La meditación zen experimentada paso a paso

Budismo zen, budismo tibetano...
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

ada123123
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Learner
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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Dentro de las reglas de la Vinya, ¿tomas algunos medios convenientes para escribir libros como este?Me gusta bastante tu estilo de escritura, y te considero perfecto y sin culpa.Entonces, ¿eliges el agua sobre el vino, aunque ambos contienen la sangre?
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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Gracias, @Learner , es un libro bastante antiguo ya, que escribí en un momento dado para poner mis conocimientos sobre el campo de la meditación zen al servicio de otros. A algunas personas parece haberles servido de algo, por lo que me dijeron. Pero no acabo de entender lo del agua y el vino. Podrías explicarlo mejor? Gracias
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Learner
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Learner »

Daido escribió: 16 Jul 2021 22:34 Gracias, @Learner , es un libro bastante antiguo ya, que escribí en un momento dado para poner mis conocimientos sobre el campo de la meditación zen al servicio de otros. A algunas personas parece haberles servido de algo, por lo que me dijeron. Pero no acabo de entender lo del agua y el vino. Podrías explicarlo mejor? Gracias
Uno es Agua Bendita, uno es el Amor de María Magdalena y Jesús en las venas de un hombre que murió por todo el karma. Es muy budista ser completamente Santo, porque ese es el Camino a la Budeidad mientras se recorre el Camino de la Ley Mística y el Dharma. Y aceptar el Amor y el Sacramento de Jesús instantáneamente convertirá a uno en un Buda. Entonces, tal tu debería beber agua bendita y vino para el Sacramento.

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One is Holy Water, one is the Love of Mary Magdaline and Jesus in the veins of a man that died for all karma. It is very Buddhist to be fully Holy, because that is the Way to Buddhahood while walking the Path of the Mystic Law and the Dharma. And to accept the Love and Sacrafice of Jesus will instantly make one into a Buddha. So perhaps you should drink both Holy Water and Wine for the Sacrament.
Última edición por Learner el 16 Jul 2021 23:02, editado 1 vez en total.
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

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Tangen Harada Roshi (Roshi Sama)

Ningún provecho





Por tanto, no hay nada esotérico en la meditación zen. Tampoco es una técnica terapéutica por medio de la cual vamos a despertar las capas dormidas del cerebro. Yo diría que es solamente una forma de sentarnos y relajarnos, pero estando presentes al momento presente. A lo largo de una sentada de media hora, es posible que pasemos diez o quince veces (o más) de la posición de relajación a la posición de Dogen, lo cual nos indica que no estamos rígidos como estatuas, sino que se trata de un movimiento oscilante, tal y como decía Durckheim. Es un ir y venir entre dos estados, tomar y soltar, tensar y relajar. Al final es tan imperceptible que un observador externo lo confundiría con el movimiento de la respiración. Porque al final puede llegar a ser eso, la propia respiración. Inspirando, tenso la postura, espirando, relajo la postura. O casi.

El cuerpo necesita ambas cosas, relajarse y tensarse, pero sin salir de la postura de meditación. Hablo de dos posiciones, pero en realidad es solo una manera de referirse a un movimiento constante entre dos estados, no solo externos sino, sobre todo, internos. ¿Podrías hacer eso sentado en un sofá? La respuesta es que no, no podrías. Recostado en un sofá, tu espalda solo puede estar relajada. Excesivamente relajada. Al final, la espalda se cansa de tanta relajación, necesita estirarse, tensarse. Eso exige un esfuerzo demasiado grande cuando se está sentado en un sofá, por lo que a veces entramos en un sopor, un remedo de sueño. Un abandono a la mente, también, al pensamiento conceptual, que interfiere con todo lo que vemos, oímos, o leemos. Por eso el sentarnos en el cojín es tan necesario. Por eso le llamamos práctica, porque exige disciplina.

¿Pero qué vamos a sacar de esta práctica, a fin de cuentas? Ningún provecho, si es a eso a lo que apunta la pregunta. Lo único que obtendremos es conciencia de nosotros mismos. Conciencia de lo que somos, no de lo que creemos ser. Resulta tremendo a veces, cuando las creencias sobre nosotros mismos se disuelven como terrones de azúcar en el café. ¿Qué queda de nosotros, cuando todo eso se va? Esa es la cuestión básica. Ese es el comienzo de una nueva fase del camino, cuando el buceador ha descendido hasta el límite de sus fuerzas, cuando siente el comienzo de la ingravidez. Cuando lo que sigue ya no depende de él o de ella. Cuando sentimos la tentación de soltar el cable que nos mantiene unidos a lo familiar. Cuando la sombra del miedo a lo desconocido apunta en la conciencia. Ahí es el comienzo del verdadero camino.

La meditación zen shikantaza es la más usada en la tradición del zen Soto, que es la rama del Zen que introdujo Dogen en Japón. Yo la recibí del maestro Tangen Harada Roshi, en el templo zen (Bukkoku Ji), en ese país, donde he pasado algunas temporadas. He practicado zazen en ese lugar, y desde luego no tiene mucho que ver con lo que se enseña en los centros de zen de la escuela de Deshimaru en Europa. Si uno busca videos (los pocos que hay) sobre el abad de ese templo, Tangen Harada Roshi, podrá verle sentado dando teishos o en la ceremonia del té, y verá que está en una postura relajada, no está en la posición de Dogen.

Por cierto, que el mismo Dogen, en todas las pinturas que se han hecho de él, no está sentado tampoco en esa postura. Si uno va a Google y busca imágenes de Dogen, no se verá ninguna en la que esté sentado en la posición que él mismo describió con tanto detalle en el Fukanzazenji. Tómate la molestia de buscar imágenes de él y mira tú mismo como se sienta. Está relajado, no tenso. Solo los occidentales que practican zen se fuerzan a estar de esa manera. Pero no lo consiguen por más que lo intentan. Quizás algunos obcecados lo consigan aunque eso no les beneficia en absoluto. Hay algunos maestros que pueden verse en vídeos de Youtube, ninguno de los cuales habla relajadamente. Cuando se dirigen a su audiencia, denotan una gran tensión. No resulta grato oírles. Su obsesión por la postura es evidente. Se diría que el zazen que practican, apuntalar sus ego, en vez de disolverlos. No se sienten cómodos.

¿Y cómo van a sentirse cómodos, si están rígidos? Cuando se ve a Tangen Harada Roshi hablar, su postura no es la de Dogen, la espalda la tiene ligeramente arqueada. Cuando yo fui a verle en dokusan (entrevista privada) lo recuerdo claramente relajado. Se sentaba en la postura del loto, pero desde luego sin rigidez. Cuando hablaba, su voz era muy profunda, eso sí. Salía del hara, sin la menor duda. Era una voz fuerte, pero agradable de oír. No la voz de alguien que está empujando un muro.

Dogen es uno de los pocos maestros de la antigüedad, que hace una descripción de la postura de meditación, de forma detallada. Uno se pregunta por qué dice a la gente que se siente en una postura que él mismo no adoptaba (si lo hacía, los que le pintaron no lo notaron) Tal vez daba por hecho que las personas no se sentarían así durante mucho tiempo, y pronto relajarían la postura, pero al describir esa posición, les estaba dando a entender que debían volver a ella de tiempo en tiempo. Si les hubiese descrito la posición relajada, tal vez hubiesen descartado la otra.

Lo mismo sucede con los lamas, ellos no se sientan en una postura rígida. Solo los yoguis se sientan a veces así, pero ellos mismos explican por qué: para despertar la kundalini. Cuando se practica con un koan, yo creo que ocurre eso, que se despierta la kundalini. Hablo aquí del koan Mu, o de otros similares. Recuerdo que cuando practicaba con ese koan, mi postura estaba siempre tensa. En cierto momento, un pensamiento venido de más allá del ego me dijo “no lo intentes tanto”, y empecé a relajar la postura. En otra ocasión, meditando también con un koan, forcé tanto la postura que llegué a despertar una energía que parecía desbocada. Estuve mucho tiempo con efectos desagradables, por haber forzado de esa manera. Yo pensaba que era la respiración, pero ahora creo que era la postura sobre todo.

La postura y la respiración van unidas, de todos modos. Si uno se sienta relajadamente, la respiración es relajada, pero si uno se sienta en una postura tensa, la respiración es forzada. Una respiración ligeramente forzada, de rato en rato, durante algunos segundos, no causa problema. Al contrario, despierta la energía espiritual, lo cual es muy conveniente. Más allá de eso, la energía es difícil de controlar. Podemos tener serios problemas, si forzamos, como he dicho. No recomiendo a nadie que lo haga. Hay que tener mucho cuidado con eso, la energía no canalizada causa problemas.

Uno sabe muy bien, cuando la energía despertada es suficiente, por eso no hay que decidir de un modo intelectual cuando pasar de una postura a otra. El cuerpo lo sabe, solo hay que seguirle. Cuando la sensación de estar forzando aparece, hay que relajar de inmediato la postura, que es lo que el cuerpo desea. De todo el tiempo que estamos meditando, quizás el ochenta por ciento del tiempo estaremos en la posición relajada. Teniendo esto presente, la meditación no puede ir mal. En todo caso, el cuerpo no se equivoca, somos nosotros, el ego, el que lo hace. El cuerpo es en este caso el maestro que nos enseña, nosotros no tenemos parte en este proceso, solo seguir los impulsos naturales.

¿Y todo esto para qué? Para oír música, por ejemplo. Puedes ponerte música mientras meditas, y disfrutar como nunca de ella, porque tu atención estará como nunca afilada para oírla. Por supuesto no cualquier música, uno debería elegir la música que vea apropiada para la meditación. No, no me refiero a música de la Nueva Era, o esa música que se ve ahora en Youtube con el epíteto de música Zen. Una vez, viendo un video científico, que trataba sobre la nieve, relataba como los investigadores habían estudiado la manera como se forman los cristales de nieve (esas preciosas y delicadas estructuras con formas tan variadas) Pues bien, decían que la música influye de un modo asombroso en la forma de esos cristales, cuando se crean en el laboratorio. Con música de ópera se obtenían unas formas maravillosas, mientras que con músicas estridentes de rock, los cristales eran francamente horribles.

El ordenador te permite elegir la música que prefieras, puedes escoger tu artista favorito, o poner música clásica. Puedes oír unos minutos, y luego dejarlo. O puedes oír todo el tiempo que meditas. Oír (ya lo he dicho antes) no interfiere con el proceso de meditación. Leer sí. Ver imágenes también. Creo que meditar mientras oímos música (digo oímos, no escuchamos) es una magnífica experiencia, que no se parece en nada a oír música cuando estamos tumbados en una cama, o recostados en un sofá. Nuestro pensamiento conceptual, no estropea la música, y podemos realmente disfrutar. Es uno de los aspectos más prácticos que yo he encontrado a la meditación, poder disfrutar realmente de la música.

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Roshi Sama sentado en zazen
Daido
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Mística natural





En el zen hay una persona que escribió hace mucho tiempo:

“¿No ves a esa persona serena caminando, que está más allá del saber y no persigue nada? No evita pensar vanamente, ni busca la verdad”

No evita pensar vanamente, dice. Realmente, no podría evitarlo, de modo que, ¿para qué intentarlo? Ponerse a practicar zazen para dejar de pensar vanamente es absurdo. Me siento relajado ahora, mientras compruebo mis pensamientos vanos. ¡Oh son tan vanos! “¿Qué hago aquí? ¿Por qué no vuelvo con las personas?” Un pensamiento vano, sin duda. Podría de algún modo entrar en una seria conversación conmigo mismo, aclarando, por ejemplo, que yo no estoy aquí huyendo de las personas, y que las personas no se han ido, lo cual es igualmente vano. Puedo hacerlo, lo he hecho muchas veces. Tengo la sensación de que ahora ya no lo hago tanto, pero si me pillo debatiendo sobre algo conmigo mismo, no me llevo ninguna sorpresa. La sorpresa es que la conversación conmigo mismo cesa de golpe. “Oh la gravedad” me digo cuando vuelvo a dejarme caer hacia la posición de relax. Otro pensamiento vano. No cesan. Pero no tengo por qué evitar pensar vanamente, y lo más extraordinario de todo: son el camino, si nos atenemos a la respuesta de Nansen.

No hay que olvidar tampoco, que la postura de meditación es en sí misma curativa de muchas dolencias físicas y mentales. Los dolores de espalda, por ejemplo, se mejoran o se curan. Esto puedes probarlo tú mismo, si un día estás con dolor o malestar de lumbago, en sus principios, si te sientas con la espalda derecha y te relajas en ella, sentirás un enorme bienestar, cosa que no sucedería si te sentases en un sillón o un sofá, pues de ese modo se agravaría el dolor. Las vértebras se colocan una sobre otra, apoyándose únicamente en el coxis, que descansa en el cojín directamente. Si te relajas ahora, el dolor mejorará muchísimo. Si te tensas hasta alcanzar la posición de Dogen, la sensación de bienestar incluso aumentará durante un rato. Oscilando del modo habitual, sentirás un gran alivio para el dolor.

Estamos hablando hasta ahora de lo que se podría llamar mística natural, únicamente, pero como vemos, la mística natural es en sí misma algo muy valioso. Ahora bien, si lo que se busca es una experiencia más profunda, una experiencia de Dios (no como persona, sino como naturaleza propia), la meditación que aquí se propone es solo el principio del camino. Se puede llegar a ella, estoy convencido, pero normalmente llevará años. Algunas personas podrán decir que no es forma de meditar, estar esperando algo que no sucederá más que al cabo de años, suponiendo que llegue a suceder. Tienen razón, no hay que meditar de esa manera. Lo que sucede ahora es lo único que debe preocuparnos, y lo que sucede ahora es impresionante. El árbol es árbol, tanto en las ramas como en el tronco o las raíces. Si estamos en las ramas, es una experiencia tan importante como si estamos en las raíces.
La iluminación es la flor del árbol. La flor no está separada del árbol, y los árboles solo echan flores cuando alcanzan un cierto tamaño. Es natural, estar como semilla, echando un brote, sin flores todavía. La primera flor aparecerá un día, eso es seguro, cuando el árbol haya madurado lo suficiente. La flor saldrá por sí misma, sin que tengamos que decirle “sal flor” Hay una flor de loto que se está formando en nuestro corazón, y que poco a poco se va abriendo. La práctica de la meditación nos ayuda a crecer, igual que el agua ayuda a crecer a un árbol. La meditación es como regar la planta, nada más que eso. ¡Y nada menos que eso!

Por eso, aunque a veces podemos creer que la meditación no nos está sirviendo para nada, lo cierto es que nos ayuda muchísimo. Solo con sentarnos y relajarnos, podemos sentir nuestro cuerpo, y la energía que por él circula. ¡Estamos vivos! Sentir la vida es algo extraordinario. No hay ninguna experiencia especial que deba ocurrirnos, simplemente sentir la vida en nuestro cuerpo es más que suficiente. Cuando hayamos convertido la meditación en una práctica habitual, no nos será difícil sentirla. No estoy hablando de una vida limitada, sino de una vida que existe en nosotros desde siempre, y que continuará con nosotros siempre. La meditación nos llevará a ir viendo esa vida que hay en nuestro cuerpo como algo muy personal e íntimo. ¿En qué se manifiesta la vida en nosotros, en el preciso instante en que estamos sentados en meditación? Se manifiesta en todo lo que percibimos dentro y fuera de nuestro cuerpo, por medio de los sentidos. Y también se manifiesta en nuestra actividad mental, por lo que creer que esa actividad es algo que debería cesar, es un gran error.

El método que aquí hemos explicado, es lo que podría llamarse, simplemente sentarse (shikantaza), por lo que se excluye cualquier tipo de pregunta o koan. No deberían mezclarse diferente métodos de meditación. Si alguien siente deseos de meditar con un koan, debe buscar un maestro adecuado que pueda enseñarle y guiarle, pues meditar con koan es normalmente difícil. Tampoco debemos usar algún tipo de mantra u oración interior, como la oración de Jesús. No aconsejo que se utilice ninguno de esos métodos, sin el consejo de un maestro. Como yo mismo los he utilizado, puedo decir que shikantaza es la meditación más íntima que existe. No necesitamos mucho tiempo para conectar con ella, una vez nos hemos familiarizado con la postura. Una vez sentados sobre el cojín, solo necesitamos relajarnos y en un par de segundos estaremos en la meta. Incluso antes de que termine la primera inspiración, estaremos en ella. Y ya no saldremos de nuestra meta durante todo el tiempo que dure la sentada.

Insisto que es un método natural, nada esotérico ni sobrenatural. No necesitamos concentrarnos en los chacras, ni llevar a cabo formas especiales de respiración. No forzaremos en ningún momento, ni buscaremos estados especiales. Abandonaremos cuerpo y mente, una vez sentados, y se acabó. Al abandonarlos, sentiremos el cuerpo relajado, y la actividad de la mente no nos preocupará. Algunas veces podemos sentir somnolencia, o un gran cansancio, lo cual no tiene nada de malo. Si nos sentimos cansados, no tratemos de vencer el cansancio tensando nuestro cuerpo, eso sería un error. Abandonándonos al cansancio, podemos recuperar nuestras fuerzas en algunos minutos. A veces podemos caer dormidos, e incluso podemos tener sueños. Es muy probable que salgamos de ese estado en poco tiempo, aunque podría durar la sentada entera o varias sentadas. En cierto momento, saldremos del sopor y tensaremos nuestra postura por un tiempo, y estaremos maravillosamente descansados. A partir de ahí, estaremos perfectamente despiertos.

Muchos maestros de la actualidad (occidentales casi todos) creen que dormir durante la meditación es un error. Dicen que es perder el tiempo. Personalmente encuentro que si el sueño nos llega y nos dejamos vencer por él, sin oponer resistencia, el sueño es nuestro aliado. No debemos buscarlo, eso no. En principio, lo habitual debería ser estar despierto. Incluso más despierto de lo habitual. Podría suceder sin embargo, que una noche no hubiésemos dormido bien, y que el cansancio nos venciera durante la meditación. En ese caso, dormir es lo mejor que podemos hacer. Yo he comprobado que dormir en la postura de meditación zen, repara nuestras fuerzas de un modo extraordinario. Lo diga quien lo diga, no hagas caso y duerme si lo necesitas.

Llegado el caso, quizás muramos un día en plena meditación. Muchos grandes meditadores han muerto en esa posición, y se dice que morir en el cojín es la mejor manera de morir. Incluso Dogen murió haciendo zazen. Si morir es aceptable, me pregunto por qué el dormir no lo es. Pero vuelvo a decir que no nos vayamos al otro extremo, y busquemos dar siempre alguna cabezada. Habitualmente es mejor meditar con los ojos abiertos, por ello, así no caeremos en la tentación de dormitar por costumbre.

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Daido
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Hui Neng, el sexto Patriarca.

La iluminación no se consigue con esfuerzo





Pero ya hemos dicho bastante sobre la postura y no es necesario decir nada más. En primer lugar, todo lo que he dicho, es realmente innecesario una vez empieces tú mismo o tú misma a sentarte. Es como ir en bicicleta, el placer empieza cuando te olvidas de la técnica. No hay que hacer esto ni aquello, solo hay que montar en la bicicleta. Y lo mismo con la meditación. Una vez empieces, todo lo que he escrito, será algo inútil que no servirá de nada. Pero bueno, hasta que has empezado tal vez te ha venido bien leerlo. Pero ahora lo importante no es el cómo, sino el por qué.

¿Por qué te sientas a meditar? Es un punto importante. Si lo haces como una forma de encontrarte mejor, o de mejorar tu capacidad de atención, la meta que te has trazado no es mala en absoluto. Mucha gente practica el zen por motivos de salud física o mental, por encontrarse mejor a nivel psíquico, e incluso por hacer un ejercicio que implica el cuerpo, como ocurre en el yoga. Estas son metas naturales, que no requieren más que de tu esfuerzo y dedicación. Puedes practicar media hora al día, o una hora todo lo más, y te encontrarás mucho mejor. Y probablemente, durante largo tiempo, no sentirás ninguna necesidad de ir más allá. Por eso, no necesitas seguir leyendo si ese es tu caso.

Lo cierto sin embargo, es que la meditación nos enfoca hacia una meta que no es enteramente natural, sino que podría tildarse de sobre natural, en el sentido de estar más allá de nuestro nivel natural (lo que se entiende por “normal”). En ocasiones, es posible que sintamos (especialmente, cuando meditamos) un cierto eco de esa parte de nosotros mismos, que ya no nos pertenece enteramente. La práctica de la meditación, no nos puede llevar por sí misma hasta allí, pero nos enfoca hacia allí, nos coloca en esa dirección, como mirando en la oscuridad. Es importante ver cuándo y cómo sucede esto.

Antes he hablado de que meditar es como zambullirnos en el océano. Podemos alcanzar una cierta profundidad por nosotros mismos, ejercitándonos, pero no podemos de ningún modo llegar a las profundidades abisales. Es imposible. Pero en cierto momento, misteriosamente, cuando meditamos podemos tener la sensación de que caemos hacia adentro como si fuésemos una piedra (aunque extrañamente, sin sentir el peso de la piedra). Sin esfuerzo alguno, nos precipitamos más y más. No sabemos por qué, pues no hacemos nada distinto, seguimos con la práctica habitual. Pero un día, quizás nos demos cuenta de que estamos entrando en un estado especial, por así decir.

Esto puede suceder, especialmente, si estamos haciendo un retiro de meditación. Si tienes ocasión de hacer uno o dos al año, es muy recomendable que lo hagas. Si has decidido practicar con un grupo o maestro, entonces realmente obtendrás ayuda por ese lado. No obstante, es posible que ningún miembro del grupo haya experimentado nunca nada parecido, e incluso la persona que lo dirige ignore por completo la existencia de una mística sobrenatural. En el budismo hay mucha confusión en este punto. Muchos creen que alcanzar la iluminación es algo que es consecuencia de la práctica de la meditación, lo cual es radicalmente falso. La meditación, o el zazen, no nos conducen a la iluminación necesariamente, por muchas horas que le dediquemos cada día.

En el capítulo anterior hablé del koan MU. La práctica del koan MU puede llevar a experimentar la naturaleza búdica. Unas veces ocurre de manera suave y otras de manera muy profunda. Si lees libros como Los Tres Pilares del Zen, ahí se relatan experiencias de personas corrientes que llegan a tener un verdadero kensho, que en japonés significa “ver nuestra naturaleza esencial”. La mayoría de esas personas ni siquiera eran budistas, ni habían practicado necesariamente mucho tiempo. Otras, sí lo eran, y llevaban años y años de práctica, sin conseguir el más mínimo sabor de iluminación. Eso demuestra que la iluminación es algo no enteramente natural, y que obedece a otros factores aparte del personal (factores que muchos budistas niegan, por cierto)

¿Qué factores son esos? ¿Por qué hay personas que, habiendo dedicado poco o ningún esfuerzo a la práctica de la meditación, un día experimentan algo que nunca antes habían experimentado, algo que ellos mismos no saben explicar con palabras? Otras, por el contrario, pasan años incluso meditando en monasterios, siendo monjes, haciendo interminables retiros, y jamás llegan a experimentar nada de eso. Yo he conocido personas así, que entraron en el budismo tibetano, tomaron votos de monje, hicieron largos retiros, y se dedicaban a dar enseñanzas a otros, sin haber tenido verdadera experiencia de iluminación. En Internet pueden verse personas así, que explican a otros como meditar para alcanzar el vacío, cuando ellos mismos no lo han experimentado nunca. Solo tienen ideas y filosofías que comunicar. Pero eso trae más y más confusión a las personas, en vez de llevarles a encontrar ellos mismos su propia naturaleza de buda.

Si la iluminación dependiera exclusivamente de nuestras fuerzas, podría decirse que es fácil iluminarse: solo tendríamos que poner de nuestra parte el esfuerzo necesario y lo conseguiríamos. Pero no es así. Los maestros del pasado, los Patriarcas y Budas que transmitieron el Zen, sabían que el zazen no conducía por sí mismo a la iluminación, y en cierto momento, muchos de ellos dejaron de hacer énfasis en su práctica. Es sabido, que el sexto Patriarca, Hui Neng, jamás nombró la práctica de zazen como algo importante o necesario. En el Sutra de la Plataforma (el único texto que lleva el nombre de Sutra, que no es una enseñanza de Shakyamuni) dice lo siguiente:

¿Qué es esta enseñanza conocida como la meditación sentada? En esta enseñanza, sentarse significa no activar pensamientos, estando sin obstrucción alguna, estemos donde estemos, no importa en qué circunstancias. Meditación es ver internamente la naturaleza original y no estar en la confusión.

Ni un solo detalle sobre como sentarse, qué postura adoptar etc. etc. Hui Neng no daba una importancia especial a la práctica formal de zazen, y nunca la recomendó a sus discípulos, al parecer. Su único interés era que alcanzaran el despertar, como lo había alcanzado él, que nunca en su vida se había sentado a meditar. Pero un día, siendo aún niño, oyendo la recitación del Sutra del Diamante, de pronto llegó a la iluminación. Esto no es algo natural, sino que entra en lo que podríamos llamar el campo de lo sobrenatural, entendiendo por ello, fuerzas que nosotros no podemos controlar. Y esas fuerzas, no han sido reconocidas expresamente en la tradición oriental. Nunca, en un solo libro sobre budismo, hinduismo, u otra religión oriental, he leído nada que haga referencia a aquello que no depende nosotros mismos.

Esa fuerza sobrenatural, ha sido reconocida mejor en el cristianismo que en el budismo. En la tradición cristiana, casi todos los místicos han sabido reconocer la existencia de la dimensión sobrenatural, a la que han considerado divina, es decir, no humana. Casi todos los místicos cristianos (católicos u ortodoxos, ya que el protestantismo se opuso muy pronto a la mística) han buscado siempre la soledad como punto de partida para encontrar la dimensión espiritual. Su punto de partida, por supuesto, es completamente diferente al del budismo. Los cristianos basan su religión en el Antiguo y el Nuevo Testamento, y recurren siempre a ellos para inspirarse y para encontrar una explicación a sus experiencias. Los primeros en salir en busca de una experiencia directa de lo divino, fueron los antiguos anacoretas del siglo IV en adelante, que fueron llamados más tarde los Padres del Desierto.

Se puede recurrir a sus escritos (por ejemplo en la Filocalía) pero son largos y enrevesados y, probablemente, algo alejados de nuestras coordenadas espacio temporales. Existen otras tradiciones místicas interesantes en la edad media, por ejemplo, La Nube del No Saber. Pero en España existe una tradición mística muy importante también, representada por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. He debido recurrir a ellos, con el fin de obtener alguna luz en ese aspecto, sabiendo claro está, que sus obras están escritas con un lenguaje muy alejado del budista, y que no siempre resultará fácil encontrar un nexo de conexión con el lenguaje del zen.

De todas las obras de los místicos citados, finalmente me centré en una: Las Moradas, de Santa Teresa (por razones que explicaré después). Leyendo este texto con paciencia he encontrado, en efecto, puntos de unión con la experiencia zen, del satori. El zen pasó de India a China, llevado allí por un monje indio, Bodhidharma, que tuvo poco éxito en transmitir el dharma budista. Esto fue debido, aparentemente, a la enorme diferencia cultural entre los dos países y, solo cuando pasaron seis generaciones de maestros, el Dhyana de la India se transformó en el Chan (Zen) chino. Esto solo pudo ocurrir cuando practicantes y maestros chinos tomaron su propia cultura y la volcaron en el budismo indio. De ese mestizaje, nació el Chan, que luego se conoció como Zen en Japón. Pido por tanto, que nadie sienta rechazo, en nombre del zen, por la cultura propia (que no es budista, por supuesto) representada aquí por esa tradición mística cristiana, la que me referiré a continuación para enriquecernos con ella.

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Meister Eckhart. No hay más imagen de él, de modo que debe ser la única.

Una realidad sobrenatural más allá de nosotros mismos





En el budismo no siempre se dice esto de un modo claro, como sucede por ejemplo en la tradición cristiana. En el cristianismo, se aclara que hay una realidad que no somos nosotros, la cual llaman Dios, y esta tiene, por así decir el deseo y la capacidad de encontrarnos y darnos el conocimiento de ella misma. La idea que se transmite en el budismo, cuando se habla de la realidad última, es algo más bien neutro. El nombre que se le da a veces, el vacío, da una imagen así. Es casi como el espacio vacío, una realidad física, sin cualidad alguna. La tradición cristiana tiene una idea muy distinta de ella.

El Maestro Eckhart, por ejemplo, dice en uno de sus sermones:

No es con severidad que Dios pide a los hombres mucho para que ellos puedan obtener el conocimiento de Él mismo. Es con Su bondad que Él desea que el alma, con sus esfuerzos, crezca espaciosamente y recibir mucho, y que Él pueda así dar mucho.

Es decir, que el alma tiene que crecer con sus esfuerzos, para recibir mucho de Dios. Esto, en el lenguaje Zen, se podría expresar diciendo que la persona debe disciplinarse en la práctica de la meditación, el zazen, para poder experimentar el Vacío de un modo pleno. Si la persona no puede experimentar el vacío de un modo claro, no es porque el vacío no esté presente, sino porque no está preparado para ello. La práctica de la meditación es, desde ese punto de vista, un modo de preparar el cuerpo-mente para la experiencia, aunque no sea la causa de la misma. La experiencia sucede cuando y como deba suceder, y siempre de un modo inesperado. Por tanto aquí vemos que la práctica de la meditación tiene importancia también como preparación para la experiencia sobrenatural.

Continúa el Maestro Eckhart en el mismo discurso, diciendo:

Que nadie piense que alcanzar este conocimiento es demasiado difícil, aunque pueda parecer lo contrario, e indudablemente el comienzo del mismo, lo es. Pero cuando uno lo alcanza, no hay vida más fácil ni más placentera, ni más hermosa, pues Dios está siempre haciendo cuanto puede, por morar con el hombre, buscando traerle hacia Él.

Para añadir poco después:

Dios está siempre dispuesto, pero el hombre no está casi nunca listo para ello. Él está siempre cerca de nosotros, pero nosotros estamos lejos de Él.

Dios está siempre cerca, dice. “La tierra pura no está lejos” decía Hakuin. Pero si está cerca, ¿por qué no la vemos? Porque no estamos listos para ello. Tenemos que estar preparados, como tiene que estarlo una persona que va a emprender un largo viaje, un alpinista que va a escalar una cumbre, o un marino que va a realizar una travesía por mar. La preparación es esencial, y no podemos adentrarnos en la empresa sin ella.

¿Y cómo sucede la preparación? Muchas veces no tenemos que hacer nada especial, la preparación es nuestra vida misma. Es casi imposible que alguien que está más o menos en una situación aparentemente feliz en la vida, esté preparado para vivir una experiencia semejante, cómo es fácil de imaginar. Lo más probable es que diga NO, si esa experiencia está a punto de ocurrir, y hay que decir aquí claramente, que cuando la experiencia está a punto de suceder, uno lo sabe, y puede rechazarla. De hecho en la vida rechazamos esa experiencia, cuando se presenta. “No todavía”, le decimos. Y al darle la espalda, nos sentimos mal, sin saber por qué. Muchas depresiones y enfermedades mentales tienen seguramente su origen en el rechazo de esa experiencia.

Es mucho más fácil que la experiencia suceda si la persona está en una situación de insatisfacción y sufrimiento, ya que se abrirá a ella y se rendirá, no teniendo ya donde agarrarse. El sufrimiento puede llevarnos a una situación sin salida. “Bienaventurados los que sufren, decía Jesús, porque ellos verán a Dios” Personas que han estado en situaciones desesperadas, internadas en campos de concentración, donde la muerte sucedía a su alrededor de un modo cotidiano, relatan como en cierto momento, se rindieron a la realidad inaceptable en que estaban inmersos, y sucedió una experiencia de gran paz. Es la vida quien nos conduce, con sus situaciones inaceptables, a tener la experiencia del satori, pero es cierto que podemos ayudar mucho con una práctica cotidiana de meditación.

Rinzai escribe:

En tiempos pasados, dediqué mucho tiempo al vinaya (la moralidad) y también me dediqué al estudio de los sutras y los sastras. Más tarde, cuando comprendí que eran solo medicinas para la salvación (para sentirnos mejor, diríamos hoy) y doctrinas explicadas en palabras escritas, las abandoné de una vez por todas y, en la búsqueda del camino, me dediqué a practicar la meditación. Más tarde encontré grandes maestros. Fue entonces, cuando el ojo del dharma se volvió claro, que pude discernir todos los ancianos maestros bajo el Cielo, y distinguir los falsos de los verdaderos. No obtuve ese entendimiento en el momento que nací de mi madre, sino que tras una investigación exhaustiva, y una larga disciplina, lo alcancé en un solo instante.

San Juan de la Cruz, comentando un verso de su libro, Cántico Espiritual, dice_

En este vuelo espiritual que acabamos de decir se denota un alto grado de unión de amor en que, después de mucho ejercicio espiritual, suele Dios poner en el alma, al cual llaman desposorio espiritual con el Verbo Hijo de Dios. Y al principio que se hace esto, que es la primera vez, comunica Dios al alma grandes cosas de sí, hermoseándola de grandeza y majestad

Es decir, que tanto uno como otro, hablan de que para llegar por primera vez a la experiencia de kensho (que Rinzai llama entendimiento, y San Juan desposorio espiritual con el Verbo, pero que en el Zen se llama kensho o satori) reconocen que han pasado por un largo tiempo de investigación y disciplina. Lo que los budistas llaman zazen, los místicos cristianos llaman ejercicio espiritual (y este nombre me parece muy apropiado, pues es realmente eso, ejercitarse espiritualmente, lo que hacemos todos, al sentarnos a meditar u orar) Rinzai dice que alcanzó el entendimiento en un solo instante, pero no como consecuencia de la meditación, pues tuvo el kensho cuando un maestro al que fue de visita le golpeó con su bastón. Ese golpe tuvo un efecto inesperado, sin duda, por lo que él mismo usó el método de golpear a otros para intentar provocar en ellos un despertar espiritual.

¿Cómo tuvo el kensho (o la experiencia de unidad con Dios) San Juan de la Cruz?, cabe preguntarse. En el ámbito del cristianismo, no suele darse mucha información de ese tipo. Yo no sé si en algún momento San Juan escribe sobre ello, pero yo no le he leído. Otra diferencia que existe entre ambas tradiciones es que en el zen los maestros suelen tener una importancia muy grande, pero los cristianos no parece que encuentren en ellos un apoyo demasiado importante. La mayoría de ellos va de por libre, aunque tengan comunicación ocasional con otros místicos, o con confesores (los cuales a menudo son un estorbo más que una ayuda) La mayoría de los místicos viven solos, o en monasterios de clausura. También los practicantes de zen solían ser monjes, pero hoy casi todos son laicos.

Una condición que parece necesaria para todos, orientales u occidentales, es el sufrimiento. Sin sufrimiento, es poco probable que el kensho tenga lugar. Pero tranquilo todo el mundo, no hay que ir a buscarlo. El sufrimiento es algo que tenemos siempre con nosotros, de una u otra forma, y no tenemos que provocárnoslo. Ese sufrimiento puede ser poco evidente a veces, pero otras es como una punzada de insatisfacción terrible. Si no fuésemos conscientes de ese sufrimiento, hasta cierto punto, ni siquiera nos hubiésemos interesado en la meditación, ni leeríamos este libro.

No hace falta que el sufrimiento venga como consecuencia de una pérdida irreparable (que por cierto es muy habitual) sino que puede aparecer como una toma de conciencia gradual o repentina de una insatisfacción de base. Mucha gente no se atreve a mirar de frente ese sentimiento de insatisfacción permanente, en el que viven, que no es otra cosa que su sentimiento de alienación, de separación. Se ven solos en un universo hostil, viviendo dentro de su propia piel, como si esta fuese la frontera entre ellos y lo demás. Intentan aparcar constantemente el momento de mirar cara a cara esa sensación que les provoca un sufrimiento cada vez mayor. Mientras este no sea excesivo, y no haya ninguna crisis grave de salud, o pérdidas irreparables, la persona puede hacer como que no lo ve, por un tiempo más. Esto se hace cada vez más difícil, sin embargo, conforme los años pasan, y llega un momento en que ya no es posible aparcarlo más. Desafortunadamente ese momento puede ser cuando una enfermedad grave, o incluso la muerte misma, hace ya acto de presencia.

Es muy bueno que mientras hacemos zazen, dediquemos momentos a mirar esto de cerca. ¿Somos realmente felices? ¿Estamos completamente satisfechos? ¿Qué es lo que nos falta para estar bien? ¿Qué es lo que nos hace sentir mal? El zazen es un momento muy apropiado para mirarnos por dentro, no creamos que todo consiste en dejar pasar los pensamientos “como nubes en el cielo vacío”

Los monjes que salían en la antigua China en busca de enseñanzas, solían ir a los maestros de Zen con una pregunta: ¿A qué vino Bodhidharma de occidente? En otras palabras, ¿Qué enseñó Bodhidharma? Esas personas que iban en peregrinación de monasterio en monasterio, tenían sin duda una formación en el budismo, pues el budismo existía ya en China, cuando llegó Bodhidharma. Con seguridad habían practicado ya la meditación, fuese del tipo que fuese. Tal vez recitasen mantras, o se sentasen a seguir la respiración. Tenían sin la menor duda una ética, sus votos de monje, y por lo general llevaban mucho tiempo buscando la iluminación. Cuando llegaban hasta los Maestros Zen, tenían una enorme preparación para la experiencia. Esa preparación es necesaria también para nosotros, aunque nuestro sistema de vida es completamente distinto, y nuestra preparación también será distinta.

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Rinzai sentado en zazen, con el cuerpo relajado y cara de enfado :twisted:
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tao.te.kat
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por tao.te.kat »

Una tontería, es aquello de que el tonto (yo) cuando le señalan la luna se queda mirando el dedo. :)

Pero personalmente no entiendo que siempre se japonecise los nombres de los maestros Ch'an chinos.

Por ejemplo Rinzai: Rinzai era chino y se llamaba LinJi, no Rinzai. En Japón que lo llamen como gusten, pero no veo razón para ponerlo en japonés.

Hakuin era japonés, perfecto, y Dogen idem.

LinJi no. Su nombre no es Rinzai, es LinJi

Ya avisaba que era una chorrada. :D

Es como si en un texto en francés a un Juan español lo llaman John en inglés... raro... aunque sé que es tradición porque el Ch'an que se conoce en occidente es básicamente su rama japonesa. De hecho mucha gente ni sabe que el Ch'an (Zen) es chino o de origen chino en todo caso.

Mil disculpas ada123123 ada123123 ada123123 ada123123
Daido
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Re: La meditación zen experimentada paso a paso

Mensaje por Daido »

No, nada de disculpas. Tienes toda la razón y habrá que usar los nombres correctamente. Pero yo no me sé casi ninguno en chino. Rinzai sí, es Lin Chi. Ese y Chao Chu los conozco.

Gracias por decirlo ada123123
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