La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

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Junonagar
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La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Junonagar »

Pese a que apenas se conocen en el mundo hispanohablante, hay dos personajes en la historia del budismo que considero como autenticos personajes literarios, unas joyas a descubrir. Su vida fue una consagracion a la aventura y a la busqueda. Hablo de Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan, dos personajes muy distintos pero cuyas vidas se cruzaron y que merece la pena conocer.

Este hilo es un pequeño homenaje a ambos aventureros, cuya sed de conocimiento les llevaron por diferentes expediciones para descubrir textos budistas originales en sanscrito que se habían perdido tras la desaparición de centros monasticos como Nalanda y Vikramshila.

En español solo hay una pequeña entrada en la wikipedia en el caso de Chopel:
https://es.wikipedia.org/wiki/Gend%C3%BCn_Ch%C3%B6phel

No existe ninguna entrada para Rahul Sankrityayan
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Daru el tuerto
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Daru el tuerto »

No los conozco, seguiré el hilo con interés. ada123123
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Upasaka
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Upasaka »

Junonagar escribió: 19 Oct 2025 16:12 (...)

No existe ninguna entrada para Rahul Sankrityayan
ada123123

Quizás de ayuda sirva:

Academia Lab. (2025). Rahul Sankrityayan. Enciclopedia. Revisado el 19 de octubre del 2025. https://academia-lab.com/enciclopedia/r ... krityayan/


ada123123
con mettā
Junonagar
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Junonagar »

Upasaka escribió: 19 Oct 2025 17:33
Quizás de ayuda sirva:

Academia Lab. (2025). Rahul Sankrityayan. Enciclopedia. Revisado el 19 de octubre del 2025. https://academia-lab.com/enciclopedia/r ... krityayan/


ada123123
con mettā
Muchas gracias, @Upasaka por el enlace, no lo conocia.

Pero vamos por partes, este hilo pretende ser distendido, un poco literario, buscando presentar estos dos eruditos completamente heterodoxos, autenticos "outsiders" del budismo del siglo XX.

Gendun Chophel (1903-1951), por ejemplo tuvo una formación clásica monastica en el Tibet, siendo reconocido como reencarnación de un conocido lama, sin embargo terminó siendo el el "enfant terrible" del budismo tibetano, abriendose a obras de filosofos occidentales,renunciando a sus votos de celibato, y sumergiendose completamente en el samsara (digamoslo así) durante sus viajes por Asía. LLegó incluso a escribir una especie de kamasutra para tibetanos (El arte tibetano del amor"), que como curiosidad todavía mantiene cierta fama:
https://www.amazon.es/Passion-Book-Tibe ... 022652017X

Aunque su obra más polémica es probablemente "El Ornamento del Pensamiento de Nagarjuna", donde crítica la interpretación clásica que había dado la escuela Gelug a la obra de Nagarjuna. Volveremos sobre esto en su momento.

Por otro lado Rahul Sankrityayan (1893–1963) fue una rara avis dentro de la intelectualidad india del siglo XX, conviritiendose en budista, viajando durante decadas por diversas partes del mundo, escribiendo unos 100 libros, y considerado el padre de la literatura de viajes en hindi. Dominaba 30 idiomas, entre ellos el sánscrito, el pali y el tibetano. Estuvo implicado en el activismo politico, pisó la carcel, fue ordenado monje (luego renunciando). Llegó a realizar cuatro expediciones al Tíbet, con el objetivo de adquirir manuscritos budistas originales en sánscrito escritos en hojas de palma y que se habían perdido en la India. En uno de esos viajes fue que conoció a Gendun Chophel, y durante un tiempo estas dos eruditos heterodoxos se hicieron inseparables.

La vida de ambos fue extraordinaria y dejaron huella. Por ello la idea de recordarlos.
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Upasaka
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Upasaka »

Junonagar escribió: 19 Oct 2025 21:27
Pero vamos por partes, este hilo pretende ser distendido, un poco literario, buscando presentar estos dos eruditos completamente heterodoxos, autenticos "outsiders" del budismo del siglo XX.

Gendun Chophel (1903-1951)(....) LLegó incluso a escribir una especie de kamasutra para tibetanos (El arte tibetano del amor"), que como curiosidad todavía mantiene cierta fama:

(...)

Aunque su obra más polémica es probablemente "El Ornamento del Pensamiento de Nagarjuna", donde crítica la interpretación clásica que había dado la escuela Gelug a la obra de Nagarjuna. Volveremos sobre esto en su momento.

(...)
Por otro lado Rahul Sankrityayan (1893–1963) fue una rara avis dentro de la intelectualidad india del siglo XX, (...)

ada123123
Bueno...me límité tan sólo a aportar información que ya estás desgranando...

Me ha llamado la atención el "Kama Sutra" del que tuve hace siglos una versión en papel... :D

Hoy me recuerda otro que trata sobre los placeres sensuales pero con sutiles diferencias, y que no sólo éstos se limitan a los sexuales... ;)
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Disculpa la interrupción; prosigue, por favor, con el desarrollo del hilo. Gracias. smile

ada123123
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«El abandono del mal, el cultivo del bien y la purificación de la mente: tal es la enseñanza del Buddha».
Vv 183, Cap. XIV Dhammapada.
Junonagar
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Junonagar »

La primera vez que supe algo de Sankrityayana fue en un texto de Juan Arnau, en concreto en su traducción de la obra de Nagarjuna "Abandono de la discusión", una obra fundamental en la filosofia Madhiamaka, donde muestra los limites del debate mismo. (una vez que uno comprende profundamente la vacuidad uno se da cuenta que no hay nada que refutar ni defender). Este en concreto es esta parte del prologo:

Sin embargo, "Abandono de la discusión" es una obra escrita originalmente en sánscrito. Tanto la versión inglesa de Tucci como la francesa de Yamaguchi fueron realizadas en un momento en el que todavía no se había encontrado el manuscrito sánscrito de la obra. Sus traducciones fueron por tanto traducciones de traducciones, con todos los inconvenientes implícitos en ese doble desplazamiento. A finales de la década de los treinta, en uno de sus innumerables viajes, el infatigable y prolífico Rahula Sankrityayana trajo de una expedición al Tíbet veintidós mulas cargadas de manuscritos, tankas tibetanas y otras joyas esenciales para la historiografía del budismo. Entre estos tesoros se encontraba el manuscrito sánscrito del Vigraha‑vyavartanī (Abandono de la discusión), descubierto en el monasterio de Zalu, que Sankrityayana donó al Instituto de Investigación de Bihar y Orissa y cuya edición publicó en el Journal of the Bihar and Orissa Research Institute (XXIII, parte tercera, apéndice). Escrito en caracteres tibetanos, al parecer había sido copiado por un monje tibetano que visitó la India a comienzos del siglo XII. El manuscrito contenía numerosos errores y omisiones, y la edición publicada en Bihar lo reprodujo tal y como fue hallado.

Gracias al paciente y laborioso trabajo de E. H. Johnston y Arnold Kunst, que dedicaron dos años a restaurar el texto sánscrito y a corregir los numerosos errores del manuscrito encontrado por Sankrityayana, fue posible disponer de una edición sánscrita de este trabajo antes de la repentina muerte de Johnston en Oxford en 1942


Como nota aclarataria, la tradición monástica tibetana tenía su propia reglas caligraficas para representar con alfabeto tibetano y bastante fidelidad los sonidos del sanscrito, al igual que en occidente utilizamos el sistema IAST.

Un tipo genial que se perdía entre la montañas del Tibet, acompañado de otro personaje tan peculiar como Gendun Chopel, para buscar joyas perdidas de la literatura sanscrita budista. Esto ya invitaba a investigar un poco más.

Aquí tenemos una de las escasas fotografias de aquellos dos genios en uno de su múltiples viajes.

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Junonagar
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Junonagar »

Gendun Chophel, el loco

Con apenas 24 años Chophel se matriculó en el Colegio Sgo mang del Monasterio de Drepung, cerca de Lhasa. Alli fue alumno de Geshe Sherab Gyatsho uno de los eruditos más prominentes de la época. Este maestro era conocido por estar al tanto de los asuntos mundiales. Algo que por supuesto no era fácil en aquel momento en un lugar como el Tibet. Pero él contaba con un gran tesoro en aquella época: poseis una de las pocas radios privadas de todo el país.

Aunque en un primer momento la relacion fue cordial, dicha relación se deterioró cuando Chophel, siempre brillante y excéntrico, comenzó a criticar las posiciones defendidas en los libros de texto monásticos oficiales. A menudo las discusiones entre ambos terminaban a gritos. Asi que el maestro se negó a llamar a su discipulo por su nombre, y simplemente le llamaba "el loco". La relación se deterioró todavia más al dejar de asistir Chophel a las clases de Geshe Sherab Gyatsho.

Sin embargo fue Geshe Sherab Gyatsho quien años despues le presentó en sus residencia de Drepung a Rahul Sankrityayan. Ambos conectaron rapidamente, con lo que Sankrityayan invitó a Chophel a unirse a su expedición para buscar manuscritos sánscritos perdidos en los monasterios del sur del Tíbet

Curiosamente se dice que Chophel se refirió a sí mismo como "el loco" en sus últimas palabras.

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Junonagar
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Junonagar »

Como curiosidad, hay una película sobre Gendun Chophel, que puede ser interesante especialmente para los interesados en la cultura e historia tibetana.

Junonagar
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Junonagar »

El primer viaje y legendario al Tibet de Rahul Sankrityayan fue a principios de los años 30. Esta aventura está narrada en su libro "Mi viaje al Tíbet". Desafortunadamente este texto no se encuentra traducido al inglés (algo que llama la atención). Es un libro breve, así que podemos leerlo poco a poco. Me parece un libro formidable para las personas que estén interesadas en el budismo y la literatura de viajes.
Primera parte: Hacia el norte desde Lhasa.

Querido Anandji,
El camino de Kalimpong a Lhasa fue el mismo de siempre, por lo cual no hace falta describirlo de nuevo.
En Lhasa permanecimos dos meses y once días.
Durante ese tiempo, además de traducir al sánscrito una sección del Vinaya y algunas proclamas, tuve la fortuna de encontrar dos importantes textos sánscritos en hojas de palma: el Abhaya-samaya-alaṅkāra-ṭīkā y la Vādanyāya-ṭīkā.
Tomé fotografías de ambos manuscritos; guardé una copia con negativos y envié once copias al Sr. Jaiswal de Patna.

Esta vez también he reunido diversas prendas y joyas del pueblo tibetano, además de escribir un artículo sobre su pintura, que enviaré a alguna revista hindí.
He recopilado notas sobre sus colores, técnicas y herramientas.

Mandé a Calcuta los manuscritos de mis segunda y tercera obras para imprimir, pero alguien colocó accidentalmente una botella de licor en el mismo saco, y al derramarse arruinó gran parte del texto.
El manuscrito hindi de Vinaya Patha también fue enviado al hospital inglés local; ojalá llegue en buen estado —de lo contrario, será cosa del destino.
Ya sabes que yo, Ram, tengo por principio que si una obra escrita se pierde una vez, nunca la reescribo.

Ahora bien, ¿por qué volver a hacer este viaje a Phēmbo?
Del siglo X al XIII florecieron aquí muchos grandes sabios.
Un amigo erudito me dijo que Phēmbo siempre fue un rebelde contra el tantrismo.
Como Vibhīṣaṇa en la Lanka de Rāvaṇa, el maestro Dīpaṅkara Śrījñāna fue enemigo declarado de los rituales tántricos, al punto de que otros tuvieron que jurar que, tras su muerte, iría al infierno.
Aun así, para nosotros, Phēmbo es un lugar sagrado.

He sabido que existen allí varios antiguos monasterios con algunos manuscritos en hojas de palma; eso es lo que me anima a ir.
Para visitar esos monasterios y examinar sus libros era necesaria una preparación especial.
Aunque pronto recibiré una carta oficial del gobierno tibetano (llamado Bod o Bhot) autorizando el acceso, todavía no ha llegado, así que haremos el viaje de dos semanas sin ella.
El actual rey de Bod, el Reding Rinpoche, me ha dado una carta para el monasterio de Weding, y el hermano de la reina de Sera me ha concedido permiso para Thakluk.
También he recibido otras dos cartas de recomendación.

Nuestro amigo y comerciante de Lhasa, Sahu Purnman, me prestó seis mulas con su arriero, resolviendo el problema del transporte.
Además necesitábamos un fotógrafo; nuestro compañero de Lhasa, el fotógrafo Shri Lakshmi Ratna —conocido como Na Tila— aceptó acompañarnos.
También debía unirse un ayudante local, Nyin Ji, porque viajábamos a una región donde incluso las armas podrían ser necesarias para protegernos.
Sonom Gyal, jefe de los ladrones de nuestra zona, es de la parte oriental del Tíbet, donde dicen que “uno sólo puede confiar en sí mismo”. A él sí podemos confiarle la vida.
Yo no porto armas, pero otro compañero, Dharmavivardhana, buen pintor y erudito en historia y lógica, llevará una pistola y cartuchos.

Partimos de Lhasa a las 8:30.
Era época de lluvias; las nubes cubrían de vez en cuando el Himalaya.
Los valles y montañas estaban cubiertos de una hierba verde y suave como terciopelo, con flores amarillas y azules.
El paisaje era de una belleza indescriptible.

Después de cruzar la primera colina, llegamos al pueblo de Chhezing, donde antes funcionaban la Casa de la Moneda y las oficinas militares.
Más adelante vimos las ruinas de una antigua planta hidroeléctrica; la corriente era débil, apenas suficiente para iluminar algunas habitaciones.

Seguimos ascendiendo hasta la cima del paso Jyot.
Al mirar atrás, Lhasa se veía lejana y diminuta; con binoculares, un poco más clara.
Más allá del horizonte se levantaban miles de cumbres, haciendo del Tíbet una flor de mil pétalos.
El descenso fue largo; llegamos al valle de Pāya, un hermoso lugar cubierto de campos.
Dharmavivardhana y yo discutimos el significado del nombre “Pāya”, y concluimos que el nombre mismo expresa “lo que se ha conseguido con esfuerzo”.

Luego seguimos hacia Nālendra, llamada así en honor a Nālenda (Nalanda) de la India.
El monasterio fue fundado a comienzos del siglo XV por el sabio Roomseton Shahrukh o Salman Shaheen, discípulo del gran filósofo Chohan Khapa.
En su apogeo, fue un importante centro de aprendizaje con alojamiento para más de quinientos monjes.
En su templo principal hay una gran imagen de Buda, con una de Rāma frente a ella.
Tomamos fotografías del lugar y conversamos con los monjes, que nos recibieron amablemente.
El monasterio conserva aún algunas estatuas y manuscritos traídos de la India, aunque muchos están deteriorados.

Al día siguiente visitamos otros monasterios antiguos, algunos casi en ruinas.
Encontramos inscripciones en columnas de piedra atribuidas a antiguos reyes tibetanos, enseñanzas morales grabadas en ellas.
También vimos templos donde aún se guardan manuscritos apilados sin cuidado, condenados a destruirse cuando el techo caiga.

Finalmente, nuestro compañero Sonom decidió dejarnos y regresar a su tierra; por tanto, el resto del viaje continuó con menos ayuda.
Visitamos el monasterio de Thang, fundado por el rey Raspan en 1368, donde aún se conservan bellas esculturas y manuscritos.
Pero incluso allí la falta de recursos impide conservarlos bien.

Y así continúa nuestra travesía hacia el norte, por montañas y valles del Tíbet.

espués de descansar en el monasterio de Thang, nos levantamos temprano.
El camino, una pendiente constante entre montañas, estaba lleno de piedras sueltas y tramos de barro.
Nos acompañaban ahora solo cuatro personas: yo, Dharmavivardhana, el fotógrafo Na Tila y el guía local.
Llevábamos pocas provisiones; las lluvias hacían difícil encender fuego, y a menudo comíamos cebada tostada y té con manteca.

En el descenso, el paisaje se tornó agreste: riscos desnudos, pero cubiertos aquí y allá de pequeños arbustos, sobre todo de rosas silvestres.
A mitad de la jornada, divisamos un ciervo almizclero que desapareció entre los peñascos —un buen augurio según los tibetanos.

Al mediodía alcanzamos un lugar llamado Jothru, conocido por ser zona de bandidos.
Por fortuna, nuestros compañeros llevaban dos pistolas y una escopeta.
El camino bajaba tan empinado que preferimos continuar a pie, para evitar que las mulas resbalaran.
A las dos de la tarde cruzamos la cresta de la montaña y llegamos al río Tsang.
A la orilla, entre matorrales, se levantaba un antiguo monasterio: nuestro destino del día.

Cuando llegamos, el sol ya se ocultaba tras las nubes.
El guía, Sonam Gyal —el mismo que había estado con nosotros desde Lhasa— se mostró alterado.
Nos dijo con voz tensa que no continuaría, que regresaría a Lhasa.
Intentamos convencerlo, pero no quiso escuchar.
Más tarde supimos que, en realidad, tomó el camino hacia su tierra natal, Hum.
Así, en medio de una región donde abundan ladrones, perdimos a uno de nuestros compañeros más experimentados.

A partir de entonces, la tarea de cuidar las mulas y preparar la comida recayó en Dharmavivardhana y en Na Tila.
La marcha se hizo más lenta; decidimos reducir el equipaje y las etapas diarias.

Esa tarde visitamos el monasterio principal de Tsang, fundado en 1368 por el rey Raspan.
En torno a un amplio patio se alzan varias capillas, cada una con estatuas de Buda de proporciones colosales.
En las habitaciones interiores hay estantes con manuscritos tibetanos bellamente escritos, aunque dispuestos sin orden: cuando el techo ceda, todo quedará destruido.
Pregunté si podrían vender o donar una copia, pero el precio que pedían era desorbitado.

Entre las imágenes del templo, vi una escultura de piedra de un Bodhisattva con rasgos claramente indios; en el Tíbet tales esculturas son muy raras.
El lama principal nos permitió pasar la noche allí, en el gran salón de asambleas.
Dijo que el monasterio contaba con unos 180 monjes, de los cuales uno era considerado una encarnación (tulku).
Había además dos casas para visitantes y eruditos.

Yo esperaba encontrar algún manuscrito en hojas de palma, pero no hubo suerte.
Sin embargo, encontramos viejas pinturas murales de estilo similar a las de la escuela de Shantarakshita.
Algunas figuras estaban ya borradas por el humo de las lámparas.

Al día siguiente seguimos viaje.
En una aldea cercana hallamos, entre los escombros de una casa destruida, varios fragmentos de manuscritos antiguos.
Los recogí cuidadosamente y los guardé en una pequeña caja; entre ellos había un texto en escritura sharada, probablemente traído de Cachemira.

Avanzando unas millas más, llegamos al lugar donde, según los monjes, había vivido el discípulo de Atisha, Shārāba.
En su casa se conservan varios stupas (relicarios), uno de los cuales guarda sus restos.
Al lado hay un pequeño stupa sobre el que, según la tradición, nunca cae nieve, ni siquiera durante las tormentas más intensas.
Los monjes lo consideran un signo de pureza y bendición.

Más adelante visitamos otro monasterio, habitado por unas pocas monjas de edad avanzada.
Una de ellas nos dijo que eran solo “tres, veinte y dieciséis y diecisiete”, una forma tibetana de decir setenta y siete años.
No había manuscritos allí, pero el lugar tenía un aire de serenidad profunda.

Partimos de nuevo a las dos y media.
La subida era dura; el aire, más frío.
Desde la cima vimos, a lo lejos, la llanura de Reding, que conecta con la ruta hacia Mongolia.
En un pueblo llamado Phanda no conseguimos alojamiento y seguimos hasta el siguiente, donde un anciano tibetano y su esposa nos ofrecieron refugio.
Esa noche tomé notas y observé los retratos colgados en las paredes: los del viejo matrimonio y de sus antepasados.
En la página siguiente de mi cuaderno dibujé una escena curiosa: el dormitorio tenía una inscripción con letras tibetanas torcidas, casi infantiles, que decían algo así como “Lugar de descanso para los que buscan conocimiento”.

A la mañana siguiente reanudamos la marcha a las nueve.
Tras una corta subida, encontramos varias chortens (pequeñas estupas) alineadas en la ladera.
Eran de piedra y barro, cubiertas de líquenes.
Allí, según nos dijeron, había vivido otro discípulo de Atisha llamado Sunil Saryas.
Los montes de alrededor estaban cubiertos de rosales silvestres, un espectáculo poco común en esta región.

Después de tres o cuatro millas, desaparecieron las aldeas humanas; solo quedaban las huellas de animales y el sonido de los arroyos.
A mediodía alcanzamos el paso Jothru, y desde allí se divisaba un inmenso panorama de valles y montañas.

En esa zona los bandidos eran frecuentes, pero seguimos adelante sin contratiempos.
Por la tarde, cruzamos un angosto desfiladero y llegamos a un monasterio llamado Tangten.
El abad, un hombre anciano de rostro afable, nos recibió con té y nos permitió quedarnos.
Nos mostró una colección de manuscritos amontonados, entre ellos varios textos filosóficos sobre el Madhyamaka y el Abhidharma.
Le expliqué que mi interés era preservar el contenido de esos libros; él sonrió y respondió:
—“Aquí los libros viven, aunque nadie los lea. Cuando llegue el momento, ellos sabrán a quién mostrarse.”

Esa noche escribí en mi diario:

“El Tíbet guarda sus secretos como las montañas guardan la nieve. Solo quien camina con humildad puede encontrar en su silencio una enseñanza.”
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Daru el tuerto
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Re: La extraña pareja: Gendun Chophel y Rahul Sankrityayan

Mensaje por Daru el tuerto »

Muy interesante. ada123123 ada123123
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