Una vez me quedé atrapado en un ascensor. Fue sólo media hora y no fue agradable, entre otras cosas porque era la planta sótano y mi viejo nokia no tenía cobertura. No quiero ni imaginar lo que tuvo que pasar la mujer de la noticia que sigue. Me resulta imposible conciliar este estercolero con la idea de un dios personal y providente. La declaración de que 'sus caminos no son nuestros caminos' siempre me pareció la excusa de un mal pagador, el delirante subterfugio de quien no quiere mirar a los hechos tal y como son.
"Haber perdido a mi esposo me duele más que haber perdido mi mano derecha": el testimonio de Nayarit Colmenares, la mujer amputada tras los terremotos en Venezuela
Nayarit Colmenares vivía en el piso 4 de un edificio que se desplomó en La Guaira, al norte de Venezuela.
Valentina Oropeza BBC News Mundo 19 agosto 2026
Nayarit Colmenares estuvo sepultada dos días. Cegada por la oscuridad, olía cemento, pintura y gas. Al escuchar el agua que corría por los escombros, pensaba que se ahogaría. Y cuando tanteaba su entorno, se cortaba con puntas afiladas que no podía ver.
Un calor interno abrasaba el lado derecho de su cuerpo, que había quedado aprisionado. Aunque empujaba con todas sus fuerzas para liberar la mano y la pierna derecha, el peso que la aplastaba no se movía.
A las 7:00 de la noche del miércoles 24 de junio, sonó la alarma que había programado en su celular para hacer un curso de inteligencia artificial con su esposo Henry.
Gracias a esa alarma descubrió que había pasado cerca de una hora desde que el apartamento se les había venido encima.
Nayarit y Henry vivían en el piso 4 del edificio Palmar Este 1, ubicado en Caraballeda, una de las zonas de La Guaira más devastadas por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que habían sacudido el norte de Venezuela a las 6:05 de la tarde.
El edificio Palmar Este 1, donde vivían Nayarit y Henry, antes y después de los terremotos en La Guaira.
"El dolor era tan fuerte que pensé que me había fracturado el brazo", recuerda la arquitecta, ilustradora y diseñadora venezolana sobre su mano dominante, con la que dibujaba y pintaba, tejía a crochet, preparaba bombones y hacía manualidades.
"Traté de imaginarme la luz y el cielo, como buscando irme…Irme sin dolor, tratando de decirle a Dios que ya no quería sentir más dolor".
Cada vez que se orinaba encima, Nayarit se preguntaba cómo evitar la pérdida de líquido vital. "Tres minutos sin aire, tres días sin agua, tres semanas sin comer", se repetía para calcular cuánto le faltaba para morir.
"Simplemente, me quedaba quieta porque me cansaba de tanto moverme. No podía dormir ni descansar. Mi cuerpo estaba en alerta extrema", cuenta con una voz suave, como si la calma fuera la única forma posible de contar su experiencia.
Cuando su teléfono y el de su esposo repicaron, le sorprendió descubrir que tenía señal aunque no distinguía los aparatos envuelta en la oscuridad. Una vez que el silencio volvió a imponerse, Nayarit comenzó a gritar el nombre de Henry.
"Henry, te amo"
Desde que Nayarit y Henry se conocieron en bachillerato, nunca más volvieron a separarse. Tenían la misma edad, 39 años: 11 de casados y 14 como pareja. Además de su matrimonio, compartían un negocio en línea de venta de discos de vinilo.
Nayarit estaba segura de que en ningún momento había perdido la conciencia, así que intentaba recordar cada detalle del trayecto que había recorrido Henry cuando el apartamento empezó a temblar.
Él había salido de la cocina y había caminado hacia ella para abrazarla junto a la columna que estaba al lado del sofá. Pero el edificio se había inclinado tanto que Nayarit no entendía dónde podía estar Henry.
"Hubo un momento en el que estaba tanteando el entorno y sentí algo suavecito. Pensé que era un cojín porque estaba cerca de la sala y sentía la tela", recuerda. "Pero en lo que empecé a tocar más abajo, sentí la pierna de mi esposo y me di cuenta de que no se movía".
"Por una fracción de segundo pensé que podía estar vivo pero inconsciente. Cuando seguí el contorno de la pierna, ya empecé a sentir sangre y partes del cuerpo rotas. Ahí entendí que él ya estaba muerto".
Nayarit se disculpa por el llanto y permanece en silencio para tomar aliento.
"Te amo, Henry", recuerda que atinó a decirle a modo de despedida. "Y esperé a la muerte porque pensé que ya no iba a salir".
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"Haber perdido a mi esposo me duele más que haber perdido mi mano derecha": el testimonio de Nayarit Colmenares, la mujer amputada tras los terremotos en Venezuela