Roberto escribió: "En realidad la “esencia del Budismo” no pienso que sea algo que pueda definirse, una “cosa” reductible a una "practica" concreta o a éticas codificadas externamente, es decir cosas, más o menos medibles, enumerables, sistematizables que estarían fuera de nosotros. Al contrario, si queremos hablar de alguna “esencia”, esta sería más bien una no-cosa, un proceso interior, consistente en el acto repetido de no-aferrar ninguna cosa ni ninguna esencia en partticular (lo cual, en sánscrito, se diría naiṣkramya. Mientras que la otra cara de la misma moneda, que se deduce directamente de ese no-aferrar[se], sería ahiṃsā, en su significado más general, pero esto sería ya otro discurso)."
Muchas gracias por el comentario, Roberto
El texto prosigue de la siguiente manera:
En una ocasión, encontrándose el Venerado por el mundo en el Pico del Buitre, frente a una comunidad de millones de practicantes, alzó con sus manos una flor de udumbara a la vista de la multitud guiñando uno de sus ojos, a lo que toda la comunidad permaneció en silencio. Tan solo el rostro del venerable Makakashō dibujó una sonrisa. De inmediato, el Venerado por el mundo dijó: "Confío a Makakashō mi casa-tesoro del ojo de la auténtica enseñanza, que es el corazón maravilloso del nirvana, junto con mi hábito sanghati.8"
Aquello que el Venerado por el mundo confió al virtuoso monje Makakashō era su casa-tesoro del ojo de la auténtica enseñanza, que es el maravilloso corazón del nirvana. No dijo: "Confío a Makakashō mi escuela Zen." Ni tampoco añadió: "junto con mi escuela Zen.", sino que dijo: "junto con mi hábito sanghati." Por lo tanto, el nombre "escuela Zen" jamás se oyó mientras el Venerado por el mundo se encontraba sobre la faz de la Tierra.
8. El hábito sanghati es uno de los tres tipos de hábitos que llevaban los monjes budistas en aquel tiempo. Dōgen entra en detalle acerca de cada uno de los tres en el fascículo 84: Sobre los beneficios del kesa (Kesa kudoku).
Continuará...