Matsuo Bashô. Haiku y Zen.

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JLZaragoza
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Matsuo Bashô. Haiku y Zen.

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Matsuo Bashoo (1644-1694): En su juventud trabajó con un señor feudal; a su muerte, abandonó la vida de samurái y se trasladó a Edo, donde empezó a escribir y adoptó el nombre de Bashô (banano) cuando se fue a vivir a Bashô-an (la ermita del banano), en Fugakawa. Se formó en el haiku con el maestro Kitamura Kigin, de la escuela Teitoku. Estudió zen con el maestro Bucchó. Sus primeros poemas son intrascendentes y ligeros, pero a partir de su práctica zen Bashô busca una mayor trascendencia para su poesía, le añade hondura, y convierte sus haikus en la poesía de la naturaleza, del silencio, de lo ordinario, del instante. Viajó mucho y registró numerosos diarios de sus travesías. Escribió unos 2.000 haikus. Consecuente con el camino del haiku que él funda, Bashô será durante toda su vida un constante peregrino, de vida ascética y pobreza material. Así puso en práctica el espíritu de los antiguos en su vida diaria. Lo que le hace uno de los más grandes poetas del mundo –en frase de Blyth- es el hecho de que vivió la poesía que escribió, y escribió la poesía que vivió.

Duerme al raso
y entenderás mis haikus.
Viento de otoño.

Se cuenta que Bashô, el gran maestro del haiku, estaba un día sentado en la orilla de un viejo estanque que había junto a la cabaña en la que vivía, cuando recibió la visita de Bucchô, su maestro zen, acompañado de algunos poetas. En un momento determinado, el maestro le instó a responder a la pregunta de cuál era el camino de Buda. La respuesta de Bashô, cuando en ese instante saltó una rana, fue:

El viejo estanque;
se zambulle una rana:
el sonido del agua.

古池や (Furu ike ya)
かわず飛び込む (kawazu tobikomu)
水の音 (mizu no oto).

Bucchô aprobó la comprensión del zen de Bashô.
Este haiku es el más famoso de Bashô, y es un haiku histórico. Antes el haiku era más bien un pasatiempo social, un juego de palabras. Bashô, influenciado por la práctica del zen, le añade hondura al haiku.

Más haikus de Bashô con sabor a zen (zenmi):

Siento en el templo
mi verdadero rostro.
Miró la luna.

Seguramente
será como esta tarde
el otro mundo.

Este camino
nadie ya lo recorre,
salvo el crepúsculo.

Los monjes beben
el té del amanecer.
Flor de silencio.

Colchón de hielo
y unas mantas de viento.
El niño pobre.

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