No creo que sea recurriendo a los textos antiguos como podamos comprender de una manera significativa, para nosotros que vivimos en el s. XXI, en qué consiste la vía del bodhisattva. Si en el budismo antiguo, es decir el budismo de la edad del hierro, los renacimientos oscilaban para quién había entrado en la vía, en el camino budista, entre ninguno y siete renacimientos; en los sutra mahayana, que pertenecerían a lo que en la historia de la India correspondería, más o menos, al periodo clásico temprano, estos renacimientos, en el caso de la vía del bodhisattva pueden volverse innumerables. Pero, hoy en día, por lo menos para la inmensa mayoría de budistas occidentales, a los que la idea de "renacimiento" nos resulta extraña y exótica, eso quiere decir simplemente que nuestra practica debe de durar durante todo el tiempo que tengamos a nuestra disposición, es decir hasta que muramos. No hace falta especular más.
Tampoco creo que se pueda diferenciar la especificidad de la vía del bodhisattva si nos empeñamos en encontrar a toda costa paralelismos entre los sutta y los sutra. Hay grandes eruditos y practicantes, como Walpola Rahula, en el ámbito theravada, o el Dalai Lama, en el ámbito vajrayana (que a los sutta, añade los sutra y, a estos, los tantra), que afirman que existe una correspondencia completa entre los distintos cuerpos textuales. Yo, que no soy un gran erudito sino un simple practicante, tengo en cambio mis dudas y, de todas formas, tampoco me preocupa demasiado dicha correspondencia; no la veo demasiado relevante para mi práctica, para mi vida como budista. En cualquier caso lo que sí está claro es que los acentos que se da a determinados puntos doctrinales son claramente distintos. Por ejemplo en el caso de la compasión.
La compasión, junto a la sabiduría (en realidad el otro lado de la misma moneda), en el mahayana, y por tanto en la vía del bodhisattva, es un requisito imprescindible, no un apoyo o un tema de meditación (como se presenta a veces en ámbito theravada).
¿Por qué digo que la compasión es una de las dos caras de una misma moneda, cuya otra cara sería la sabiduría? Porque la sabiduría no sería sino la comprensión vivida (gnosis) del origen codependiente (pratityasamutpada), que en el mahayana pasa de definir un proceso básicamente psicológico o individual a definir una característica universal que abraza toda la existencia y es de esa comprensión que brota la compasión... y en caso contrario aquella sabiduría es solo teórica, inútil por tanto.
Empecemos por la compasión. Aquí es importante subrayar que no estamos ante una especie de buenismo, de virtud moral, de acots extremos de filantropía ni de alabanza del propio sacrificio en beneficio de las demás existencias, el sentido interior es otro. Cuidar de mi mismo de la manera más elevada es necesariamente cuidar de todo. Cuidar de todo es la mejor manera para un bodhisattva (o para un buddha, pues a menudo los términos, por lo menos en el zen que no se ocupa de cuestiones escolásticas, se intercambian) de cuidar de sí mismo.
Veamos como, por ejemplo, habla de la compasión budista Giuseppe Jiso Forzani, un practicante zen.
La compasión no es, en el budismo, una afirmación de principio, una virtud moral, algo por lo que cual estoy más o menos en sintonía con otros seres; la compasión es verdaderamente la fe que se hace experiencia y la experiencia que reconduce a la fe de que todo cuanto sucede es parte integrante de mi vida y por tanto no hay nada distinto de mi, que esté fuera de mi vida. A medida que esta comprensión, esta fe, esta experiencia, se profundizan, más se transforma esta en comportamiento. No es nunca una afirmación voluntarista de carácter exclusivamente moral. La compasión es una necesidad, un hecho. En mi vida está todo, por tanto yo soy responsable de toda la vida. [...]
Es en la fe donde todo esto se realiza, se experimenta; porque yo no podré verificar nunca en sentido científico que mi vida abraza todo, pero con el ojo de la fe comprendo que no existe nada que me sea indiferente, que sea distinto a mi. Todo, tanto el bien como el mal, toda la experiencia de la vida pasada, presente y futura está al interior de mi vida, y ahí está la experiencia de la fe que lo abraza todo.[...] Desde el punto de vista budista, el hecho de que mi vida abraza todo quiere decir que verdaderamente no hay nada que no me concierna, que no sea algo de mi vida. No existe una alteridad, está todo en el sí mismo. Pero si nosotros no comprendemos verdaderamente qué es este sí mismo, se corre el peligro de que se convierta en una especie de súper-ego más o menos presuntuoso. Este es el gran mensaje del budismo: la apertura de la fe del corazón en la que mi vida abraza todo. Es así que la diferencia entre tu y yo cae, no digo tú a nadie, por que cada tú es parte de mi vida. Es un camino que no terminará, no habrá nunca un momento en el que podamos considerar que hemos llegado. De hecho la gran palabra del “gran vehículo” es la renuncia a cultivar una idea de despertar exclusivamente individual, de iluminación únicamente personal, es necesario entender el despertar como despertar de todo. Mientras que la última hoja de hierba no haya entrado en el nirvana, yo renuncio a entrar en el nirvana. Esto debería hacer callar a tantas teorías que identifican el nirvana con el retiro, el desinterés, la separación. Ciertamente hay separación, pero de la idea de sí mismo como algo separado del resto. Estos son los grandes puntos de contacto en los que visiones muy diferentes pueden verdaderamente interactuar. Encontrar aquella paz fundamental en la que todo se fecunda [...]
Por lo que el testimonio de paz, de compasión del budismo comienza antes que nada por aquello que es inmediatamente mi prójimo (es un término que existe también en el budismo) alargando poco a poco mi concreta sensibilidad a todo aquello que mi vida abraza. Es de este tipo de paz que el budismo se ocupa.
Tal vez a alguien le haya sorprendido el término "fe", que usa Jiso en este texto, que, adelanto, no es la fe en "algo" como tendemos a pensar (es decir, no es la "fe" entendida al modo cristiano); para profundizar en ello sería necesario profundizar también en el concepto de sabiduría, la otra cara de la moneda. Pero esto lo dejo para otra entrada.
