Daido escribió: ↑27 Jun 2024 22:27
[...] Es cierto que en el documental no se le ve sufrir, solo son opiniones que vierten los que le rodean. Pero, claro, son personas que le conocen muy bien. No sé si mentirán, yo prefiero pensar que no.[...[
En cuanto a esto que dices:
Durante zazen, dado que estamos allí sentados, simplemente por estar sentados sin añadir cosas de nuestra cosecha (recuerdos, proyecciones, fantasías, etc.), cualquier pensamiento que aparezca, si lo seguimos, se convierte en causa de distracción, nos hace diverger de nuestro zazen, por tanto, sin rechazarlo, inmediatamente dejamos que se vaya por donde ha venido. En el resto de actividades, dependerá de cada actividad aquello que convenga hacer con los pensamientos.
Es el modo como practicas tú y muchas otras personas. Es un mètodo como cualquier otro, ni mejor ni peor que los otros. Hay muchos métodos distintos, y las personas eligen el que les parece mejor para ellos. Para mí, lo importante no es como practicas. Lo importante es practicar. Porque al final, todos los métodos son solo medios hábiles para empezar. Luego, todos los métodos se dejan, porque son como la balsa que se usa para llegar al otro lado. Mientras no se llegue, hay que ir en ella, pero cuando se llega, ya no se necesita. Y ahí es a donde queremos ir, no a quedarnos en la balsa para toda la vida. [...]
Me alegro mucho de leerte de nuevo. Saludos.
Respecto a lo primero, al caso Clive y sus familiares, yo tampoco creo que mientan, solo que expresan su propio punto de vista, por ello lo describen como una gran perdida, como un sufrimiento. Los puntos de vista cambian simplemente con el espectador, lo que para uno es malo o bueno, puede ser al revés, o de otra forma para otro.
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Volviendo a zazen. Cuando practico zazen no me lo tomo como un método, como una práctica entendida como un entrenamiento que apunta a conseguir algo en un futuro supuesto. Para mi no existe diferencia entre práctica y realización, entre causa y efecto, entre una orilla, el camino y la otra orilla. La práctica, bien entendida, es la puesta en acción sin mediaciones del satori.
Esta forma de ver las cosas no es algo que se limite a aquellos que practican zazen en la estela de Dogen, es en buena medida extensivo a prácticamente la totalidad de la tradición zen, podemos verlo ya en el Shin Ji Mei (Xin Xin Mei, en jap.), atribuido al tercer patriarca, Sengcan, que vivió en el siglo VI, y que es un patriarca anterior a la aparición de escuelas dentro del Chan. Pero también, fuera de la tradición zen, por ejemplo en el Sutra del Loto, texto fundamental en todo el Budismo extremo-oriental, donde la flor de Loto, capaz de florecer y de producir semillas simultáneamente, representa la unidad de causa y efecto.
Volviendo a la metáfora de la balsa, que aparece en el Alagaddūpama Sutta, texto perteneciente al Budismo de los orígenes. En el Budismo renovado, o Mahayana, el "objetivo" del Budismo, la liberación del sufrimiento, pasa de ser universal a convertirse en universal. La figura ideal del "arhat", del Budismo primitivo, pasa a considerarse como un estadio inferior, o preliminar, siendo sustituida por la figura del "bodhisattva", que no diferencia entre la liberación, o salvación, de sí mismo y la de todos los seres. Ello viene indicado, por ej., en los votos del Bodhisattva (Me comprometo a liberar a todos los seres, sin número, etc.), que implican infinitos, o mejor dicho, números y duraciones temporales inconcebibles, ilimitadas. En ese camino, siendo infinito, todo logro será,
en última instancia irrelevante, igual que cualquier número, por grande que sea, dividido por infinito da como resultado cero, el camino se convierte en una curva asintotica, que solo alcanza su eje en el infinito. Dicho de otra forma, el bodhisattva renuncia a "entrar" y "residir" o "permanecer" en el nirvana hasta que todos los seres sean liberados del sufrimiento. Ello en conlleva que su "objetivo"
en la practica ya no sea alcanzar una hipotética "otra orilla" (que es, como decía, inconcebible) sino que su objetivo sea el camino mismo. La diferencia entre meta y camino, entre práctica y despertar, desaparecen.
Yo no me siento en zazen para entrenarme en vistas a algun propósito, me siento porque esa es la práctica del Buddha.
¡Ojo, atención, cuidado!, con esto que digo no estoy diciendo que cualquier sentarse con las piernas cruzadas sea zazen; si no realizas la actividad del Buddha, que no es otra que la de liberarse instante tras instante de los tres venenos, aquello que llamas zazen, en realidad no es zazen, es sentarse con las piernas cruzadas para realizar algo movido por nuestro deseo egocéntrico, no la actividad de un buddha; ni tampoco estoy diciendo que, en mi caso, sentarse sea siempre así, a veces lo es y otras veces me extravío en mis habituales estupideces, una cosa son las palabras y otra es la realidad, Zazen es la vía de Buddha, es extraviarse de la vía, es volver a la vía... Y, segundo,
¡y todavía más importante!, sentarse como un buddha, no quiere decir que puedas decir:
YO he logrado el estado de Buddha, el satori, la iluminación... en el momento en que afirmáses o pensases algo así, ya te habrías alejado miles de kilómetros, estarías separado "como el cielo y la tierra". El objetivo de la Vía, el logro de la Vía, no es otra cosa que el recorrerla, con mucha humildad, procurando apartarse de ella lo menos posible y volver a ella cada vez que te desvías. Dogen, en el Genjokoan, nos recuerda lo siguiente:
Cuando el verdadero modo de ser todavía no ha impregnado el propio cuerpo y espíritu, se considera que ya rebosa. Cuando en cambio el verdadero modo de ser llena el propio cuerpo y espíritu, entonces se comprende que no tiene fin
En el Zen, pero también en el Mahayana, existe un dicho que dice que "Buddha todavía está practicando".
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Como despedida, decir que tu despedida me conmovió, y que, más que dialogar, que compartir las "opiniones" formuladas a través del lenguaje (en las que tu y yo, antes o después, nos vamos por los cerros de Ubeda) , confio en que alguna vez (antes de que ya sea tarde) podamos sentarnos juntos y compartir el silencio en el que toda "diferencia" desaparece.
