Carlos escribió: ↑22 Mar 2023 20:42
"...los seguidores tanto del budismo clásico como del
secular [...] a menudo rehúyen la defensa política abierta,
que pueden considerar una amenaza para la pureza de su práctica. Creo que
es aquí donde el budismo, en todas sus variedades, tiene mucho que aprender
de las religiones abrahámicas, con su profética preocupación por la justicia
social. Para miles de millones de personas de todo el mundo, las principales
causas del sufrimiento real al que se enfrentan a diario son la pobreza
endémica, la opresión social y la devastación medioambiental. Para que el
budismo esté a la altura de su potencial moral, sus seguidores deben
comprometerse más con la paz, la justicia y la transformación social.
Inspirados por los ideales de bondad amorosa y compasión, deben estar
dispuestos a defender a los que no pueden hablar por sí mismos, a los
agobiados por estructuras sociales duras y explotadoras. Con todo lo
desagradable que es, la política se ha convertido en el escenario donde se
libran las luchas éticas fundamentales de nuestro tiempo.
Cualquier sistema
espiritual que rechace el compromiso social para salvaguardar su pureza
corre el riesgo de incumplir sus obligaciones morales. Sus prácticas
contemplativas se convierten entonces en el juguete intelectual de una élite
de clase media-alta o en un colchón para suavizar el impacto del mundo real..."
Muy interesante!
Gracias
@Carlos , estoy de acuerdo en que ese diálogo con las religiones abrahamicas es imprescindible para que el Budismo arraigue en aquellas tierras donde el substrato cultural y religioso precisamente es, desde hace siglos, las religiones abrahamicas. Si esto no es así dificilmente el Budismo podrá representar algo significativo para la gente que vive, que vivimos en estas tierras. A lo más será una práctica de nicho, adecuada para algunos "raros", a menudo simplemente disconformes con su cultura de nacimiento y ciegos al hecho de que, más allá de su disconformidad, esa cultura religiosa sigue funcionando en su profundidad. Lo que existe y nos rodea, nos guste o no, es parte integral de aquello que somos, rechazarlo es una de las causas de duḥkha, del descontento, la insatisfacción, el mal-estar, el sufrimiento.
Esto que digo no tiene nada que ver con que, por ejemplo, se crea, o se tenga que creer, en la resurección literal de Jesucristo, en la virginidad de la Virgen, en los milagros, en la vida eterna, etc., ni con que uno haya pertenecido a una familia católica practicante (o protestante, judia, musulmana ...). Aunque uno circustancialmente se haya educado en un entorno indiferente, o incluso alejado, de las prácticas y de las creencias dogmáticas confesionales, ese substrato cultural-religioso sigue estando ahí; reconocer este substrato en profundidad, deconstruirlo y reincorporarlo con una nueva forma, la del Budismo, es un paso imprescindible en proceso interior de un practicante que, de verdad, desee profundizar en aquello que es, no en aquello que sueña ser.
Siempre, desde su comienzo, el Budismo ha realizado este proceso. Primero con el Buddha Sakyamuni mismo, cuyo lenguaje está impregnado de aquellas idéas que circulaban en la tierra en la que nació y en la que se formó, si bien dándoles una orientación completamente nueva. Cuando yo comenzé a interesarme por el Budismo leí algunos de los Upanishad y, realmente, hasta que pasó cierto tiempo no acabe de entender bien las diferencias, en muchos pasajes el lenguaje, las ideas que aparecían en los Upanishad y los Sutta eran las mismas.
Cuando el Budismo realizó su viaje a China tuvo que aprender a hablar en chino, es decir, a expresarse tomando prestado el lenguaje taoista y confuciano, para, desde ahí, expresar su propia propuesta existencial, su vía específica de liberación con un lenguaje nuevo. Igual sucedió en el Tibet, con el substrato Bon, en Japón, etc. Ahora, habiendo llegado aquí, tendrá que hablar de manera que sea inteligible aquí, en esta tierra, que no es la India de hace 2500 años, que no es China, que no es el Tibet.
Este diálogo no pienso que tenga solo que restringirse a cuestiones relacionadas con lo que B. Bodhi denomina "justicia social", creo que deberá tener un alcance más amplio, en el cual se profundice no solo en lo que el Budismo puede desarrollar a partir de las aportaciones de occidente a la historia de la humanidad, algunas de las cuales son notables, positivas, otras terribles (lo que el Budismo tiene que aprender), sino también en donde están las diferencias entre el Budismo y otras religiones y en qué puede aportar el budismo a occidente, desde su propia visión, y de lo que occidente puede tener una necesidad enorme (lo que el Budismo puede enseñar).
Atrincherarse no creo que sea una manera positiva ni de vivir el presente ni de construir el futuro.
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Respecto a la cuestión de la "justicia social", de las cuestiones del vivir en sociedad y de lo que es mejor o peor para ese vivir juntos, no creo que el Buddha fuese indiferente a esa dimensión irrenunciable de la vida humana. Aunque, obviamente no hablase de justicia social, concepto de cuño occidental, hijo de la ilustración, cuyas primeras referencias parecen remontar al s. XVIII, en numerosas partes el Buddha toma partido de que direcciones son positivas o negativas para ese "vivir juntos" general, para la buena "gestión política" de la sociedad (no solo de la shanga monástica y del camino que lleva al nirvana): En el Cakkavatti Sihananda Sutta (DN 26) dice que el crimen, la violencia y el odio está relacionados con la pobreza y hace, con otras palabras, un alegato de las "politicas sociales redistributivas"; de forma parecida lo hace en el Kutadanta Sutta (DN 5); En el Milinda panha hace un alegato del "derecho" del pueblo a derrocar a un gobernante injusto; en numerosas partes se pronuncia sobre el cuidado y el respeto debidos hacia el entorno natural en el que vivimos, hacia los recursos, animales y plantas de las que dependemos ("ecologista"
avant la lettre), etc.
Separar nuestra vida espiritual, interior, de nuestra vida social, exterior, como si fuesen compartimentos estancos, separables perfectamente, es una empresa inviable y una concepción del budismo esquizofrénica.
Conste que no estoy proponiendo que en una sede budista (suponiendo que esto sea una sede budista) se deba debatir sobre las elecciones partidarias de cada cual (entre este y aquel partido-organización-elección concreta), pero la preocupación por la defensa de los "derechos humanos" (que también es "política", además de también ser un concepto de origen occidental) creo que no solo tiene perfecto encaje dentro del Budismo contemporaneo, sino que debe formar parte inalienable de su bagaje.