Un buen amigo me hablo muy bien del libro y lo compre. Me impactó. Era un libro rompedor. Ciertas cosas que leí tiraban por tierra los restos de algunas creencias que todavía tenía. Sólo el título ya me daba un poco de vértigo. Siempre andamos buscando certificaciones, apoyos, pero este libro no iba por ahí. Como dice Janwillem en el libro: “El Budismo es negativo. Siempre te dirá lo que algo no es. Si insistes en que debe ser algo, te deja en un espacio vacío que puedes rellenar cono quieras.”
EL ESPEJO VACÍO es un libro fresco, vivencial, divertido, con sentido crítico, auténtico, sincero. Lo tengo ya con las hojas amarillentas, sin embargo su contenido no caduca con el paso de los años. Lo he leído varias veces, y siempre disfrutó con su lectura. Sólo la forma de Janwillem de elegir el monasterio ya fue bastante graciosa: no se le ocurrió otra cosa que preguntarle al portero de un hotel en Kyoto un monasterio en el que pudiera retirarse a “estudiar” zen con un maestro. Seguro que el portero pensó que aquel “gaijin” se había escapado de algún psiquiátrico.
Con EL ESPEJO VACÍO comenzó mi fascinación por el budismo zen y también contribuyó mucho a despertar mi interés por la cultura japonesa.
El budismo es negativo. Siempre te dirá lo que algo no es. Si insistes en que debe ser algo, te deja en un espacio vacío que puedes rellenar como quieras. Lo único que especifica el budismo es su método: te dice que medites, que seas consciente de lo que estás haciendo, de hacerlo lo mejor posible.
Tú no estás solo.
Hay otros que siguen el mismo camino.
Son viajantes que van de ningún lado a ningún lado, que vienen de ninguna parte y van a ninguna parte.
Quizás el camino es estrecho, inclinado y aburrido. Da miedo, pero por él camina todo el mundo.
Tú no estás solo, sino que estás unido a todo lo que te rodea.
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