Como practicante zen, desearía aportar alguna cosa. A menudo se entiende el Budismo Zen a partir de su tópicos, y ello genera confusiones terribles. No es ahí donde está lo esencial de este camino, ni tampoco en una "verdadera naturaleza" de la mente que sería "pura vacuidad". Esas cosas, si las entendemos como categorías ontológicas, simplemente no existen. Aunque muchos piensen que sí, desde hace siglos, sin saber mu bien lo que dicen.
Hay en el Zen, como en cualquier vía religiosa (dicho de pasada, algún día intentaré explicar qué entiendo por "religioso", que no es lo que estas pensando, querido lector), afirmaciones que si las tomamos por el lado correcto (como a la serpiente del sutta), es decir si les damos el valor que tienen, que es puramente
simbólico y que hay que situar dentro de un contexto, pueden ser muy útiles, pero si las tomamos por lado equivocado (que es el de convertirlas en datos o hechos con valor real, ontológico) pueden desviarnos, y mucho, del camino (muerden, como la serpiente si la cogemos por el lado equivocado).
Por ejemplo, se dice que el Budismo Zen no se adscribe a ninguna doctrina. Esto no es así, se adscribe concretamente a una doctrina que se llama Budismo (¿le suena a alguien?). Otra cosa es que la experiencia personal no sea una "doctrina", ya que las doctrinas sirven para trasladar contenidos entre distintas personas o grupos, algo que es diferente a la experiencia personal, que es única y en últimas instancia indecible. Hay que diferenciar los planos.
Este malentendido, el del anti-intelectualismo, que abunda entre los occidentales, pero que no es deconocido en Oriente, tiene múltiples raíces, pero una de las más conocidas son las palabras atribuidas a Bodhidharma (mítico "fundador" de la corriente chan/zen, que se supone vivió en el s. VIº)
Una transmisión especial fuera de las escrituras.
Sin dependencia de palabras y letras.
Apuntando directamente a la mente humana.
Ver en la propia naturaleza y alcanzar la Budeidad.
Esto, en realidad, no es algo que fuese dicho, así tal cual, por alguien en el siglo VIº, sino que es una invención posterior, del maestro chán Fānghuì 方會, en el siglo XI. Si bien, tomando las estrofas por separado, podemos encontrarlas con algo de anterioridad. Aparte de contener (según los especialistas, que yo no lo soy) errores de traducción que desvirtúan su sentido que, como decía, puede tener un valor simbólico, además contiene alguna que otra contaminación proveniente del Taoismo (del cual el Budismo no necesita nada, aunque puede que si eres chino sí, en tanto que chino, no en tanto que budista).
El zen no niega las escrituras. Considerar la "propia naturaleza" o la "verdadera naturaleza", o la "esencia de la mente", como vacuidad es un error, entre otras cosas porque la vacuidad, por definición, no existe. Existe el auto-vaciarse, el sacarse de encima las contaminaciones, pero no la vacuidad. Tampoco existen atajos en el camino de la vía, de la vida (y esta última sí que podría ser una critica que puede realizarse a la escuela Sambo-kyodan, no a la escuela Rinzai; pero esto sería materia de otro hilo, en el que no me apetece entrar).
El Budismo Zen, como cualquier otro Budismo, no puede ser tomado al pie de letra; por ese camino no se va a ninguna parte. Los mitos, las idealizaciones, pueden tener cierto valor para el practicante, indudablemente, pero solo si tenemos bien claro que son mitos e idealizaciones.
Pero no me extenderé por ahora más con estas cosas, que ya son cansinas. Si alguien desea profundizar en ello, puede, por ejemplo, mirar aquí: file:///home/roberto/Descargas/40b5-Transmission-outside-the-scriptures.pdf
Pd.: He empezado esta entrada declarándome "practicante zen". Añado ahora que ello no me impide ser muy crítico con el Zen, que en parte en eso creo que consiste ser buen practicante, igual que creo que debería serlo uno si sigue una orientación Theravada, o tibetana, o Tierra Pura. Tal vez no en los comienzos, pero a partir de un cierto punto en la propia trayectoria espiritual, interior, ese camino crítico es ineludible, el otro camino es el de la creencia ciega.