Tomo ahora uno de los maestros Zen japoneses más famosos en el mundo entero: Hakuin. Es alguien que se conoce sobre todo por sus experiencias de iluminación (satori).
Esto es correcto. En el zen la experiencia de iluminación puede suceder más de una vez, pero aclaremos que no es porque la práctica de zazen conduzca a la iluminación. Lo único que puede decirse es que la práctica de zazen prepara la mente para cuando ocurre, pero no la provoca como una relación causa efecto. Lo he dicho en varias ocasiones: la iluminación sucede dentro y fuera del zen. Muchas personas tienen una experiencia de ese tipo, debido a razones que no pueden comprenderse.Hakuin Ekaku experimentó varias iluminaciones a lo largo de su vida, no solo una. En el Zen Rinzai, esto no es inusual: el satori puede ocurrir en múltiples niveles, y cada experiencia puede profundizarse con el tiempo.
La única diferencia entre la iluminación que sucede fortuitamente y la que sucede a un practicante zen (o de cualquier otra tradición) es que el primero puede sentirse confuso, después, sin saber exactamente a lo que atenerse. ¿Ha sido algo normal? ¿O tiene que ver con alguna clase de problema mental? Aunque en el fondo de su ser la persona tiene la seguridad de que ha sido una experiencia que tiene que ver con su verdadera naturaleza, sabe que no puede contarsela a nadie, porque nadie la entendería. De algún modo, la experiencia puede ser por tanto un problema para él.
En cambio a quienes practican zen, la experiencia de la iluminación no le causa ningún problema porque se ha preparado para ella, y ha seguido y sigue las pautas de un maestro zen. Normalmente habrá tomado un koan y lo habrá practicado durante un tiempo razonablemente largo y habrá purificado su mente, si no totalmente, al menos en parte. Por eso, la experiencia encuentra un terreno ya preparado. Despues de la iluminación, encontrará nuevos problemas, pero la iluminación irá encajando en su vida. Esto le preparará, además, para volver a experimentarla en el futuro de un modo más completo y profundo.
Él mismo Hakuin dice en uno de sus relatos:
Con esto nos demuestra cual es la determinación que se debe tener cuando se practica el zen con la intención de alcanzar la iluminación. Entonces, pasado un tiempo suficientemente largo, experimenta su primera gran iluminación:“Cuando por primera vez me comprometí a una vida de práctica zen, hice voto de emplear toda la fe y el valor que pudiera reunir y dedicarme con férrea determinación a seguir el sendero del Buda. Me impuse un régimen de austeridades rigurosas y lo mantuve durante muchos años, disciplinándome sin cansancio.”
Hakuin se encontraba totalmente absorto en un estado que se ha dado en llamar de gran duda (no sé por qué). Pero e evidentemente un estado de completa absorción o samadhi. Entonces, el sonido de una campana le saca de ese estado de absorción y, eso es precisamente la iluminación: al salir de ese estado se da cuenta de la naturaleza de su mente, su verdadero yo, su rostro original... o como se lo quiera llamar.“Un día, mientras se hallaba absorto en ese estado [de gran duda], Hakuin escuchó el sonido de la campana de un templo. De pronto se desvanecieron sus temores y sus dudas y exclamó: ‘¡Maravilloso, maravilloso! ¡No existe el ciclo del nacimiento y la muerte! ¡No hay una iluminación que tengamos que tratar de alcanzar! ¡Los koanes que nos transmitieron los ancestros no tienen ningún valor!’”
La iluminación es solo un concepto que desaparece por completo en el momento que se experimenta, lo mismo que los demás conceptos, incluido el "ciclo de nacimiento y la muerte". Por ello, "¡No hay una iluminación que tengamos que tratar de alcanzar!", exclama. ¿Y el koan existe? "¡Los koanes que nos transmitieron los ancestros no tienen ningún valor!", dice cuando ha llegado a esa experiencia.