CASO 5
CADA DÍA ES UN DÍA BUENO, DE YUN MEN
Yun Men dijo: "No te pregunto antes del decimoquinto día; 1
trata de decir algo sobre después del decimoquinto día.”2
El mismo Yun Men respondió por todos: "Cada día es un día bueno."3
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Estamos ante uno de los koans más famosos del Zen. Es posible que no sea tan famoso como para que se diga por ahí de un modo habitual, pero tiene todas las trazas de que podría llegar a serlo algún día, igual que lo debe ser en China o Japón. En realidad no hay nada que exprese de un modo más claro y completo lo que sería la ‘meta del Zen’ (debe ponerse siempre entre comillas, por supuesto, ya que no hay meta en el Zen).
Yun Men es un maestro Zen, por supuesto, que se dirige a su asamblea de monjes, como era habitual en los monasterios. Cuando les dice que no les pregunta por el tiempo antes del décimo quinto día, se refiere al cuarto creciente de la luna, cuando esta se aproxima a luna llena. En el Zen, la luna llena es un símbolo del kensho, por lo que está preguntando por el tiempo en que la experiencia va creciendo y se convierte en lo que comúnmente se llama iluminación.
Es común que los practicantes Zen guarden el recuerdo del kensho como algo excepcional. Hay un buen número de relatos en los que se ve como la persona va trabajando la experiencia, con su práctica diaria. Los trabajos, dificultades, problemas… Todo esto está bien documentado hoy en algunos libros, como ‘Los tres pilares del Zen’, de Phillip Kapleau. Casi todas esas experiencias hablan de los primeros quince días de la luna, antes de alcanzar su plenitud, pero ¿Cuántos hablan del tiempo que sigue? No muchos, realmente.
La luna alcanza su máximo por fin, y ese es el momento de la iluminación. Durante un momento que parece eterno, la luna parece que quedará colgada en el cielo para siempre, pero la cosa no es así, sino que poco a poco, disminuye su tamaño, durante otros quince días, hasta que un día desaparece por completo. ¿Dónde está la luna? ¿Dónde quedó la iluminación? La persona suele quedar confusa por un tiempo, cuando ve que su realización, que parecía tan total, poco a poco se va como agua entre los dedos, hasta no quedar rastro de ella.
Este es el momento en que Yumen responde a la asamblea, diciendo “Cada día es un día bueno”. ¿Significa eso que el practicante de Zen va a estar siempre en plena luna de miel? No. Una vez que los fuegos artificiales desaparezcan, el practicante de Zen volverá a quedarse completamente a oscuras, como si nada hubiese sucedido. ¿Cómo si nada hubiese sucedido? Hum, no, no es así en realidad, porque algo ha sucedido. La luna no brilla ahora, pero brilló quince días atrás, y ese recuerdo no se evapora. Y eso es importante.
Uno puede estar a oscuras, pero no es la oscuridad de antes. No es lo mismo andar en la oscuridad, después de haber visto el paisaje bañado por la luna. Es verdad que la oscuridad es oscuridad, y que la luna ha desaparecido en luna nueva, pero saber que sigue ahí, hace una diferencia total. Si se sigue practicando, incluso habrá otra luna llena alguna vez. Vivir con esperanza, da a cada momento un sabor especial. El entrenamiento ahora es soltar, no coger. Soltar la iluminación, olvidarte de ella… Y volcarte en la vida diaria, metiéndote en los asuntos cotidianos con ilusión renovada.
El ‘Cada día es un día bueno’, se ha comparado en ocasiones al dicho de Jesús ‘Cada día tiene su propio afán’. Sí, no cabe duda de que tiene un gran parecido. Las cosas que pasan son buenas y malas, pero siempre buenas. Las subidas y bajadas no tienen tanta importancia, en el momento presente. El entrenamiento Zen es precisamente estar en el aquí ahora, no en volver a tener el kensho. Es posible que ocurra de nuevo, por otro lado. Puede haber dos, tres o más kenshos importantes, en la vida de una persona que practica Zen (aparte de muchos más de menor importancia). Pero el aquí ahora es siempre lo que vale de verdad.
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(1) Yun Men dijo: "No te pregunto antes del decimoquinto día”
¡No me cuentes tus experiencias Zen! No me aburras con detalles. ¿Para qué? Yo ya sé lo que te pasó, no tienes que decírmelo. Y además, cuanto menos digas, mejor. Eso ha pasado, ¿no te das cuenta? Déjalo ir. Lo importante es lo que tienes delante de ti ahora.
(2) “trata de decir algo sobre después del decimoquinto día.”
Cuéntame tus experiencias cotidianas, nada más. Las cosas del día a día. Lo normal. Tu trabajo. Tus dificultades. Tus pérdidas. Tus alegrías… Eso sí quiero saberlo. La iluminación está en el día a día, o no está en ninguna parte. Lleva tiempo, sí. No se pasa de un extremo al otro en quince días. Eso es solo en el caso de la luna. Tú, necesitarás más, mucho más. Pero ahora mismo, ya lo tienes. Está aquí, está ahora. ¿Cómo lo vives?
(3) El mismo Yun Men respondió por todos: "Cada día es un día bueno."
Antes de que nadie diga nada, yo te lo digo. ‘Este día es el único día’. Vívelo de ese modo. La verdadera realización está en la vida cotidiana, no es las experiencias espirituales sublimes. Si esas experiencias no dan fruto en el día a día, ¿de qué sirven? La levadura desaparece, antes de hacer crecer la masa. La sal también desaparece, cuando se disuelve en el caldo y le da su sabor. La iluminación, desaparece igualmente en la vida, y te hace ver lo bueno de cada día.