Entonces, el maestro interior es como una luz que nos guía. Si aprendemos a ser conscientes de su presencia, nos sentiremos siempre guiados. En este caso, no habrá necesidad de encontrar ningún maestro externo. Pero por lo general, el maestro interior no despierta sin la ayuda de un maestro exterior.
Tanto los budistas tibetanos, como los zen, suelen ir a buscar la ayuda de un maestro, para aprender a meditar. Hoy en día, podemos aprender por libros, quizás, pero esto sería insuficiente al cabo de un tiempo, y habría que buscar la ayuda de alguien que llevara algunos años practicando, y que fuese un poco experimentado ya, que hubiese sido guiado por alguien, a su vez.
Si se toma la meditación como un ejercicio para estar mejor, física y mentalmente, no se necesita mas que la ayuda de un simple instructor. Estos no son difíciles de encontrar hoy en día. En todos los centros de meditación hay personas así.
Es cuando alguien decide emprender el Camino (el Tao), cuando verdaderamente necesita la iniciación y la guía de un verdadero maestro (no un simple instructor). Emprender el Camino, significa buscar la iluminación o, si se quiere, conocer la Verdad.
En mi caso, empecé a buscar con el budismo tibetano. En retrospectiva, puedo ver que hubieron dos lamas que me ayudaron ciertamente. Otro, en cambio, me confundió. Yo entonces no sabía gran cosa sobre la importancia de un maestro. Se hablaba mucho del lama raíz y cosas así. El budismo tibetano está plagado de fantasías sobre esos temas entre otros.
Fue cuando entré en le zen, que tome una maestra de verdad, nada exótica, pues era occidental, española y religiosa católica. Ella me inició en la práctica del koan Mu. Sin ella, la práctica del koan hubiese sido imposible. Con su certera guía, obtuve un kensho inicial. Más tarde hubo otros, hasta llegar a uno profundo. A partir de ahí, despertó, puede decirse, el maestro interior.
No obstante, el maestro exterior es en el zen importante, incluso después de tales experiencias. Incluso Tangen Harada Roshi me dijo una vez que o debía buscar un maestro a mi vuelta, porque "necesitas guía", me dijo. Efectivamente, incluso hoy, sigo teniendo un maestro, al que contacto a veces por teléfono, y su guía siempre me resulta importantísima.
Recomiendo a todo el mundo que, si quiere seguir el camino, seriamente, encuentren un guía. Nada más. Gracias por vuestra atención