y debemos dejarlo bien patente, porque en ningún momento deseo dar la impresión de estar diciendo, algo así, como que "todo es lo mismo” Si lo fuera, podríamos mezclar el zazen con la oración de Jesús (cosa que, por cierto, yo intenté experimentar por mi cuenta y riesgo, con un resultado nada alentador) o con otras cosas, como el yoga, el budismo tibetano, etc. Pero no, los caminos no pueden mezclarse nunca. Si bien “todos los caminos llevan a Roma” cada camino sigue siendo único.

Mi pregunta, sin embargo, es: ¿Es común el resultado, aunque la forma en que cada tradición se expresa sea muy distinta? Para responder esta pregunta, apoyémonos por ejemplo en dos párrafos: el primero, del Sutra de la Plataforma, de Hui Neng, y el segundo de Las Moradas de Santa Teresa.

- Cuando estoy en el Samadhi – observó Chi Wang (un seguidor del Dhyana clásico) – no conozco la conciencia ni la inconciencia.

- Si ese es el caso – dijo Un Chak (discípulo de Hui Neng) – eso es Samadhi perpetuo; y en ese estado ni permaneces ni te vas. Ese estado en él cual puedes habitar o puedes irte no es el Gran Samadhi.


Leamos a continuación este párrafo de Teresa:

Esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la verdadera sabiduría, que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que está así, que siempre es breve (…)
Pues diréisme: ¿cómo lo vio o cómo lo entendió, si no ve ni entiende? No digo que lo vio entonces, sino que lo ve después claro; y no porque es visión, sino una certidumbre que queda en el alma que sólo Dios la puede poner.


¿Están hablando del mismo estado? ¿Son estados diferentes? Si se comparan ambos párrafos, se ve algo que parece más que una simple coincidencia. Chi Wang dice que no conoce la conciencia ni la inconciencia, pero al decirlo, es obvio que hay alguien ahí que no conoce. Eso no es el Gran Samadhi todavía, le dice Un Chak. Cuando el Gran Samadhi ocurre, no hay nadie que conoce. Y si nos fijamos en lo que dice Santa Teresa, ella habla de que no hay nadie que vea ni entienda. Si hablan del mismo estado no lo sé, pero el aroma, indiscutiblemente es muy parecido.

Teresa de Ávila, en su libro Las Moradas, cuando habla de las moradas últimas, dice:

¡Oh, válgame Dios! ¡Cuán diferente cosa es oír estas palabras y creerlas, a entender por esta manera cuán verdaderas son! Y cada día se espanta más esta alma, porque nunca más le parece se fueron de con ella, sino que notoriamente ve, de la manera que queda dicho, que están en lo interior de su alma, en lo muy muy interior, en una cosa muy honda, que no sabe decir cómo es, porque no tiene letras, siente en sí esta divina compañía.

Teresa habla de una cosa muy honda en el interior del alma, donde siente una divina compañía, aunque no sabe decir como es.

Está en la Profundidad. Es el Origen de todo (…) Es la Luz Brillante (…) Es la Esencia de todas las cosas. No se puede describir Su origen.

Estas son palabras de Lao Tse en el Tao Te King.

No podía esperarse que hubiese una coincidencia total, evidentemente, pero el parecido es más que notorio, para tratarse de expresiones escritas en épocas tan distintas, y en lugares geográficos tan distantes. Podrían ponerse incontables ejemplos como este, lo cual demuestra de un modo claro que los místicos cristianos occidentales experimentaban algo muy similar, a lo que experimentaban sus homólogos budistas, hindúes o taoístas. En el fondo, se trata de la naturaleza esencial, donde no hay distinciones y, aunque en la forma encontramos importantísimas diferencias, nosotros no estamos interesados aquí más que en la realidad de fondo.

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Lao Tse
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tao.te.kat
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por tao.te.kat »

Muy interesante como siempre, Daido. Muchas gracias.
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Ananda
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Ananda »

Amigo @Daido también yo te doy nuevamente las gracias por tan magnifico hilo. Si no posteo es para facilitar su lectura de corrido como si de un libro se tratase.

Sólo diré brevemente que eres el mismo que hace diez o quince años, cuando publicabas aquellos blogs. Yo en cambio no lo soy, he abandonado cualquier paradigma ‘religioso’ y me he ‘secularizado’ por completo. Los únicos materiales con los que trabajo podría usarlos cualquier profesional de la psicología: formas, percepciones, sensaciones, formaciones, conciencias, dukkha, ecuanimidad, paz, libertad, alegría.

Por ejemplo en este último mensaje hablas de lucha. Quizá sea un mal budista, pero yo no lucho. Sé que si hay apego hay dukkha. Así que cultivo el desapego en beneficio de mi salud mental. Aun así, quizá porque dukkha me parece un mecanismo inherente al proceso evolutivo, dejo dukkha estar si no me molesta demasiado. Por usar un símil sería como ese ex alcohólico que de vez en cuando se toma una cerveza con los amigos.

eq341
Citta, éstas son simples designaciones, el mundo de las expresiones, el mundo de las formas de hablar con las cuales el Tathagata se expresa pero sin asirse a ellas. Buda, DN 9 Potthapāda Sutta.
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Prajnaparamita
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Prajnaparamita »

Una vez le pregunté a mi Gurú si los Budas sufren. Y sabiamente dijo "a veces". Aunque el propósito del budismo es acabar con todo sufrimiento, mira cómo sufrió un Buda como Jesucristo. No podemos decir que Jesús no fue un Buda o que no sufrió. Entonces, ¿por qué sufrió? Es porque dio su vida por todos los demás.
13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
-Juan 15:13-15.

El Dalai Lama dijo una vez que no se comparara a Su Eminencia con Jesucristo, que Jesucristo fue un gran Maestro. De modo que existe ese respeto por la Budeidad dentro de Él. Aceptar a Jesús plenamente lo lleva a uno por el camino de la Iluminación, porque no es rechazar a un Buda. Sin embargo, ser tacaño en la práctica de uno y usar el budismo como una forma de alimentar el ego de uno no le dará a uno mucho progreso. Esa ni siquiera es la pequeña Ley, sino una forma de práctica a medias. En el budismo debemos honrar a todos los budas y darles limosna. Ese es el Camino de Buda. ¡Namo Buddhaya! Namaste.
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

Os agradezco a los tres vuestro interés. Queda solo el capítulo final de despedida, asi que prefiero esperar a ponerlo, para responder. Gracias🙏
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Ananda
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Ananda »

¡Qué pena que se acaben los capítulos! Con cada nueva entrega me hice adicto al hilo (lo sé, soy un mal ejemplo del desprendimiento budista tongue ).

eq341
Citta, éstas son simples designaciones, el mundo de las expresiones, el mundo de las formas de hablar con las cuales el Tathagata se expresa pero sin asirse a ellas. Buda, DN 9 Potthapāda Sutta.
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