La disonancia cognitiva
Publicado: 18 Feb 2024 08:31
Artículo generalista por si da pié al diálogo, ¿existe la disonancia cognitiva entre los practicantes budistas? ¿en qué o en qué grado?
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1956, Chicago. Una secta llamada Los Buscadores, guiada por Marian Keech (nombre inventado), se prepara para el fin del mundo, que llegaría el 21 de diciembre de ese año a través de una enorme inundación. Los integrantes del grupo dejan sus trabajos, rompen relaciones con no creyentes y se sienten privilegiados porque van a ser rescatados por alienígenas. Llega el 21 de diciembre, pero nada de eso pasa: el mundo sigue y la profecía no se ha cumplido. Lo normal sería pensar que rompieron sus creencias y se replantearon en qué habían basado toda su vida. Pero ocurrió justo lo contrario: siguieron creyendo de manera más férrea. Puede ser sorprendente, pero no es raro. Y a ti también te podría pasar.
La historia de la secta apocalíptica sirve para explicar qué ocurre cuando nuestras creencias entran en conflicto con nuestros actos, algo que nos genera una sensación de incomodidad mayor o menor, según lo central que sean para nosotros esas convicciones. El psicólogo social Leon Festinger (1919-1989) y su equipo propusieron un término para entender este proceso: la disonancia cognitiva.
Esto responde a por qué algunos negacionistas se empeñan en pensar que la Tierra es plana, pero también a por qué tu cuñado sigue insistiendo en que la okupación es un problema mucho mayor de lo que es en realidad, incluso cuando se encuentra con datos que lo desmienten, o por qué hay gente que no vacuna a sus hijos. El psicólogo y divulgador Ramón Nogueras, autor de 'Por qué creemos en mierdas', lo resume: “Una vez formada una opinión no la movemos ni a tiros: da igual la evidencia que nos pongan delante”.
Los sesgos de confirmación
Lo lógico, indica Festinger en su libro When Prophecy Fails (Cuando las profecías fallan), para aliviar ese malestar generado por la disonancia sería cambiar nuestra conducta o nuestras creencias, pero lo normal es que nos mantengamos en nuestras posiciones. “Las creencias que tenemos, nuestras reglas que nos explican cómo comportarnos y cómo funciona el mundo, son una parte esencial de nuestra identidad”, explica Nogueras. Y cuando estas chocan con la realidad, “es un golpe durísimo que tratamos de compensar mediante diferentes estrategias”.
Volviendo al ejemplo de Los Buscadores, ellos cambiaron radicalmente sus vidas porque el mundo se iba a acabar. Cuando un hecho objetivo (que el mundo continuaba) confrontó de lleno sus convicciones, se generó esta disonancia que resolvieron pensando que, o bien la fecha estaba equivocada, o había sucedido algo que había impedido que los OVNIs vinieran a por ellos, o incluso algunos pudieron llegar a pensar que la líder de la secta no era la elegida. Cualquier cosa, pero no dejaron de creer en lo que ya creían, de alguna u otra manera.
Si la información nueva que se presenta concuerda con lo que ya pensamos, la adaptaremos como útil. Pero si no, la ignoraremos o incluso nos servirá para reafirmarnos. Tal y como indica en su publicación Nogueras, esto se llama sesgo de confirmación y es la solución que encontramos a esa disonancia cognitiva.
Más allá de sectas: tan plana como un encefalograma
Pero no era la primera vez que algunos 'buscadores' se relacionaban con el esoterismo o tendían a poner en duda evidencias establecidas. Muchos, por ejemplo, venían de la Cienciología, una religión clasificada como secta en diferentes países. Nogueras argumenta que este tipo de creencias suelen venir en pack, pero ¿hay un perfil negacionista per se?
No parece existir un perfil de personalidad, explica el divulgador, aunque “la impulsividad podría influir en nuestra facilidad para creer en estas cosas”. Una persona impulsiva tenderá a tomar decisiones rápidas sin pensar demasiado, lo que deja un hueco enorme que puede ser llenado con pseudociencias.
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El texto sigue pero como descripción es suficiente, ¿nos pasa?
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1956, Chicago. Una secta llamada Los Buscadores, guiada por Marian Keech (nombre inventado), se prepara para el fin del mundo, que llegaría el 21 de diciembre de ese año a través de una enorme inundación. Los integrantes del grupo dejan sus trabajos, rompen relaciones con no creyentes y se sienten privilegiados porque van a ser rescatados por alienígenas. Llega el 21 de diciembre, pero nada de eso pasa: el mundo sigue y la profecía no se ha cumplido. Lo normal sería pensar que rompieron sus creencias y se replantearon en qué habían basado toda su vida. Pero ocurrió justo lo contrario: siguieron creyendo de manera más férrea. Puede ser sorprendente, pero no es raro. Y a ti también te podría pasar.
La historia de la secta apocalíptica sirve para explicar qué ocurre cuando nuestras creencias entran en conflicto con nuestros actos, algo que nos genera una sensación de incomodidad mayor o menor, según lo central que sean para nosotros esas convicciones. El psicólogo social Leon Festinger (1919-1989) y su equipo propusieron un término para entender este proceso: la disonancia cognitiva.
Esto responde a por qué algunos negacionistas se empeñan en pensar que la Tierra es plana, pero también a por qué tu cuñado sigue insistiendo en que la okupación es un problema mucho mayor de lo que es en realidad, incluso cuando se encuentra con datos que lo desmienten, o por qué hay gente que no vacuna a sus hijos. El psicólogo y divulgador Ramón Nogueras, autor de 'Por qué creemos en mierdas', lo resume: “Una vez formada una opinión no la movemos ni a tiros: da igual la evidencia que nos pongan delante”.
Los sesgos de confirmación
Lo lógico, indica Festinger en su libro When Prophecy Fails (Cuando las profecías fallan), para aliviar ese malestar generado por la disonancia sería cambiar nuestra conducta o nuestras creencias, pero lo normal es que nos mantengamos en nuestras posiciones. “Las creencias que tenemos, nuestras reglas que nos explican cómo comportarnos y cómo funciona el mundo, son una parte esencial de nuestra identidad”, explica Nogueras. Y cuando estas chocan con la realidad, “es un golpe durísimo que tratamos de compensar mediante diferentes estrategias”.
Volviendo al ejemplo de Los Buscadores, ellos cambiaron radicalmente sus vidas porque el mundo se iba a acabar. Cuando un hecho objetivo (que el mundo continuaba) confrontó de lleno sus convicciones, se generó esta disonancia que resolvieron pensando que, o bien la fecha estaba equivocada, o había sucedido algo que había impedido que los OVNIs vinieran a por ellos, o incluso algunos pudieron llegar a pensar que la líder de la secta no era la elegida. Cualquier cosa, pero no dejaron de creer en lo que ya creían, de alguna u otra manera.
Si la información nueva que se presenta concuerda con lo que ya pensamos, la adaptaremos como útil. Pero si no, la ignoraremos o incluso nos servirá para reafirmarnos. Tal y como indica en su publicación Nogueras, esto se llama sesgo de confirmación y es la solución que encontramos a esa disonancia cognitiva.
Más allá de sectas: tan plana como un encefalograma
Pero no era la primera vez que algunos 'buscadores' se relacionaban con el esoterismo o tendían a poner en duda evidencias establecidas. Muchos, por ejemplo, venían de la Cienciología, una religión clasificada como secta en diferentes países. Nogueras argumenta que este tipo de creencias suelen venir en pack, pero ¿hay un perfil negacionista per se?
No parece existir un perfil de personalidad, explica el divulgador, aunque “la impulsividad podría influir en nuestra facilidad para creer en estas cosas”. Una persona impulsiva tenderá a tomar decisiones rápidas sin pensar demasiado, lo que deja un hueco enorme que puede ser llenado con pseudociencias.
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El texto sigue pero como descripción es suficiente, ¿nos pasa?