Sigo con la traducción de algunos fragmentos de Ajahn Munindo, de su libro
Servidor de la realidad. El contexto del discurso, esta vez, es aquel previo al inicio de un retiro de práctica intensiva y, aunque su sentido es extensible al resto del camino espiritual, se refieren concretamente a la práctica de la meditación
Puede ser útil considerar la práctica espiritual como un proceso generativo, generativo en el sentido de que cuando estamos suficientemente preparados, cuando los elementos esenciales están bien consolidados, el proceso se pone en marcha y se despliega por sí mismo. Se convierte en menos previsible y debemos estar listos para dar un paso atrás. Pensar siempre que nos toca a nosotros hacer el despertar puede crear problemas inútiles durante el recorrido. La floración de la práctica espiritual es la experiencia del dejar ir, y dejar ir sucede, no lo hacemos.
Y, poco después, añade
Si continuamos con un esfuerzo consistente, cuidadoso, alcanzaremos probablemente un punto en el que ya no parece que seamos nosotros los que hacemos la práctica, sino la práctica la que nos hace a nosotros. En este punto, habremos aprendido ya como ejercitar un tipo de esfuerzo diferente.
En el zen existe un dicho muy frecuente, similar a aquello que nos dice aquí Ajahn Munindo:
Zazen hace zazen. Puede sonar como una afirmación paradójica, sin sentido, pero efectivamente, tras un cierto tiempo de práctica, o tras bastante tiempo de práctica, exactamente eso es lo que sucede, nuestro pequeño yo no es que desaparezca, sigue por ahí, listo para cuando sea necesario, pero de alguna manera pasa a ser un objeto secundario, adquiere un valor, por así decir, instrumental; ya no es él el que dirige la práctica, sino que es la práctica la que nos lleva, la que nos realiza, abiertos para acoger la vida que llega siempre nueva. Entonces experimentamos una sensación de total libertad.
Dôgen, en el Genjokôan, el texto que encabeza su obra mayor, el Shôbôgenzô, dice:
Estudiar el Buddhadharma es estudiarse a sí mismo.
Estudiarse a sí mismo es olvidarse de uno mismo.
Olvidarse de uno mismo es ser aclarado [experimentado/realizado] por todas las cosas.
Ser aclarado por todas las cosas es dejar caer cuerpo y mente de uno mismo así como dejar caer cuerpo y mente de todo lo demás.
Hay un rastro de la realización que no puede ser aferrado. Expresamos una y otra vez este rastro inaferrable de la realización.