He estado leyendo el enlace que amablemente nos proporciono
@Ananda , "Lo que la ciencia nos dice sobre el mundo", y creo que es un ejemplo casi perfecto de aquello que en entradas anteriores denominaba coger la serpiente por el lado equivocado; en este caso, abordar la ciencia de una manera idolátrica, como una creencia, cuando la ciencia precisamente con lo que no tiene nada que ver es con la creencia. Por otra parte el artículo está plagado de errores, desde decir que los neurólogos dicen lo que no dicen, hasta afirmar casi dogmáticamente que los cosmólogos han llegado ha conclusiones a las que no han llegado. Toma hipótesis, como por ej. la de la partícula hipotética llamada "inflaton", por realidades, incluso cuando la ciencia ya había echado atrás esas hipótesis en el momento de ser escrito el artículo (el artículo es de 2018; mientras que el descubrimiento del boson de Higgs, por el CERN, en 2012, no solo dio el premio Nobel de física en 2013 a François Englert, descubridor, y Peter Higgs, formulador de la hipótesis de su existencia; sino que supuso un jarro de agua fría sobre la hipótesis del "inflaton"). No es un articulo científico de ninguna de las cien mil ciencias que el autor pretende abarcar en su cajón de-sastre, sino algo escrito por un creyente, por un idólatra moderno.
Lógicamente, dado ese batiburrillo mental de "nuevas creencias", el autor no puede dejar de caer constantemente en los extremos del "nihilismo" y el "hedonismo"; del "materialismo" más burdo y del "idealismo" mas indisimulado. Si antes trasformábamos, degradando así su esencia, las vías religiosas en supersticiones y mitos, ahora hacemos los mismo con nuevas formas, sustituyendo religión por ciencia. Dejemos a la ciencia y a los científicos que sigan su camino, que saben hacerlo muy bien, y no los manchemos con nuestras fantasías, nuestros deseos o nuestras inseguridades.
Esto es coger la serpiente (no solo respecto al Budismo, también respecto a la ciencia) por el lado equivocado. El resultado, pura confusión mental y diría que probablemente cierta propensión al ciego fundamentalismo. Es confundir el ordenador con el que estoy escribiendo con lo que estoy escribiendo y con el programa que uso para escribirlo. Nada de la frase anterior existiría sin un cierto conjunto de circuitos integrados que forman eso que llamo "mi pc", sin una red de cables que llamamos internet, sin una serie de programas de software (que no son lo mismo que el ordenador sobre el que se ejecutan), sin mí mismo que desea y decide escribir algo a unos interlocutores "virtuales" (a algo que convencionalmente llamo "otros semejantes"), sin un pasado personal que ha hecho que quien escribe lo haga sobre estas cosas en particular, sin una cultura (social, espiritual, cultural, familiar, etc.) que preceden y sustentan a "este que escribe", etc. Todas esas cosas coexisten en el mismo momento, se hacen realidad en el momento de pulsar esta
X, y en ese (ahora aquel) momento son completamente Uno, pero son al mismo tiempo radicalmente diferentes unas de otras (como compruebo en este nuevo ahora, que ya no mes aquel, ni el que le precedía).
Las "cuestiones últimas", es decir la incerteza fundamental, la conciencia de la propia debilidad ante la naturaleza, el saberse limitado en las fuerzas propias y en el propio horizonte vital, son las que han servido de motor a la humanidad para crear la agricultura, las armas defensivas y ofensivas, la magia, la medicina, la arquitectura, las tradiciones orales y escritas, el arte, las religiones, la ciencia... Esas "cuestiones últimas" (que aun siendo cuestiones candentes que nos interpelan a todos, en realidad carecen de respuestas que las cierren por completo) fueron precisamente, según la tradición budista, las que le llevaron a emprender la búsqueda al príncipe Shiddharta Gotama; simbolizadas con las cuatro salidas del palacio y el sucesivo encuentro con un enfermo, con un anciano, con un cortejo fúnebre y con un asceta mendicante. La respuesta liberadora que encuentra y propone el Buddha, no esta en cerrar la pregunta, sino en abrirla, en profundizarla, confiándose completamente a ella. Esa respuesta, para los que vinimos después, no se encuentra en repetir como loros las palabras de los sutta, trayendo sutta tra sutta (aquí, quien más quien menos, por lo menos en lo fundamental de lo que estos dicen y proponen, ya los ha leído todos), no está en dar mil versiones de la descomposición de un carro en sus distintas partes, y de la descomposición de esas partes en mil partes a su vez, no está en citar "historias edificantes" de "santos budistas", no está en recopilar "terminologías" ni en trazar "esquemas" del despertar y sus supuestas etapas.
La respuesta está en cada uno de nosotros, en la forma particular en que esas "cuestiones últimas" aparecen planteadas para cada cual; son preguntas, repito, que no tienen una respuesta "ahí fuera", ni una respuesta fija (no valen sutta, ni carros, ni balsas, ni maestros, ni esquemas). La respuesta a la pregunta está en nuestra propia vida, no en la vida del Buddha Sakyamuni, o de tal o cual arhat del que seamos "devotos". La respuesta no es un "saber" concreto (que es hasta donde, por ej., es capaz de llegar la ciencia), ni consiste en convertir la incerteza en aparentes certezas, sino en encontrar la paz de la liberación dentro de la misma pregunta.
