Continuamos ahora con el artículo de P. Kapleau
Entonces, ¿qué es el zazen y cómo se relaciona con el satori? Dogen
enseñaba que el zazen es la “puerta de la liberación total”, y Keizan-zenji uno
de los patriarcas japoneses Soto, expresó que solamente a través del zen
sentado “se ilumina la mente del hombre”. Dogen también escribió, que “hasta
el Buda, que nació sabio, se sentó durante seis años en zazen hasta alcanzar
su iluminación suprema, y una figura espiritual de la superioridad de
Bodhidharma se sentó durante nueve enfrente a la pared” De la misma forma se
sentó Dogen y todos los demás patriarcas.
Por medio del ordenamiento e inmovilización de pies, piernas, manos,
brazos, tronco y cabeza en la posición tradicional del loto, y la regulación de
la respiración, el freno metódico de los pensamientos y la unificación de la
mente a través de formas especiales de concentración, el desarrollo de un
control sobre las emociones y el fortalecimiento de la voluntad, y el cultivo de
un silencio profundo en los rincones más hondos de la mente, en otras
palabras, a través de la práctica del zazen, se establecen las precondiciones
óptimas para mirar la mente-corazón y descubrir ahí la verdadera naturaleza
de la existencia.
Aunque el fundamento del zazen es sentarse, no se trata de un sentarse
ordinario. No solamente debe estar la espalda erecta, la respiración regulada
apropiadamente, y la mente concentrada más allá del pensamiento sino, según
Dogen, uno debe sentarse con un sentido de dignidad y grandeza como una
montaña o un pino gigantesco, y con un sentimiento de gratitud hacia el Buda y
los patriarcas, quienes hicieron manifiesto el Dharma. Y debemos estar
agradecidos por nuestro cuerpo humano, por medio del cual tenemos la
oportunidad de experimentar la realidad del Dharma en toda su profundidad.
Este sentido de dignidad y gratitud no se limita a sentarse, sino que debe ser
parte de cada actividad, pues en la medida en que cada acto surge de la
Mente-bodhi, cuenta con la pureza y dignidad inherentes a la budeidad. Esta
dignidad innata del hombre se manifiesta fisiológicamente en su espalda recta,
puesto que solamente él, de todas las criaturas, tiene la capacidad de sostener
la espina dorsal vertical. Una espalda recta también se relaciona en otras
maneras importantes a la forma apropiada de sentarse, de esto se hablará más
adelante en esta sección.
En un sentido amplio, el zazen abarca más que sentarse correctamente.
Involucrarse totalmente en cada actividad con atención absoluta y con clara
conciencia no es un zazen menos importante. El consejo para lograr esto lo dio
Buda mismo en uno de los primeros sutras: “En lo que se ve sólo debe haber lo
visto; en lo que se escucha sólo debe haber lo escuchado; en lo que se percibe
(como olfato, sabor y tacto) solamente debe haber lo percibido; en lo que se
piensa solamente debe haberlo pensado”
La importancia de esta mente única, de esta atención desnuda, se ilustra en
la siguiente anécdota:
“Cierto día un hombre común le dijo al Maestro zen lkkyu:
- Maestro ¿podría escribirme algunas máximas sobre la más alta
sabiduría?
lkkyu inmediatamente tomó su pincel y escribió la palabra “atención”.
- ¿Eso es todo? - preguntó el hombre - ¿No podría agregar algo
más?
lkkyu entonces escribió: “Atención, atención”.
- Bueno - comentó el hombre algo irritado - “No veo mucha
profundidad o sutileza en lo que ha escrito.
Entonces lkkyu escribió: “Atención, atención, atención”.
Enojado el hombre exigió:
- En todo caso, ¿qué significa la palabra atención?.
lkkyu contestó suavemente:
- Atención significa atención”