Este pequeño sutta del Canon Pali - perteneciente al Khuddaka Nikaya del Sutta Pitaka - es una recopilación de breves enseñanzas en forma de aforismos ordenados en capítulos temáticos. Con un total de veintiséis capítulos y cuatrocientos veintitrés versos, se dice que el Dhammapada contiene la esencia de las enseñanzas del Buda, con un fuerte enfoque en la ética y la moral.
A continuación os comparto alguno de mis versos favoritos:
En este mundo, el odio nunca cesa a través del odio; solo cesa a través del amor. Esta es una ley eterna.
Capítulo 1, verso 5
Así como la lluvia penetra en una casa mal techada, la avidez penetra en una mente no desarrollada.
Capítulo 1, verso 13
Larga es la noche para aquel que está despierto. Largo es el camino para el viajero cansado. Larga es la existencia repetida para los necios que no conocen la Enseñanza sublime.
Capítulo 5, verso 60
Un solo día de la vida de una persona virtuosa y meditativa vale más que los cien años de la vida de una persona inmoral y descontrolada.
Capítulo 8, verso 110
Ni en los cielos ni en medio del océano, ni en una gruta en las montañas se halla un lugar donde uno pueda permanecer a salvo de las consecuencias de sus malos actos.
Capítulo 9, verso 127
Quienquiera que buscando su propia felicidad daña a los que igual que él la buscan, no la obtendrá después de la muerte.
Capítulo 10, verso 131
El abandono del mal, el cultivo del bien y la purificación de la mente: tal es la enseñanza de los Budas.
Capítulo 14, verso 183
No hay fuego como el deseo; no hay mal como el odio; no hay nada más enfermo que el cuerpo; no hay mayor felicidad que la paz del Nibbana.
Capítulo 15, verso 202
Conquista al hombre airado mediante el amor; conquista al hombre de mala voluntad mediante la bondad; conquista al avaro mediante la generosidad; conquista al mentiroso mediante la verdad.
Capítulo 17, verso 223
No hay fuego como el deseo; no hay atadura como el odio; no hay red como la ilusión; no hay río como la avidez.
Capítulo 18, verso 251
Aquel que en este mundo no coge nada que no le den, sea valioso o sin valor, pequeño o grande, agradable o desagradable, a ese llamo yo noble.
Capítulo 26, verso 409