«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Interpretación
"Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga". Esta frase es significativa. “Venir en pos de mí” no debe entenderse como la frase de una persona (Jesús, en este caso) invitando a otros a seguirle, como si de un líder se tratase. Esa interpretación no nos interesa. Aquí hay otra interpretación: la interpretación esotérica. Ir en pos de Jesucristo es ir en pos de la naturaleza esencial propia, que es como en el Zen se llama a veces a la naturaleza de Buda. Por supuesto el nombre no importa. Se trata de ir a “eso”. El rostro original. El verdadero Yo… El nombre, como digo no importa.
“Tome su cruz cada día y me siga”. Esta frase, desde la óptica del Zen, tiene una interpretación distinta a la acostumbrada. No se trata de cargar con la cruz de los defectos, los pecados o lo que sea. Esa interpretación es errónea. Desde un punto de vista Zen, la frase haría referencia a sentarse en zazen. Tomar la cruz es sentarse sobre el cojín en una postura adecuada. De hecho sentarse en zazen es un poco como crucificar el cuerpo: inmovilizarlo, a pesar de los dolores que aparecen, que muchas veces son literalmente insoportables y parece que te van a romper el cuerpo. Algunos cristianos Zen con los que he hablado comparaban sentarse en zazen con estar clavado en la cruz como Jesucristo.
Pues bien, el que quiera salvar su vida la perderá. Todo el mundo quiere salvar su vida, ¿no es cierto? Nadie quiere perderla. Los hospitales están llenos de personas que luchan por salvar la vida. Pero todos sabemos que el fin es el mismo para todos: perderla. Entonces, con la práctica del Zen, lo que hacemos es lo contrario: perder la vida. "El que pierda su vida por mi causa la salvará". De nuevo debemos considerar el significado esotérico de la frase: no es perder la vida por una causa religiosa o política, como generalmente se interpreta. Perder la vida por “mi causa” es entregar la vida para encontrar la naturaleza esencial propia. Si alguien quiere llamarla Cristo (ya que se trata de Jesucristo, aquí), puede hacerlo. El nombre no importa en absoluto.
El que muera encontrara la Vida eterna. ¿Quién es el que muere? Es el ego, podría decirse, pero en realidad no es así, porque el ego no puede morir, ya que no existe realmente. Lo que existe realmente es la naturaleza de Buda (para un cristiano, si se quiere, Cristo). Eso es “mi causa”, por tanto. No es ninguna causa (y yo me atrevo a decir que en el evangelio original en vez de “mi causa” decía simplemente “mí”). De ese modo la frase queda así: “el que pierda su vida por mí, la salvará”. Ese "mí" es el verdadero Yo. En otras palabras, el que mate al ego se salvará. O, de un modo menos fatalista: el que vaya más allá de su ego, se salvará. Efectivamente: eso es la iluminación.
Y, como colofón: "¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?" Es muy claro esto. Ganar el mundo, como intentan los tiranos, es estúpido. Hacerse con un imperio. Dominar otros pueblos a costa de lo que sea. ¿De qué sirve eso? Los tiranos dicen que de ese modo serán recordados por la Historia. ¡Qué idiotez! Matar a millones de personas para ser recordado por la Historia… ¿De qué sirve? El ego morirá y no estará presente cuando la Historia hable de él. (Aunque en realidad, el ego no morirá pues lo que no existe no puede morir). Es el mayor espejismo que existe, y el que nos lleva, si se nos deja, a cometer toda suerte de errores (hasta atrocidades). Todo, por meternos en esa dinámica: la del ego. Cuanto más grande es el ego (más inflado, más fatuo) más difícil es salir del espejismo. Y el espejismo nos arrastra hacia el precipicio sin remedio.
Desde el punto de vista del Zen, se trata de salir del espejismo, no de ganar nada. En ese sentido, cuanto peor, mejor: Cuanto más se derrumba el ego, mejor. Al final, el ego debe morir en el cojín de meditación mientras se hace zazen. Entonces sucede el kensho. Así se gana el “sí mismo”. El verdadero Yo. La naturaleza de Buda. Este es el significado de esa sencilla frase del evangelio de Lucas, a la Luz del Zen.