Yasutani Roshi, sobre los Makyos
Publicado: 09 Mar 2024 23:04
Makyo son los fenómenos - visiones, alucinaciones, fantasías, revelaciones,
sensaciones ilusorias - que el practicante de zen puede experimentar en cierta
etapa de su práctica. Ma significa “diablo”, y kyo “el mundo objetivo”. De modo
que makyo son los fenómenos inquietantes o “diabólicos” que aparecen
durante el zazen. Estos fenómenos no son en si malos. Solamente se vuelven
un problema serio en la práctica si se desconoce su verdadera naturaleza y se
deja uno envolver por ellos.
La palabra makyo se usa tanto en su sentido general como específico. En
un sentido amplio, la vida entera del hombre ordinario es makyo. Bodhisattvas
como Monju y Kannon, a pesar de su altísimo nivel de desarrollo, aún tienen
vestigios de makyo; de otra manera serían buda supremos, libres del makyo.
Aquél que se aferra a lo que ha realizado a través del satori aún vive en el
mundo del makyo. Así, como ven, aún después de la iluminación hay makyo,
pero en esta plática no nos ocuparemos de este tema.
En un sentido específico, el número de makyos que pueden aparecer es
limitado, variando según la personalidad y temperamento del que medita. En el
Ryogon (Surangama) sutra, el Buda nos previene de cincuenta formas
diferentes, pero sólo se está refiriendo a los más comunes. Si ustedes asisten
a un sesshin de entre cinco y siete días de duración y se aplican en él
asiduamente, en el tercer día es posible que experimenten makyo de diversas
intensidades. Además de los makyo relacionados con la visión, hay muchos
otros relacionados con el sentido del tacto, el olfato o el oído, o algunos que
provocan que el cuerpo se mueva de un lado a otro o hacia el frente y hacia
atrás, o dan la sensación de que uno se hunde o se eleva. No es raro que
surjan palabras de manera incontrolable o que uno imagine que huele a una
fragancia en particular. Aun hay casos en que sin conciencia se escriban cosas
que resulten proféticamente ciertas.
Las alucinaciones visuales son muy comunes. Uno está haciendo zazen con
los ojos abiertos, cuando de pronto la esterilla de paja frente a uno empieza a
ondearse como si fuera una ola, o, de improviso todo se vuelve blanco u
oscuro ante nuestros ojos. Un nudo en la madera de una puerta puede
aparecer como una bestia, demonio o ángel. Uno de mis discípulos solía ver
visiones de máscaras de demonios o de bufones. Le pregunté si había tenido
alguna experiencia particular con máscaras y me dijo que las había visto en el
festival de Kyushu (36) cuando era niño. Otro hombre que conocí se veía
acosado en su práctica por visiones del Buda y sus discípulos caminando
alrededor de él recitando sutras, y solamente pudo liberarse de esta
alucinación saltando en un estanque de agua helada y quedándose dentro de
él dos o tres minutos.
Muchos makyo tienen que ver con el oído. Uno puede escuchar el sonido de
un piano o ruidos muy fuertes, tales como una explosión (que por supuesto
nadie más escucha), y hasta brincar a causa del ruido. Uno de mis discípulos
escuchaba una flauta de bambú mientras hacían zazen. Muchos años antes,
había aprendido a tocar la flauta de bambú pero hacía tiempo que no la tocaba;
sin embargo escuchaba el sonido cada vez que se sentaba.
El Zazen Yojinki dice lo siguiente acerca del makyo: “El cuerpo puede
sentirse caliente o frío, o como si fuera de cristal o muy duro, pesado o ligero.
Esto sucede porque la respiración no está bien armonizada (con la mente) y
necesita regularse cuidadosamente”. También dice: “Uno puede experimentar
la sensación de hundirse o de flotar, o alternadamente de sentirse confuso o
agudamente despierto. La disciplina puede desarrollar la facultad de ver a
través de objetos sólidos como si fuesen transparentes, o experimentar el
cuerpo como un sustancia transparente. El sujeto puede ver buda y
bodhisattvas. De pronto puede tener revelaciones penetrantes o comprender
claramente los sutras que antes le resultaban particularmente difíciles. Todas
estas visiones y sensaciones anormales son sólo síntomas de una
sincronización defectuosa entre la mente y la respiración”.
En otras religiones se da mucha importancia a las experiencias de visiones
de Dios o de santos, o escuchar voces celestiales, hacer milagros, recibir
mensajes divinos o purificarse por medio de diversos ritos y drogas. En la secta
Nichiren, por ejemplo, el devoto repite en voz alta y repetidamente el nombre
del sutra del Loto, acompañándose de movimientos vigorosos, sintiéndose así
purificado de sus pecados. En grado variable, tales prácticas inducen un
sentimiento de bienestar, sin embargo, desde el punto de vista del zen, todos
estos estados anormales están vacíos de un verdadero significado religioso y
por lo tanto no son nada más que makyo.
sensaciones ilusorias - que el practicante de zen puede experimentar en cierta
etapa de su práctica. Ma significa “diablo”, y kyo “el mundo objetivo”. De modo
que makyo son los fenómenos inquietantes o “diabólicos” que aparecen
durante el zazen. Estos fenómenos no son en si malos. Solamente se vuelven
un problema serio en la práctica si se desconoce su verdadera naturaleza y se
deja uno envolver por ellos.
La palabra makyo se usa tanto en su sentido general como específico. En
un sentido amplio, la vida entera del hombre ordinario es makyo. Bodhisattvas
como Monju y Kannon, a pesar de su altísimo nivel de desarrollo, aún tienen
vestigios de makyo; de otra manera serían buda supremos, libres del makyo.
Aquél que se aferra a lo que ha realizado a través del satori aún vive en el
mundo del makyo. Así, como ven, aún después de la iluminación hay makyo,
pero en esta plática no nos ocuparemos de este tema.
En un sentido específico, el número de makyos que pueden aparecer es
limitado, variando según la personalidad y temperamento del que medita. En el
Ryogon (Surangama) sutra, el Buda nos previene de cincuenta formas
diferentes, pero sólo se está refiriendo a los más comunes. Si ustedes asisten
a un sesshin de entre cinco y siete días de duración y se aplican en él
asiduamente, en el tercer día es posible que experimenten makyo de diversas
intensidades. Además de los makyo relacionados con la visión, hay muchos
otros relacionados con el sentido del tacto, el olfato o el oído, o algunos que
provocan que el cuerpo se mueva de un lado a otro o hacia el frente y hacia
atrás, o dan la sensación de que uno se hunde o se eleva. No es raro que
surjan palabras de manera incontrolable o que uno imagine que huele a una
fragancia en particular. Aun hay casos en que sin conciencia se escriban cosas
que resulten proféticamente ciertas.
Las alucinaciones visuales son muy comunes. Uno está haciendo zazen con
los ojos abiertos, cuando de pronto la esterilla de paja frente a uno empieza a
ondearse como si fuera una ola, o, de improviso todo se vuelve blanco u
oscuro ante nuestros ojos. Un nudo en la madera de una puerta puede
aparecer como una bestia, demonio o ángel. Uno de mis discípulos solía ver
visiones de máscaras de demonios o de bufones. Le pregunté si había tenido
alguna experiencia particular con máscaras y me dijo que las había visto en el
festival de Kyushu (36) cuando era niño. Otro hombre que conocí se veía
acosado en su práctica por visiones del Buda y sus discípulos caminando
alrededor de él recitando sutras, y solamente pudo liberarse de esta
alucinación saltando en un estanque de agua helada y quedándose dentro de
él dos o tres minutos.
Muchos makyo tienen que ver con el oído. Uno puede escuchar el sonido de
un piano o ruidos muy fuertes, tales como una explosión (que por supuesto
nadie más escucha), y hasta brincar a causa del ruido. Uno de mis discípulos
escuchaba una flauta de bambú mientras hacían zazen. Muchos años antes,
había aprendido a tocar la flauta de bambú pero hacía tiempo que no la tocaba;
sin embargo escuchaba el sonido cada vez que se sentaba.
El Zazen Yojinki dice lo siguiente acerca del makyo: “El cuerpo puede
sentirse caliente o frío, o como si fuera de cristal o muy duro, pesado o ligero.
Esto sucede porque la respiración no está bien armonizada (con la mente) y
necesita regularse cuidadosamente”. También dice: “Uno puede experimentar
la sensación de hundirse o de flotar, o alternadamente de sentirse confuso o
agudamente despierto. La disciplina puede desarrollar la facultad de ver a
través de objetos sólidos como si fuesen transparentes, o experimentar el
cuerpo como un sustancia transparente. El sujeto puede ver buda y
bodhisattvas. De pronto puede tener revelaciones penetrantes o comprender
claramente los sutras que antes le resultaban particularmente difíciles. Todas
estas visiones y sensaciones anormales son sólo síntomas de una
sincronización defectuosa entre la mente y la respiración”.
En otras religiones se da mucha importancia a las experiencias de visiones
de Dios o de santos, o escuchar voces celestiales, hacer milagros, recibir
mensajes divinos o purificarse por medio de diversos ritos y drogas. En la secta
Nichiren, por ejemplo, el devoto repite en voz alta y repetidamente el nombre
del sutra del Loto, acompañándose de movimientos vigorosos, sintiéndose así
purificado de sus pecados. En grado variable, tales prácticas inducen un
sentimiento de bienestar, sin embargo, desde el punto de vista del zen, todos
estos estados anormales están vacíos de un verdadero significado religioso y
por lo tanto no son nada más que makyo.