Cuando Dogen alcanzó su gran despertar estaba practicando shikan-taza, una forma de zazen que no involucró ni un koan ni contar ni seguir las respiraciones. La base del shikan-taza es la fe inamovible de que al sentarse como lo hizo el Buda, con la mente vacía de toda concepción, de toda creencia o punto de vista se actualiza o descubre la Mente-bodhi inherentemente iluminada con la cual todo ser está dotado. Al mismo tiempo, en esta práctica uno se sienta con la fe de que algún día esto culminará en la percepción repentina y directa de la verdadera naturaleza de esta mente, en otras palabras
la iluminación. Por lo tanto, esforzarse conscientemente para alcanzar satori o algún otro beneficio del zazen es algo innecesario y hasta indeseable.
En el shikan-taza auténtico no es posible prescindir de estos dos elementos de fe. Excluir el satori del shikan-taza implicaría necesariamente que los grandes esfuerzos del Buda por lograr la iluminación no tuvieron sentido y fueron incluso masoquistas, impugnándose lo mismo con respecto a las dolorosas luchas de los patriarcas y de Dogen. Esta relación del satori con el shikan-taza es muy importante. Desgraciadamente con frecuencia se ha mal entendido, sobre todo por aquellos a quienes les resultan inaccesibles las obras completas de Dogen. Por lo tanto, no es raro que estudiantes occidentales lleguen a un templo Soto o a un monasterio que utiliza koanes en su enseñanza y se muestren reticentes a trabajar en koanes, argumentando que, puesto que todos los seres están intrínsecamente iluminados, no tiene sentido buscar el satori. Así pues, piden practicar shikan-taza, que suponen no
implica la experiencia de la iluminación.
Esta actitud revela no sólo una falta de fe en el criterio del maestro sino una concepción fundamentalmente errónea tanto de la naturaleza como de la dificultad del shikan-taza, por no mencionar los métodos de enseñanza empleados en los templos y monasterios Soto. Una cuidadosa lectura de estas pláticas introductorias y de los encuentros de Yasutani-roshi con diez occidentales mostrará con claridad por qué el novicio no puede emprender con éxito el shikan-taza genuino. Ya que primero debe aprender a sentarse con estabilidad y ecuanimidad y su ardor debe verse fortificado regularmente por la meditación en comunidad o por el apoyo del maestro y, ante todo, debe
establecer una fe firme en su propia Mente-bodhi unida a una fuerte resolución de experimentar su realidad en la vida diaria.
Los maestros de zen dicen que hoy en día los devotos en general no tienen tanta sed por la verdad y que los obstáculos que pone la vida moderna para practicar son más numerosos, por consiguiente muy rara vez un maestro Soto asignará shikan-taza a un principiante. Prefieren que éste unifique su mente
concentrándose en la cuenta de sus respiraciones, o si el principiante tiene un fuerte deseo de iluminación puede agotar el intelecto discursivo a través de un tipo especial de problema zen (es decir un koan), preparando así el camino al kensho.
Por lo tanto, el sistema de koanes de ninguna manera está restringido a la secta Rinzai, como muchos suponen. Yasutani-roshi es solamente uno de una serie de maestros Soto que utilizan los koanes en su enseñanza. Genshu Watanabe-roshi, antiguo abad de Soji-ji, uno de los dos principales templos de
la secta Soto en Japón, empleaba koanes con regularidad, y en el monasterio Soto de Hosshin-ji, del cual el ilustre Harada-roshi fue abad durante su vida, los koanes se empleaban ampliamente.
Incluso Dogen mismo, como hemos visto, se disciplinó con el zen de koanes durante ocho años antes de ir a la China y practicar shikan-taza. Y aunque al regresar al Japón escribió mucho acerca del shikan-taza y lo recomendaba a sus propios discípulos, no debemos olvidar que estos discípulos eran dedicados buscadores de la verdad, para quienes los koanes eran un aliciente innecesario a su práctica. Sin menospreciar este énfasis en el shikan-taza, Dogen compiló trescientos koanes muy conocidos agregándole a cada uno su propio comentario. A partir de esto y del hecho de que su obra más importante, el Shobogenzo (Tesoro del ojo del verdadero Dharma), contiene un número de
koanes, podemos suponer que los utilizó en su enseñanza.
El despertar-satori, como Dogen lo veía no era el todo ni el fin de todo. Más bien lo concebía como los cimientos de una magnífica construcción cuya superestructura de diversos pisos correspondería al carácter y personalidad perfeccionadas del individuo desarrollado espiritualmente, el hombre de virtud
moral, de compasión, de sabiduría y que todo lo abarca. Dogen enseñaba que una estructura tan importante podría erigirse solamente a través de años de fiel zazen establecido sobre la sólida base del conocimiento interno inmutable que confiere el satori.