Budismo secular
Re: Budismo secular
En definitiva. Mi opinión es que hay que dejar las cosas como están. Luego, si alguien quiere darle cincel y martillo a los suttas para que se adapten a su gusto, está bien. Pero hay que diferenciar una cosa de la otra.
Saludos.
Saludos.
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Re: Budismo secular
Actualizar las enseñanzas a los tiempos modernos o re digerir las enseñanzas para las mentes occidentales es una tarea que en cierto modo como practicantes hemos de hacer por nosotros mismos, fundamentados principalmente en criterios derivados de la práctica y el cultivo, y no en base a los habituales deseos de querer cambiar las cosas ¿No habrá algo de peligro en la constante búsqueda de lo actualizado, novedoso, personalizado o hecho a la medida, fácil, cómodo, apropiado, rápido, simple, económico, optimo, etc? Yo observo que en la mayoría de los casos tras esas búsquedas se esconde un conocido y peligroso hábito mental materialista.
Eso es realmente cierto, y como bien dice Adán, ¡la práctica seria es la que mantiene el Dhamma vivo! y no los constantes cambios en las escrituras, ni sus vueltas de tuerca, aunque hay que dejar claro que tampoco se trata de cerrarse a los cambios. Que ojalá no se confunda una cosa con la otra.La cosmologia no es ningún problema. Si alguien rechaza el budismo por leer sobre ella en los suttas, tampoco iba a aceptarlo en cuanto le surgiera algún problema con la meditación, con cosmologia o sin ella. La duda puede ser hasta adictiva.
Respecto a la relación con la ciencia pienso que hoy en día es muy fácil reconocer que existe un gran potencial para el mundo en las enseñanzas de la compasión y el respeto por todos los seres sintientes y el entorno, más que en resolver problemas del tipo científico- existencial, ya que sobre esos asuntos la ciencia, en general, se caracteriza por ser en extremo paradigmática y en servir sin mucha mesura a los deseos del hombre, además que se desvía un poco del asunto ¿o no?- Reflexionar el budismo desde el conocimiento científico disponible para los seres humanos de nuestro tiempo.
Uno mismo es su propio refugio ¿quién otro podría serlo? Entrenándose bien uno mismo, uno gana el refugio que es difícil de alcanzar. Dhammapada V.160
- Alberto Cuervo
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Re: Budismo secular
Practicar o emplear las enseñanzas para tener experiencias místicas no creo que sea el objetivo principal de Las Nobles Verdades.
Para lograr el objetivo de ellas hay que orientar nuestra atención y comprensión a las cosas tal y como son, sin cambiar nada de ello. Buscar manifestaciones o fenómenos sobre naturales ¿Aliviará nuestro sufrimiento y el de otros?
Cuando quedamos atrapados a una idea pensando que es verdad, perdemos la oportunidad de conocer la verdad. Buda
Si sólo pensamos que vivir experiencias místicas nos hará libres del Samsara ¿Tendremos la oportunidad de conocer la verdad?
Si buscamos lo místico ¿Reconoceríamos el sufrimiento y sus causas? ¿Reconocemos la felicidad y sus causas?
Por lo que poco, pequeñísimo que he podido comprender es que las enseñanzas de Buda son propuestas sensatas para aliviar el sufrimiento de nuestra persona, el de otros y preservar el equilibrio en nuestro planeta. Las experiencias místicas que han compartido los Budas anteriores y los sabios, le confieren a las Budadharma tal vez las razones por las cuales se clasifica al Budismo como una religión. Son ricas, pero creo que pueden ser ajenas a nuestra capacidad (nosotros cómo seres comunes). Con esto no digo que seamos incapaces de la Budeidad, sino en experiencias como "el oído divino" capaz de escuchar los sonidos producidos por los Devas.
Lo que quiso Buda fue que dejamos de crear sufrimiento, y sembraramos semillas de sabiduría, sensatez, amor, compasión, ecuanimidad y empatía. Para hacer todo ello no necesitamos experiencias sobrenaturales
Motivo por el cual, pienso que primordialmente debemos hacer las cosas "comunes". Los fenómenos místicos no deben ser nuestro objetivo. Si llegamos a experimentarlos, bien, si no, también. Por lo tanto creo que el Budismo secular es muy valioso también, en referencia a nuestra práctica diaria.
Espero alcanzar la iluminación, el despertar o la sabiduría para el beneficio de todos los seres
mientras tanto ayudaré a aliviar el sufrimiento con lo que mi grado de compresión me lo permita.
PD: mi comentario no es para discutir, ni siquiera para tomar parte de algunos puntos de vista. Solo lo comparto según lo poco que puedo comprender.
Para lograr el objetivo de ellas hay que orientar nuestra atención y comprensión a las cosas tal y como son, sin cambiar nada de ello. Buscar manifestaciones o fenómenos sobre naturales ¿Aliviará nuestro sufrimiento y el de otros?
Cuando quedamos atrapados a una idea pensando que es verdad, perdemos la oportunidad de conocer la verdad. Buda
Si sólo pensamos que vivir experiencias místicas nos hará libres del Samsara ¿Tendremos la oportunidad de conocer la verdad?
Si buscamos lo místico ¿Reconoceríamos el sufrimiento y sus causas? ¿Reconocemos la felicidad y sus causas?
Por lo que poco, pequeñísimo que he podido comprender es que las enseñanzas de Buda son propuestas sensatas para aliviar el sufrimiento de nuestra persona, el de otros y preservar el equilibrio en nuestro planeta. Las experiencias místicas que han compartido los Budas anteriores y los sabios, le confieren a las Budadharma tal vez las razones por las cuales se clasifica al Budismo como una religión. Son ricas, pero creo que pueden ser ajenas a nuestra capacidad (nosotros cómo seres comunes). Con esto no digo que seamos incapaces de la Budeidad, sino en experiencias como "el oído divino" capaz de escuchar los sonidos producidos por los Devas.
Lo que quiso Buda fue que dejamos de crear sufrimiento, y sembraramos semillas de sabiduría, sensatez, amor, compasión, ecuanimidad y empatía. Para hacer todo ello no necesitamos experiencias sobrenaturales
Motivo por el cual, pienso que primordialmente debemos hacer las cosas "comunes". Los fenómenos místicos no deben ser nuestro objetivo. Si llegamos a experimentarlos, bien, si no, también. Por lo tanto creo que el Budismo secular es muy valioso también, en referencia a nuestra práctica diaria.
Espero alcanzar la iluminación, el despertar o la sabiduría para el beneficio de todos los seres
PD: mi comentario no es para discutir, ni siquiera para tomar parte de algunos puntos de vista. Solo lo comparto según lo poco que puedo comprender.
Re: Budismo secular
Buenos días,
De la RAE:
Se que te refieres como místicos a los fenómenos sobrenaturales y poderes psíquicos que se leen en los suttas, pero por definición, la mística es otra cosa.
Por otro lado, en el budismo no se buscan los poderes psíquicos, serían fenómenos que eventualmente desarrollan algunos meditadores. De hecho, no son siquiera prueba de sabiduría.
Todos, y yo me incluyo, nos centramos en las enseñanzas "terrenales". Pero defiendo que las enseñanzas del Buddha se dejen como están, con oídos divinos, dioses y devas. No hay que obsesionarse con ello.
Saludos
De la RAE:
misticismo
De místico2 e -ismo.
1. m. Estado de la persona que se dedica mucho a Dios o a las cosas espirituales.
2. m. Estado extraordinario de perfección religiosa, que consiste esencialmente en cierta unión inefable del alma con Dios por el amor, y va acompañado accidentalmente de éxtasis y revelaciones.
3. m. Doctrina religiosa y filosófica que enseña la comunicación inmediata y directa entre las personas y la divinidad.
Se que te refieres como místicos a los fenómenos sobrenaturales y poderes psíquicos que se leen en los suttas, pero por definición, la mística es otra cosa.
Por otro lado, en el budismo no se buscan los poderes psíquicos, serían fenómenos que eventualmente desarrollan algunos meditadores. De hecho, no son siquiera prueba de sabiduría.
Todos, y yo me incluyo, nos centramos en las enseñanzas "terrenales". Pero defiendo que las enseñanzas del Buddha se dejen como están, con oídos divinos, dioses y devas. No hay que obsesionarse con ello.
Saludos
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- BudistaSecular
- Mensajes: 172
- Registrado: 01 Oct 2021 12:18
Re: Budismo secular
Es un artículo antiguo, del 2006, pero me ha parecido interesante y creo que este es el hilo apropiado para compartirlo. Básicamente el autor propone que un budismo sin forma 'religiosa' sea la base de una nueva ‘ciencia contemplativa’ que fomente la sabiduría y la compasión en nuestra especie.
Fuente: https://samharris.org/killing-the-buddha/
"Maten a Buda", dice el viejo koan. "Mata al budismo", dice Sam Harris, autor de El fin de la fe, quien sostiene que la filosofía, la perspicacia y las prácticas del budismo beneficiarían a más personas si no se presentaran como una religión.
Se supone que el maestro budista del siglo IX Lin Chi dijo: "Si te encuentras con el Buda en el camino, mátalo". Al igual que gran parte de las enseñanzas del Zen, esto parece demasiado bonito a medias, pero plantea un punto valioso: convertir a Buda en un fetiche religioso es perder la esencia de lo que enseñó. Al considerar lo que el budismo puede ofrecer al mundo en el siglo XXI, propongo que nos tomemos muy en serio la advertencia de Lin Chi. Como estudiantes de Buda, deberíamos prescindir del budismo.
Esto no quiere decir que el budismo no tenga nada que ofrecer al mundo. Seguramente se podría argumentar que la tradición budista, tomada en su conjunto, representa la fuente más rica de sabiduría contemplativa que ha producido cualquier civilización. En un mundo que lleva mucho tiempo aterrorizado por las religiones fratricidas de los dioses del cielo, el ascenso del budismo sería sin duda un acontecimiento bienvenido. Pero esto no sucederá. No hay ninguna razón para pensar que el budismo pueda competir con éxito con la implacable evangelización del cristianismo y el islam. Ni debería intentarlo.
La sabiduría de Buda está actualmente atrapada en la religión del budismo. Incluso en Occidente, donde los científicos y los contemplativos budistas colaboran ahora en el estudio de los efectos de la meditación en el cerebro, el budismo sigue siendo una preocupación totalmente parroquial. Aunque puede ser cierto decir (como alegan muchos practicantes budistas) que "el budismo no es una religión", la mayoría de los budistas de todo el mundo lo practican como tal, de muchas de las formas ingenuas, petitorias y supersticiosas en que se practican todas las religiones. No hace falta decir que todos los no budistas creen que el budismo es una religión y, lo que es más, están bastante seguros de que es la religión equivocada.
Hablar de "budismo", por lo tanto, inevitablemente imparte un falso sentido de la enseñanza de Buda a los demás. Así que, en la medida en que mantengamos un discurso como "budistas", nos aseguramos de que la sabiduría de Buda sirva de poco para el desarrollo de la civilización en el siglo XXI.
Peor aún, la continua identificación de los budistas con el budismo presta un apoyo tácito a las diferencias religiosas en nuestro mundo. En este momento de la historia, esto es moral e intelectualmente indefendible, especialmente entre los occidentales acomodados y bien educados que tienen la mayor responsabilidad en la difusión de las ideas. No parece exagerado decir que si usted está leyendo este artículo, está en mejor posición para influir en el curso de la historia que casi cualquier persona en la historia. Dado el grado en que la religión sigue inspirando conflictos humanos e impidiendo la investigación genuina, creo que el mero hecho de autodenominarse "budista" es ser cómplice de la violencia y la ignorancia del mundo en un grado inaceptable.
Es cierto que muchos exponentes del budismo, sobre todo el Dalai Lama, han estado notablemente dispuestos a enriquecer (e incluso limitar) su visión del mundo mediante el diálogo con la ciencia moderna. Pero el hecho de que el Dalai Lama se reúna regularmente con científicos occidentales para discutir la naturaleza de la mente no significa que el budismo, o el budismo tibetano, o incluso el propio linaje del Dalai Lama, no esté contaminado por el dogmatismo religioso. De hecho, hay ideas dentro del budismo que son tan increíbles que hacen que el dogma del nacimiento virginal sea plausible en comparación. A nadie le sirve un modo de discurso que trate tales nociones pre-literarias como parte integral de nuestro discurso evolutivo sobre la naturaleza de la mente humana. Entre los budistas occidentales, hay hombres y mujeres con estudios universitarios que aparentemente creen que Gurú Rimpoché nació realmente de un loto. Este no es el avance espiritual que la civilización ha estado esperando durante todos estos siglos.
Porque el hecho es que una persona puede abrazar las enseñanzas de Buda, e incluso convertirse en un genuino contemplativo budista (y, hay que suponer, en un buda) sin creer nada en una evidencia insuficiente. No se puede decir lo mismo de las enseñanzas de la religión basada en la fe. En muchos aspectos, el budismo se parece mucho a la ciencia. Se parte de la hipótesis de que utilizar la atención de la forma prescrita (meditación), y realizar o evitar determinados comportamientos (ética), dará el resultado prometido (sabiduría y bienestar psicológico). Este espíritu de empirismo anima al budismo en un grado único. Por esta razón, la metodología del budismo, si se despoja de sus lastres religiosos, podría ser uno de nuestros mayores recursos en la lucha por desarrollar nuestra comprensión científica de la subjetividad humana.
El problema de la religión
Las doctrinas religiosas incompatibles han balcanizado nuestro mundo en comunidades morales separadas, y estas divisiones se han convertido en una fuente continua de derramamiento de sangre. De hecho, la religión es hoy un manantial vivo de violencia como lo ha sido en cualquier momento del pasado. Los recientes conflictos en Palestina (judíos contra musulmanes), los Balcanes (serbios ortodoxos contra croatas católicos; serbios ortodoxos contra musulmanes bosnios y albaneses), Irlanda del Norte (protestantes contra católicos), Cachemira (musulmanes contra hindúes), Sudán (musulmanes contra cristianos y animistas), Nigeria (musulmanes contra cristianos), Sri Lanka (cíngaros), etc. Cristianos), Sri Lanka (budistas cingaleses frente a hindúes tamiles), Indonesia (musulmanes frente a cristianos timorenses), Irán e Irak (chiíes frente a musulmanes suníes) y el Cáucaso (rusos ortodoxos frente a musulmanes chechenos; azerbaiyanos musulmanes frente a armenios católicos y ortodoxos) son sólo algunos casos. Se trata de lugares en los que la religión ha sido la causa explícita de literalmente millones de muertes en las últimas décadas.
¿Por qué la religión es una fuente tan potente de violencia? No hay ninguna otra esfera del discurso en la que los seres humanos articulen tan plenamente sus diferencias entre sí, ni que las expresen en términos de recompensas y castigos eternos. La religión es el único esfuerzo en el que el pensamiento nosotros-ellos alcanza un significado trascendente. Si realmente se cree que llamar a Dios por el nombre correcto puede significar la diferencia entre la felicidad eterna y el sufrimiento eterno, entonces resulta bastante razonable tratar mal a los herejes y a los incrédulos. Lo que está en juego en nuestras diferencias religiosas es inconmensurablemente más alto que las nacidas del mero tribalismo, el racismo o la política.
La religión es también el único ámbito de nuestro discurso en el que se protege sistemáticamente a las personas de la exigencia de aportar pruebas en defensa de sus firmes creencias. Y, sin embargo, estas creencias determinan a menudo por qué viven, por qué mueren y, con demasiada frecuencia, por qué matan. Esto es un problema, porque cuando hay mucho en juego, los seres humanos pueden elegir simplemente entre la conversación y la violencia. En el ámbito de las sociedades, la elección es entre la conversación y la guerra. No hay nada, aparte de la voluntad fundamental de ser razonable -de que las creencias propias sobre el mundo sean revisadas por nuevas pruebas y nuevos argumentos- que pueda garantizar que sigamos hablando entre nosotros. La certeza sin pruebas es necesariamente divisiva y deshumanizadora.
Por tanto, uno de los mayores retos a los que se enfrenta la civilización en el siglo XXI es que los seres humanos aprendan a hablar de sus preocupaciones personales más profundas -sobre la ética, la experiencia espiritual y la inevitabilidad del sufrimiento humano- de forma que no sean flagrantemente irracionales. Nada obstaculiza más este proyecto que el respeto que concedemos a la fe religiosa. Aunque no hay garantía de que las personas racionales se pongan siempre de acuerdo, las irracionales están seguras de estar divididas por sus dogmas.
Parece profundamente improbable que vayamos a curar las divisiones de nuestro mundo simplemente multiplicando las ocasiones de diálogo interreligioso. El fin de la civilización no puede ser la tolerancia mutua de la irracionalidad patente. Todas las partes del discurso religioso ecuménico han acordado no pisar los puntos en los que, de otro modo, sus visiones del mundo colisionarían y, sin embargo, estos mismos puntos siguen siendo fuentes perpetuas de desconcierto e intolerancia para sus correligionarios. La corrección política simplemente no ofrece una base duradera para la cooperación humana. Si la guerra religiosa llega a ser impensable para nosotros, del mismo modo que la esclavitud y el canibalismo parecen estar a punto de serlo, será cuestión de que hayamos prescindido del dogma de la fe.
Una ciencia contemplativa
Lo que más necesita el mundo en este momento es un medio para convencer a los seres humanos de que abracen a toda la especie como su comunidad moral. Para ello necesitamos desarrollar una forma totalmente no sectaria de hablar sobre todo el espectro de la experiencia humana y la aspiración humana. Necesitamos un discurso sobre la ética y la espiritualidad que sea tan libre de dogmas y prejuicios culturales como el discurso de la ciencia. Lo que necesitamos, de hecho, es una ciencia contemplativa, un enfoque moderno para explorar los confines del bienestar psicológico. No hace falta decir que no desarrollaremos esa ciencia intentando difundir el "budismo americano", o el "budismo occidental", o el "budismo comprometido".
Si la metodología del budismo (preceptos éticos y meditación) descubre verdades genuinas sobre la mente y el mundo fenomenal -verdades como la vacuidad, el desinterés y la impermanencia-, estas verdades no son en absoluto "budistas". Sin duda, la mayoría de los practicantes serios de la meditación se dan cuenta de esto, pero la mayoría de los budistas no. En consecuencia, incluso si una persona es consciente de la naturaleza intemporal y no contingente de las percepciones meditativas descritas en la literatura budista, su identidad como budista tenderá a confundir el asunto para los demás.
Hay una razón por la que no hablamos de "física cristiana" o "álgebra musulmana", aunque los cristianos inventaron la física tal y como la conocemos, y los musulmanes inventaron el álgebra. Hoy en día, cualquiera que haga hincapié en las raíces cristianas de la física o en las raíces musulmanas del álgebra sería condenado por no entender estas disciplinas en absoluto. De la misma manera, una vez que desarrollemos un relato científico del camino contemplativo, éste trascenderá por completo sus asociaciones religiosas. Cuando se produzca esta revolución conceptual, hablar de meditación "budista" será sinónimo de no asimilar los cambios que se han producido en nuestra comprensión de la mente humana.
Todavía no se ha determinado lo que significa ser humano, porque todas las facetas de nuestra cultura -e incluso nuestra propia biología- siguen abiertas a la innovación y a la comprensión. No sabemos lo que seremos dentro de mil años -o incluso que seremos, dado el absurdo letal de muchas de nuestras creencias-, pero sean cuales sean los cambios que nos esperan, hay algo que parece poco probable que cambie: mientras la experiencia perdure, la diferencia entre la felicidad y el sufrimiento seguirá siendo nuestra principal preocupación. Por tanto, querremos entender los procesos -bioquímicos, conductuales, éticos, políticos, económicos y espirituales- que explican esta diferencia. Todavía no tenemos nada parecido a una comprensión definitiva de esos procesos, pero sabemos lo suficiente como para descartar muchas falsas interpretaciones. De hecho, sabemos lo suficiente en este momento para decir que el Dios de Abraham no sólo es indigno de la inmensidad de la creación; es indigno incluso del hombre.
Hay mucho más que descubrir sobre la naturaleza de la mente humana. En particular, hay mucho más que entender sobre cómo la mente puede transformarse de un mero depósito de codicia, odio y engaño en un instrumento de sabiduría y compasión. Los estudiantes de Buda están muy bien situados para avanzar en la comprensión de este aspecto, pero la religión del budismo se interpone en su camino.
Killing The Buddha, Sam Harris, Shambhala Sun, marzo 2006.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
Fuente: https://samharris.org/killing-the-buddha/
"Maten a Buda", dice el viejo koan. "Mata al budismo", dice Sam Harris, autor de El fin de la fe, quien sostiene que la filosofía, la perspicacia y las prácticas del budismo beneficiarían a más personas si no se presentaran como una religión.
Se supone que el maestro budista del siglo IX Lin Chi dijo: "Si te encuentras con el Buda en el camino, mátalo". Al igual que gran parte de las enseñanzas del Zen, esto parece demasiado bonito a medias, pero plantea un punto valioso: convertir a Buda en un fetiche religioso es perder la esencia de lo que enseñó. Al considerar lo que el budismo puede ofrecer al mundo en el siglo XXI, propongo que nos tomemos muy en serio la advertencia de Lin Chi. Como estudiantes de Buda, deberíamos prescindir del budismo.
Esto no quiere decir que el budismo no tenga nada que ofrecer al mundo. Seguramente se podría argumentar que la tradición budista, tomada en su conjunto, representa la fuente más rica de sabiduría contemplativa que ha producido cualquier civilización. En un mundo que lleva mucho tiempo aterrorizado por las religiones fratricidas de los dioses del cielo, el ascenso del budismo sería sin duda un acontecimiento bienvenido. Pero esto no sucederá. No hay ninguna razón para pensar que el budismo pueda competir con éxito con la implacable evangelización del cristianismo y el islam. Ni debería intentarlo.
La sabiduría de Buda está actualmente atrapada en la religión del budismo. Incluso en Occidente, donde los científicos y los contemplativos budistas colaboran ahora en el estudio de los efectos de la meditación en el cerebro, el budismo sigue siendo una preocupación totalmente parroquial. Aunque puede ser cierto decir (como alegan muchos practicantes budistas) que "el budismo no es una religión", la mayoría de los budistas de todo el mundo lo practican como tal, de muchas de las formas ingenuas, petitorias y supersticiosas en que se practican todas las religiones. No hace falta decir que todos los no budistas creen que el budismo es una religión y, lo que es más, están bastante seguros de que es la religión equivocada.
Hablar de "budismo", por lo tanto, inevitablemente imparte un falso sentido de la enseñanza de Buda a los demás. Así que, en la medida en que mantengamos un discurso como "budistas", nos aseguramos de que la sabiduría de Buda sirva de poco para el desarrollo de la civilización en el siglo XXI.
Peor aún, la continua identificación de los budistas con el budismo presta un apoyo tácito a las diferencias religiosas en nuestro mundo. En este momento de la historia, esto es moral e intelectualmente indefendible, especialmente entre los occidentales acomodados y bien educados que tienen la mayor responsabilidad en la difusión de las ideas. No parece exagerado decir que si usted está leyendo este artículo, está en mejor posición para influir en el curso de la historia que casi cualquier persona en la historia. Dado el grado en que la religión sigue inspirando conflictos humanos e impidiendo la investigación genuina, creo que el mero hecho de autodenominarse "budista" es ser cómplice de la violencia y la ignorancia del mundo en un grado inaceptable.
Es cierto que muchos exponentes del budismo, sobre todo el Dalai Lama, han estado notablemente dispuestos a enriquecer (e incluso limitar) su visión del mundo mediante el diálogo con la ciencia moderna. Pero el hecho de que el Dalai Lama se reúna regularmente con científicos occidentales para discutir la naturaleza de la mente no significa que el budismo, o el budismo tibetano, o incluso el propio linaje del Dalai Lama, no esté contaminado por el dogmatismo religioso. De hecho, hay ideas dentro del budismo que son tan increíbles que hacen que el dogma del nacimiento virginal sea plausible en comparación. A nadie le sirve un modo de discurso que trate tales nociones pre-literarias como parte integral de nuestro discurso evolutivo sobre la naturaleza de la mente humana. Entre los budistas occidentales, hay hombres y mujeres con estudios universitarios que aparentemente creen que Gurú Rimpoché nació realmente de un loto. Este no es el avance espiritual que la civilización ha estado esperando durante todos estos siglos.
Porque el hecho es que una persona puede abrazar las enseñanzas de Buda, e incluso convertirse en un genuino contemplativo budista (y, hay que suponer, en un buda) sin creer nada en una evidencia insuficiente. No se puede decir lo mismo de las enseñanzas de la religión basada en la fe. En muchos aspectos, el budismo se parece mucho a la ciencia. Se parte de la hipótesis de que utilizar la atención de la forma prescrita (meditación), y realizar o evitar determinados comportamientos (ética), dará el resultado prometido (sabiduría y bienestar psicológico). Este espíritu de empirismo anima al budismo en un grado único. Por esta razón, la metodología del budismo, si se despoja de sus lastres religiosos, podría ser uno de nuestros mayores recursos en la lucha por desarrollar nuestra comprensión científica de la subjetividad humana.
El problema de la religión
Las doctrinas religiosas incompatibles han balcanizado nuestro mundo en comunidades morales separadas, y estas divisiones se han convertido en una fuente continua de derramamiento de sangre. De hecho, la religión es hoy un manantial vivo de violencia como lo ha sido en cualquier momento del pasado. Los recientes conflictos en Palestina (judíos contra musulmanes), los Balcanes (serbios ortodoxos contra croatas católicos; serbios ortodoxos contra musulmanes bosnios y albaneses), Irlanda del Norte (protestantes contra católicos), Cachemira (musulmanes contra hindúes), Sudán (musulmanes contra cristianos y animistas), Nigeria (musulmanes contra cristianos), Sri Lanka (cíngaros), etc. Cristianos), Sri Lanka (budistas cingaleses frente a hindúes tamiles), Indonesia (musulmanes frente a cristianos timorenses), Irán e Irak (chiíes frente a musulmanes suníes) y el Cáucaso (rusos ortodoxos frente a musulmanes chechenos; azerbaiyanos musulmanes frente a armenios católicos y ortodoxos) son sólo algunos casos. Se trata de lugares en los que la religión ha sido la causa explícita de literalmente millones de muertes en las últimas décadas.
¿Por qué la religión es una fuente tan potente de violencia? No hay ninguna otra esfera del discurso en la que los seres humanos articulen tan plenamente sus diferencias entre sí, ni que las expresen en términos de recompensas y castigos eternos. La religión es el único esfuerzo en el que el pensamiento nosotros-ellos alcanza un significado trascendente. Si realmente se cree que llamar a Dios por el nombre correcto puede significar la diferencia entre la felicidad eterna y el sufrimiento eterno, entonces resulta bastante razonable tratar mal a los herejes y a los incrédulos. Lo que está en juego en nuestras diferencias religiosas es inconmensurablemente más alto que las nacidas del mero tribalismo, el racismo o la política.
La religión es también el único ámbito de nuestro discurso en el que se protege sistemáticamente a las personas de la exigencia de aportar pruebas en defensa de sus firmes creencias. Y, sin embargo, estas creencias determinan a menudo por qué viven, por qué mueren y, con demasiada frecuencia, por qué matan. Esto es un problema, porque cuando hay mucho en juego, los seres humanos pueden elegir simplemente entre la conversación y la violencia. En el ámbito de las sociedades, la elección es entre la conversación y la guerra. No hay nada, aparte de la voluntad fundamental de ser razonable -de que las creencias propias sobre el mundo sean revisadas por nuevas pruebas y nuevos argumentos- que pueda garantizar que sigamos hablando entre nosotros. La certeza sin pruebas es necesariamente divisiva y deshumanizadora.
Por tanto, uno de los mayores retos a los que se enfrenta la civilización en el siglo XXI es que los seres humanos aprendan a hablar de sus preocupaciones personales más profundas -sobre la ética, la experiencia espiritual y la inevitabilidad del sufrimiento humano- de forma que no sean flagrantemente irracionales. Nada obstaculiza más este proyecto que el respeto que concedemos a la fe religiosa. Aunque no hay garantía de que las personas racionales se pongan siempre de acuerdo, las irracionales están seguras de estar divididas por sus dogmas.
Parece profundamente improbable que vayamos a curar las divisiones de nuestro mundo simplemente multiplicando las ocasiones de diálogo interreligioso. El fin de la civilización no puede ser la tolerancia mutua de la irracionalidad patente. Todas las partes del discurso religioso ecuménico han acordado no pisar los puntos en los que, de otro modo, sus visiones del mundo colisionarían y, sin embargo, estos mismos puntos siguen siendo fuentes perpetuas de desconcierto e intolerancia para sus correligionarios. La corrección política simplemente no ofrece una base duradera para la cooperación humana. Si la guerra religiosa llega a ser impensable para nosotros, del mismo modo que la esclavitud y el canibalismo parecen estar a punto de serlo, será cuestión de que hayamos prescindido del dogma de la fe.
Una ciencia contemplativa
Lo que más necesita el mundo en este momento es un medio para convencer a los seres humanos de que abracen a toda la especie como su comunidad moral. Para ello necesitamos desarrollar una forma totalmente no sectaria de hablar sobre todo el espectro de la experiencia humana y la aspiración humana. Necesitamos un discurso sobre la ética y la espiritualidad que sea tan libre de dogmas y prejuicios culturales como el discurso de la ciencia. Lo que necesitamos, de hecho, es una ciencia contemplativa, un enfoque moderno para explorar los confines del bienestar psicológico. No hace falta decir que no desarrollaremos esa ciencia intentando difundir el "budismo americano", o el "budismo occidental", o el "budismo comprometido".
Si la metodología del budismo (preceptos éticos y meditación) descubre verdades genuinas sobre la mente y el mundo fenomenal -verdades como la vacuidad, el desinterés y la impermanencia-, estas verdades no son en absoluto "budistas". Sin duda, la mayoría de los practicantes serios de la meditación se dan cuenta de esto, pero la mayoría de los budistas no. En consecuencia, incluso si una persona es consciente de la naturaleza intemporal y no contingente de las percepciones meditativas descritas en la literatura budista, su identidad como budista tenderá a confundir el asunto para los demás.
Hay una razón por la que no hablamos de "física cristiana" o "álgebra musulmana", aunque los cristianos inventaron la física tal y como la conocemos, y los musulmanes inventaron el álgebra. Hoy en día, cualquiera que haga hincapié en las raíces cristianas de la física o en las raíces musulmanas del álgebra sería condenado por no entender estas disciplinas en absoluto. De la misma manera, una vez que desarrollemos un relato científico del camino contemplativo, éste trascenderá por completo sus asociaciones religiosas. Cuando se produzca esta revolución conceptual, hablar de meditación "budista" será sinónimo de no asimilar los cambios que se han producido en nuestra comprensión de la mente humana.
Todavía no se ha determinado lo que significa ser humano, porque todas las facetas de nuestra cultura -e incluso nuestra propia biología- siguen abiertas a la innovación y a la comprensión. No sabemos lo que seremos dentro de mil años -o incluso que seremos, dado el absurdo letal de muchas de nuestras creencias-, pero sean cuales sean los cambios que nos esperan, hay algo que parece poco probable que cambie: mientras la experiencia perdure, la diferencia entre la felicidad y el sufrimiento seguirá siendo nuestra principal preocupación. Por tanto, querremos entender los procesos -bioquímicos, conductuales, éticos, políticos, económicos y espirituales- que explican esta diferencia. Todavía no tenemos nada parecido a una comprensión definitiva de esos procesos, pero sabemos lo suficiente como para descartar muchas falsas interpretaciones. De hecho, sabemos lo suficiente en este momento para decir que el Dios de Abraham no sólo es indigno de la inmensidad de la creación; es indigno incluso del hombre.
Hay mucho más que descubrir sobre la naturaleza de la mente humana. En particular, hay mucho más que entender sobre cómo la mente puede transformarse de un mero depósito de codicia, odio y engaño en un instrumento de sabiduría y compasión. Los estudiantes de Buda están muy bien situados para avanzar en la comprensión de este aspecto, pero la religión del budismo se interpone en su camino.
Killing The Buddha, Sam Harris, Shambhala Sun, marzo 2006.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
...pero si no existe otro mundo ni el fruto - el resultado de las buenas y malas acciones - entonces vivo feliz en esta misma vida, sin enemistad, sin mala voluntad, sin odio. (Kalama Sutta).
Re: Budismo secular
Gracias amigo BudistaSecular por el aporte presentado.
En verdad es un texto que no deja indiferente ante el análisis.
Se comparte en gran medida.
Saludos cordiales.
«El abandono del mal, el cultivo del bien y la purificación de la mente: tal es la enseñanza del Buddha».
Vv 183, Cap. XIV Dhammapada.
Vv 183, Cap. XIV Dhammapada.
Re: Budismo secular
Buenos días:
Soy nuevo en el foro y no he encontrado un tema específico sobre la duda que quisiera formular; pero como tiene relación con la perspectiva secular, he creído que tal vez éste sea un sitio oportuno. Mis disculpas por adelantado en caso de que no sea así.
La duda que tengo es la siguiente: ¿Cómo acercarse a la idea budista de la reencarnación desde una mentalidad occidental que no ha contemplado nunca esta posibilidad? ¿Cómo puedo encontrar algún indicio que me permita comprender, no ya la reencarnación en sí (para lo que seguramente haya que haber acumulado méritos que no tengo), sino el hecho de que sea posible acceder a un conocimiento como ese? ¿Qué lecturas me recomendarían en este sentido? He pensado que quizá el Libro Tibetano de los Muertos me ayude; aunque según lo que he podido leer sobre él, quizá parta ya de la premisa de la reencarnación y yo estoy, por así decir, en el paso anterior: la reflexión previa para poder entender y abrazar esa idea.
Muchas gracias a todos.
Soy nuevo en el foro y no he encontrado un tema específico sobre la duda que quisiera formular; pero como tiene relación con la perspectiva secular, he creído que tal vez éste sea un sitio oportuno. Mis disculpas por adelantado en caso de que no sea así.
La duda que tengo es la siguiente: ¿Cómo acercarse a la idea budista de la reencarnación desde una mentalidad occidental que no ha contemplado nunca esta posibilidad? ¿Cómo puedo encontrar algún indicio que me permita comprender, no ya la reencarnación en sí (para lo que seguramente haya que haber acumulado méritos que no tengo), sino el hecho de que sea posible acceder a un conocimiento como ese? ¿Qué lecturas me recomendarían en este sentido? He pensado que quizá el Libro Tibetano de los Muertos me ayude; aunque según lo que he podido leer sobre él, quizá parta ya de la premisa de la reencarnación y yo estoy, por así decir, en el paso anterior: la reflexión previa para poder entender y abrazar esa idea.
Muchas gracias a todos.
- BudistaSecular
- Mensajes: 172
- Registrado: 01 Oct 2021 12:18
Re: Budismo secular
@Joaquín
No puedo ayudarte. No he encontrado nunca ni dentro ni fuera del budismo alguna evidencia objetiva de que la idea del renacimiento en su consideración tradicional sea un fenómeno real. Otra cosa es la perspectiva del renacimiento de un momento a otro, que es fácilmente observable y no requiere de pruebas extraordinarias ni de 'fe'.
Saludos y metta
No puedo ayudarte. No he encontrado nunca ni dentro ni fuera del budismo alguna evidencia objetiva de que la idea del renacimiento en su consideración tradicional sea un fenómeno real. Otra cosa es la perspectiva del renacimiento de un momento a otro, que es fácilmente observable y no requiere de pruebas extraordinarias ni de 'fe'.
Saludos y metta
...pero si no existe otro mundo ni el fruto - el resultado de las buenas y malas acciones - entonces vivo feliz en esta misma vida, sin enemistad, sin mala voluntad, sin odio. (Kalama Sutta).
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Re: Budismo secular
> ¿Qué lecturas me recomendarían en este sentido?
No he entendido del todo la pregunta pero dejo dos ideas por si ibas por ahí:
1a idea: existen diversos autores que han investigado los recuerdos de algunos niños que tienen de, aparentemente, otras vidas con el fin de verificar si eran ciertos. Existe bastante literatura al respecto. Que sean concluyentes o no, ya es más discutible. Un ejemplo: https://www.redalyc.org/pdf/3729/372940823009.pdf
2a idea: en la tradición budista, buddha puede recordar sus vidas pasadas, en concreto Mahayana incluso concreta que eso pasa en el octavo bhumi. Luego el reconocimiento directo de la reencarnación ocurriría entonces. Se deduce pues que el Bardo Thodol (Libro Tibetano de los M. es una traducción inventada y me resisto a usarla, pues no existe tal libro) lo escribió un buddha. Luego posiblemente te pilla algo lejos, ese reconocimiento directo.
Para los budistas tradicionales, la reencarnación es una creencia. Como el cielo cristiano. Y aunque hay más indicios (ver pto1), no creo que haya demostración clara todavía. Si es que la llega a haber.
No he entendido del todo la pregunta pero dejo dos ideas por si ibas por ahí:
1a idea: existen diversos autores que han investigado los recuerdos de algunos niños que tienen de, aparentemente, otras vidas con el fin de verificar si eran ciertos. Existe bastante literatura al respecto. Que sean concluyentes o no, ya es más discutible. Un ejemplo: https://www.redalyc.org/pdf/3729/372940823009.pdf
2a idea: en la tradición budista, buddha puede recordar sus vidas pasadas, en concreto Mahayana incluso concreta que eso pasa en el octavo bhumi. Luego el reconocimiento directo de la reencarnación ocurriría entonces. Se deduce pues que el Bardo Thodol (Libro Tibetano de los M. es una traducción inventada y me resisto a usarla, pues no existe tal libro) lo escribió un buddha. Luego posiblemente te pilla algo lejos, ese reconocimiento directo.
Para los budistas tradicionales, la reencarnación es una creencia. Como el cielo cristiano. Y aunque hay más indicios (ver pto1), no creo que haya demostración clara todavía. Si es que la llega a haber.
Re: Budismo secular
BudistaSecular escribió: ↑27 Oct 2021 00:02 Es un artículo antiguo, del 2006, pero me ha parecido interesante y creo que este es el hilo apropiado para compartirlo. Básicamente el autor propone que un budismo sin forma 'religiosa' sea la base de una nueva ‘ciencia contemplativa’ que fomente la sabiduría y la compasión en nuestra especie.
Fuente: https://samharris.org/killing-the-buddha/
"Maten a Buda", dice el viejo koan. "Mata al budismo", dice Sam Harris, autor de El fin de la fe, quien sostiene que la filosofía, la perspicacia y las prácticas del budismo beneficiarían a más personas si no se presentaran como una religión.
Se supone que el maestro budista del siglo IX Lin Chi dijo: "Si te encuentras con el Buda en el camino, mátalo". Al igual que gran parte de las enseñanzas del Zen, esto parece demasiado bonito a medias, pero plantea un punto valioso: convertir a Buda en un fetiche religioso es perder la esencia de lo que enseñó. Al considerar lo que el budismo puede ofrecer al mundo en el siglo XXI, propongo que nos tomemos muy en serio la advertencia de Lin Chi. Como estudiantes de Buda, deberíamos prescindir del budismo.
Esto no quiere decir que el budismo no tenga nada que ofrecer al mundo. Seguramente se podría argumentar que la tradición budista, tomada en su conjunto, representa la fuente más rica de sabiduría contemplativa que ha producido cualquier civilización. En un mundo que lleva mucho tiempo aterrorizado por las religiones fratricidas de los dioses del cielo, el ascenso del budismo sería sin duda un acontecimiento bienvenido. Pero esto no sucederá. No hay ninguna razón para pensar que el budismo pueda competir con éxito con la implacable evangelización del cristianismo y el islam. Ni debería intentarlo.
La sabiduría de Buda está actualmente atrapada en la religión del budismo. Incluso en Occidente, donde los científicos y los contemplativos budistas colaboran ahora en el estudio de los efectos de la meditación en el cerebro, el budismo sigue siendo una preocupación totalmente parroquial. Aunque puede ser cierto decir (como alegan muchos practicantes budistas) que "el budismo no es una religión", la mayoría de los budistas de todo el mundo lo practican como tal, de muchas de las formas ingenuas, petitorias y supersticiosas en que se practican todas las religiones. No hace falta decir que todos los no budistas creen que el budismo es una religión y, lo que es más, están bastante seguros de que es la religión equivocada.
Hablar de "budismo", por lo tanto, inevitablemente imparte un falso sentido de la enseñanza de Buda a los demás. Así que, en la medida en que mantengamos un discurso como "budistas", nos aseguramos de que la sabiduría de Buda sirva de poco para el desarrollo de la civilización en el siglo XXI.
Peor aún, la continua identificación de los budistas con el budismo presta un apoyo tácito a las diferencias religiosas en nuestro mundo. En este momento de la historia, esto es moral e intelectualmente indefendible, especialmente entre los occidentales acomodados y bien educados que tienen la mayor responsabilidad en la difusión de las ideas. No parece exagerado decir que si usted está leyendo este artículo, está en mejor posición para influir en el curso de la historia que casi cualquier persona en la historia. Dado el grado en que la religión sigue inspirando conflictos humanos e impidiendo la investigación genuina, creo que el mero hecho de autodenominarse "budista" es ser cómplice de la violencia y la ignorancia del mundo en un grado inaceptable.
Es cierto que muchos exponentes del budismo, sobre todo el Dalai Lama, han estado notablemente dispuestos a enriquecer (e incluso limitar) su visión del mundo mediante el diálogo con la ciencia moderna. Pero el hecho de que el Dalai Lama se reúna regularmente con científicos occidentales para discutir la naturaleza de la mente no significa que el budismo, o el budismo tibetano, o incluso el propio linaje del Dalai Lama, no esté contaminado por el dogmatismo religioso. De hecho, hay ideas dentro del budismo que son tan increíbles que hacen que el dogma del nacimiento virginal sea plausible en comparación. A nadie le sirve un modo de discurso que trate tales nociones pre-literarias como parte integral de nuestro discurso evolutivo sobre la naturaleza de la mente humana. Entre los budistas occidentales, hay hombres y mujeres con estudios universitarios que aparentemente creen que Gurú Rimpoché nació realmente de un loto. Este no es el avance espiritual que la civilización ha estado esperando durante todos estos siglos.
Porque el hecho es que una persona puede abrazar las enseñanzas de Buda, e incluso convertirse en un genuino contemplativo budista (y, hay que suponer, en un buda) sin creer nada en una evidencia insuficiente. No se puede decir lo mismo de las enseñanzas de la religión basada en la fe. En muchos aspectos, el budismo se parece mucho a la ciencia. Se parte de la hipótesis de que utilizar la atención de la forma prescrita (meditación), y realizar o evitar determinados comportamientos (ética), dará el resultado prometido (sabiduría y bienestar psicológico). Este espíritu de empirismo anima al budismo en un grado único. Por esta razón, la metodología del budismo, si se despoja de sus lastres religiosos, podría ser uno de nuestros mayores recursos en la lucha por desarrollar nuestra comprensión científica de la subjetividad humana.
El problema de la religión
Las doctrinas religiosas incompatibles han balcanizado nuestro mundo en comunidades morales separadas, y estas divisiones se han convertido en una fuente continua de derramamiento de sangre. De hecho, la religión es hoy un manantial vivo de violencia como lo ha sido en cualquier momento del pasado. Los recientes conflictos en Palestina (judíos contra musulmanes), los Balcanes (serbios ortodoxos contra croatas católicos; serbios ortodoxos contra musulmanes bosnios y albaneses), Irlanda del Norte (protestantes contra católicos), Cachemira (musulmanes contra hindúes), Sudán (musulmanes contra cristianos y animistas), Nigeria (musulmanes contra cristianos), Sri Lanka (cíngaros), etc. Cristianos), Sri Lanka (budistas cingaleses frente a hindúes tamiles), Indonesia (musulmanes frente a cristianos timorenses), Irán e Irak (chiíes frente a musulmanes suníes) y el Cáucaso (rusos ortodoxos frente a musulmanes chechenos; azerbaiyanos musulmanes frente a armenios católicos y ortodoxos) son sólo algunos casos. Se trata de lugares en los que la religión ha sido la causa explícita de literalmente millones de muertes en las últimas décadas.
¿Por qué la religión es una fuente tan potente de violencia? No hay ninguna otra esfera del discurso en la que los seres humanos articulen tan plenamente sus diferencias entre sí, ni que las expresen en términos de recompensas y castigos eternos. La religión es el único esfuerzo en el que el pensamiento nosotros-ellos alcanza un significado trascendente. Si realmente se cree que llamar a Dios por el nombre correcto puede significar la diferencia entre la felicidad eterna y el sufrimiento eterno, entonces resulta bastante razonable tratar mal a los herejes y a los incrédulos. Lo que está en juego en nuestras diferencias religiosas es inconmensurablemente más alto que las nacidas del mero tribalismo, el racismo o la política.
La religión es también el único ámbito de nuestro discurso en el que se protege sistemáticamente a las personas de la exigencia de aportar pruebas en defensa de sus firmes creencias. Y, sin embargo, estas creencias determinan a menudo por qué viven, por qué mueren y, con demasiada frecuencia, por qué matan. Esto es un problema, porque cuando hay mucho en juego, los seres humanos pueden elegir simplemente entre la conversación y la violencia. En el ámbito de las sociedades, la elección es entre la conversación y la guerra. No hay nada, aparte de la voluntad fundamental de ser razonable -de que las creencias propias sobre el mundo sean revisadas por nuevas pruebas y nuevos argumentos- que pueda garantizar que sigamos hablando entre nosotros. La certeza sin pruebas es necesariamente divisiva y deshumanizadora.
Por tanto, uno de los mayores retos a los que se enfrenta la civilización en el siglo XXI es que los seres humanos aprendan a hablar de sus preocupaciones personales más profundas -sobre la ética, la experiencia espiritual y la inevitabilidad del sufrimiento humano- de forma que no sean flagrantemente irracionales. Nada obstaculiza más este proyecto que el respeto que concedemos a la fe religiosa. Aunque no hay garantía de que las personas racionales se pongan siempre de acuerdo, las irracionales están seguras de estar divididas por sus dogmas.
Parece profundamente improbable que vayamos a curar las divisiones de nuestro mundo simplemente multiplicando las ocasiones de diálogo interreligioso. El fin de la civilización no puede ser la tolerancia mutua de la irracionalidad patente. Todas las partes del discurso religioso ecuménico han acordado no pisar los puntos en los que, de otro modo, sus visiones del mundo colisionarían y, sin embargo, estos mismos puntos siguen siendo fuentes perpetuas de desconcierto e intolerancia para sus correligionarios. La corrección política simplemente no ofrece una base duradera para la cooperación humana. Si la guerra religiosa llega a ser impensable para nosotros, del mismo modo que la esclavitud y el canibalismo parecen estar a punto de serlo, será cuestión de que hayamos prescindido del dogma de la fe.
Una ciencia contemplativa
Lo que más necesita el mundo en este momento es un medio para convencer a los seres humanos de que abracen a toda la especie como su comunidad moral. Para ello necesitamos desarrollar una forma totalmente no sectaria de hablar sobre todo el espectro de la experiencia humana y la aspiración humana. Necesitamos un discurso sobre la ética y la espiritualidad que sea tan libre de dogmas y prejuicios culturales como el discurso de la ciencia. Lo que necesitamos, de hecho, es una ciencia contemplativa, un enfoque moderno para explorar los confines del bienestar psicológico. No hace falta decir que no desarrollaremos esa ciencia intentando difundir el "budismo americano", o el "budismo occidental", o el "budismo comprometido".
Si la metodología del budismo (preceptos éticos y meditación) descubre verdades genuinas sobre la mente y el mundo fenomenal -verdades como la vacuidad, el desinterés y la impermanencia-, estas verdades no son en absoluto "budistas". Sin duda, la mayoría de los practicantes serios de la meditación se dan cuenta de esto, pero la mayoría de los budistas no. En consecuencia, incluso si una persona es consciente de la naturaleza intemporal y no contingente de las percepciones meditativas descritas en la literatura budista, su identidad como budista tenderá a confundir el asunto para los demás.
Hay una razón por la que no hablamos de "física cristiana" o "álgebra musulmana", aunque los cristianos inventaron la física tal y como la conocemos, y los musulmanes inventaron el álgebra. Hoy en día, cualquiera que haga hincapié en las raíces cristianas de la física o en las raíces musulmanas del álgebra sería condenado por no entender estas disciplinas en absoluto. De la misma manera, una vez que desarrollemos un relato científico del camino contemplativo, éste trascenderá por completo sus asociaciones religiosas. Cuando se produzca esta revolución conceptual, hablar de meditación "budista" será sinónimo de no asimilar los cambios que se han producido en nuestra comprensión de la mente humana.
Todavía no se ha determinado lo que significa ser humano, porque todas las facetas de nuestra cultura -e incluso nuestra propia biología- siguen abiertas a la innovación y a la comprensión. No sabemos lo que seremos dentro de mil años -o incluso que seremos, dado el absurdo letal de muchas de nuestras creencias-, pero sean cuales sean los cambios que nos esperan, hay algo que parece poco probable que cambie: mientras la experiencia perdure, la diferencia entre la felicidad y el sufrimiento seguirá siendo nuestra principal preocupación. Por tanto, querremos entender los procesos -bioquímicos, conductuales, éticos, políticos, económicos y espirituales- que explican esta diferencia. Todavía no tenemos nada parecido a una comprensión definitiva de esos procesos, pero sabemos lo suficiente como para descartar muchas falsas interpretaciones. De hecho, sabemos lo suficiente en este momento para decir que el Dios de Abraham no sólo es indigno de la inmensidad de la creación; es indigno incluso del hombre.
Hay mucho más que descubrir sobre la naturaleza de la mente humana. En particular, hay mucho más que entender sobre cómo la mente puede transformarse de un mero depósito de codicia, odio y engaño en un instrumento de sabiduría y compasión. Los estudiantes de Buda están muy bien situados para avanzar en la comprensión de este aspecto, pero la religión del budismo se interpone en su camino.
Killing The Buddha, Sam Harris, Shambhala Sun, marzo 2006.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
Saludos y gracias.
Éste no confunde "espiritualidad" con "religión".
Eso ya se sufrió antaño.
Hoy abraza el Buddhadhamma porque es tan simple el mensaje de un gran Hombre:
"Se quiere abandonar dukkha. "
Esta fue y es la determinación entonces y ahora.
Este es el camino para éste ha seguir.
Las Cuatro Nobles Verdades.
Se quería dejar una charla del Venerable Bhikkhu Buddhadasa en cierta medida relacionada.
https://www.bosquetheravada.org/compone ... Itemid=575
Saludos.
«El abandono del mal, el cultivo del bien y la purificación de la mente: tal es la enseñanza del Buddha».
Vv 183, Cap. XIV Dhammapada.
Vv 183, Cap. XIV Dhammapada.