Hakuin escribe a continuación:
El laico volvió a presentarse a la mañana siguiente y repitió la petición que había hecho el día anterior. —Muy bien —le dije—, te explicaré los fundamentos de la Meditación Introspectiva.
Hakuin ya era un maestro y enseñaba a otros, en este caso un laico que va a pedirle instrucción. En Japón esto debía ser normal en esa época. El Zen tenía influencia en las personas corrientes. Entonces le da enseñanzas:
El día en que me comprometí por primera vez con una vida de práctica zen, juré reunir toda la fe y el coraje que estuvieran a mi alcance y dedicarme con firme determinación a seguir el Camino del Buda. Me embarqué en un régimen de austeridades rigurosas, que continué durante varios años, exigiéndome sin descanso.
Este es sin duda el espíritu que se requiere en el zen, comprometerse de un modo total. Más adelante veremos que ese espíritu tiene sus consecuencias. No hay atajo sin trabajo, podría decirse.
Entonces, una noche, todo se desvaneció repentinamente, y crucé el umbral hacia la iluminación. Todas las dudas e incertidumbres que me habían agobiado durante tantos años desaparecieron de golpe, desde la raíz—como el hielo derretido. El karma profundamente arraigado que me había atado durante incontables kalpas al ciclo de nacimiento y muerte se desvaneció como espuma sobre el agua.
Hakuin parece que hacía sobre todo yaza (zazen nocturno). Seguramente dormía muy poco. Este es un método que lleva a la iluminación de un modo fulminante, en efecto. Si una persona se lanza como una flecha a practicar de ese modo, la iluminación vendrá. Primero kensho, después satori.
Es cierto, pensé para mí mismo: el Camino no está lejos del hombre. Esas historias sobre los antiguos maestros que tardaban veinte o incluso treinta años en alcanzarlo... alguien debió inventarlas todas. Durante los siguientes meses, estuve flotando en el aire, agitando los brazos y golpeando los pies en una especie de éxtasis sin sentido.
Hakuin tuvo una fuerte iluminación en poco tiempo. No veinte o treinta años, sino muchos menos. No dice cuantos, pero tal vez dos o tres. Del modo que practicaba, la iluminación llega en poco tiempo. Hay que darse cuenta que se vuelca de un modo total: apenas come, apenas duerme y practica zazen con el koan de un modo tremendamente fuerte. Este es un método que deja muy poco margen de error. La iluminación viene como un relámpago en la noche.
Después pasa unos meses con los efectos de la iluminación. Siendo monje, no tenía que trabajar así que podía vivir la iluminación de forma ininterrumpida. Fue un éxtasis contínuo durante todo ese tiempo, por lo que se ve.