Breve Biografía de Dogen, contada por Philippe Kapleau
Publicado: 01 Mar 2024 18:15
Miembro de una familia aristocrática, desde pequeño Dogen demostró tener
una mente brillante. Se cuenta que a los cuatro años ya leía poesía china y a
los nueve había leído una traducción china de un tratado sobre el Abhidharma.
El dolor que sintió a la muerte de sus padres - su padre cuando solamente
tenía tres años y su madre a los ocho -, sin duda imprimieron sobre su mente
sensible la impermanencia de la vida y lo motivaron a convertirse en monje. A
una temprana edad se inició en la vida monacal budista y comenzó su
noviciado en el Monte Hiei, centro del budismo escolástico del Japón medieval,
y durante varios años estudió las doctrinas Tendai del budismo. A los quince
años una pregunta ardiente se había convertido en el núcleo alrededor del cual
giraba su esfuerzo espiritual. “Si, como dicen los sutras, nuestra naturaleza
esencial es Bodhi (perfección), ¿por qué todos los budas tienen que luchar por
la iluminación y la perfección?” No satisfecho con las respuestas que recibió en
el Monte Hiei eventualmente fue a ver a Eisai-zenji que había traído de la
China al Japón la enseñanza de la secta Rinzai del budismo zen. La respuesta
de Eisai fue “ningún buda está consciente de su existencia (es decir de su
naturaleza esencial), mientras los gatos y los bueyes (es decir, los
tremendamente equivocados) lo están. En otras palabras, los budas,
precisamente por ser buda, ya no piensan en tener una naturaleza perfecta.
Solamente los equivocados piensan en estos términos”. Ante estas palabras
Dogen tuvo una realización interna que resolvió su enraizada duda. Muy
probablemente este intercambio sucedió en un encuentro formal (dokusan)
entre Eisai y Dogen. Hay que considerar que este problema seguramente
inquietó a Dogen durante algún tiempo, sin darle tregua alguna, y que lo único
que necesitaba eran las palabras de Eisai para disparar su mente hacia un
estado de iluminación.
A partir de entonces Dogen comenzó lo que habría de ser un breve periodo
de estudio como discípulo de Eisai, que murió un año después y fue sucedido
por su más antiguo discípulo, Myozen. Durante los ocho años que Dogen
estuvo con Myozen pasó un número considerable de koans y finalmente recibió
inka.
A pesar de este logro, Dogen seguía sintiéndose insatisfecho
espiritualmente. Esta inquietud lo llevó a emprender el entonces peligroso viaje
a China en busca de una paz mental absoluta. Se alojó en todos los
monasterios conocidos, practicando con muchos maestros; sin embargo su sed
de liberación no estaba saciada. Eventualmente, en el famoso monasterio
T’ient-t’ung [Tiantong, 天 童 寺 , cerca de Ningbó, Zhejiang; jap. Tendo], que
contaba con un nuevo maestro, alcanzó el despertar total, es decir la liberación
de cuerpo y mente, a través de las palabras que pronunció el maestro Ju-ching
[Rujing, 如淨, s.XII-XIII; jap. Nyojo] : “abandona cuerpo y mente”.
Se dice que Ju-ching dijo estas palabras al comenzar el zazen formal de la
mañana mientras caminaba inspeccionando a los meditantes. Al ver que uno
de los monjes cabeceaba, el maestro lo reprendió por su débil esfuerzo.
Entonces, dirigiéndose a todos los monjes, continuó: “deben esforzarse con
todas sus fuerzas, incluso arriesgando sus vidas. Para realizar la iluminación
perfecta deben dejar caer cuerpo y mente (es decir, vaciarse de todas las
concepciones de cuerpo y mente)”. Cuando Dogen escuchó esta última frase,
el ojo de su mente se expandió de pronto inundándose de luz y comprensión.
Después Dogen fue a la habitación de Ju-ching, prendió una varita de
incienso (gesto ceremonial reservado generalmente para ocasiones notables) y
se postró ante el maestro en la forma acostumbrada.
- ¿Por qué prendes incienso? - preguntó Ju-ching.
Huelga decir que Ju-ching, un maestro de primera que muchas veces había
recibido a Dogen en dokusan y por lo tanto conocía el estado de su mente,
pudo de inmediato percibir por la forma de caminar de Dogen, sus postraciones
y su mirada de comprensión, que había alcanzado una gran iluminación. Sin
embargo, Ju-ching sin duda quería oír la respuesta a esta pregunta
aparentemente inocente para conocer la profundidad del satori de Dogen.
- He experimentado el abandono de cuerpo y mente - respondió Dogen.
Ju-ching exclamó:
- ¡Has abandonado cuerpo-mente, y cuerpo y mente han sido abandonados
de verdad!
Pero Dogen protestó.
- No me des tu sanción tan de prisa.
- No te estoy sancionando en seguida.
Cambiando los papeles, Dogen exigió:
- Muéstrame que no me estás sancionando anticipadamente.
Y Ju-ching repitió:
- Esto es cuerpo y mente abandonados.
Y lo demostró, con lo cual Dogen se postró nuevamente ante su maestro en
gesto de respeto y gratitud.
- Eso es “abandonar” el abandono - agregó Ju-ching.
Hay que añadir que incluso después de esta profunda experiencia, Dogen
continuó su entrenamiento de zazen en China durante dos años más antes de
regresar a Japón.
una mente brillante. Se cuenta que a los cuatro años ya leía poesía china y a
los nueve había leído una traducción china de un tratado sobre el Abhidharma.
El dolor que sintió a la muerte de sus padres - su padre cuando solamente
tenía tres años y su madre a los ocho -, sin duda imprimieron sobre su mente
sensible la impermanencia de la vida y lo motivaron a convertirse en monje. A
una temprana edad se inició en la vida monacal budista y comenzó su
noviciado en el Monte Hiei, centro del budismo escolástico del Japón medieval,
y durante varios años estudió las doctrinas Tendai del budismo. A los quince
años una pregunta ardiente se había convertido en el núcleo alrededor del cual
giraba su esfuerzo espiritual. “Si, como dicen los sutras, nuestra naturaleza
esencial es Bodhi (perfección), ¿por qué todos los budas tienen que luchar por
la iluminación y la perfección?” No satisfecho con las respuestas que recibió en
el Monte Hiei eventualmente fue a ver a Eisai-zenji que había traído de la
China al Japón la enseñanza de la secta Rinzai del budismo zen. La respuesta
de Eisai fue “ningún buda está consciente de su existencia (es decir de su
naturaleza esencial), mientras los gatos y los bueyes (es decir, los
tremendamente equivocados) lo están. En otras palabras, los budas,
precisamente por ser buda, ya no piensan en tener una naturaleza perfecta.
Solamente los equivocados piensan en estos términos”. Ante estas palabras
Dogen tuvo una realización interna que resolvió su enraizada duda. Muy
probablemente este intercambio sucedió en un encuentro formal (dokusan)
entre Eisai y Dogen. Hay que considerar que este problema seguramente
inquietó a Dogen durante algún tiempo, sin darle tregua alguna, y que lo único
que necesitaba eran las palabras de Eisai para disparar su mente hacia un
estado de iluminación.
A partir de entonces Dogen comenzó lo que habría de ser un breve periodo
de estudio como discípulo de Eisai, que murió un año después y fue sucedido
por su más antiguo discípulo, Myozen. Durante los ocho años que Dogen
estuvo con Myozen pasó un número considerable de koans y finalmente recibió
inka.
A pesar de este logro, Dogen seguía sintiéndose insatisfecho
espiritualmente. Esta inquietud lo llevó a emprender el entonces peligroso viaje
a China en busca de una paz mental absoluta. Se alojó en todos los
monasterios conocidos, practicando con muchos maestros; sin embargo su sed
de liberación no estaba saciada. Eventualmente, en el famoso monasterio
T’ient-t’ung [Tiantong, 天 童 寺 , cerca de Ningbó, Zhejiang; jap. Tendo], que
contaba con un nuevo maestro, alcanzó el despertar total, es decir la liberación
de cuerpo y mente, a través de las palabras que pronunció el maestro Ju-ching
[Rujing, 如淨, s.XII-XIII; jap. Nyojo] : “abandona cuerpo y mente”.
Se dice que Ju-ching dijo estas palabras al comenzar el zazen formal de la
mañana mientras caminaba inspeccionando a los meditantes. Al ver que uno
de los monjes cabeceaba, el maestro lo reprendió por su débil esfuerzo.
Entonces, dirigiéndose a todos los monjes, continuó: “deben esforzarse con
todas sus fuerzas, incluso arriesgando sus vidas. Para realizar la iluminación
perfecta deben dejar caer cuerpo y mente (es decir, vaciarse de todas las
concepciones de cuerpo y mente)”. Cuando Dogen escuchó esta última frase,
el ojo de su mente se expandió de pronto inundándose de luz y comprensión.
Después Dogen fue a la habitación de Ju-ching, prendió una varita de
incienso (gesto ceremonial reservado generalmente para ocasiones notables) y
se postró ante el maestro en la forma acostumbrada.
- ¿Por qué prendes incienso? - preguntó Ju-ching.
Huelga decir que Ju-ching, un maestro de primera que muchas veces había
recibido a Dogen en dokusan y por lo tanto conocía el estado de su mente,
pudo de inmediato percibir por la forma de caminar de Dogen, sus postraciones
y su mirada de comprensión, que había alcanzado una gran iluminación. Sin
embargo, Ju-ching sin duda quería oír la respuesta a esta pregunta
aparentemente inocente para conocer la profundidad del satori de Dogen.
- He experimentado el abandono de cuerpo y mente - respondió Dogen.
Ju-ching exclamó:
- ¡Has abandonado cuerpo-mente, y cuerpo y mente han sido abandonados
de verdad!
Pero Dogen protestó.
- No me des tu sanción tan de prisa.
- No te estoy sancionando en seguida.
Cambiando los papeles, Dogen exigió:
- Muéstrame que no me estás sancionando anticipadamente.
Y Ju-ching repitió:
- Esto es cuerpo y mente abandonados.
Y lo demostró, con lo cual Dogen se postró nuevamente ante su maestro en
gesto de respeto y gratitud.
- Eso es “abandonar” el abandono - agregó Ju-ching.
Hay que añadir que incluso después de esta profunda experiencia, Dogen
continuó su entrenamiento de zazen en China durante dos años más antes de
regresar a Japón.