Hekiganroku

El Zen de Yasutani Roshi.
Daido
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Hekiganroku

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Caso 1: El vasto vacío de Bodhidharma


Instrucción:

Cuando ves humo al otro lado de la montaña, sabes inmediatamente que hay fuego.
Cuando ves cuernos al otro lado de la cerca, sabes al instante que hay un buey.
Entender que hay tres esquinas en una habitación, cuando se ve una, o juzgar un peso diminuto de un vistazo: Este es el alimento y la bebida cotidianos de un monje con túnica remendada.


En la edad media los hábitos de los monjes estaban todos remendados. La tela era cara. Hoy no creo que haya monjes con hábitos remendados, (¿excepto algunos Theravada quizás?) Hoy los hábitos de monje se venden por Amazon. Los tiempos cambian a gran velocidad pero el monje Zen es siempre el mismo, no importa si lleva hábitos remendados o hábitos comprados por Amazon. Lo importante no son los hábitos. Lo importante es lo que hay debajo de ellos. No solo debajo del hábito, también debajo de la piel. El cuerpo del monje Zen es su verdadero hábito. El cuerpo cambia, envejece y muere pero el monje no. El monje se mantiene siempre igual. Ajeno a los cambios en su hábito está en samadhi contínuo. Si sale del samadhi, vuelve a él de inmediato. Lleva entrenándose así décadas.
Cuando uno ha cortado las innumerables corrientes, aparece en el este y desaparece en el oeste, se opone o cumple en todas direcciones, cede o quita con perfecta libertad.
Cuando uno corta el pensamiento, vive al ritmo de la naturaleza. El sol sale por el este y se pone por el oeste. Hace y deshace con entera libertad porque no hay ego. Si el ego aparece en un cierto momento, el monje lo deja ir de nuevo. Ese es su entrenamiento. Cuando hay que ceder, cede. Cuando hay que tomar, toma. Los remiendos del hábito se acumulan pero dentro del hábito no hay remiendos.
En ese momento, simplemente di: ¿quién vive y actúa así?
No es necesario responder. El que actúa así es el verdadero Yo. Pero el verdadero Yo es no yo.
Observa atentamente las enredaderas enredadas de Setchô.


Cuando el texto dice: “Observa atentamente las enredaderas enredadas de Setchô”
está diciendo, en esencia: “Lo que vas a leer no es lineal.” “Aquí nada está puesto al azar.”
“Cada frase se enrosca sobre otra, como una vid salvaje.”
“Si no miras con cuidado, te perderás.”

El Hekiganroku es algo muy enredado, así es. Los comentarios de quienes lo copiaban y, otros que añadían los que lo leían, convierten el libro en un rompecabezas. Por eso los maestros se centrar en el caso.

Caso

El emperador Bu de Ryô preguntó al gran maestro Bodhidharma: "¿Cuál es el significado último de la santa verdad?". Bodhidharma respondió: "Vasto y vacío, sin santidad". El emperador preguntó: "¿Quién eres tú que me miras?" Bodhidharma dijo: “No lo sé”.


¿Cual es el significado último de la santa verdad? Esto es, ¿cuál es la realidad última? ¿La naturaleza de Buda? Esa es la meta del Zen (que es una "no meta") Echar un vistazo a la naturaleza esencial es fácil, pero hacerse con ella es el trabajo de una vida. Pero en todo caso esta vida es la vida que nos ha tocado para hacernos con ella. Para eso somos monjes y llevamos este hábito viejo y remendado ya muchas veces. No para vivir bien y gozar de la buena comida. Ya hemos pasado por eso, los placeres de la buena vida. Ahora el monje ha entrado en el ascetismo. El ayuno. El zazen. El trabajo diario.

Vasto y vacío sin santidad. Grande. Inmenso. Inabarcable, pero no hay santidad en la verdad. No la santidad que se concibe, al menos. La verdad es vacía, pero no santa. Si fuese santa, no sería vacía. Habría algo en ella. Y habría alguien que vería la santidad. Pero no hay nada en la verdad. La verdad es como el sol: una luz que brilla en el vacío, que da vida a su alrededor. De la verdad brota el amor y la compasión.

¿Quién eres tú que me miras? No el ego, ese no interesa. ¿Quién es el verdadero yo? ¿El que no tiene nombre. ¿El que brilla sin cesar como esa luz en el vacío?

"No lo sé". Hay que decir algo, y se dice. No sé. No puede decirse más. Pero había que decirlo. Hay momentos en que no se puede permanecer mudo. Si no se hubiese dicho nada, no habría koan que resolver. Y sin resolver el koan, seguiríamos en la ignorancia.
El emperador no comprendió. Finalmente, Bodhidharma cruzó el río Yangtsé y llegó al Reino de Gi.
Más tarde, el emperador le preguntó a Shikô al respecto. Shikô dijo: “¿Sabe Su Majestad quién es ese hombre?”. El emperador respondió: “No lo sé”. Shikô respondió: “Es el Mahasattva Avalokitesvara, que transmite el Sello de la mente del Buda”. El emperador lamentó lo sucedido y quiso enviar un emisario para invitar a Bodhidharma a regresar. Shikô dijo: “Su Majestad, no intente enviar un emisario para traerlo de vuelta. Incluso si toda la gente del país fuera tras él, no regresaría”.
Bueno, esto no es una cosa lógica y tal vez encierre una enseñanza secreta como ocurre con casi todos los koans, donde parece que hasta las comas tienen que estar en el sitio exacto. Es mentira. En chino no hay comas, creo. Pero el emperador no comprendió. Cuando Shiko le dice "¿Sabe Su Majestad quién es ese hombre?”, el emperador le contesta "No lo sé" que es lo mismo que dijo Bodhidharma sobre sí mismo. Shiko le dice que es el Mahasatva Avalokiteshvara. Pero ¿cómo lo sabe Shiko? Si sabe eso, entonces él es un sabio tan grande como Bodhidharma pues al parecer él sí entiende sus palabras. Entonces, el emperador no necesita ir detrás de Bodhidharma y convencerle para que vuelva: tiene a Shiko con él. Son cosas del koan.

Y, ahora...
El poema

La santa verdad, vasta y vacía:
¿Cómo podrías discernir el punto más claro?
“¿Quién eres tú que me enfrentas?” Su respuesta fue: "No lo sé".
Entonces cruzó en secreto el río Yangtsé.
¿Cómo podría evitarse el crecimiento de espinas y zarzas?
Aunque toda la gente de la tierra lo persiguiera, no regresaría.
Lo anhela en vano desde hace miles y decenas de miles de años.
¡Deja de anhelarlo!
¿Qué límite tiene el viento puro que gira sobre la tierra?
Mirando a derecha e izquierda, el maestro dijo:
"¿Está aquí el patriarca?"
"Sí", se respondió.
"¡Llámalo! Haré que lave los pies de este viejo monje".
Bueno, ¿y, este poema de donde sale? Los poemas se fueron añadiendo a las copias del libro aunque casi nunca se entra en ellos. Podríamos escribir poemas y poemas pero perderíamos el tiempo. No hay nada que decir en realidad. Y sin embargo estamos aquí para decir algo. "Lo anhela en vano desde hace miles y decenas de miles de años" ¿Eres tú quien lo anhela? ¡Deja de anhelarlo! ¿Por qué anhelas lo que ya tienes?
Daido
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Re: Hekiganroku

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Caso 2: El Camino Supremo de Joshu


Instrucción:

“El cielo y la tierra son estrechos; el sol, la luna y las estrellas se oscurecen repentinamente. Aunque los golpes del bastón cayeran como gotas de lluvia y los gritos retumbaran como truenos, aun así no alcanzarías el punto de la enseñanza suprema. Ni siquiera los Budas de los tres mundos pueden conocerla por sí mismos; ni siquiera los patriarcas de las generaciones sucesivas pueden presentarla en su totalidad.”
La enseñanza suprema... ¿Qué es la enseñanza suprema? Los budas y bodhisatvas de los tres tiempos han mostrado una enseñanza sin importancia. Simple palabrería. ¿Qué tenía que enseñar Shakyamuny Buda? ¿Qué es todo eso de las tres vueltas de la rueda del Dharma? ¿A qué vienen todos esos sermones aburridos de los grandes maestros? Puedes sentarte a meditar cien años seguidos pero no conseguirás nada. Todas esas técnicas de meditación para alcanzar la Budeidad son simples bagatelas para engañar a los ilusos. Por mucho que te sientes a hacer zazen, por muchos golpes de kyosaku que recibas, no llegarás a la meta. Ni siquiera los budas pueden llegar. Ni siquiera los patriarcas del Zen pueden enseñarla.
Tampoco el gran tesoro de todos los sutras puede explicarla adecuadamente. Incluso el monje claramente iluminado está indefenso. Cuando te encuentras en esta etapa, ¿qué otra instrucción podrías esperar? Decir la palabra "Buda" es echarte agua turbia; decir la palabra "Zen" es avergonzarte. Para los estudiantes avanzados que llevan mucho tiempo practicando, no es necesario decir nada más. Los principiantes recientes deben investigar y comprenderla de inmediato.
Los Sutras no son más que palabras. Ningún Sutra muestra la verdad. Son como dedos que señalan la luna, no la luna misma ¿El monje claramente iluminado sabe lo que es la verdad? Ese es el que menos sabe: no sabe nada. Si has llegado a la iluminación, no puedes enseñar nada. Decir, Buda es como decir caca. Un monje iluminado no la usaría nunca. ¿Y la palabra Zen? Mejor olvidarse de ella para siempre. Los practicantes avanzados saben de lo que hablo. Los principiantes deben llegar a comprenderlo cuanto antes.

El caso


Jôshû, instruyendo a la asamblea, dijo: “El camino supremo no es difícil: simplemente rechaza toda elección”. Si se pronuncia una sola palabra, ya es una acción de elección y cesa la claridad. Este anciano monje no mora en la claridad. ¿Quieren ustedes, monjes, aferrarse a ella o no?» En ese momento, un monje presente preguntó: «Dices que no moras en la claridad. Si es así, ¿qué hay que aferrar?» Jôshû respondió: «Yo tampoco lo sé». El monje dijo: «Si dices que no sabes, ¿por qué dices que no moras en la claridad?»Jôshû dijo: «Ya has preguntado todo lo que tenías que preguntar. Inclínate y retírate».


Este koan traspasa el corazón como una flecha. Joshu no pierde el tiempo en enseñanzas vanas. Frente a la asamblea dice “El camino supremo no es difícil: simplemente rechaza toda elección”. Esa frase es como un dardo certero. No puedes darte cuenta de él hasta que sientes que te ha atravesado de parte a parte. El camino supremo… ¿qué es el camino supremo? Es la Verdad, la Luz y el Amor. Es el camino. El Tao. ¡Pero todo eso no son más que nombres! Al decirlos ya te estás saliendo de ello. ¿Y, cómo puedo entrar en ello? No puedes entrar en ello. Pero... si no entro, ¿cómo puedo conocerlo? No puedes conocerlo. Entonces… ¿por qué dice Joshu que el camino supremo no es difícil? No es fácil ni difícil. ¿No puede experimentarse? Llámalo experiencia, pero no hay nadie que la tenga. ¿Qué hago entonces? Rechaza toda elección.

No es algo que alcanzas con tu práctica. No es algo que ganas con tu esfuerzo. Rechaza toda elección. Cuando sucede, sucede. No elijas nada. Abandónalo todo. Déjate ir y desaparece. “Si se pronuncia una sola palabra, ya es una acción de elección y cesa la claridad”, dice Joshu. Una sola palabra es una elección. No elegir es dejarse ir a la claridad. Abandonarse a la claridad. La claridad no se elige. La claridad aparece, y cuando aparece, todo lo demás cesa. No hay nadie presente en la claridad. Pero de pronto… la claridad cesa y aparece el pensamiento otra vez. El viejo Joshu no se apega a la claridad: “Este anciano monje no mora en la claridad”. No. No mora ¿Cómo podría?

Entonces se dirige a la asamblea diciendo “¿Quieren ustedes, monjes, aferrarse a ella o no?”. ¿Aferrarse a la claridad? :shock: ¡Es imposible! Un monje aparece y le dice “Dices que no moras en la claridad. Si es así, ¿qué hay ahí a lo que uno se puede aferrar?” ¡Buena pregunta! El monje tiene experiencia de la claridad, sin duda. Es una buena pregunta. En cierto modo reta al maestro, poniendo a prueba su experiencia. Entonces, Joshu le responde “Yo tampoco lo sé”. ¡Hum! :o Pero... ¿es que hay alguien que lo sepa? ¿Es que se puede saber? En la claridad no hay nadie que vea, nadie que oiga, nadie que piense… Entonces, ¿Cómo se puede aferrar alguien a la claridad?

“Si dices que no sabes, ¿por qué dices que no moras en la claridad?”, le pregunta el monje. ¿Es esto un reto? ¿Le está poniendo a prueba? ¿O... quiere saber más sobre la claridad? El monje parece que quiere entrar más a fondo. “Ya has preguntado todo lo que tenías que preguntar. Inclínate y retírate”, le dice el maestro. No es que Joshu no quiera decirle más, es que no se puede decir más. No se puede tratar de saber lo que es la claridad. No es posible saber si moras o no moras en la claridad. ¿Quién hay en la claridad? ¿Hay alguien? ¿No hay nadie? Ya has preguntado todo lo que tenías que preguntar. No se puede preguntar más. No hay más respuestas que puedan darse. Nadie sabe nada. Inclínate, pero no ante mí, sino ante la claridad. ada123123

Y, ahora…
El poema

El camino supremo no es difícil.
Un pequeño discurso, eso es todo; una pequeña palabra, eso es todo.
En uno hay muchas clases;
En dos no hay dos. En el horizonte sale el sol y se pone la luna;
Más allá del balcón, las montañas son profundas, las aguas frías.
Donde la conciencia de la calavera llega a su fin, ¿cómo podría surgir la alegría?
El árbol marchito emite el gemido de un dragón:
Aunque muerto, aún no se ha secado.
¡Difícil, difícil!
¿Elección o claridad? ¡Compruébalo tú mismo!
El poema no me dice nada :cry: . No veo más que palabras. ¿Alguien tocado por la enfermedad del Zen, habla de lo que no sabe? No saber es la meta pero la meta puede descolocar la brújula. El poema es una brújula que da vueltas buscando el Norte. ¡Difícil, difícil! ¿Difícil? Yo diría imposible.
Daido
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Re: Hekiganroku

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CASO 3: El Maestro Ba se encuentra mal


Instrucción

Un movimiento de la mente, un movimiento del cuerpo, cada palabra y cada frase: Cada una es un medio para guiar a los estudiantes a la iluminación.
Un maestro Zen ha hecho de la iluminación su forma de vida. No es un simple sacerdote budista que se dedica a realizar funerales. Tampoco tiene por qué ser un monje con los 227 preceptos del Vinaya. Hay maestros Zen que ni siquiera son monjes. No viven en monasterios. Tienen familia y llevan una vida ordinaria. Un maestro Zen, sin embargo, muestra el camino en todo momento. Es una persona altamente iluminada. No es alguien que simplemente ha tenido la iluminación, sino que ha sido transformado por ella después de muchos años de práctica. ¿Hay maestros así, hoy en día? No lo sé. Yo he conocido maestros así en el pasado, pero todos ellos han muerto ya.

Un verdadero maestro Zen no vive de sus estudiantes. Si viviese en occidente, un maestro Zen probablemente no tendría un Templo ni un Centro Zen. Viviría con votos laicos en su casa. Podría ser incluso un monje ordenado, pero en su vestimenta y en su forma de vida no se distinguiría de las personas normales. Tendría un pequeño zendo en su casa, tal vez, donde haría zazenkai y sesshin para sus estudiantes periódicamente si los tuviera. En condiciones ideales, estaría retirado. Viviría en su casa con el estilo de vida de un ermitaño (sin que nadie lo notase). Tendría al menos los votos de laico, eso sí. Y cumplirlos no es nada fácil.

¿Cuáles son los votos que toma un monje budista zen?

Los votos que toma un monje budista zen dependen un poco de la escuela (Sōtō, Rinzai, Sanbō Zen, etc.), pero en general se basan en los Preceptos del Bodhisattva. Estos preceptos vienen de la tradición mahayana y son el corazón ético de la práctica zen.

1. Los Tres Refugios son la base de toda ordenación:

Tomo refugio en el Buda.
Tomo refugio en el Dharma.
Tomo refugio en la Sangha.

2. Los Tres Preceptos Puros

A veces llamados “preceptos fundamentales”:

Hacer el bien.
No hacer el mal.
Ayudar a todos los seres.

3. Los Diez Preceptos Mayores (o Diez Preceptos del Bodhisattva)

Estos son los más conocidos en el zen, especialmente en la tradición Sōtō:

No matar
No robar
No abusar sexualmente
No mentir
No usar sustancias que nublen la mente
No hablar de las faltas de otros
No alabarse a uno mismo ni despreciar a otros
No ser avaro
No dejarse llevar por la ira
No difamar las Tres Joyas

Cuando alguien se ordena como monje o monja, además de los preceptos anteriores, suele comprometerse a:
Vida sencilla y sin posesiones personales:

Celibato (este no suele ser obligatorio en el Zen pues hay muchos monjes casados, en Japón)
Obediencia al maestro o a la comunidad (si la hubiere)
Dedicación al zazen y a la práctica diaria
Servicio a la sangha (suponiendo que exista) y a todos los seres
En algunas escuelas zen, especialmente las influenciadas por Japón, los monjes pueden casarse; en otras, el celibato es estricto.

5. Los Cuatro Grandes Votos del Bodhisattva

Se recitan en casi todos los zendos:

Los seres son innumerables; hago el voto de liberarlos
Las ilusiones son inagotables; hago el voto de extinguirlas
Las enseñanzas son infinitas; hago el voto de aprenderlas
El camino del Buda es insuperable; hago el voto de realizarlo

(Estos votos implican más un deseo que un compromiso, pues nadie puede comprometerse a realmente a conseguir un imposible)

Entodo caso son 16 votos (más los 4 grandes votos) y, hasta que una persona no los siga de un modo absolutamente espontaneo, no puede considerarse un maestro Zen por más zazen que haga, por más koan que pase o por más experiencias de iluminación que le hayan sido sancionadas (aunque hubiese recibido la transmisión)

Solo la vida impecable de un maestro Zen puede conducir a otros a experimentar su naturaleza búdica. Solo de quien fluye con entera libertad en el río de la vida puede decirse, “Un movimiento de la mente, un movimiento del cuerpo, cada palabra y cada frase: Cada una es un medio para guiar a los estudiantes a la iluminación”.

Sin embargo, esto no es más que abrir una herida en un cuerpo sano; simplemente crea trampas y zanjas.
¿Por qué una herida en un cuerpo sano? Porque en realidad no hay necesidad de tener la iluminación. Pero si una persona está sometida a su ego, hasta que no experimente su verdadera naturaleza no podrá escapar de él. Pero la iluminación es una herida en un cuerpo sano. En realidad no debería haber necesidad de ella pero es necesaria cuando se está completamente confundido. Por eso, hay que tener la iluminación y luego olvidar la iluminación. Y, luego, olvidar que se ha olvidado la iluminación. Entonces la herida sana.

Por otro lado, conducirles a conocer su naturaleza esencial es crear trampas y zanjas, porque conocer la naturaleza esencial es un sinsentido. La naturaleza esencial está en el aquí y ahora, y no hay que tener ninguna experiencia especial. Y, sin embargo, salvo que las tengamos, no habrá manera de vivir el presente como la naturaleza esencial. El maestro solo crea trampas y zanjas en las que hace caer a su discípulo, y después de que se levanta, vuelve a crear más trampas y zanjas para hacerle caer de nuevo.
Cuando la gran actividad se manifiesta, no hay reglas fijas. Te esfuerzas por que tus estudiantes comprendan que existe una verdad superior. Esta cubre el cielo y la tierra. Si la buscas, nunca la alcanzarás. “Sí, sí” es correcto, “no, no” también lo es. ¡Es tan minucioso y delicado! “Sí, sí” no es correcto, “no, no” tampoco lo es. ¡Es tan empinado e inaccesible! Sin recorrer estos dos caminos, ¿qué podría ser correcto? Te mostraré un ejemplo, ¡mira!
La gran actividad se manifiesta en un maestro Zen en cada instante, y no tiene reglas fijas. No enseña lo mismo a un estudiante que a otro. A cada uno le hace caer en una trampa distinta. El maestro vive para que sus estudiantes “comprendan que existe una verdad superior” pero no es comprenderla mentalmente. Es vivirla. La verdad superior cubre el cielo y la tierra, porque cuando se manifiesta no queda ni una sola cosa. “Si la buscas, nunca la alcanzarás”. Cierto. Y, sin embargo si no la buscas, no puedes alcanzarla tampoco. Gran paradoja. “Sí, sí” es correcto, “no, no” también lo es. A veces es “Sí, sí”. A veces es “No, no”. Pero “Sí, sí” no es correcto, “no, no” tampoco lo es, porque un maestro de Zen no sigue ninguna regla fija. El camino… ¡Es tan empinado e inaccesible! Y, sin embargo hay que andarlo. “Sin recorrer estos dos caminos, ¿qué podría ser correcto?” A estas alturas ya no lo sé. Te mostraré un ejemplo. Gracias. Necesito el ejemplo. “¡Mira!” ¡Oh!

El caso

El Gran Maestro Ba se encontraba mal. El monje jefe del templo vino a preguntarle: «Maestro, ¿cómo te sientes estos días?». El Gran Maestro respondió: «Buda con rostro de sol, Buda con rostro de luna».
El Gran Maestro Ba aprovecha la ocasión para enseñar al monje jefe del templo. “Maestro, ¿cómo te sientes estos días?”. (¿Cómo me siento? ¡Mal! ¿Es que no lo ves?... :twisted: ) No. Eso no enseña nada. El Maestro le mira y expresa una verdad esencial: «Buda con rostro de sol, Buda con rostro de luna». Esta es la realidad: siempre Buda. A veces un Buda sonriente y a veces un buda macilento. La vida pasa. La enfermedad se instala. Pero la naturaleza de Buda siempre está presente.

Verso

¡Buda con rostro de sol, Buda con rostro de luna!
¡Los Cinco Emperadores y los Tres Soberanos! ¿Qué son estos?
He sufrido durante veinte amargos años, descendiendo incontables veces a la cueva del dragón pálido por tu causa.
¡Qué angustia! Ahora puedo contárselo a los demás.
Monjes de visión clara, no lo tomen a la ligera.
Esta estrofa me toca la fibra: He sufrido durante veinte amargos años, descendiendo incontables veces a la cueva del dragón pálido por tu causa. La imagen que me viene es la de una persona que ha practicado duramente el Zen durante veinte años. Descender incontables veces a la cueva del dragón hace referencia a las incontables veces que ha tenido experiencias de despertar (grandes o pequeñas) con la práctica de los koan.
Daido
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Re: Hekiganroku

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Caso 4: Tokusan Cargando Su Fardo


Instrucción


“El cielo azul, el sol brillante: no hay que señalar el este ni marcar el oeste.Tiempo, estación, ataduras kármicas: administrar la medicina según la enfermedad. Dime, ¿es mejor "soltar" o "aferrarse"? Te daré un ejemplo, ¡mira!


El cielo azul el sol brillante” es la verdadera naturaleza propia. Aquello que no nace ni muere. Siempre está presente, en todos los seres, pero oscurecida por los pensamientos. No ya por los más evidentes, aquellos que vemos en la superficie de la mente, sino todo aquello lo que ocurre en los más recónditos lugares de la mente y el cuerpo. Todo lo que oscurece la naturaleza prístina y esencial donde reside el verdadero Yo. Cuando la naturaleza esencial se reconoce, no hay este ni oeste. No hay otra cosa que la clara Luz. Esta experiencia es a la que apunta el Zen (el verdadero, no el Zen degenerado que crece hoy bajo el auspicio de los falsos "maestros"). Hay otros Zen que no apunta ahí, y se quedan con una práctica de mindfulness, pero esto es un koan que viene del verdadero Zen, que apunta a la naturaleza de la mente.

Tiempo, estación, ataduras kármicas: administrar la medicina según la enfermedad. Está el otro lado de la realidad: el lado de la forma, donde existe el tiempo, las estaciones y, también, las ataduras kármicas. Este lado oscurece el lado de la Luz, y las personas no pueden verla. Entonces algunas van a un maestro Zen para que les guíe hasta que llegan a tener una visión completa de la Luz. Muchas veces, quedan cegados por ella, de modo que caen en una especie de enfermedad que puede llamarse “la enfermedad del zen”, en que la persona se olvida del lado de la forma (el numerador de la fracción) porque quedan totalmente deslumbrados por la naturaleza pura y luminosa de la mente (el denominador de la fracción

Dime, ¿es mejor "soltar" o "aferrarse"? Por eso, el maestro tiene que aplicar la medicina para que el enfermo logre superar la enfermedad. ¿Qué hacer cuando un discípulo alcanza la iluminación y queda totalmente atrapado por ella? ¿Debe obligársele a “soltar” para volver a pisar el suelo? La enfermedad del Zen tiene cura y la ha tenido en todos los tiempos. Hoy, posiblemente un psiquiatra podría considerarla como una enfermedad mental (esquizofrenia, tal vez) y aplicarle un tratamiento innecesario. Pero la enfermedad del Zen se cura sola si la persona no se aferra a la experiencia. Y el maestro es quien sabe cómo actuar, pues es un médico del alma.

Te daré un ejemplo, ¡mira! El caso que viene es el de una persona que ha tenido la iluminación y ha caído en la enfermedad Zen. Pero es normal que esta ocurra durante un tiempo. Por sí misma, sin embargo, debería curarse poco a poco.

Caso


Tokusan llegó a Isan. Cargando su fardo bajo el brazo, entró en la sala de predicación y la recorrió de este a oeste y de oeste a este. Mirando a su alrededor, dijo: "¡Nada, nada!". Luego salió. Setchô comentó: "He visto a través de él".

Pero cuando llegó a la puerta del monasterio, Tokusan dijo: "Aun así, no debería apresurarme". Así que se vistió formalmente y volvió a entrar [en la sala] para encontrarse con Isan. Mientras Isan estaba sentado [en su lugar], Tokusan levantó su manga y dijo: "¡Maestro!". Isan estaba a punto de tomar su bastón del dharma, cuando Tokusan gritó de repente: "¡Kaatz!". Luego, se arremangó y salió. (Setchô comenta: "Lo he visto a través de él").

Dando la espalda a la sala de predicación, Tokusan se puso sus sandalias de paja y se fue. Por la noche, Isan le preguntó al monje principal: "¿Dónde está el recién llegado que llegó aquí hace un rato?". El monje principal respondió: "En ese momento, dio la espalda a la sala de predicación, se puso sus sandalias de paja y se fue". Isan dijo: "Un día ese chico subirá a la cima de un pico solitario, construirá una cabaña de paja, regañará a los budas e insultará a los patriarcas". (Setchô comenta: "Amontonando escarcha sobre nieve")


Tokusan entra con su fardo en el zendo, y camina por él de lado a lado sin la menor deferencia al maestro y a quienes están con él. Se da una vuelta mirando en derredor, y exclama “¡Nada, nada!”. ¿Qué ocurre aquí? Tokusan ha tenido la Iluminación y está obnubilado por ella. No hay nada más que la naturaleza esencial, la clara Luz, en su mente. Todavía sigue presente en él, y es comprensible su estado. Para él, en ese momento, no hay maestro ni discípulo. No hay nada más en todo el Universo que su experiencia. Es algo tan íntimo y, al mismo tiempo, tan completo, que es fácil dejarse llevar por ello. Grita “¡Nada, nada!” que es como decir, no hay nada más, no hay nada más, y anda despreocupado de un lado a otro, sin ver nada.

Los monjes allí reunidos (que eran seguramente cientos) miran con curiosidad. El maestro no dice nada. Todo es normal para él. Tokusan ha experimentado la verdadera naturaleza y lo demuestra de esa manera. No sigue las normas porque en ese estado no hay normas. Él sabe lo que hay al fondo de todo y no se deja engañar por las apariencias. Con todo, las apariencias son importantes. Setcho comenta el caso, tiempo después, y dice: "He visto a través de él". En otras palabras, “sé lo que le pasa”. Tokusan sale de la sala pero no se va del monasterio todavía.

“Cuando llegó a la puerta del monasterio, Tokusan dijo: "Aun así, no debería apresurarme". Así que se vistió formalmente y volvió a entrar [en la sala] para encontrarse con Isan”. Se viste con su hábito formalmente y entra en la sala, poniéndose frente a frente con Isan que estaba sentado en su sitio en su postura formal, con el bastón del dharma sobre el zafutón, imperturbable. Es decir, no interfiere con Tokusan. No se levanta y le pide que cese en ese comportamiento inadecuado. Lo está calando, a la perfección y sabe lo que le sucede. Y le respeta.

Mientras Isan estaba sentado [en su lugar], Tokusan dejó caer las mangas y dijo: "¡Maestro!". Isan estaba a punto de tomar su bastón, cuando Tokusan gritó de repente: "¡Kaatz!". Luego, se arremangó y salió. Es el comportamiento de alguien que está bajo los efectos de una fuerte Iluminación. No respeta nada, ni siquiera a su maestro. Le llama “¡Maestro!”, como si fuese a decirle algo, pero lo único que hace es dejar caer las mangas como diciendo, “No hay nada más que decir”. Entonces, dando la espalda a la sala de predicación, sin despedirse, ni hacer sus inclinaciones como es lo correcto, lo cual es una enorme falta de respeto. Pero Tokusan en ese momento se ve a la misma altura que el maestro, de modo que no tiene por qué hacer ninguna reverencia. Es claro que está en plena enfermedad zen que parece casi un brote esquizofrénico, pues no distingue derecha de izquierda, ni maestro de discípulo. Pero Isan no se inmuta. Todo es normal.

Por la noche, Isan le preguntó al monje principal: "¿Dónde está el recién llegado que llegó aquí hace un rato?". El monje principal respondió: "En ese momento, dio la espalda a la sala de predicación, se puso sus sandalias de paja y se fue". Isan dijo: "Un día ese chico subirá a la cima de un pico solitario, construirá una cabaña de paja, regañará a los budas e insultará a los patriarcas".

Isan demuestra ser un gran maestro. No solo no se inmuta, sino que detecta que Tokusan está bajo los efectos de una gran iluminación. Necesita tiempo para que las aguas vuelvan a su cauce, pero sabe que volverán. No hay necesidad de preocuparse. Es más, sabe que Tokusan se convertirá en un maestro Zen. De entrada, lo que se deduce de esta lectura es que Tokusan fue a un lugar (un pico solitario) y se construye una cabaña de paja y se retiró como un ermitaño: sabia decisión. No va a mezclarse con la gente e ir de aquí para allá. Necesita un tiempo de calma y meditación tranquila, él solo alejado del mundo. Es lo que han hecho casi todos los maestros de la antigüedad: vivir en solitario durante años. La iluminación debe calmarse y el agua tiene que volver a su cauce. Solo después, podrá hacer lo que todo monje iluminado hace: regañará a los budas e insultará a los patriarcas. En otras palabras, enseñará el dharma a quienes se lo pidan.

Setchô comenta: "Amontonando escarcha sobre nieve". ¿Qué quiere decir con esto? Que predicar el dharma es algo tan inútil como amontonar escarcha sobre la nieve. ¿Es eso posible? En cierto modo lo es. El maestro, cuando enseña hace algo inútil. No sirve de nada enseñar a otros, porque no hay nada que enseñar. Pero en cualquier caso, debe hacerlo, puesto que es lo que todo maestro iluminado hace: enseñar el dharma. Pero enseñar el dharma no siempre es enseñar el dharma. Enseñar el dharma es, para una persona iluminada, vivir. Ni siquiera tiene por qué tener discípulos (posiblemente lo mejor hoy en día es no tener discípulos). En aquella época, las personas buscaban iluminarse y necesitaban un maestro, no tanto para guiarles sino para ser un apoyo cuando llegasen a la iluminación, ya que lo que se necesita es eso, apoyo cuando las aguas se salen de su cauce. Eso es lo que hace un verdadero maestro. Y, de paso, da charlas sobre dharma.

Ahora bien, ¿quién es este monje, Tokusan?

Tokusan era un monje muy erudito, experto en el Sutra del Diamante, un texto que enseña que alcanzar la iluminación requiere un tiempo inmenso y una práctica extremadamente dura. Él creía firmemente en esa visión. Sin embargo, oyó que en el sur existía el Zen, que afirmaba que uno podía despertar de inmediato (kenshō). Tokusan pensó que eso era una herejía y decidió viajar para refutar a esos maestros.

En el camino entró en una casa de té. La anciana que atendía le preguntó sobre el gran fardo que llevaba, y él presumió de sus comentarios sobre el Sutra del Diamante. Ella entonces le planteó una pregunta basada en el propio sutra:
“La mente pasada no puede atraparse, la presente tampoco, la futura tampoco.
¿Con cuál de esas mentes comerá usted estos pastelillos?”

Tokusan quedó sin respuesta. Esa simple pregunta reveló que su comprensión era solo intelectual. Él comprendió que debía haber un maestro profundo en la zona, y la anciana lo envió a ver a Ryūtán. Tokusan conversó con Ryūtán hasta la noche. Cuando se iba, Ryūtán le dio un farol para iluminar el camino. En el instante en que Tokusan extendió la mano, Ryūtán apagó la luz. En esa oscuridad repentina, Tokusan despertó. Su comprensión se volvió directa, no intelectual.
Después de su iluminación, Tokusan visitó a otros maestros para poner a prueba su comprensión. Llegó a Isan, donde sucedió el episodio del koan.

Verso


Viendo a través una vez, viendo a través dos veces; Amontonando escarcha sobre nieve.
¡Qué peligroso era!
El general de la Caballería Voladora entró en el campamento enemigo;
¿Cuántos podrían regresar sanos y salvos?
Uno corre, pero el otro no lo deja pasar:
En la cima solitaria de una montaña, se sienta entre la maleza.
¡Ja!


“Viendo a través una vez, viendo a través dos veces; Amontonando escarcha sobre nieve.”
Teniendo la iluminación una vez, teniendo la iluminación dos veces… No es más que amontonar escarcha sobre la nieve. No es necesario tener la iluminación una y otra vez. Eso es inútil. No solo inútil, es una enfermedad: la enfermedad del Zen. Se puede tener la iluminación constantemente, yendo a centros de Zen, o a Templos Zen, y pasar koans en seshin. Cada koan, es una iluminación. Al final es amontonar muchísima escarcha sobre la nieve. ¿Para qué? Total… se va a derretir con el sol junto con la nieve. No sirve de nada seguir acumulando iluminaciones, kenshos o lo que sea.

¡Qué peligroso era! Era un juego peligroso sí, pero algunos aman el peligro. Unos suben montañas para alcanzar la cumbre. Otros hacen zazen para alcanzar la iluminación.

El general de la Caballería Voladora entró en el campamento enemigo; ¿Cuántos podrían regresar sanos y salvos?
El general de la Caballería Voladora es Tokusan. Entrar en el campamento enemigo es entrar en el Zendo. Allí está el maestro Isan, que es mucho más peligroso que el general. Muy pocos pueden escapar de una experiencia frente a frente con el maestro Isan. ¿Regresó Tokusan sano y salvo? Esto es un modo de alabar a Isan.

Uno corre, pero el otro no lo deja pasar: Isan no deja pasar a Tokusan. Su grito no le afecta. Ni se inmuta. Isan opta por la retirada.

En la cima solitaria de una montaña, se sienta entre la maleza: Isan va a un lugar solitario (no necesariamente el pico de una montaña), y se sienta a hacer zazen entre la maleza. Eso es todo. Tras la iluminación, zazen. Zazen fue la causa de la enfermedad, y zazen es la cura de la enfermedad. Esta enfermedad se cura con ayuno y zazen. Cuanto más grande ha sido la iluminación, más zazen hay que practicar. Una vida solitaria, como un ermitaño. Luego, cuando todo sea otra vez normal, entonces puedes predicar. Así es como yo lo veo.

¡Ja!: Así es la vida. ;)
Daido
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Re: Hekiganroku

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Caso 5: El Grano de Arroz de Seppô


Instrucción


Quienquiera que sostenga el principio de nuestra escuela debe ser una persona de espíritu noble y excelente. Solo aquellos capaces de matar a alguien sin pestañear pueden convertirse en budas allí mismo. Por lo tanto, iluminas y actúas simultáneamente, te aferras y dejas ir al mismo tiempo. La esencia y los fenómenos no son dos; los recursos y la realidad se emplean por igual.

[Sin embargo] desciendes un grado y adoptas un método secundario. Si eliminas todas las complicaciones de inmediato, los rezagados y los principiantes difícilmente podrán permanecer en el puerto.
Ayer fue así, no se pudo evitar; hoy también fue así, las transgresiones llenan el cielo.
Sin embargo, si se trata de una persona de visión clara, no se le puede engañar ni un poco. De lo contrario, seguro que caerás en la boca del tigre y perderás la vida. Te daré un ejemplo: ¡mira!


Quienquiera que sostenga el principio de nuestra escuela debe ser una persona de espíritu noble y excelente. Bueno, eso está bien. Un maestro Zen tiene que tener esas cualidades. Espíritu noble y excelente. Solo aquellos capaces de matar a alguien sin pestañear pueden convertirse en budas allí mismo. Esto en cambio chirría. Si solo cambiase una palabra, la frase sería extraordinaria y propia de la tradición del Zen: morir, en vez de matar. La frase sería muy distinta de esa manera: Solo aquellos capaces de morir sin pestañear pueden convertirse en budas allí mismo. Pero… ¡Espera! La frase primera es correcta si la decimos así: Solo aquellos capaces de matar al ego sin pestañear pueden convertirse en budas allí mismo. La iluminación es exactamente eso: matar al ego. Suena extraño, ¿verdad? ¿Es que se puede matar al ego? No, realmente. Es un modo de hablar nada más. Matar al ego es realizar simplemente que el ego no existe. Pero hasta que ocurre, parece como si se estuviese matando a alguien. Por lo tanto, iluminas y actúas simultáneamente. Es correcto. La iluminación ocurre cuando actúas, no cuando estás en la experiencia. En la experiencia no hay nadie, ni hay nada. La iluminación es salir de la experiencia, pero sin dejar la experiencia. Dicho de otro modo: Te aferras y dejas ir al mismo tiempo. O bien, La esencia y los fenómenos no son dos. Pero esto tarda en conseguirse. Los recursos y la realidad se emplean por igual. La realidad está presente, incluso cuando está ausente.

[Sin embargo] desciendes un grado y adoptas un método secundario. Descender un grado es cuando la persona iluminada sale del estado de buda para ayudar a los demás. Adoptar un método secundario es hacer lo que haya que hacer para ayudarles. Si eliminas todas las complicaciones de inmediato, los rezagados y los principiantes difícilmente podrán permanecer en el puerto. El maestro iluminado, que es quien ayuda a los demás a alcanzar la iluminación no debe complicar la vida de los principiantes en el Zen, o estos abandonarán. Ayer fue así, no se pudo evitar; hoy también fue así, las transgresiones llenan el cielo. Incluso el maestro iluminado comete errores constantemente. Sin embargo, si se trata de una persona de visión clara, no se le puede engañar ni siquiera un poco. A una persona iluminada nadie la puede engañar ni siquiera un poco. De lo contrario, seguro que caerás en la boca del tigre y perderás la vida. Si no tienes visión clara (no estás verdaderamente iluminado por más que hayas tenido experiencias de kensho) entrarás en la mente discursiva y el ego tomará las riendas. Te daré un ejemplo: ¡mira!


Caso


Seppô dijo a la asamblea: «Cuando recoges toda la gran tierra, es tan pequeña como un grano de arroz. La arrojas ante ti. Como un cubo de laca negra, no reconoces nada. ¡Toca los tambores, convoca a todo el pueblo y búscalo!»


Seppô dijo a la asamblea. Se trata de un teisho, una charla dharma para todos los monjes. Es una instrucción pública, las cuales son esenciales en un monasterio Zen, o centro Zen, o Templo Zan… Los monjes y personas que residen reciben así instrucciones muy valiosas. Pero no son sermones o divagaciones intelectuales sino que son instrucciones para llegar a la Iluminación. Cuando recoges toda la gran tierra, es tan pequeña como un grano de arroz. Recoger la gran tierra es lo que hoy se diría tomar todo el Universo. En aquella época, no se sabía gran cosa del Universo, y la Tierra era lo más grande que se concebía. Pues bien, lo más grande es tan pequeño como un grano de arroz. Cuando se entra en el estado de samadhi, no hay distinción entre grande y pequeño. Todos estos conceptos desaparecen. ¿Qué se hace entonces? La arrojas ante ti. O sea, te olvidas. No te pones a pensar en ello ¡Ni mucho menos te pones a analizarlo y entenderlo! Lo arrojas delante de ti. Como un cubo de laca negra, no reconoces nada. Un cubo de laca negra no puede verse en la oscuridad. La experiencia de samadhi es tan negra y oscura para los sentidos y el pensamiento como ese cubo. ¡Toca los tambores, convoca a todo el pueblo y búscalo! Toca los tambores como cuando se empieza en samu, dile a todo el mundo que lo busque. Diles a todos que busquen la naturaleza de Buda. ¡Nadie debe dejar de buscarla hasta que la encuentre!

Verso


Una cabeza de vaca se hunde, una cabeza de caballo emerge.
En el espejo de Sôkei no se encuentra polvo.
Toco los tambores para que mires, pero no ves.
¿Para quién florecen las flores en primavera?


En el espejo de Sôkei no se encuentra polvo. Ni una mota de polvo hay en el espejo de la naturaleza esencial propia. Toco los tambores para que mires, pero no ves. No ves. Eso no se ve. ¿Para quién florecen las flores en primavera? Las flores aparecen en Primavera, ¿quién las ve? Si ahí no hay nadie, ¿cómo puedes decir que las ves y las hueles?
Daido
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Caso 6: “Día bueno" de Unmon


Introducción

(No hay introducción en este caso)



Caso

Unmon, dando instrucciones, dijo: "No te pregunto sobre antes del decimoquinto día; tráeme una frase sobre después del decimoquinto día". Unmon mismo respondió en lugar de los monjes: "Cada día es un día bueno".
Unmon es un maestro Chan que vivió en China durante la dinastía Tang (siglos IX y X). Creó una escuela de Zen que lleva su nombre, pero que se extinguió muy pronto (en el Siglo XII). Unmon, dando instrucciones, dijo: "No te pregunto sobre antes del decimoquinto día; tráeme una frase sobre después del decimoquinto día". El decimoquinto día es el día de la luna llena, símbolo de la iluminación en el Zen. El día 30 es el día de la luna nueva, que simboliza cuando la iluminación ya ha cesado por completo. En otras ramas del budismo se dice que la iluminación, una vez se tiene, dura para siempre. Esto no es así (no es así en ninguna escuela, puesto que la Iluminación es una experiencia que después de tenerse desaparece como la luna en el cielo). Lo cierto es que la iluminación, tal y como se enseña en el budismo tibetano (pongo por caso) es un simple mito. Solo hay que ver que no hay ninguna persona que sea un “iluminado permanente”. El mito de la iluminación permanente se ha transmitido hasta nuestros días, haciendo creer a la gente que existe un estado permanente llamado “Iluminación” en el que no se sufre. Pues bien: No hay tal cosa. Pero sigamos.

Cuando una persona practica el Zen, con el Mu (siempre con la guía de un maestro, y hay muy pocos maestros capaces de guiar a alguien con el Mu en estos tiempos), esa persona pasa un tiempo difícil pero en cierto momento la luna hace aparición y comienza a crecer y crecer hasta que alcanza el tamaño de la luna llena: eso simboliza el kensho (iluminación). Después la luna comienza a decrecer en el cielo, lentamente, durante otros quince días hasta que, finalmente, desaparece por completo y la oscuridad retorna. Esto ocurre a todos los que se iluminan, y la prueba es que Unmon tiene este koan que trata sobre ese asunto: la iluminación. Unmon no pregunta sobre los primeros quince días del ciclo lunar, el tiempo en que la persona entra más y más profundamente dentro de sí misma, y llega un punto en que aparece la gran luminosidad o clara Luz del vacío. Ese es el momento inolvidable de la iluminación. Ese momento sucede a todo practicante de la escuela Zen (no de lo que, desgraciadamente, hoy vemos por ahí con ese nombre, que es básicamente un fiasco). Unmon es claro: no me interesan los primeros quince días.

Los primeros quince días son extraordinarios, sí (no tienen por qué ser quince, suelen ser muchos más). Normalmente la persona practica con el Mu meses o años hasta que tiene la experiencia de la Iluminación. Algunas personas tardan menos, y otras tardan mucho más. Y, las hay que no llegan nunca a la iluminación, por más tiempo que practican. ¿Por qué esto es así? No puede saberse. No siempre es porque la persona no practica bien (en realidad no existe un “practicar bien o mal”). No pueden saberse las razones por las que muchas personas no consiguen nunca alcanzar la iluminación, a pesar de poner toda la carne en el asador, pero mi opinión es que realmente no la ponen. Porque si la pusieran, la iluminación (el kensho) ocurriría con toda probabilidad. Justo es reconocer que no todos los kensho son iguales (aunque no pueden compararse entre sí, por ser algo subjetivo). Pero algunos son aparentemente más grandes que otros. Con todo, el kensho es kensho, sea grande o pequeño.

Hoy, el Zen ha degenerado muchísimo. El Soto Zen, especialmente, ha degenerado de un modo enorme tanto en oriente como en occidente. Es simplemente penoso ver el calibre de las “escuelas zen” Soto en occidente. En la opinión de quien esto escribe (que lleva practicando cuatro décadas el Zen) algunas se mantienen a un cierto nivel pero otras causan verdadera pena. Se dice que la práctica de los koan es algo que se hace en la escuela Rinzai solamente, cosa que no es enteramente cierta, porque hay maestros Soto que los practican. Pero es verdad que es algo aislado. Desde los tiempos de Dogen (que sí practicó con los koan) en la escuela Soto empezó a implantarse el error de que la única práctica que había que hacer era shikantaza (simplemente sentarse) y es lo que se practica hoy en día en montones de lugares de dicha escuela. Pero esa práctica, en casi todos los casos, es una práctica muerta que no guarda ya ninguna relación ya Zen. Es mindfulness. El Zen está al borde de la desaparición por desgracia.

Pero volvamos a nuestro caso. Unmon no quiere saber nada de la experiencia de los primeros quince días hasta que se llega a la luna llena. Quiere saber sobre el tiempo que viene después. Quiere saber sobre todo qué es lo que pasa cuando la luna desaparece por completo y vuelve la oscuridad. ¿Regresa todo a la situación que había, cuando no se había empezado la práctica del koan? ¿Queda la persona otra vez perdida en divagaciones y en falsos conceptos? Porque cuando la luna brilla, no hay conceptos pero cuando no hay luna los conceptos vuelven. Si el ciclo vuelve a empezar, entonces ¿de qué ha servido la iluminación? ¿Es una simple experiencia pasajera como ocurre con ciertas drogas psicodélicas que provocan una suerte de kensho pasajero y nada más? No. El kensho no es una experiencia de ese tipo. No hay droga alguna de por medio. El kensho es una experiencia que tiene un fruto, y el fruto es lo que importa, no la experiencia.

La persona que tiene el kensho (un kensho real, no un pequeño fogonazo) debe dar cuenta del fruto, no de la experiencia. La luna llena en el cielo es maravillosa, ya lo sabemos. Unmon habría tenido el kensho no una, sino muchas veces. Las personas que practican durante largos años han visto repetido el ciclo de la luna repetidas veces pero los principiantes que lo han visto una sola vez, entran en confusión muchas veces cuando ven que la luna entra en cuarto menguante y desaparece del todo. Ahí es donde el maestro insiste que hay que seguir y esperar que se de el fruto. Y, el fruto llega. ¿Cuál es el fruto?

Unmon mismo respondió en lugar de los monjes: "Cada día es un día bueno". ¿No hay días malos? ¿Quiere esto decir que siempre estaremos en un estado de felicidad? Si te rompes una pierna, no puedes decir que estés en ese estado. Si pierdes un hijo, mucho menos. Si te dicen que tienes cáncer, tampoco.

No hay modo de comprender las cosas hasta que se llega a un estado de madurez con la práctica. Si la luna llena ha brillado en el cielo, se ha alcanzado un estado que no puede volver atrás. No puede olvidarse aquello que se sabe desde el fondo. Pero es como una semilla, que se planta en el suelo: tarda en germinar, pero luego crece y crece con cada ciclo lunar. Y la semilla da un árbol grande y frondoso que ofrece frutos. Esa semilla, está ahí siempre. Lo que pasa es que no se la riega ni se la cuida y la semilla puede no brotar en mucho tiempo. Y, cuando brota, puede que se agoste por falta de riego y cuidados. Pero si la cuidamos, si la mantenemos regada, abonada… La semilla da fruto. Ese fruto es el “cada día es un día bueno” de Unmon.

Verso

Tira uno, toma siete.
Arriba y abajo, en las cuatro direcciones, eres incomparable.
Lentamente te adentras en un arroyo,
apagando sus sonidos;
libremente observas un pájaro volando,
trazando la trayectoria de su vuelo.
La hierba está cubierta de maleza, la niebla se cierne sobre ti.
Subhuti se sienta en la cueva rocosa, ¡y he aquí una lluvia de flores!
Chasqueo los dedos: ¡Qué lamentable es Shunyata!
¡No te muevas! ¡Si lo haces, treinta golpes!
El poema es largo y encierra varios koan que no van a ser tratados aunque nombraremos dos. Este: Lentamente te adentras en un arroyo, apagando sus sonidos; y este: libremente observas un pájaro volando, trazando la trayectoria de su vuelo. Estos dos koan aparecen en la colección Miscelánea. Son koan demostrativos después de haber pasado el Mu. No son koan que encierren ningún conocimiento específico y se pasan mostrándolos sin palabras.
Última edición por Daido el 21 Feb 2026 11:53, editado 2 veces en total.
Daido
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Re: Hekiganroku

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Caso 7: Echô pregunta sobre Buda



Instrucción:

“La frase que precede a la voz no puede ser transmitida, ni siquiera por los mil sabios. Si no te has familiarizado con ella personalmente, es como si estuvieras a tres mil mundos de distancia. [Pero] incluso si has alcanzado lo que precede a la voz y has cortado las lenguas de todos los que viven bajo el cielo, aún no eres tan brillante. Por lo tanto, se dice: El cielo no puede cubrirlo, la tierra no puede contenerlo, el espacio vacío no puede contenerlo, el sol y la luna no pueden iluminarlo. Cuando te consideras el único Honrado en el lugar sin Buda, entonces, por primera vez, lo estás tocando un poco. Si aún no has alcanzado esta etapa, debes comprenderlo completamente, con la punta de un cabello, y emitir una gran luz; en todas direcciones, debes ser completamente libre respecto al dharma. Entonces, no importa lo que emprendas, no habrá nada que no te convenga”. Pero dime, ¿qué logras, que es tan extraordinario?

La frase que precede a la voz no puede ser transmitida, ni siquiera por los mil sabios. ¿Qué precede a la voz? ¿Es una frase? No. Lo que precede a la voz es la naturaleza de Buda y eso no puede ser transmitido ni siquiera por miles de sabios. Si no te has familiarizado con ella personalmente, es como si estuvieras a tres mil mundos de distancia. Si no has llegado al kensho de un modo total, estás a una distancia infinita de tu verdadero Yo. [Pero] incluso si has alcanzado lo que precede a la voz y has cortado las lenguas de todos los que viven bajo el cielo, aún no eres tan brillante. Pero incluso si has tenido el kensho aún tienes que madurarlo. Por lo tanto, se dice: El cielo no puede cubrirlo, la tierra no puede contenerlo, el espacio vacío no puede contenerlo, el sol y la luna no pueden iluminarlo. El verdadero Yo (o naturaleza de Buda) es infinito y eterno. Cuando te consideras el único Honrado en el lugar sin Buda, entonces, por primera vez, lo estás tocando un poco. Cuando tienes el kensho estás empezando apenas a tocarlo. Si aún no has alcanzado esta etapa, debes comprenderlo completamente, con la punta de un cabello, y emitir una gran luz; en todas direcciones, debes ser completamente libre respecto al dharma. Si aún no has llegado al kensho debes alcanzarlo cuanto antes y ser una Luz que se emite en todas direcciones y ser completamente libre respecto de todos los dogmas. Entonces, no importa lo que emprendas, no habrá nada que no te convenga. Entonces, hagas lo que hagas, todo estará bien.

“De nuevo, pregunto: ¿lo entienden todos? Nadie conoce el sudor de los corceles del pasado; la victoria trascendental debe ser discutida a fondo una vez más. Dejando de lado el presente asunto por un momento, ¿qué hay del koan de Setchô? Mira el escrito a continuación”.


De nuevo, pregunto: ¿lo entienden todos? Vuelvo a preguntar, ¿está claro? Nadie conoce el sudor de los corceles del pasado. Nadie sabe por lo que han pasado los que han tenido antes la iluminación. La victoria trascendental debe ser discutida a fondo una vez más. La iluminación debe volver a ser discutida a fondo. Dejando de lado el presente asunto por un momento, ¿qué hay del koan de Setchô? Dejando de lado el asunto del kensho por ahora, ¿qué pasa con el koan de Setcho (el presente koan)?

Caso


Un monje le preguntó a Hôgen: «Echô te pregunta, Maestro, ¿qué es Buda?» Hôgen respondió: «Tú eres Echô».


Un monje fue a Hogen y le preguntó del siguiente modo “Echo te pregunta, Maestro, ¿qué es Buda?” El monje se llamaba Echo, evidentemente. Resulta un modo chocante de preguntar. En español, se hubiese dicho simplemente ¿Qué es Buda? El monje es chino y lo que dijo quizás fuese un modo cortés de preguntar. La pregunta tiene profundidad. No es pedirle que le explique lo que es Buda. En el Zen las explicaciones están fuera de lugar. Si lo trasladamos a nuestro lenguaje, es como preguntar a un místico cristiano ¿Qué es Dios? Podría haber una respuesta kilométrica de conceptos, lo cual no nos acercaría ni un milímetro a Dios. El maestro Zen, al escuchar la pregunta del monje, no responde con conceptos, sino que su respuesta es simple: “Tú eres Echo”. Esa respuesta misma es Buda. (O, Dios)

Esto puede sorprender. ¿Decir “Tú eres Echo” es Buda?” Sí, pero solo si el que lo pronuncia sabe qué es Buda, es decir, ha tenido el kensho (la iluminación). Es imposible explicar esto. Es de esperar que el que lo lee llegue al kensho y lo comprenda, no de un modo intelectual, sino con toda el alma.

Verso

En la tierra del Río,
El viento primaveral apenas sopla.
Las perdices cantan
En lo profundo de las flores.
En la cascada de tres niveles donde las olas son altas,
Las carpas se convierten en dragones [y se elevan al cielo];
Los tontos todavía lo buscan en el agua del estanque en la oscuridad.
Los tontos todavía lo buscan en el agua del estanque en la oscuridad. Los tontos buscan a Buda en los Sutras. Pero en los Sutras no está Buda. Por eso no lo encuentran. Al contrario, cuanto más lo buscan en los Sutras, más se alejan de él.
Daido
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Re: Hekiganroku

Mensaje por Daido »

CASO 8: Las Cejas de Suigan


Instrucción

Cuando hayas alcanzado la realización, podrás usar libremente [de todo] en el camino, como un dragón que se lanza al agua o un tigre que vaga por su montaña. Cuando aún no has alcanzado la realización, permaneces a la deriva en las cosas mundanas; [eres] como un carnero [cuyos cuernos están] atrapados en el seto, o como alguien que observa un tocón esperando una liebre. A veces, una sola frase es como un león agazapado en el suelo; a veces es como la espada del tesoro de diamantes. A veces corta las lenguas de todas las personas bajo el cielo; a veces sigue las olas y persigue las olas. En cuanto a aquellos que pueden usar libremente [de todo] en el camino, cuando dos de ellos se encuentran, que son amigos íntimos, sus estados mentales se corresponden entre sí; Saben mutuamente lo bueno o malo [del otro] y lo atestiguan respectivamente. Si [por otro lado] te encuentras con alguien que anda a la deriva en las cosas mundanas, debes tener un ojo para cortar las diez direcciones sentándote, parado como un acantilado de trescientos metros. Por lo tanto, se ha dicho que cuando una gran actividad se manifiesta, no existen reglas fijas. A veces usas una brizna de hierba como el cuerpo dorado de cinco metros [del Buda]; a veces usas el cuerpo dorado de cinco metros como una brizna de hierba. Ahora dime: ¿En qué principio se basa esto? ¿Lo entiendes claramente? Intentaré presentar un caso, ¡mira!
Cuando hayas alcanzado la realización, podrás usar libremente [de todo] en el camino, como un dragón que se lanza al agua o un tigre que vaga por su montaña”. Cuando alcances la realización serás libre para hacer lo que quieras. “Cuando aún no has alcanzado la realización, permaneces a la deriva en las cosas mundanas; [eres] como un carnero [cuyos cuernos están] atrapados en el seto, o como alguien que observa un tocón esperando una liebre”. Si aún no has alcanzado la realización eres arrastrado por la corriente como si fueses un tronco; estás atrapado en un seto como un carnero, sin poder escapar por mucho que lo intentes; eres como alguien que espera que salte la liebre, sin ningún control sobre cuándo y cómo lo hará. “A veces, una sola frase es como un león agazapado en el suelo; a veces es como la espada del tesoro de diamantes”. Una sola frase puede cambiar las cosas y hacer milagros. “A veces corta las lenguas de todas las personas bajo el cielo; a veces sigue las olas y persigue las olas”. Una sola frase puede dejar mudos a quienes escuchan; otras es solo una frase sin importancia entre muchas otras. “En cuanto a aquellos que pueden usar libremente [de todo] en el camino, cuando dos de ellos se encuentran, que son amigos íntimos, sus estados mentales se corresponden entre sí”. Los maestros de Zen son aquellos que pueden usar libremente cualquier cosa en el camino. Entonces, cuando dos maestros se encuentran, si han alcanzado los dos el estado del despertar, ambos comprenden al mismo tiempo sin hablarse. “Saben mutuamente lo bueno o malo [del otro] y lo atestiguan respectivamente”. Entienden al mismo tiempo sin necesidad de palabras. “Si [por otro lado] te encuentras con alguien que anda a la deriva en las cosas mundanas, debes tener un ojo para cortar las diez direcciones sentándote, parado como un acantilado de trescientos metros”. Si te encuentras con alguien zarandeado de un lado a otro por sus pensamientos que no cesan, debes saber cortar sus divagaciones mentales en cualquier circunstancia. “Por lo tanto, se ha dicho que cuando una gran actividad se manifiesta, no existen reglas fijas”. Un verdadero maestro Zen no actúa de acuerdo a ninguna regla. “A veces usas una brizna de hierba como el cuerpo dorado de cinco metros [del Buda]; a veces usas el cuerpo dorado de cinco metros como una brizna de hierba.” A veces una brizna de hierba es un Buda y otras un Buda es una brizna de hierba. “Ahora dime: ¿En qué principio se basa esto? ¿Lo entiendes claramente?” ¿Sabes lo que pasa cuando alcanzas la iluminación? ¿Puedes entender lo que es la iluminación? (¡NO!) “Intentaré presentar un caso, ¡mira!” Veamos.

Caso

Al final del verano [período de práctica], Suigan habló a la asamblea, diciendo: "Durante todo el verano les he predicado, hermanos. Miren, ¿todavía tengo cejas?" Hofuku dijo: "El corazón del ladrón está aterrorizado". Chôkei dijo: «Están ahí». Unmon dijo: «¡Kan!».
Terminado el Ango de verano, en que los monjes se juntan para practicar el Zen, Suigan se dirigió a la asamblea diciendo "Durante todo el verano les he predicado, hermanos. Miren, ¿todavía tengo cejas?" En la antigua China se decía que alguien que mentía perdía las cejas. Suigan ha estado dando teishos a los monjes y les pregunta si todavía tiene cejas. En otras palabras, da a entender que el Dharma no puede predicarse y, si se predica, lo único que se dice son mentiras. Es un modo de enseñar a los monjes que la realidad esencial no puede descubrirse oyendo discursos o leyendo Sutras o cualquier otro tipo de libros de budismo. Entonces, Hofuku (un maestro Zen que está haciendo el Ango) dice "El corazón del ladrón está aterrorizado". Le está llamando ladrón, ¿por qué le insulta? No le insulta. El maestro de Zen es un ladrón, que roba lo bueno y lo malo. O sea, roba todos los conceptos. Chokei (otro gran maestro) dice «Están ahí». ¿Qué está ahí, las cejas? ¡No! La naturaleza de Buda está ahí. Unmon dijo: «¡Kan!». Kan significa Barrera, pero Unmon no lo usa como concepto sino que grta ¡Kan! Kan mismo es Buda.

Verso

Suigan dio una instrucción a sus monjes:
Sin respuesta durante miles de años.
La palabra «barrera» responde:
Si pierdes dinero, serás castigado como un criminal.
El decrépito Hofuku, ¿lo elogió o lo reprendió?
El charlatán Suigan es evidentemente un ladrón:
La joya blanca no tiene defectos;
¿Quién puede saber si es genuina o falsa?
Chôkei lo sabía muy bien: ¡Las cejas están ahí!
El decrépito Hofuku, ¿lo elogió o lo reprendió? “El corazón del ladrón está aterrorizado” no es ni un elogio ni lo contrario. El maestro Zen es el ladrón de conceptos, ¿por qué iba a estar aterrorizado? Un maestro Zen, cuando enseña el Dharma, siempre está aterrorizado porque el Dharma no se puede enseñar. Es imposible enseñarlo, y sin embargo lo enseña. Si no estuviese aterrorizado no sería un maestro Zen.

“El charlatán Suigan es evidentemente un ladrón: La joya blanca no tiene defectos”. Es un ladrón sí. El maestro Zen es un ladrón que te roba lo bueno y lo malo. Deja tu mente limpia de conceptos. Y entonces la Verdad brilla en silencio.
JLZaragoza
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Re: Hekiganroku

Mensaje por JLZaragoza »

"Unmon, dando instrucciones, dijo: "No te pregunto sobre antes del decimoquinto día; tráeme una frase sobre después del decimoquinto día". El decimoquinto día es el día de la luna llena, símbolo de la iluminación en el Zen. El día 30 es el día de la luna nueva, que simboliza cuando la iluminación ya ha cesado por completo. En otras ramas del budismo se dice que la iluminación, una vez se tiene, dura para siempre. Esto no es así (no es así en ninguna escuela, puesto que la Iluminación es una experiencia que después de tenerse desaparece como la luna en el cielo). Lo cierto es que la iluminación, tal y como se enseña en el budismo tibetano (pongo por caso) es un simple mito. Solo hay que ver que no hay ninguna persona que sea un “iluminado permanente”. El mito de la iluminación permanente se ha transmitido hasta nuestros días, haciendo creer a la gente que existe un estado permanente llamado “Iluminación” en el que no se sufre. Pues bien: No hay tal cosa".

Gracias por la aclaración, Daido. Si en su día me hubiera dicho esto mi maestro zen de entonces, seguramente mi crisis zen no hubiera sido tan intensa.
ada123123
Kan Shan
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Re: Hekiganroku

Mensaje por Kan Shan »

Daido escribió: 21 Feb 2026 11:47
Caso 6: “Día bueno" de Unmon


Introducción

(No hay introducción en este caso)



Caso

Unmon, dando instrucciones, dijo: "No te pregunto sobre antes del decimoquinto día; tráeme una frase sobre después del decimoquinto día". Unmon mismo respondió en lugar de los monjes: "Cada día es un día bueno".
...

Pero volvamos a nuestro caso. Unmon no quiere saber nada de la experiencia de los primeros quince días hasta que se llega a la luna llena. Quiere saber sobre el tiempo que viene después. Quiere saber sobre todo qué es lo que pasa cuando la luna desaparece por completo y vuelve la oscuridad. ¿Regresa todo a la situación que había, cuando no se había empezado la práctica del koan? ¿Queda la persona otra vez perdida en divagaciones y en falsos conceptos? Porque cuando la luna brilla, no hay conceptos pero cuando no hay luna los conceptos vuelven. Si el ciclo vuelve a empezar, entonces ¿de qué ha servido la iluminación? ¿Es una simple experiencia pasajera como ocurre con ciertas drogas psicodélicas que provocan una suerte de kensho pasajero y nada más? No. El kensho no es una experiencia de ese tipo. No hay droga alguna de por medio. El kensho es una experiencia que tiene un fruto, y el fruto es lo que importa, no la experiencia.

La persona que tiene el kensho (un kensho real, no un pequeño fogonazo) debe dar cuenta del fruto, no de la experiencia. La luna llena en el cielo es maravillosa, ya lo sabemos. Unmon habría tenido el kensho no una, sino muchas veces. Las personas que practican durante largos años han visto repetido el ciclo de la luna repetidas veces pero los principiantes que lo han visto una sola vez, entran en confusión muchas veces cuando ven que la luna entra en cuarto menguante y desaparece del todo. Ahí es donde el maestro insiste que hay que seguir y esperar que se de el fruto. Y, el fruto llega. ¿Cuál es el fruto?

Unmon mismo respondió en lugar de los monjes: "Cada día es un día bueno". ¿No hay días malos? ¿Quiere esto decir que siempre estaremos en un estado de felicidad? Si te rompes una pierna, no puedes decir que estés en ese estado. Si pierdes un hijo, mucho menos. Si te dicen que tienes cáncer, tampoco.

No hay modo de comprender las cosas hasta que se llega a un estado de madurez con la práctica. Si la luna llena ha brillado en el cielo, se ha alcanzado un estado que no puede volver atrás. No puede olvidarse aquello que se sabe desde el fondo. Pero es como una semilla, que se planta en el suelo: tarda en germinar, pero luego crece y crece con cada ciclo lunar. Y la semilla da un árbol grande y frondoso que ofrece frutos. Esa semilla, está ahí siempre. Lo que pasa es que no se la riega ni se la cuida y la semilla puede no brotar en mucho tiempo. Y, cuando brota, puede que se agoste por falta de riego y cuidados. Pero si la cuidamos, si la mantenemos regada, abonada… La semilla da fruto. Ese fruto es el “cada día es un día bueno” de Unmon.

Verso

Tira uno, toma siete.
Arriba y abajo, en las cuatro direcciones, eres incomparable.
Lentamente te adentras en un arroyo,
apagando sus sonidos;
libremente observas un pájaro volando,
trazando la trayectoria de su vuelo.
La hierba está cubierta de maleza, la niebla se cierne sobre ti.
Subhuti se sienta en la cueva rocosa, ¡y he aquí una lluvia de flores!
Chasqueo los dedos: ¡Qué lamentable es Shunyata!
¡No te muevas! ¡Si lo haces, treinta golpes!
El poema es largo y encierra varios koan que no van a ser tratados aunque nombraremos dos. Este: Lentamente te adentras en un arroyo, apagando sus sonidos; y este: libremente observas un pájaro volando, trazando la trayectoria de su vuelo. Estos dos koan aparecen en la colección Miscelánea. Son koan demostrativos después de haber pasado el Mu. No son koan que encierren ningún conocimiento específico y se pasan mostrándolos sin palabras.
Muy bella representación de la verdad que encierra este Koan, me he sentido muy identificado. Aunque es dífícil medir la profundidad de la experiencia del despertar (Satori), porque como bien dices es la subjetivivdad absoluta, uno puede "entender" el significado que intenta transmitir a partir de la propia experiencia, y por sobre todo, en el símil de la semilla y el fruto (la práctica continua). Muchas gracias por compartir.

ada123123
Última edición por Kan Shan el 24 Feb 2026 12:42, editado 1 vez en total.
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