CASO 10
El “falso monje” de Bokushû
Instrucción
Sí, sí; no, no. Visto en términos de combate, cada uno se mantiene invicto en su propio punto crucial. Por lo tanto, se dice: si te vuelves hacia arriba, incluso Shakyamuni, Maitreya, Manjusri, Samantabhadra, los mil y diez mil santos y todos los maestros zen bajo el cielo contendrán inmediatamente su aliento y se tragarán sus voces. Si te vuelves hacia abajo, incluso los gusanos, mosquitos y todas las criaturas rastreras emiten una gran luz, cada una elevándose como un acantilado de diez mil brazas. Pero cuando no te vuelves ni hacia arriba ni hacia abajo, ¿cómo lo afrontarías? Si hay una regla, síguela; si no hay regla, sigue un ejemplo. Intentaré presentarte uno, ¡mira!
Comentaremos solo esto:
“Por lo tanto, se dice: si te vuelves hacia arriba, incluso Shakyamuni, Maitreya, Manjusri, Samantabhadra, los mil y diez mil santos y todos los maestros zen bajo el cielo contendrán inmediatamente su aliento y se tragarán sus voces”. ¡Mirad! Ni Shakyamuni, ni Maitreya ni Mansjushri ni Samantabhadra, ni los mil y diez mil santos y todos los maestros Zen están iluminados, según el Zen. (Pero fuera del Zen sí que lo están, todo el mundo tranquilo)
Caso
Bokushû le preguntó a un monje: "¿De dónde vienes?". Al instante, el monje gritó:
"¡Kaatz!". Bokushû dijo: "¡Has regañado a este viejo monje con un 'Kaatz'!". El monje
gritó de nuevo: "¡Kaatz!". Bokushû dijo: "Después de tres o cuatro gritos de 'Kaatz', ¿qué sigue?".
El monje guardó silencio. Entonces Bokushû lo golpeó diciendo: "¡Falso monje!".
Los monjes cuando entraban a un monasterio por primera vez, eran recibidos por el maestro en una entrevista formal (teisho). El maestro solía preguntar “¿De dónde vienes?” que era una pregunta de tipo formal pero que tenía más miga de lo que parece. Si el monje no tenía experiencia ninguna de iluminación, tal vez dijes “Vengo de tal sitio”, pero si era una persona con experiencia de kensho podía entablarse un dharma combate entre el maestro y el discípulo, que es lo que sucede en el caso del koan.
El monje grita “¡Kaatz!” demostrando que tiene experiencia de kensho. En el Zen Rinzai era frecuente usar gritos. Hoy algunos medio maestros intentan imitarles dando esos mismo gritos, y resulta grotesco. (Mejor no gritar que gritar cuando no se sabe lo que es gritar). Pero el monje grita: ¡Kaatz! Bokushû dijo: "¡Has regañado a este viejo monje con un 'Kaatz'!". Esto es un cumplido para el monje. Es como decirle, me has demostrado que tienes experiencia de kensho. Perdóname por dudar de ello.
El monje gritó de nuevo: "¡Kaatz!" y aquí es cuando demuestra que su iluminación es muy limitada. Gritar una vez estuvo bien pero la segunda vez fue totalmente ridículo. Ya has mostrado tus cartas, ¿por qué vuelves a mostrarlas? Con eso solo demuestra que vive colgado de la iluminación. No hay necesidad de estar siempre mostrando la iluminación. La iluminación hay que dejarla ir. El monje ha puesto de manifiesto que está muy verde.
Bokushû dijo: "Después de tres o cuatro gritos de 'Kaatz', ¿qué sigue?". Es una muy buena respuesta. ¿Qué ocurre después de haber tenido la iluminación? Eso es lo que le pregunta. ¿Es que te quieres quedar en ella? En muchas otras tradiciones budistas y no budistas, se supone que la iluminación es el paso final. En el Zen no. “¿Vas a pasarte la vida teniendo kensho?” le dice el maestro. ¿Qué pasa después de la iluminación?
Porque esto es lo que ocurre, que muchos discípulos se quedan colgados del kensho, como es el caso del monje. El maestro entonces les guía a seguir el camino y salir del cuelgue de la iluminación. Esto ocurría mucho en aquella época, supongo, porque muchos monjes se dedicaban solo a meditar después del kensho. Querían estar iluminados todo el tiempo. Pero esa no es la meta del Zen. La meta del Zen es salir de la iluminación y seguir viviendo una vida corriente. Volver al mercado.
El monje guardó silencio, dice el koan. Eso es que entiende. Boskushu ha sido capaz de hacerle comprender. Entonces Bokushû lo golpeó diciendo: "¡Falso monje!". No debe tomarse como una regañina, sino como un modo de empujarle para salir de su limitada iluminación. Es un modo de decirle “ya terminó la luna de miel”. Un verdadero monje se dedica a los demás. Ocupa tu puesto en el monasterio y conviértete en uno.
Verso
Dos "Kaatz", tres "Kaatz":
Los grandes saben actuar con libertad.
Si dices que cabalgan sobre la cabeza de un tigre,
Ambos deben estar ciegos.
¿Quién es ciego?
No hace falta comentar nada más.