Un sermón sobre el rostro original
Re: Un sermón sobre el rostro original
De nuevo muchísimas gracias por tus sabios consejos, @Carlos , pero este foro es para tratar un sermón sobre el rostro original. Quizás podrías abrir otro exclusivamente para dar consejos, porque si no los foros se convierten en en despropósito.

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Carlos
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Re: Un sermón sobre el rostro original
Hola @Daido,
Gracias por tus palabras y tu observación
Sin embargo, creo que intercambiar comentarios acerca del Budismo Zen y su relación con el taoismo, no es desviar el hilo, sino contrastar puntos de vista diferentes sobre un mismo tema, dada la estrecha conexión con la noción del "rostro original".
Si participamos en un foro con la intención de pretender la aquiescencia absoluta o la complicidad total con nuestros puntos de vista, entonces, no será algo muy distinto a pasar el rato dándole vueltas a nuestros pensamientos.

Gracias por tus palabras y tu observación
Sin embargo, creo que intercambiar comentarios acerca del Budismo Zen y su relación con el taoismo, no es desviar el hilo, sino contrastar puntos de vista diferentes sobre un mismo tema, dada la estrecha conexión con la noción del "rostro original".
Si participamos en un foro con la intención de pretender la aquiescencia absoluta o la complicidad total con nuestros puntos de vista, entonces, no será algo muy distinto a pasar el rato dándole vueltas a nuestros pensamientos.
Re: Un sermón sobre el rostro original
Vamos a ver, @Carlos , yo es que no te entiendo, porque lo que contestas no guarda ninguna relación con lo que yo escribo. Tú contestacion anterior, por ejemplo, no tiene nada en absoluto que ver con la cita que pones. Al parecer lo entiendes todo al revés. Tomás el ejemplo de la planta como una invitación al ostracismo. ¿Acaso la planta está ociosa? ¡Yo no veo ninguna que esté! Todas están haciendo cosas sin parar, aunque a primera vista parezca lo contrario. Se alimentan de la luz del sol, de la tierra, y del agua. Crecen. Se reproducen.... ¿Tú ves una planta tumbada a la bartola? Porque yo no veo ninguna. Por eso, tú contestacion resulta un sin sentido para mí:
Y, claro, yo no tengo nada que añadir, porque esto no es un intercambio, es un diálogo de sordos. Y, además, que no guarda relación con el propósito del foro. Pero vamos, yo no me lo tomo a mal.
Saludos.
La verdad es que resulta extraña esta idea no ya en el Zen, o en el Budismo, sino en cualquier tradición espiritual, de una espiritualidad que no vaya más allá del cojín, esto es, de la práctica meditativa y que el resto del tiempo, se diga, no sé, "Zen indolente" o "Zen perezoso" o incluso "Zen ombliguista" etc etc etc....
Y, claro, yo no tengo nada que añadir, porque esto no es un intercambio, es un diálogo de sordos. Y, además, que no guarda relación con el propósito del foro. Pero vamos, yo no me lo tomo a mal.
Saludos.
Re: Un sermón sobre el rostro original
Además, el ejemplo de transplantar la planta, se refería a transplantar el Zen desde oriente, hasta aquí. No a una persona que hace zazen.
Re: Un sermón sobre el rostro original
El cuerpo es una casa y debe tener un amo. El amo de la casa, es conocido como el rostro original. Experimentar calor, frío, etc., sentir carencias o tener deseos: todos estos son pensamientos ilusorios que no pertenecen al verdadero amo de la casa. Estos pensamientos ilusorios son algo añadido. Son cosas que se desvanecen con cada respiración. Ser arrastrado por ellos es caer en el infierno, dar vueltas en los seis caminos del renacimiento. Profundizando cada vez más en zazen, encuentra la fuente de los pensamientos. Un pensamiento es algo sin forma ni cuerpo, pero debido a la convicción de que esos pensamientos permanecen incluso después de la muerte, el hombre cae en el infierno con sus múltiples dolores o sufrimientos en la ronda de este mundo cambiante.
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Carlos
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Re: Un sermón sobre el rostro original
Hola @Daido,
Cuando te refieres a la metáfora de la planta que como aquí dices:
En cualquier caso, si hablamos la inculturización del Zen en Occidente, y no de otra cosa, estamos hablando de una tarea a realizar, como la de un jardinero que cultiva una planta y, aunque no soy un experto en jardinería, no creo que a ninguno se le ocurra decir algo del tipo "solo tienes que sacarla de la maceta y ya está, que a partir de ahí, no tienes que hacer nada". Más bien, ese será el comienzo del propio trabajo del jardinero con esa planta, ya que a partir de entonces tendrá que ocuparse a diario, de manera constante, de que tenga el agua suficiente, de que la tierra que la alimenta y sostiene se encuentra en las condiciones oportunas, de que tenga luz suficiente, de tomar medidas cuando hace mucho calor o cuando llueve mucho o cuando hace mucho frío...Siendo las cosas así, hablar de "y ya está", parecería que solo correspondería cuando a alguno de los dos, la planta o el jardinero ya no puedan realizar "sus respectivas funciones".
Por otro lado, la conocida metáfora del jardinero es una imagen recurrente no ya en el Budismo, sino en toda la espiritualidad (Cristianismo, Islam, etc.) para referirse, precisamente, al esfuerzo, a la dedicación y a la entrega de todo corazón que requiere la práctica espiritual, día a día.

Cuando te refieres a la metáfora de la planta que como aquí dices:
y en el mismo mensaje en que la usaste, dices:escribió: "...el ejemplo de transplantar la planta, se refería a transplantar el Zen desde oriente. No a una persona que hace zazen."
No se entiende muy bien, al menos, por mi parte, no lo entiendo cuando intentando aclarar, añades:escribió: "...El Zen se adaptará solo a occidente, sin que tengamos que hacer nada especial. Es cuando quieres adaptarlo cuando cometes errores. Es como una planta: solo tienes que sacarla de la maceta y plantarla en su nuevo sitio. A partir de ahí, no tienes que hacer nada..."
Parecería que aquí estás diciendo que nosotros somos la planta, o la planta y el jardinero, a la vez, o que "el Zen y nosotros", somos la planta...o las dos cosas, o que todo es todo o que nada es nada o que nada es todo y nada a la vez, sin dejar de serlo todo.escribió: "...Tomás el ejemplo de la planta como una invitación al ostracismo. ¿Acaso la planta está ociosa? ¡Yo no veo ninguna que esté! Todas están haciendo cosas sin parar, aunque a primera vista parezca lo contrario. Se alimentan de la luz del sol, de la tierra, y del agua. Crecen. Se reproducen..."
En cualquier caso, si hablamos la inculturización del Zen en Occidente, y no de otra cosa, estamos hablando de una tarea a realizar, como la de un jardinero que cultiva una planta y, aunque no soy un experto en jardinería, no creo que a ninguno se le ocurra decir algo del tipo "solo tienes que sacarla de la maceta y ya está, que a partir de ahí, no tienes que hacer nada". Más bien, ese será el comienzo del propio trabajo del jardinero con esa planta, ya que a partir de entonces tendrá que ocuparse a diario, de manera constante, de que tenga el agua suficiente, de que la tierra que la alimenta y sostiene se encuentra en las condiciones oportunas, de que tenga luz suficiente, de tomar medidas cuando hace mucho calor o cuando llueve mucho o cuando hace mucho frío...Siendo las cosas así, hablar de "y ya está", parecería que solo correspondería cuando a alguno de los dos, la planta o el jardinero ya no puedan realizar "sus respectivas funciones".
Por otro lado, la conocida metáfora del jardinero es una imagen recurrente no ya en el Budismo, sino en toda la espiritualidad (Cristianismo, Islam, etc.) para referirse, precisamente, al esfuerzo, a la dedicación y a la entrega de todo corazón que requiere la práctica espiritual, día a día.
Re: Un sermón sobre el rostro original
No, no, no, no..... Para nada. El ejemplo de planta es para decir que la tradición del Zen se tiene que adaptar a circunstancias nuevas, lo mismo que si fuese una planta. Nada más que eso. Y eso de que un jardinero se ocupe de una planta de ese modo que dices, nada tampoco. Un jardinero hace un transplante y se acabó. La riega de vez en cuando si acaso, pero nada de protegerla del sol. Si la planta se tiene que adaptar se adapta, y si no, se muere. Porque si no sirve, no sirve. A otra cosa mariposa. Y con el Zen, lo mismo. Si se adapta, se adapta, y si no es que no sirve. Santa Teresa pone el ejemplo de un huerto, sí, y lo compara a la practica espiritual. Yo no me refería a eso exactamente.
Re: Un sermón sobre el rostro original
El cuerpo es una casa y debe tener un amo.
Es interesante que se compare el cuerpo a una casa. Santa Teresa comparaba el alma a un castillo. Para el maestro Myocho, la casa tiene un amo, y para Santa Teresa el castillo tiene un rey. Ejemplos muy parecidos, sin duda.
El amo de la casa, es conocido como el rostro original.
También muy similar. Santa Teresa decía que el dueño era Dios. Otro nombre para el rostro original.
Experimentar calor, frío, etc., sentir carencias o tener deseos: todos estos son pensamientos ilusorios que no pertenecen al verdadero amo de la casa.
Todo lo que sucede, absolutamente todo, sea en el cuerpo o en la mente, son cosas que no pertenecen a la realidad de fondo. Son fenómenos. Cosas que pasan. Pasan en el sentido de que no se quedan.
Seguir la respiración es también aquí el modo de lbrarse de todo lo añadido, y es cierto. Solo hay que practicar para ver que es así. No hay que pensar, si no me sucede en un mes, es que esto no sirve para nada. No, las cosas no son así. No hay que esperar que suceda nada. Estar esperando eso, sería como tener ya en la mente algo irreal. También de eso habría que librarse. ¿Cómo? Esta respiración es la única, y volvemos a ella. Es una práctica que no se agota.Estos pensamientos ilusorios son algo añadido. Son cosas que se desvanecen con cada respiración.
.Ser arrastrado por ellos es caer en el infierno, dar vueltas en los seis caminos del renacimiento
Ya vemos lo que es el infierno, y el Samsara, según el Maestro Myocho. No un lugar a donde se va después de muerto, ni tampoco unos reinos donde se reencarna. Es ser arrastrado por los pensamientos ilusorios. Si una persona no sabe como volver a sí mismo, su mente y su cuerpo pueden acabar seriamente enfermos, en realidad. Muchas de enfermedades mentales tienen que ver con eso, y también físicas posiblemente. Pero este no es mi campo.
Profundizar en el zazen es algo muy sencillo: practicar cada día. Tal vez lo mejor sería irse a un templo zen y hacerse monje, sí. O tal vez no lo sería. Si no se tiene esa posibilidad, todavía se puede practicar el zen. Si se practica cada día dos veces, y se hacen dos seshin al año, se lleva un buen ritmo. Practicando así, un día, sin saber cómo, uno encuentra la fuente de los pensamientos.Profundizando cada vez más en zazen, encuentra la fuente de los pensamientos.
Un pensamiento es algo sin forma ni cuerpo, pero debido a la convicción de que esos pensamientos permanecen incluso después de la muerte, el hombre cae en el infierno con sus múltiples dolores o sufrimientos en la ronda de este mundo cambiante.
Quizás alguien crea que después de la muerte no hay nada, pero incluso esa nada es un pensamiento, por lo que si después de la muerte no hubiese nada, sería como quedarse estancado en un concepto para siempre. Si no se llega a conocer el rostro original, no conocemos nuestro verdadero ser. Ese ser no nace ni muere, y está siempre presente. Conocer el rostro original es salir del ciclo de las reencarnaciones, aquí y ahora.
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Carlos
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Re: Un sermón sobre el rostro original
Hola @Daido,
Daido, creo que aquí - y en todo el comentario en general - , si me lo permites, estás mezclando dos cosas que, aunque tengan relación, a la hora de hablar de ellas conviene distinguirlas para no confundirnos ni confundir a los demás.
Por un lado, cuando en el Zen se dice - decimos - que la práctica está más allá del esfuerzo personal, eso es siempre así y no solo en el Zen, sino en todo el Budismo: la realización, la liberación de duhkha se encuentra más allá de lo humano, más allá de todo esfuerzo y más allá, también, de cualquier tipo de reducción o fórmula explicable mediante la causalidad.
Ahora bien, lo anterior no nos debería llevar a concluir que la práctica fuera del cojín, el Zen de la vida cotidiana, se resuelve inmediatamente y de manera sistemática, con una especie de elogio de la improvisación o exaltación de la despreocupación. Esto no es así. En el Zen, al igual que en cualquier otra tradición budista el aspecto ético es un pilar tan fundamental e imprescindible, como el de la práctica meditativa: uno y otro se alimentan y sostienen de manera recíproca, siendo las dos piernas con las que hacemos de manera efectiva nuestro caminar, a cada momento.
Hablar de aspecto ético, por lo tanto, es hablar de todo aquello que nos ocupa: del mundo que nos rodea dependiendo de nosotros, a la vez que nosotros dependemos del mismo, de las responsabilidades que tenemos en cada uno de los roles que asumimos: marido/esposa, padre/hijo, trabajador, amigo, ciudadano, etc...Y también como practicantes, por supuesto, dentro de la tradición a la que pertenecemos, cuidando de la parte que nos ocupa con el pertinente cuidado, por muy muy muy pequeña que esta sea y que sin ninguna duda se marchitaría y desaparecería en poco tiempo si tan solo contase con nuestra improvisación y despreocupación.

escribió: "...Y eso de que un jardinero se ocupe de una planta de ese modo que dices, nada tampoco. Un jardinero hace un transplante y se acabó. La riega de vez en cuando si acaso, pero nada de protegerla del sol..."
Daido, creo que aquí - y en todo el comentario en general - , si me lo permites, estás mezclando dos cosas que, aunque tengan relación, a la hora de hablar de ellas conviene distinguirlas para no confundirnos ni confundir a los demás.
Por un lado, cuando en el Zen se dice - decimos - que la práctica está más allá del esfuerzo personal, eso es siempre así y no solo en el Zen, sino en todo el Budismo: la realización, la liberación de duhkha se encuentra más allá de lo humano, más allá de todo esfuerzo y más allá, también, de cualquier tipo de reducción o fórmula explicable mediante la causalidad.
Ahora bien, lo anterior no nos debería llevar a concluir que la práctica fuera del cojín, el Zen de la vida cotidiana, se resuelve inmediatamente y de manera sistemática, con una especie de elogio de la improvisación o exaltación de la despreocupación. Esto no es así. En el Zen, al igual que en cualquier otra tradición budista el aspecto ético es un pilar tan fundamental e imprescindible, como el de la práctica meditativa: uno y otro se alimentan y sostienen de manera recíproca, siendo las dos piernas con las que hacemos de manera efectiva nuestro caminar, a cada momento.
Hablar de aspecto ético, por lo tanto, es hablar de todo aquello que nos ocupa: del mundo que nos rodea dependiendo de nosotros, a la vez que nosotros dependemos del mismo, de las responsabilidades que tenemos en cada uno de los roles que asumimos: marido/esposa, padre/hijo, trabajador, amigo, ciudadano, etc...Y también como practicantes, por supuesto, dentro de la tradición a la que pertenecemos, cuidando de la parte que nos ocupa con el pertinente cuidado, por muy muy muy pequeña que esta sea y que sin ninguna duda se marchitaría y desaparecería en poco tiempo si tan solo contase con nuestra improvisación y despreocupación.
Re: Un sermón sobre el rostro original
"Cada vez que surja un pensamiento, deséchalo. Simplemente dedícate a deshacerte de los pensamientos. Desechar los pensamientos significa practicar zazen. Cuando se abate el pensamiento, aparece el rostro original. Los pensamientos son como nubes; cuando las nubes se disipan, aparece la luna. Esa luna de la verdad eterna es el rostro original".
Es la forma de practicar que conocemos casi todos, en efecto.
Dedicate a eso mientras practiques zazen. Pero igualmente, cuando hagas samu. O cuando comas. La práctica es para cada momento. Aunque, especialmente, durante zazen.
Lo cierto es que no es algo de tipo automático. Porque, además, el pensamiento no puede abatirse como quien abate un pájaro que vuela. Pero hay dos formas de practicar en el Zen: una es abatir el pensamiento, o dejarlo ir. Otra es estar en la mente profunda, uniendonos a la respiración. La primera es más bien propia de la escuela Rinzai, y la segunda es propia de la escuela Soto.
Abatir el pensamiento, en este caso, yo lo entiendo como entrar en el estado de no-pensamiento, que es un estado que ocurre alguna vez, pero no cada vez que hacemos zazen. Posiblemente, no ocurra en mucho tiempo. E, incluso, puede que no ocurra nunca. No hay que olvidar que Myojo pertenecía a la escuela Rinzai, donde se practicaba normalmente con koan, que se hace precisamente para entrar en ese estado de no pensamiento, Si se practica según el método de la escuela Soto, no suele entrarse en el estado de no pensamiento.
El rostro original es la verdad eterna. O, si se prefiere, el verdadero Yo. El verdadero Yo, no nace ni muere, y está siempre presente en el aquí - ahora. No es un concepto, no es una idea, ni una creencia. Si se ve una sola vez el rostro original, nunca más se olvida.
En el budismo tibetano, por ejemplo, se le da el nombre de la Clara Luz, y en el Bardo Todol se explica que la persona que muere experimenta la Clara Luz, pero si no está preparada, la persona que muere la deja ir, y entonces entra en el bardo, donde se extravía y tiene experiencias de todo tipo hasta que vuelve a renacer. Sugiero la lectura del Bardo Todol al comienzo (hay un foro sobre el Bardo Todol, que puse yo mismo en el foro de budismo tibetano).
Cada vez que surja un pensamiento, deséchalo.
Es la forma de practicar que conocemos casi todos, en efecto.
Simplemente dedícate a deshacerte de los pensamientos.
Dedicate a eso mientras practiques zazen. Pero igualmente, cuando hagas samu. O cuando comas. La práctica es para cada momento. Aunque, especialmente, durante zazen.
Justo lo que decíamos.Desechar los pensamientos significa practicar zazen
Cuando se abate el pensamiento, aparece el rostro original
Lo cierto es que no es algo de tipo automático. Porque, además, el pensamiento no puede abatirse como quien abate un pájaro que vuela. Pero hay dos formas de practicar en el Zen: una es abatir el pensamiento, o dejarlo ir. Otra es estar en la mente profunda, uniendonos a la respiración. La primera es más bien propia de la escuela Rinzai, y la segunda es propia de la escuela Soto.
Abatir el pensamiento, en este caso, yo lo entiendo como entrar en el estado de no-pensamiento, que es un estado que ocurre alguna vez, pero no cada vez que hacemos zazen. Posiblemente, no ocurra en mucho tiempo. E, incluso, puede que no ocurra nunca. No hay que olvidar que Myojo pertenecía a la escuela Rinzai, donde se practicaba normalmente con koan, que se hace precisamente para entrar en ese estado de no pensamiento, Si se practica según el método de la escuela Soto, no suele entrarse en el estado de no pensamiento.
De nuevo la idea de las nubes en el cielo, como imagen de los pensamientos. Y la idea de la luna, como imagen del kensho.Los pensamientos son como nubes; cuando las nubes se disipan, aparece la luna
Esa luna de la verdad eterna es el rostro original
El rostro original es la verdad eterna. O, si se prefiere, el verdadero Yo. El verdadero Yo, no nace ni muere, y está siempre presente en el aquí - ahora. No es un concepto, no es una idea, ni una creencia. Si se ve una sola vez el rostro original, nunca más se olvida.
En el budismo tibetano, por ejemplo, se le da el nombre de la Clara Luz, y en el Bardo Todol se explica que la persona que muere experimenta la Clara Luz, pero si no está preparada, la persona que muere la deja ir, y entonces entra en el bardo, donde se extravía y tiene experiencias de todo tipo hasta que vuelve a renacer. Sugiero la lectura del Bardo Todol al comienzo (hay un foro sobre el Bardo Todol, que puse yo mismo en el foro de budismo tibetano).