Afrontar la muerte
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usuarioborrado1
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Afrontar la muerte
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Re: Afrontar la muerte
Sabemos que morimos, pero no lo "sabemos". Tenemos el hábito de vivir como si no fuésemos a morir.
Por eso, como todos los hábitos, se puede compensar con otro, como el de recordar y reflexionar constantemente en la muerte, maraṇasati.
https://en.m.wikipedia.org/wiki/Mara%E1%B9%87asati
Por eso, como todos los hábitos, se puede compensar con otro, como el de recordar y reflexionar constantemente en la muerte, maraṇasati.
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Re: Afrontar la muerte
Disculpa, no te entiendo. ¿Tuviste un accidente de transito?
Re: Afrontar la muerte
¿has pensado en terapias de mindfullness de tipo clínico?. Dan buenos resultados si la persona sigue las pautas.Buddhayana escribió: ↑09 May 2023 23:40 No, pero un conductor me siguió con su coche, muy pegado al mío, incluso después de que diera vueltas falsas a una rotonda, molesto por qué le había adelantado. Suficiente para que mi ansiedad se disparara imaginando el peor de los escenarios posibles. Sufro TOC y TAG, son mi Mara personal.
Muchas veces la ansiedad se proyecta en cosas como la hipocondría o el miedo a morir, pero en realidad son tapaderas de una oposición que existe entre mente y corazón. A menudo la persona vive algo de manera incoherente con su corazón, pueden ser situaciones, trabajos, memorias.. distintas cosas. Y entonces aparece eso.
La ansiedad es un mensaje claro de que se está viviendo una incoherencia de ese tipo. La atención plena puede ayudar bastante con eso.
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Roberto
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Re: Afrontar la muerte
Hola @Buddhayana , respecto al asunto del Trastorno Obsesivo Compulsivo y el Trastorno de Ansiedad Generalizada, tanto como budista como psicólogo (que es en lo que estoy titulado) este no es el lugar apropiado donde poder afrontar esas cosas, es en la vida real, bien acudiendo a donde haga falta y existan profesionales competentes, bien, si se rechaza lo anterior, trabajando sobre sí mismo consigo mismo y aceptándose plenamente y si fisuras.
Respecto a la otra cuestión, la de la muerte, yo si me enfrentado a esta cuestión, he visto morir a seres cercanos y, a alguno, lo he acompañado en sus últimos instantes; personalmente, en primera persona, me he enfrentado a ese pensamiento, en el pasado, por un diagnóstico médico que, cuando se me dio, auguraba poco meses de vida y, después, dada mi edad actual, al margen de diagnósticos, concretos o no, es un horizonte que ya no se ve lejano e imaginario, como cuando se es joven, sino que empieza a delinear sus líneas con claridad cada vez más nítida (digamos, en terminología budista, que el "cemento" de los "agregados" empieza a presentar grietas que anuncian su descomposición); pero mis experiencias personales, tienen relevancia solo para mi, no sirven a otros.
Con todo, el problema, o el enigma, o el absurdo de la muerte es central en el Budismo, es fundante, como en todo camino religioso. Es de ahí, de esta "cuestión" que parten estos caminos y no de otro lugar, y a eso no da respuesta ni la ciencia, ni ningún otro saber que esté orientado a proporcionar respuesta exhaustivas, cerradas. Incluso habiendo superado cosas como el TOC, el TAG, el estres, la ansiedad, los comportamientos adictivos patológicos (a sustancias físicas o a "cosas" no físicas) u otros malestares psicológicos, ese problema existe y subsiste y no debemos eludir el afrontarlo.
Al respecto de lo anterior, Jiso Forzani, comentando un texto de Dogen, del que después hablaré, dice [los subrayados son mios]:
En el comentario que hace Jiso Forzani al Shoji de Dogen, posteriormente añade:

Respecto a la otra cuestión, la de la muerte, yo si me enfrentado a esta cuestión, he visto morir a seres cercanos y, a alguno, lo he acompañado en sus últimos instantes; personalmente, en primera persona, me he enfrentado a ese pensamiento, en el pasado, por un diagnóstico médico que, cuando se me dio, auguraba poco meses de vida y, después, dada mi edad actual, al margen de diagnósticos, concretos o no, es un horizonte que ya no se ve lejano e imaginario, como cuando se es joven, sino que empieza a delinear sus líneas con claridad cada vez más nítida (digamos, en terminología budista, que el "cemento" de los "agregados" empieza a presentar grietas que anuncian su descomposición); pero mis experiencias personales, tienen relevancia solo para mi, no sirven a otros.
Con todo, el problema, o el enigma, o el absurdo de la muerte es central en el Budismo, es fundante, como en todo camino religioso. Es de ahí, de esta "cuestión" que parten estos caminos y no de otro lugar, y a eso no da respuesta ni la ciencia, ni ningún otro saber que esté orientado a proporcionar respuesta exhaustivas, cerradas. Incluso habiendo superado cosas como el TOC, el TAG, el estres, la ansiedad, los comportamientos adictivos patológicos (a sustancias físicas o a "cosas" no físicas) u otros malestares psicológicos, ese problema existe y subsiste y no debemos eludir el afrontarlo.
Al respecto de lo anterior, Jiso Forzani, comentando un texto de Dogen, del que después hablaré, dice [los subrayados son mios]:
Desde el Budismo, vivido y real, ¿qué se puede decir? Existe un texto breve, atribuido a Dogen (aunque esto no acaba de estar claro) denominado Shōji (que es una sola palabra compuesta por dos ideogramas, si bien intraducible de forma completa en lenguas occidentales, suele traducida a veces como vida-muerte, otras como vida y muerte, pero que literalmente sería casi mejor traducir como vidamuerte) en el que encontramos [subrayados mios]:Quizás la posibilidad de mirar cara a cara a la vida y la muerte, la predisposición a saber mientras estamos vivos que necesariamente moriremos, es una característica distintiva del ser humano respecto a las otras formas de vida. Ciertamente no la única, pero para nada irrelevante. También muchos animales sensibles, cuando están en situación de peligro o de grave enfermedad o condenados a una muerte inminente por el hombre o por otros animales, se dan cuenta de estar a punto de morir y manifiestan a su modo esta comprensión. Pero sólo el ser humano es capaz de pensar en la muerte, de darse cuenta, aunque esté lleno de salud y en la flor de la vida, de que antes o después ciertamente morirá, precisamente es más bien una de los pocas cosas verdaderamente ciertas de la vida, por lo que parece, esta de morir. No está excluido que ello sea el resorte de todo el desarrollo del pensamiento, de todo el actuar y el progresar del género humano, la conciencia del destino de no ser y el impulso que deriva de ello a dejar una huella en este ineluctable vacío.
La búsqueda religiosa, que es búsqueda de sentido más allá del sentido contingente de la misma vicisitud humana, no puede no partir de aquí, del conocimiento del límite en que estoy encerrado y de la consiguiente pregunta: ¿Por qué?, ¿por qué he nacido, si nacer significa morir?
Estamos ahí dentro, en esta contradicción, y no es bueno fingir que no es así. No es bueno, no por razones morales en el sentido del bien o del mal, no es bueno porque el único modo que tenemos para salir de la contradicción es aceptar el hecho de estar ahí dentro, una vez perdida la inocencia que nos permitió no percibirla como una contradicción. Pero atención, la religión se distingue de todo lo demás, es completamente diversa con respecto a las actividades, facultades y disciplinas humanas porque incluso situándose en el fondo ante el mismo interrogante que se plantea la filosofía, y en general la ciencia, ese porqué que está en la base de todo no se propone solucionarlo con una respuesta exhaustiva. Este es un punto muy importante, a mi parecer. Allí donde la religión descuida esta interrogación y no te obliga a estar delante de la misma se convierte en superstición, en técnica consolatoria, en fatalismo inconsciente. Allí donde pretende proveer respuestas exhaustivas en el plano de las explicaciones y del balance de resultados, se convierte en fundamentalismo y sectarismo, en ambos casos una medicina peor que el mal. Sólo si la religión tiene la humildad de reconocer que no sirve para nada en el plano de las respuestas exhaustivas, puede desarrollar su maravillosa e insustituible función: desnudar a esa pregunta de la angustia, y convertirla el limpio motor que hace girar la rueda de cada existencia.
Mientras se está vivo, se esta completamente vivo, hemos de abrazar esa vida y desplegar nuestro mejor esfuerzo en realizarla, en obedecer a la realidad. La muerte en ella es un pensamiento, al que llamamos horizonte cierto, pero pensamiento queda, al que podemos tratar como a cualquier otro todo pensamiento, todo sigue siendo vida. Cuando se está en la muerte todo es muerte, completamente, cuando llega no queda sino abrazarla.Si se busca Buda en otro lugar que vida y muerte es como dirigir el timón al norte para andar hacia el país del sur, es como girar la mirada hacia el sur para ver la osa mayor. Dando así cada vez más cuerpo a la raíz de vida y muerte se pierde todavía más el camino de la libertad. En cambio cuando comprendes que la propia vida y muerte es el Nirvana, entonces no puedes odiarla en cuanto vida y muerte, no hay más desearla en cuanto Nirvana. Entonces por primera vez se realiza la condición de estar libres de vida y muerte.
Creer que de la vida se pasa a la muerte, esto es el error. La vida es un tiempo completo, hay un antes, hay un después. Por ello en el dharma de Buda al nacimiento se le llama no nacimiento. También la muerte (extinción) es un tiempo completo, a su vez hay una antes, hay un después. Por esto la muerte es llamada no muerte. Cuando se dice vida no hay otra cosa que vida, cuando se dice muerte no hay otra cosa que muerte. Por tanto cuando llega la vida, ésta sólo es vida; cuando llega la muerte, hace falta estar al servicio de la muerte. No odiar, no desear.
Esta vida y muerte es verdaderamente la Vida de Buda. Si reniegas de ella en verdad tú tiras la Vida de Buda. Si, mientras se vive, te apegas a la vida y muerte, también esto es perder la vida de Buda, es fijar el modo de ser Buda. Si no detestas, si no deseas, entonces por primera vez estás en el corazón de Buda. Pero no lo valores usando el corazón, no lo digas usando palabras.
En cambio, abandonado y olvidado mi cuerpo y mi corazón me precipito en la casa de Buda, me dejo actuar desde el lado de Buda; y cuando obro de acuerdo a eso, sin forzar, sin consumir el corazón, libre de vida y muerte, me convierto en Buda.
Para convertirse en Buda hay un camino muy simple: no hacer el mal de ninguna forma, sin el corazón apegado a vida y muerte, prodiga la compasión [el afecto, la piedad] hacia todos los vivientes, honra lo que está en alto, se compasivo con lo que esta bajo, no tengas el corazón que odia, no tengas el corazón que anhela, no tengas pensamientos en el corazón, no estés inquieto, esto es lo que llamamos Buda. No buscar otra cosa.
En el comentario que hace Jiso Forzani al Shoji de Dogen, posteriormente añade:
"No odiar, no desear". Saltar más allá del me gusta-no me gusta. No rechazar nada, no intentar aferrar nada. Abrazar a la vida, mientras esta resplandece, corresponder al abrazo de la hermana muerte, cuando nos visité.Quizás deberíamos replantear nuestros conceptos de libertad, de meta, de paz. La solución al problema de vida y muerte, lo que Dogen llama librarse de vida y muerte, no tiene nada que ver con lo que nos imaginamos; no es como librarse de un deudor extinguiendo la deuda, algo que primero hubo y de lo que te libras cuando ya no hay más. Esta vida y muerte es la Vida misma de Buda, he ahí el sentido de la libertad.[...]
Quizás no se puede aprender a morir, tal como no se aprende nunca a vivir. El hecho de que suceda lo que se sabe ya no vuelve la sorpresa menos sorprendente. Pero podemos educarnos a nosotros mismos a recibir la paz que viene de la casa de Buda [...] Creer poder afirmar categóricamente que [...] de qué paz se trata, quiere decir no comprender que la verdadera paz está más allá, inalcanzable por nuestras concepciones de paz; y sin embargo está aquí, en el centro de la contradicción que alimentan nuestras guerras y nuestras paces.
El deseo de olvidar la muerte, en tanto que comprensible, no debe ser tratado con excesiva indulgencia. Sería oportuno y saludable si la muerte fuese sólo el fin de la vida, el fin de todo, el fin y basta ya. Ella es en cambio, al mismo tiempo, inconfundible con la vida e inseparable de ella, por lo que olvidando la muerte se olvida la vida. No olvidar la muerte no quiere decir estar pensando en la muerte, actividad a menudo funesta, cuando no inútil, quiere decir estar en concordia, morir con la muerte, vivir con la vida, ir más allá de la contradicción, atravesando la herida, porque esta es la única vía de paso.
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Roberto
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Re: Afrontar la muerte
De acuerdo, disculpa. Aunque no era esa la parte principal de me respuestaBuddhayana escribió: ↑10 May 2023 12:11Creo que se me ha malinterpretado. Yo no he venido aquí a recibir consejos ni terapia, solo respondía a la pregunta de Sensui. Solo he aprovechado una situación para proponer un tema de debate. Por favor, dejad de centrar en mi la cuestión y ahorraros consejos que no se os han pedido.Roberto escribió: ↑10 May 2023 11:53 Hola @Buddhayana , respecto al asunto del Trastorno Obsesivo Compulsivo y el Trastorno de Ansiedad Generalizada, tanto como budista como psicólogo (que es en lo que estoy titulado) este no es el lugar apropiado donde poder afrontar esas cosas, es en la vida real, bien acudiendo a donde haga falta y existan profesionales competentes, bien, si se rechaza lo anterior, trabajando sobre sí mismo consigo mismo y aceptándose plenamente y si fisuras.
Namandabu![]()
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Re: Afrontar la muerte
Hay un par de hilos en los que se habló del tema de la muerte, los dejo por si interesa.
El miedo a la muerte
La muerte
Con mi propia ‘muerte’ no tengo ningún problema. Como dice el Buda en los suttas, el sabio no considera los agregados como ‘mi yo’ ergo para él no hay nacimiento ni muerte.
Cosa diferente es el sufrimiento de los incontables seres. Lo encuentro inaceptable, insoportable.

El miedo a la muerte
La muerte
Con mi propia ‘muerte’ no tengo ningún problema. Como dice el Buda en los suttas, el sabio no considera los agregados como ‘mi yo’ ergo para él no hay nacimiento ni muerte.
Cosa diferente es el sufrimiento de los incontables seres. Lo encuentro inaceptable, insoportable.
En el hombre dominado por una visión equivocada del mundo, surge el apego y las subsecuentes controversias, sin embargo los magnánimos no forman juicios de las cosas y por tanto no discuten, pues para los que carecen de opinión, ¿cómo podría haber una opinión contraria? (Nagarjuna).
Re: Afrontar la muerte
ah bien, es que parecía una duda personal porque hablabas de tí mismo.
¿Entonces el interés es sobre como enfoca el budismo el tema de la muerte?
¿Entonces el interés es sobre como enfoca el budismo el tema de la muerte?
Re: Afrontar la muerte
ah, entonces no quieres hablar de tí personalmente pero si que lo hagan otros...
Lo peor de la muerte no es que exista sino que no existe. Si existiera eso seria un chollo.
Nadie ha conocido nunca a alguien que estuviera muerto. Que se hubiera muerto antes eso si, pero conocer a un muerto, eso es imposible.
Última edición por Alavi el 10 May 2023 16:11, editado 1 vez en total.
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Re: Afrontar la muerte
Viene o no viene a cuento pero me ha saltado esto a la mente:
La tercera vez que vi a Su Santidad estaba cerca de Chicago, en un hospital oncológico en Zion, Illinois, en el momento de su muerte. La gente allí -el personal del hospital, así como los visitantes- estaban completamente abrumados por él. Para apreciar esto, hay que tener en cuenta que en la UCI (unidad de cuidados intensivos) el personal normalmente está bastante hastiado. Ven la muerte continuamente, y ese es su trabajo y la razón por la que son buenos es porque no quedan demasiado afectados por ella, y pueden atender a su trabajo
Así que ver a un equipo como ese estar tan abrumado por la gentileza de Su Santidad era muy impresionante. Y eso es lo que pasó. La mayoría de ellos eran cristianos, y ninguno de ellos sabía nada sobre budismo, pero no vacilaban en llamarlo Su Santidad. Nunca dijeron ni una sola vez, ‘Karmapa,’ siempre era ‘Su Santidad’.
Y la gente, después de un tiempo, no podía entender cómo él no sufría dolor o no respondía de la forma en que la gente lo hace en su situación. Entonces empezaron a sentir bastante preocupación por su cuidado.
Como ustedes saben, cada Karmapa se supone que ha de escribir una carta antes de morir, indicando las circunstancias de su próximo nacimiento. El personal empezó a preocuparse acerca de la carta. Y era tan increíble ver que la preocupación de todo el mundo pasó de «¿qué vamos a hacer por este paciente hoy? ‘ y ‘¿le diste su baño? a ‘¿Escribió su carta? ¿Este linaje va a continuar?’
Había una enfermera en la unidad de cuidados intensivos, que vino a mí un día con lágrimas en los ojos y me dijo: ‘Estoy muy preocupada porque este linaje se va a acabar aquí en este hospital.’ Se refería, claro está, a que estábamos en Zion, Illinois. Es un pueblo árido. Muy tradicional cristiano. Así que, para mí, fue muy conmovedor ver cómo todos fueron tomados por completo por Su Santidad.
El personal no podía dejar de hablar de su compasión y sobre lo amable que parecía después de cuatro o cinco días, el cirujano – un cristiano filipino – se acercó a mí y me dijo: ‘Sabes, cada vez que voy a ver a Su Santidad, me siento como si estuviera desnudo y que él me ve por completo y me siento como si me tuviera que cubrir.’
Su Santidad realmente parecía haber cambiado mucho al personal de médicos y enfermeras. Así las cosas, les dejamos libros, y más allá de eso, la gente me seguía diciendo, ‘Usted sabe, yo soy cristiano y no creo en el budismo, pero tengo que decir que el Su Santidad es una persona muy inusual’. Decían esto casi en tono de disculpa, sin saber cómo combinar ambas creencias, pero tan obvia y profundamente conmovidos por Su Santidad.
[…]
A medida que pasaban los días, Su Santidad parecía deteriorarse físicamente. Luego hizo algunas cosas que, a partir de lo que los Rimpochés me decían, tenían algunos precedentes en su vida. Al parecer, cuando tenía trece años más o menos, cuando estaba muy enfermo, los médicos llegaron a verlo y le dijeron que su enfermedad era muy, muy seria y que tenía sólo unas horas de vida, o un día como máximo. Usted tiene que darse cuenta de que los médicos tibetanos nunca dirían algo tan negativo, mientras hubiera alguna esperanza. Nunca dicen algo como esto hasta que creen que la muerte es inminente e inevitable. Sin embargo, Su Santidad no les prestó atención y se recuperó rápidamente.
Los médicos no podían entender cómo había sucedido. Pero esto fue en el Tíbet, y fue tal vez más fácil de aceptar para ellos, pues él era Su Santidad.
Pero lo mismo sucedió en Zion. Un día después de examinarlo y encontrar que había habido un deterioro drástico, salí y dije, ‘Su Santidad tiene dos horas de vida, tal vez tres horas.’ Tenía todos los síntomas que he visto en esa situación, e iba cuesta abajo muy rápidamente. Cada sistema estaba fallando. Estaba teniendo problemas para respirar, estaba vomitando sangre y tosiendo sangre, su presión arterial estaba cayendo, incluso con medicamento de apoyo para la presión.
Cuando has trabajado con una gran cantidad de pacientes en estado crítico, tienes una idea muy clara de cuando un paciente está a punto de irse. Lo sientes porque ves la tensión que su cuerpo está sufriendo, y sabes que no va a ser capaz de aguantar mucho más tiempo. Sabes que va a colapsar. Así que podía sentirlo.
Dije: ‘Tenemos que despertarlo si creéis que la carta es importante’. Así que lo desperté con algunos medicamentos que tenemos que invierten parte de la somnolencia. El tulku dijo: ‘¿Nos disculpan?, ahora tenemos que hablar con Su Santidad en privado’.
Salieron en unos cuarenta y cinco minutos, y dijeron: ‘Bueno, Su Santidad dice que no se va a morir, y se rió de nosotros. ¡¡se rió de nosotros!!’. Dijeron par de veces, «Simplemente se rió de nosotros. Y dijo: ‘No me des esa libreta. No escribo ninguna carta.’
Entré en la habitación y él estaba sentado en la cama. Incorporado. Y sus ojos estaban muy abiertos y la fuerza de su voluntad era inmensa, y se volvió hacia mí y me dijo en inglés (del que sólo conocía algunas frases): ‘¿Hola, cómo estás?’
Y en treinta minutos, todos sus signos vitales estaban estables y a un nivel normal, y dejó de sangrar. Salimos después de una hora de estar en la habitación, y uno de los empleados de la unidad de cuidados intensivos se me acercó y dijo: «Mira mis brazos.» Y miré, y tenía la piel de gallina a todo lo largo de sus brazos. Nadie había visto nada como esto en sus vidas. La fuerza de su voluntad era tan fuerte, y no estaba dispuesto a morir todavía. Estoy completamente convencido que se obligó de nuevo a la estabilidad. Yo nunca había visto nada remotamente parecido a esto, o incluso leído o escuchado acerca de una cosa así.
Sigue...
La tercera vez que vi a Su Santidad estaba cerca de Chicago, en un hospital oncológico en Zion, Illinois, en el momento de su muerte. La gente allí -el personal del hospital, así como los visitantes- estaban completamente abrumados por él. Para apreciar esto, hay que tener en cuenta que en la UCI (unidad de cuidados intensivos) el personal normalmente está bastante hastiado. Ven la muerte continuamente, y ese es su trabajo y la razón por la que son buenos es porque no quedan demasiado afectados por ella, y pueden atender a su trabajo
Así que ver a un equipo como ese estar tan abrumado por la gentileza de Su Santidad era muy impresionante. Y eso es lo que pasó. La mayoría de ellos eran cristianos, y ninguno de ellos sabía nada sobre budismo, pero no vacilaban en llamarlo Su Santidad. Nunca dijeron ni una sola vez, ‘Karmapa,’ siempre era ‘Su Santidad’.
Y la gente, después de un tiempo, no podía entender cómo él no sufría dolor o no respondía de la forma en que la gente lo hace en su situación. Entonces empezaron a sentir bastante preocupación por su cuidado.
Como ustedes saben, cada Karmapa se supone que ha de escribir una carta antes de morir, indicando las circunstancias de su próximo nacimiento. El personal empezó a preocuparse acerca de la carta. Y era tan increíble ver que la preocupación de todo el mundo pasó de «¿qué vamos a hacer por este paciente hoy? ‘ y ‘¿le diste su baño? a ‘¿Escribió su carta? ¿Este linaje va a continuar?’
Había una enfermera en la unidad de cuidados intensivos, que vino a mí un día con lágrimas en los ojos y me dijo: ‘Estoy muy preocupada porque este linaje se va a acabar aquí en este hospital.’ Se refería, claro está, a que estábamos en Zion, Illinois. Es un pueblo árido. Muy tradicional cristiano. Así que, para mí, fue muy conmovedor ver cómo todos fueron tomados por completo por Su Santidad.
El personal no podía dejar de hablar de su compasión y sobre lo amable que parecía después de cuatro o cinco días, el cirujano – un cristiano filipino – se acercó a mí y me dijo: ‘Sabes, cada vez que voy a ver a Su Santidad, me siento como si estuviera desnudo y que él me ve por completo y me siento como si me tuviera que cubrir.’
Su Santidad realmente parecía haber cambiado mucho al personal de médicos y enfermeras. Así las cosas, les dejamos libros, y más allá de eso, la gente me seguía diciendo, ‘Usted sabe, yo soy cristiano y no creo en el budismo, pero tengo que decir que el Su Santidad es una persona muy inusual’. Decían esto casi en tono de disculpa, sin saber cómo combinar ambas creencias, pero tan obvia y profundamente conmovidos por Su Santidad.
[…]
A medida que pasaban los días, Su Santidad parecía deteriorarse físicamente. Luego hizo algunas cosas que, a partir de lo que los Rimpochés me decían, tenían algunos precedentes en su vida. Al parecer, cuando tenía trece años más o menos, cuando estaba muy enfermo, los médicos llegaron a verlo y le dijeron que su enfermedad era muy, muy seria y que tenía sólo unas horas de vida, o un día como máximo. Usted tiene que darse cuenta de que los médicos tibetanos nunca dirían algo tan negativo, mientras hubiera alguna esperanza. Nunca dicen algo como esto hasta que creen que la muerte es inminente e inevitable. Sin embargo, Su Santidad no les prestó atención y se recuperó rápidamente.
Los médicos no podían entender cómo había sucedido. Pero esto fue en el Tíbet, y fue tal vez más fácil de aceptar para ellos, pues él era Su Santidad.
Pero lo mismo sucedió en Zion. Un día después de examinarlo y encontrar que había habido un deterioro drástico, salí y dije, ‘Su Santidad tiene dos horas de vida, tal vez tres horas.’ Tenía todos los síntomas que he visto en esa situación, e iba cuesta abajo muy rápidamente. Cada sistema estaba fallando. Estaba teniendo problemas para respirar, estaba vomitando sangre y tosiendo sangre, su presión arterial estaba cayendo, incluso con medicamento de apoyo para la presión.
Cuando has trabajado con una gran cantidad de pacientes en estado crítico, tienes una idea muy clara de cuando un paciente está a punto de irse. Lo sientes porque ves la tensión que su cuerpo está sufriendo, y sabes que no va a ser capaz de aguantar mucho más tiempo. Sabes que va a colapsar. Así que podía sentirlo.
Dije: ‘Tenemos que despertarlo si creéis que la carta es importante’. Así que lo desperté con algunos medicamentos que tenemos que invierten parte de la somnolencia. El tulku dijo: ‘¿Nos disculpan?, ahora tenemos que hablar con Su Santidad en privado’.
Salieron en unos cuarenta y cinco minutos, y dijeron: ‘Bueno, Su Santidad dice que no se va a morir, y se rió de nosotros. ¡¡se rió de nosotros!!’. Dijeron par de veces, «Simplemente se rió de nosotros. Y dijo: ‘No me des esa libreta. No escribo ninguna carta.’
Entré en la habitación y él estaba sentado en la cama. Incorporado. Y sus ojos estaban muy abiertos y la fuerza de su voluntad era inmensa, y se volvió hacia mí y me dijo en inglés (del que sólo conocía algunas frases): ‘¿Hola, cómo estás?’
Y en treinta minutos, todos sus signos vitales estaban estables y a un nivel normal, y dejó de sangrar. Salimos después de una hora de estar en la habitación, y uno de los empleados de la unidad de cuidados intensivos se me acercó y dijo: «Mira mis brazos.» Y miré, y tenía la piel de gallina a todo lo largo de sus brazos. Nadie había visto nada como esto en sus vidas. La fuerza de su voluntad era tan fuerte, y no estaba dispuesto a morir todavía. Estoy completamente convencido que se obligó de nuevo a la estabilidad. Yo nunca había visto nada remotamente parecido a esto, o incluso leído o escuchado acerca de una cosa así.
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