La compasión se define como el sentimiento de preocupación genuina por el sufrimiento del prójimo junto con el deseo de mejorar su bienestar. La compasión también nos ayuda a afrontar nuestro propio sufrimiento y el ajeno con una respuesta apropiada. La compasión propicia nuestras mejores capacidades humanas: el equilibrio de la atención y el cuidado, la intención desinteresada y la claridad, y la acción ética, como ninguna otra respuesta puede hacerlo.
Como escribió la doctora Emma Seppälä: “Las investigaciones demuestran que la depresión y la ansiedad están ligadas a un estado de egocentrismo, una preocupación por “mí, yo y lo mío”. En cambio, cuando hacemos algo por otro, ese estado de autocentramiento pasa a ser un estado de centramiento en el otro”.
Nuestra liberación está ligada a la liberación de los demás.
Cuando reconocemos que no hay un ser separado, y que todos los seres y todas las cosas están interconectados, estamos maduros para la compasión universal. Esta es la experiencia de una persona que tiene una práctica profunda.
Al borde del abismo, de Joan Halifax.
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