Por añadir algo a este tema, con un poco más de rigor que aquel con el que hasta ahora, pienso, se ha estado hablando del tantra, indicaré que en origen proviene del hinduísmo Shivaita, siendo incorporado en India, de manera tardía, al budismo. Toma su nombre de aquellos textos denominados "tantra", que serán añadidos al Canon budista en el Budismo Vajrayana. Posteriormente será "exportado" al Tibet, si bien en Japón podemos encontrar el budismo tántrico en el Budismo Shingon, una de las ramas más importantes del budismo japonés (
Budismo Shingon, ver aquí), así como en Mongolía. También lo vemos representado en China, dentro de la secta Zhenyan ( 真言, "palabra verdadera", que es lo que significa " tantra ") y, en consecuencia, puede también encontrarse en lugares donde habita un importante número de chinos, como Taiwan, Malasia o Singapur. El budismo tántrico Influyó igualmente en el desarrollo del budismo en Corea, aunque tanto en China como en Corea el budismo tiende a ser muy sincrético (por ejemplo, en el Chan chino, ya desde hace siglos se han incorporado prácticas amidistas - o del Budismo de la Tierra Pura).
Es decir, que tibetano solo no es. Por otra parte, aunque esa vía esté muy alejada personalmente de mi sensibilidad a la hora de abordar el budismo, pienso que, en la medida que ha representado y representa la forma de acceder a la vía del Buddha de millones de personas, esta vía, como todas las vías budistas, cuando son practicadas con honestidad, seriedad y rigor, debe de ser tratada con respeto y debemos de acceder a ella de una forma fraternal y lo mejor informada posible; o en caso contrario, si no queremos saber nada de ella, es mejor callarse y dejar que, quien vea reflejada allí su sensibilidad espiritual, siga tranquilamente su camino.
Por ello, para quien quiera ver resumidamente su origen y desarrollo, adelanto aquí el capítulo dedicado al Tantra, que aparecerá en el primero tomo (de dos) sobre la historia del Mahayana, cuya traducción acabé hace algunos meses. Libro que, aunque aún no lo he publicado en el blog Huellas del Zen, está ya disponible en la sección en español del blog italiano de la comunità buddista zen la Stella del Mattino.
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El tantrismo
Antes de dejar la India para seguir los rastros del budismo a través de las eras y las civilizaciones, es necesario dar cuenta del filón, o corriente budista ligada a los tantra que, desarrollados en época relativamente tardía, tuvo gran importancia en los últimos siglos en los que el budismo ha residido en India y que tiene todavía una presencia viva tanto en Oriente como en Occidente.
Del origen del tantrismo (término elaborado en Occidente durante el siglo XIX) se sabe muy poco, pero a partir del siglo V d.C. se convierte casi en una “moda” panindia, encontrándose por todas partes y con muchas formas. Con toda probabilidad nace en la India del norte y fue en la región de Kashmīr (entre los siglos VIII y IX) donde encontró su mayor elaboración y difusión. Debe su nombre al sánscrito tantra (de la raíz verbal tan, “distender”), que significa “telar”, “urdimbre” y, por tanto, “texto”.
Actualmente desde la perspectiva hinduísta se indica con tantra un tipo particular de textos «cuya esencia está constituida por el culto de la Śakti, entendida como energía manifestante» y, al mismo tiempo, se indica las distintas clases de enseñanzas contenidas en esos textos. Pero el tantrismo impregna tradiciones religiosas y filosóficas muy distantes entre sí y a veces es difícil, incluso para los especialistas, distinguir si un texto es clasificable como sūtra o como tantra; quizá por esto, en chino y en japonés, tantra, en el sentido de “texto”, es normalalmente traducido con el mismo ideograma con el que se traduce sūtra.
El tantrismo, método o conjunto de técnicas potenciadoras de las facultades físicas, psíquicas y espirituales, no nace budista. En su aparición está unido al culto de Śiva y solo más tarde entrará, con sus rituales, iniciaciones secretas y fórmulas mágicas, en el budismo popular. Sin tener sin embargo, por lo menos hasta mitad del siglo VI, ninguna pretensión de conducir al budista tántrico a la iluminación, a la salvación; por lo menos no a aquella salvación que ni se busca ni se encuentra entre las cosas del mundo.
Hasta esa época la potenciación obtenida, a través de la repetición mental o vocal de los mantra, la regulación de la respiración (prāṇāyāma), la unión sexual ritualizada, los ritos propiciatorios, estaba dirigida sobre todo a resolver problemas concretos, tales como restablecer la salud física, atraer o mantener la buena suerte, defenderse de un peligro, o bien para obtener siddhi, “realizaciones” que conllevan reconocimiento, poder y prestigio sobre todo.
Esta es la corriente que se autodefine mantranaya, “la vía, el método de los mantra”, y que, a veces, es definida impropiamente como mantrayāna, “vehículo de los mantra”. Desde el punto de vista de su significado literal, mantra significa “instrumento del pensamiento”, perteneciendo al mismo grupo de mati, “pensamiento”, “intención”, “determinación”, y del verbo man (de la antigua raíz men), “pensar”, “creer”, “imaginar”, “suponer”, del cual se deriva manas, “mente”, “intelecto”. Tiene un origen etimológico común con palabras italianas [y españolas] como, “mente”, “comentario”, “memento”, “mentir” ‒es decir, “fingir/construir con la mente”‒ o perteneciente a las lenguas nórdicas, como el inglés y el alemán, en las que man(n) significa “hombre”, a secas. En la interpretación etimológica de mantra, es necesario señalar que, dado que el sufijo tra significa “protección”, “refugio”, más de un comentarista traduce mantra como “protección de la mente”. Respecto a aquello que esta palabra indica, de forma un poco sorprendente, dice Conze: «Los mantra son fórmulas verbales que cuando son pronunciadas producen milagros». El principio sobre el que se basa tal afirmación se remonta a la cultura védica, para la cual la palabra sagrada (el sonido y el pensamiento que la genera) tiene un valor performativo. También según el sentido común, instante tras instante, la constitución de la realidad de nuestra vida está fuertemente determinada por el pensamiento y la palabra.
El mantra no es ni un mero sonido ni una simple magia. Las palabras no solo son un sonido, sino también un significado que no se manifiesta en todos aquellos que simplemente oyen el sonido. Las palabras vivas tienen, por otro lado, un poder que trasciende el plano puramente mental. Para adquirir esta energía de la palabras se debe captar no solo el significado sino también su mensaje o sus vibraciones, como son llamadas a veces con el fin de subrayar la unión con su sonido mismo. Fe, comprensión y pronunciación física, así como la continuidad física (el mantra debe ser trasmitido por un maestro), son requisitos esenciales para un mantra auténtico. Cada palabra nos conecta con la fuente de todas las palabras.
En cambio, respecto a la tipología y a la consistencia de los “milagros” de los que habla Conze, limitémosnos a considerar que el milagro más grande es la conquista de la vía, gracias a la conversión: dejar desvanecer el dolor y sus causas, mientras el corazón se posa en la paz desembarazada de imágenes, en el momento en el que este mundo y el nirvāṇa coinciden.
Finalmente recordemos que las prácticas mántricas no pertenecen solo a Oriente, sino que también son conocidas en Occidente, por ejemplo entre los esicastas, literalmente “aquellos que están tranquilos”, de la tradición cristiana ortodoxa.
Mientras que el mantra nos hace “convertirnos” en sonido, el maṇḍala en cambio se integra en la vida del practicante, a través de las formas y de los colores. El término, según el diccionario, significa “círculo, forma circular”. Sin embargo, es conveniente señalar que el término está compuesto de maṇḍa ‒literalmente, “espuma, crema derivada de la cocción del arroz”, por tanto “contenido”, “esencia”‒ y de la, que indica la acción que, al delimitar esa realidad, da orden al espacio. Más extensamente, un maṇḍala es la representación simbólica de un plano de realidad profunda.
La concentración sobre el maṇḍala, su visualización en ausencia del maṇḍala mismo, la auto-identificación con la figura principal del maṇḍala constituyen, junto a la repetición de los mantra, algunas de las prácticas más intensas todavía persistentes en el tantrismo. A través del poder de las visualizaciones, el sonido de los mantra y los gestos, o mudrā, se pretende establecer un canal de comunicación (quizá mejor decir: de identificación) con la realidad sutil, o “no manifiesta”, o reino del vajra”.
Entre las prácticas tántricas, además de aquella ya indicadas del control de la respiración o de la asunción con el cuerpo de determinadas posiciones, formas o gestos, recordemos aquellas unidas a aspectos de la esfera sexual. Se trata del śaktismo, en el cual el polo masculino, identificado con “método”, o “compasión”, o “actividad positiva” se une al polo femenino llamado śakti, la “gnosis” entendida como vacuidad. Es una unión sexual de tipo ritualizado «en la que se equipara al reino del vajra aquella condición innata de beatitud intensa que se alcanza controlando el orgasmo».
Una parte minoritaria de las escuelas tántricas entiende literalmente estas indicaciones, y practica la unión sexual ritual como disciplina religiosa. Por razones de censura social, son más frecuentes en cambio las escuelas en las que śakti es considerada una compañera simbólica, imaginaria, y la relación con esta un ejercicio de visualización. En este caso la potenciación, que se obtiene de la energía suscitada a través de la unión ritual con la śakti, se convierte en una práctica también posible para aquellos que han elegido la vía monacal y que tienen, por tanto, un compromiso de celibato y castidad.
El “misticismo erótico” es combinado, en puntos muy particulares del tantrismo, con el punto de vista por el cual incluso comportamientos que, de ordinario o convencionalmente, son considerados inmorales o escandalosos (y también repulsivos o innaturales) poseen un poder liberador para quien sepa gestionarlos correctamente, es decir para quien tenga las cualificaciones y las iniciaciones correctas. [/Spoiler]