Buen día a todos.
Quería compartirles algunas reflexiones en torno a la naturaleza y propósito de la meditación buddhista, principalmente desde una perspectiva que podría considerarse cercana al buddhismo theravada y al secular, aunque ciertamente refleja rasgos idiosincrásicos míos (por lo que cada quien habrá de juzgar el valor de estas ideas)
En un mensaje posterior compartiré varias de las fuentes (muchas externas al canon pali) que inspiraron algunas de las posiciones sostenidas. Buena parte de estas ideas es fruto de la (limitada) experiencia personal y de la reflexión.
El propósito de compartir esto es doble:
1) Ayudar a proveer un marco teórico potencialmente útil para comprender la práctica de la meditación.
2) Dar un piso para discusiones que puedan mejorar y corregir estas ideas.
Sostengo que el valor de la reinterpretación es que esta dota de lenguaje vivo que conecte con cada nueva generación. Sin embargo, atender a esas formas de lenguaje vivo, de no complementarse con el estudio de los textos canónicos fundacionales y con la práctica viva, puede llevar al peligro de la pérdida del sentido originario.
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Habrá cuatro significados con los que se empleará el término 'meditación':
Meditación¹ (M¹):
M¹ incluye tanto lo que en la taxonomía Theravada se conoce como los cuatro jhanas y los aruppas, y que suelen clasificarse bajo Samma Samadhi.
Lo que ocurre en estos ejercicios y procesos es la desactivación gradual y temporal de ciertos contenidos y/o funciones cognitivas: la atención a lo externo, el monólogo interno y la reflexión, el goce, el tono afectivo positivo y negativo, los contenidos de conciencia, entre otros.
Concomitantemente, según sea el nivel de profundización del estado meditativo¹, ocurre el surgimiento de ciertos estados. Entre ellos, los principales son el goce y ciertos signos cuasi-perceptuales.
Entre las finalidades de estos ejercicios se hallan:
i) Poder entrenar la capacidad de dejar ir y desactivar temporalmente los contenidos y funciones cognitivas;
ii) Poder entrenar la capacidad de dejar ir y abandonar temporalmente la búsqueda de estados sensoperceptuales y del yo determinados y específicos;
iii) Lograr estados de paz temporales producto de lograr las finalidades anteriores;
iv) Aumentar el desapego espontáneo por la búsqueda de estados sensoperceptuales y del yo determinados, producto de haber logrado suficiente paz de la finalidad anteriormente señalada.
v) Debilitar progresivamente las condiciones que perpetúan el apego a, y la búsqueda de estados sensoperceptuales y del yo determinados
Entre las condiciones que facilitan la profundización de los estados M¹, se halla el cultivo de M² y M³, junto con los otros factores del Óctuple Sendero.
En términos muy generales, para alcanzar progresivamente las fases en cuestión, se dirige la atención de manera gentil y persistente a algún elemento (e.g. la respiración con su ritmo espontáneo) que permita unificar y calmar los procesos mentales, mediante el reconocimiento de estados obstaculizantes o meditativamente beneficiosos en cuanto aparezcan, dejandolos ir o manteniéndolos (sin apego) respectivamente.
Meditación² (M²):
M² incluye lo que en la taxonomía Theravada se subsume bajo los cuatro satipatthana.
Lo que ocurre en estos ejercicios es la formación de clasificaciones conceptuales que permiten reconocer aspectos experienciales y fenomenológicos relevantes para el entrenamiento buddhista. Además, tras la formación de esos conceptos de clasificación, se emplean estos durante diferentes contextos y actividades, tanto de la vida diaria como de la práctica deliberada de la dirección de la atención hacia ciertos aspectos de la experiencia (por ejemplo, la respiración con sus modos de manifestación, o el caminar con sus fases).
El cultivo de estas prácticas facilitará el cultivo de M¹, por permitir tener conciencia de lo que surge en esas prácticas M¹ para luego dejarlo ir o mantenerlo, según el perjuicio o beneficio que lo atendido traiga. Además, estas prácticas aumentan la autoconciencia general, lo que permite pensar, hablar y actuar de manera más adecuada y virtuosa, respecto de los objetivos de la práctica buddhista. Finalmente, estas prácticas permiten reconocer de primera mano y con atención las relaciones causa-efecto positivos o negativos (respecto del entrenamiento buddhista) que tiene el involucrarse en, o dejar ir ciertos cursos de acción, lo que modifica las creencias y juicios valorativos que uno tenga de esos cursos de acción.
Lo que ocurre en estas prácticas es el aumento de la conciencia de la presencia o ausencia de los rasgos atendidos y de los efectos de dicha presencia o ausencia; de la memoria que se tenga de sus ocurrencias previas y de los efectos de estas; y de la comprensión que hay sobre la naturaleza de esos rasgos.
Entre esos rasgos a atender se hallan:
i) Las posiciones del cuerpo o de ciertos aspectos corporales (por ejemplo, lo calmo o agitado de la respiración)
ii) El tono afectivo positivo, negativo o neutro que acompañe a lo que se presente
iii) Las características de los pensamientos (por ejemplo, las emociones que se presenten, o lo agitado o calmo de lo los pensamientos, aunque no el contenido lingüístico o imaginativo específico de estos)
iv) Ciertas clasificaciones buddhistas relevantes: la presencia o ausencia de los obstáculos de la meditación (por ejemplo, el deseo sensoperceptual, el letargo, la pereza, etc.); los factores del despertar; la aversión hacia, el abandono y cese de la búsqueda sensoperceptual y de estados del yo, y el surgimiento de la paz producto de ese cese, etc.
En términos generales, lo que se hace en estas prácticas es dirigir la atención hacia las cuatro clases de rasgos experienciales señalados, primero secuencialmente y durante inatancias dedicadas a estos ejercicios meditativos, y posteriormente, a lo largo de la vida ordinaria. Si bien estos ejercicios emplean conceptos para clasificar, el uso de esos conceptos no siempre ha de requerir etiquetas explícitas mediante el uso del monólogo interno (por ejemplo, diciéndose uno mismo "aquí surgió un tono positivo"), pues a medida que se practica el reconocimiento de los rasgos atendidos y clasificados, más fácil es volver a reconocerlos de manera sutil y espontánea cuando surjan y cese, sin requerir de la etiqueta explícita dicha internamente.
Eventualmente, las clasificaciones se vuelven naturales en su aplicación, transformándose en el trasfondo siempre vigente (de fondo) bajo el cual se percibe la experiencia en general.
Meditación³ (M³):
M³ incluye la práctica de los elementos que la taxonomía Theravada clasifica como Brahmaviharas.
Estos ejercicios consisten en la evocación de ciertos estados virtuosos, que en su presencia potencian otras cualidades virtuosas y debilitan estados viciosos.
Entre los estados virtuosos a evocar hallan la amabilidad, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad.
La finalidad del cultivo de estas cualidades es el facilitamiento del abandono de las condiciones del apego, como también la transformación de las creencias y del afecto en torno a los otros y su relación con nosotros, lo cual debilita profundamente el apego a estados determinados del yo y el deseo atractivo o repulsivo relativo a los otros.
La forma general de poner en práctica estas virtudes es mediante la evocación deliberada gentil de esos estados afectivos. Inicialmente, esto puede requerir la intervención más activa de la reflexión y la imaginación; y posteriormente, a medida que el practicante se habitúa a su presencia, se evocan esos estados sin mayor mediación.
Meditación⁴ (M⁴):
M⁴ consiste en la reflexión moderada (no excesivamente filosófica y libre) en torno a ciertos aspectos doctrinales y prácticos útiles de tener siempre en mente, respecto a los objetivos de la práctica buddhista.
Incluye múltiples elementos de la taxonomía Theravada:
i) Las virtudes del Buddha, el Dharma y el Sangha
ii) Las tres características de la impermanencia, la insustancialidad fija del yo, y la insatisfactoriedad de lo condicionado
iii) Los aspectos repulsivos usualmente ignorados en lo que nos parece bello, como la ocurrencia eventual de la vejez y la muerte, o la presencia de aspectos anatómicos y fisiológicos que suelen mantenerse ocultos (por ejemplo, las secreciones y los desechos del cuerpo).
La finalidad de estos ejercicios meditativos es la modificación de las creencias y los juicios valorativos, de manera semejante a M¹, ² y ³, pero con mayor mediación de la reflexión (aunque siempre moderada en su aplicación). Las creencias y valoraciones se inclinan y se alinean hacia la doctrina buddhista, lo que facilita la ejecución de todas las demás prácticas. Pese a que la Recta Visión puede surgir sin instancias específicas de la mediación reflexiva, ciertamente la reflexión aumenta la comprensión, siempre y cuando se diriga sabiamente.
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Subsumo todas estas prácticas bajo el término 'meditación' no por mero capricho, sino porque creo que todas comparten ciertos parecidos de familia que han llevado espontaneamente a muchos teóricos y practicantes a incluirlas en ese cajón de sastre.
Más importante que el término, creo que lo relevante es entender las prácticas designadas por el término, su naturaleza, sus diferencias, sus semejantes, sus funciones, su complementariedad, etc.
Como todo en el Óctuple Sendero, estas formas meditativas se complementan entre sí, y todas se requieren en mayor o menor medida para eliminar progresivamente las cadenas que atan al Samsara y alejan del Nirvana.
Las distintas escuelas buddhistas enfatizarán una u otra práctica meditativa. Es importante recordar que muchos de los grandes maestros de las distintas escuelas no solo se dedicaban a una de ellas, como puede notarse en sus reflexiones teóricas que acompañaban a sus insistencias sobre dedicarse a cultivar las otras prácticas buddhistas.
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Recibiré con mucho agradecimiento cualquier corrección, profundización u observación.
Saludos cordiales.