Ejercicios de contemplación. Fraz Jalics.
Publicado: 22 Jun 2026 16:49
Hace poco una amiga me regaló el libro “Ejercicios de contemplación”, de Franz Jalics, y cual no ha sido mi sorpresa al leer que el primero de los ejercicios que propone, y al que dedica bastantes páginas, es un Paseo Contemplativo por la naturaleza. Vamos, los mismos Paseos que llevo haciendo por parques y zonas verdes de mi ciudad desde hace un montón de años en solitario o, desde hace casi doce años, en grupo, y a los que he denominado Paseos Conscientes, o también Meditativos o Contemplativos. En la versión japonesa, Baños de Bosqe.
Franz Jalics (1927–2021) fue un sacerdote jesuita, teólogo y escritor espiritual húngaro. Nacido en Budapest, ingresó en la Compañía de Jesús en 1947. Tras estudiar filosofía en Bélgica y teología en Chile y Argentina, fue ordenado sacerdote en 1959.
En mayo de 1976, mientras realizaba trabajo social y pastoral en un barrio pobre de Buenos Aires, en plena dictadura militar argentina, fue secuestrado junto al jesuita Orlando Yorio por los "escuadrones de la muerte". Estuvieron cautivos, encapuchados y maniatados durante cinco meses hasta ser liberados. Tras esta traumática experiencia, dio un giro radical a su vida, orientándose hacia la práctica del silencio y la meditación. Desde 1963 hasta 2014 se dedicó a impartir retiros espirituales y ejercicios contemplativos, primero en Argentina, luego en Estados Unidos y, a partir de 1978, en Haus Gries, Alemania.
"Al finalizar la segunda guerra mundial, me encontraba en Alemania y me había convertido en un fugitivo. En aquel entonces, millones de extranjeros vivían en campos de refugiados. Yo era uno de ellos. Todos los días, durante muchas horas, salía a pasear. El paisaje era muy bello. A diario caminaba de cuatro a cinco. La naturaleza me hacía mucho bien. Me sentí purificado por ella. Encontraba mucha quietud en ella y siempre volvía descansado”.
"Percibir significa volverse consciente. Es una actividad de la conciencia. Los órganos de los sentidos llevan conocimientos a la conciencia, que nosotros llamamos percepciones de los sentidos: contemplar con los ojos, escuchar con los oídos, oler con la nariz, palpar con los dedos y gustar con la lengua. Permanecer en la percepción significa también permanecer en el presente”.
La gran maestra es la naturaleza.
"El gran maestro de la contemplación es la naturaleza. Con ella comenzamos nuestro camino. Salgamos a la naturaleza y paseemos como de costumbre. Luego caminemos cada vez más lentamente y detengámonos. Observemos, por ejemplo, un árbol. Dejemos que el árbol actúe sobre nosotros. Es posible que de pronto nos preguntemos acerca de la edad del árbol. Es una pregunta que surge de la mente, de la razón. Con ella nos ubicamos en el plano mental; ya no estamos en la percepción pura. Si nos damos cuenta, volvamos a la percepción. Dejemos que el árbol siga actuando sobre nosotros. Puede ser que imperceptiblemente entremos a cuestionarnos la muerte de los bosques y el estado de este árbol.
Luego escuchamos un pájaro. No para saber dónde está o cómo se llama, sino para dejar actuar sobre nosotros su gorjeo.
El hecho de que nos distraigamos no es grave. En cuanto nos damos cuenta volvemos atrás sin reflexionar sobre cuáto tiempo y por qué estuvimos distraídos
Con la percepción aparece también una experiencia totalmente nueva: en la contemplación no necesitamos lograr nada.
Nos mantenemos en contacto con la naturaleza. Podemos mirar el cielo azul, escuchar el murmullo de un arroyo, observar a las hormigas, admirar la belleza de una flor, sentir el viento en nuestra cara y dejar actuar sobre nosotros el movimiento de las nubes. Si escuchamos a lo lejos el ruido de un automóvil, también podemos percibirlo. Lo importante es no querer juzgar o cambiar nada., sino asimilar todo de la manera en que se nos manifiesta.
La actitud contemplativa nos conduce a una increíble calma. Todo lo que está presente puede estar presente. No necesitamos cambiar nada. Lo dejamos todo como está”.
Instrucciones para la meditación extraída del diálogo de Franz Jalics con practicantes:
"Trata primero de caminar lentamente y luego más lentamente aún.
Percibe esta sensación de frescura y alegría con toda claridad. La has vivido, pero no la has registrado. Llévala al centro de tu atención.
Dije que no queríamos conseguir nada en estos ejercicios. Les mandé pasear en la naturaleza con la única tarea de prestar atención a la percepción. Tú saliste y ya te habías fijado la meta del bosque. Ahora dedícate sólo a pasear lentamente y a observar lo que hay a tu alrededor. Trata de mirar y escuchar sin otra intención. Trata de quedarte en la percepción sin fijar una meta.
No tienes necesidad de desconectar tus pensamientos. Dirígete hacia la percepción de una flor. Mientras te asombras por la flor, no tienes pensamientos. No luches contra ellos. Sepárate de ellos de manera que no los rechaces. Y no los combatas, sino dirígete simplemente hacia la percepción. Si tu atención está más en la flor que en tus pensamientos, estos se retirarán al límite de tu conciencia y no molestarán más.
Existe una gran diferencia entre observar y contemplar. Si uno observa quieren saber y obtener información. Uno quiere conseguir algo, por ejemplo conocimiento. En cambio el mero contemplar no pretende conseguir nada.
Aprende a contemplar lo que está, sin querer cambiarlo.
La contemplación carece de intención. Cuando uno ya no espera nada, aparece un mundo nuevo".
Los siguientes ejercicios que propone Franz Jalics, a excepción del segundo, que recuerdan a una práctica de vipassana, son ya ejercicios contemplativos cristianos.
Tercer y cuarto ejercicio. "Jesucristo realizó sus milagros mediante contactos corporales o imposición de manos. Tradicionalmente todos los cuadros de la crucifixión muestran las heridas en el centro de las palmas de las manos. Por ello el cristiano se recoge en la oración juntando las manos.
Siéntese. Junte las manos. Sienta el centro de las palmas de las manos”.
Quinto ejercicio. "Una vez que esté bien centrado, emite al espirar un "sí" prolongado hacia el interior de sus manos. Deberá ser una "palabra interior". No mueva los labios. Dígalo con una resonancia interna. Atienda enseguida al centro de sus palmas para saber se llega este "sí" y cómo llega. Pronuncie este "sí" cada vez que espire".
Sexto ejercicio. "Ahora le invitamos a que, en lugar del "sí", pronuncie el nombre de la Madre de Dios. Podrá ser "María", o bien "Madre de Dios"”
Séptimo ejercicio. "Pase ahora al nombre de Jesucristo. Diga cada vez que espire “Jesús” hacia el interior de sus manos, dando resonancia interior, y cada vez que inspire diga “Cristo””.
https://zenyadvaita.blogspot.com/2026/0 ... alics.html

Franz Jalics (1927–2021) fue un sacerdote jesuita, teólogo y escritor espiritual húngaro. Nacido en Budapest, ingresó en la Compañía de Jesús en 1947. Tras estudiar filosofía en Bélgica y teología en Chile y Argentina, fue ordenado sacerdote en 1959.
En mayo de 1976, mientras realizaba trabajo social y pastoral en un barrio pobre de Buenos Aires, en plena dictadura militar argentina, fue secuestrado junto al jesuita Orlando Yorio por los "escuadrones de la muerte". Estuvieron cautivos, encapuchados y maniatados durante cinco meses hasta ser liberados. Tras esta traumática experiencia, dio un giro radical a su vida, orientándose hacia la práctica del silencio y la meditación. Desde 1963 hasta 2014 se dedicó a impartir retiros espirituales y ejercicios contemplativos, primero en Argentina, luego en Estados Unidos y, a partir de 1978, en Haus Gries, Alemania.
"Al finalizar la segunda guerra mundial, me encontraba en Alemania y me había convertido en un fugitivo. En aquel entonces, millones de extranjeros vivían en campos de refugiados. Yo era uno de ellos. Todos los días, durante muchas horas, salía a pasear. El paisaje era muy bello. A diario caminaba de cuatro a cinco. La naturaleza me hacía mucho bien. Me sentí purificado por ella. Encontraba mucha quietud en ella y siempre volvía descansado”.
"Percibir significa volverse consciente. Es una actividad de la conciencia. Los órganos de los sentidos llevan conocimientos a la conciencia, que nosotros llamamos percepciones de los sentidos: contemplar con los ojos, escuchar con los oídos, oler con la nariz, palpar con los dedos y gustar con la lengua. Permanecer en la percepción significa también permanecer en el presente”.
La gran maestra es la naturaleza.
"El gran maestro de la contemplación es la naturaleza. Con ella comenzamos nuestro camino. Salgamos a la naturaleza y paseemos como de costumbre. Luego caminemos cada vez más lentamente y detengámonos. Observemos, por ejemplo, un árbol. Dejemos que el árbol actúe sobre nosotros. Es posible que de pronto nos preguntemos acerca de la edad del árbol. Es una pregunta que surge de la mente, de la razón. Con ella nos ubicamos en el plano mental; ya no estamos en la percepción pura. Si nos damos cuenta, volvamos a la percepción. Dejemos que el árbol siga actuando sobre nosotros. Puede ser que imperceptiblemente entremos a cuestionarnos la muerte de los bosques y el estado de este árbol.
Luego escuchamos un pájaro. No para saber dónde está o cómo se llama, sino para dejar actuar sobre nosotros su gorjeo.
El hecho de que nos distraigamos no es grave. En cuanto nos damos cuenta volvemos atrás sin reflexionar sobre cuáto tiempo y por qué estuvimos distraídos
Con la percepción aparece también una experiencia totalmente nueva: en la contemplación no necesitamos lograr nada.
Nos mantenemos en contacto con la naturaleza. Podemos mirar el cielo azul, escuchar el murmullo de un arroyo, observar a las hormigas, admirar la belleza de una flor, sentir el viento en nuestra cara y dejar actuar sobre nosotros el movimiento de las nubes. Si escuchamos a lo lejos el ruido de un automóvil, también podemos percibirlo. Lo importante es no querer juzgar o cambiar nada., sino asimilar todo de la manera en que se nos manifiesta.
La actitud contemplativa nos conduce a una increíble calma. Todo lo que está presente puede estar presente. No necesitamos cambiar nada. Lo dejamos todo como está”.
Instrucciones para la meditación extraída del diálogo de Franz Jalics con practicantes:
"Trata primero de caminar lentamente y luego más lentamente aún.
Percibe esta sensación de frescura y alegría con toda claridad. La has vivido, pero no la has registrado. Llévala al centro de tu atención.
Dije que no queríamos conseguir nada en estos ejercicios. Les mandé pasear en la naturaleza con la única tarea de prestar atención a la percepción. Tú saliste y ya te habías fijado la meta del bosque. Ahora dedícate sólo a pasear lentamente y a observar lo que hay a tu alrededor. Trata de mirar y escuchar sin otra intención. Trata de quedarte en la percepción sin fijar una meta.
No tienes necesidad de desconectar tus pensamientos. Dirígete hacia la percepción de una flor. Mientras te asombras por la flor, no tienes pensamientos. No luches contra ellos. Sepárate de ellos de manera que no los rechaces. Y no los combatas, sino dirígete simplemente hacia la percepción. Si tu atención está más en la flor que en tus pensamientos, estos se retirarán al límite de tu conciencia y no molestarán más.
Existe una gran diferencia entre observar y contemplar. Si uno observa quieren saber y obtener información. Uno quiere conseguir algo, por ejemplo conocimiento. En cambio el mero contemplar no pretende conseguir nada.
Aprende a contemplar lo que está, sin querer cambiarlo.
La contemplación carece de intención. Cuando uno ya no espera nada, aparece un mundo nuevo".
Los siguientes ejercicios que propone Franz Jalics, a excepción del segundo, que recuerdan a una práctica de vipassana, son ya ejercicios contemplativos cristianos.
Tercer y cuarto ejercicio. "Jesucristo realizó sus milagros mediante contactos corporales o imposición de manos. Tradicionalmente todos los cuadros de la crucifixión muestran las heridas en el centro de las palmas de las manos. Por ello el cristiano se recoge en la oración juntando las manos.
Siéntese. Junte las manos. Sienta el centro de las palmas de las manos”.
Quinto ejercicio. "Una vez que esté bien centrado, emite al espirar un "sí" prolongado hacia el interior de sus manos. Deberá ser una "palabra interior". No mueva los labios. Dígalo con una resonancia interna. Atienda enseguida al centro de sus palmas para saber se llega este "sí" y cómo llega. Pronuncie este "sí" cada vez que espire".
Sexto ejercicio. "Ahora le invitamos a que, en lugar del "sí", pronuncie el nombre de la Madre de Dios. Podrá ser "María", o bien "Madre de Dios"”
Séptimo ejercicio. "Pase ahora al nombre de Jesucristo. Diga cada vez que espire “Jesús” hacia el interior de sus manos, dando resonancia interior, y cada vez que inspire diga “Cristo””.
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