Cuando murió Nansen, Jôshû ya tenía sesenta años. Dejó el monasterio y comenzó una vida de peregrinación que duró veinte años en la que visitó a otros maestros.
Por fin se estableció en un pequeño templo en la capital provincial de Jôshû, no muy lejos de Pekín. Allí estuvo enseñando de los ochenta a los ciento veinte años de edad, y de allí le viene su nombre.
Extraído del libro “Biografías de maestros zen”, de Ana María Schlüter.
Un monje dijo a Jôshû: “El puente de piedra de Jôshû es famoso en todo el mundo, pero al llegar aquí no veo más que una pasarela de madera”.
Jôshû contestó: “Tú no ves más que una pasarela de madera y no ves el puente de piedra”.
El moje: “ ¿Qué es el puente de piedra?”
Jôshû: “Deja pasar a burros y a caballos”.
“¿Conociste a Nansen?”, le preguntó un monje lleno de admiración.
“En Shin-chou (el distrito donde residía) crecen grandes nabos”, contestó Jôshû.
Un monje preguntó a Jôshû: “¿Qué dirías tú si yo viniera a donde ti con nada?”
Jôshû respondió: “Lánzalo al suelo”.
El monje protestó: “Yo he dicho que no tenía nada, entonces, ¿qué es lo que tengo que soltar?”
“Bien, en este caso llévatelo”, fue la contestación de Jôshû.
Jôshû fue preguntado en cierta ocasión por un monje: “Todas las cosas son reducibles a la unidad, ¿a qué se reducirá, pues, este uno a su vez?”.
La contestación del maestro fue la siguiente: “Cuando yo me hallaba en el distrito de Tsin, poseía una indumentaria monacal, que pesaba siete chin”.
Un monje, aún novicio, se acercó a Jôshû y le rogó tuviera a bien irle adoctrinando en el zen.
Jôshû dijo: “¿Hoy todavía no has desayunado?”.
El monje respondió: “Sí señor, acabo precisamente de hacerlo”.
“¡Entonces, lava tus tazas y escudillas!”, le contestó Jôshû.
https://zenyadvaita.blogspot.com/2025/1 ... astia.html
