Ananda escribió: "Podríamos estar mucho tiempo buscándole sentidos ocultos a los textos de S. Teresa de Ávila, algunos seguramente más acertados que otros. Pero el paradigma cristiano es el que es, la mentalidad de esas personas es conocida, quizá leyendo sus cartas personales - sin florituras poéticas - es donde mejor se percibe su forma de ver las cosas. Recuerdo por ejemplo cartas personales de la carmelita S. Teresa de Lisieux a sus hermanas. En ellas vemos anhelo por la muerte, especialmente por una muerte violenta, que las convierta en mártires que les garantice la entrada en el cielo. El sufrimiento se percibe como un medio para ser 'corredentores' con Cristo, lo que añade 'perlas a la corona' (sic) y les lleva a adoptar prácticas mortificantes, algunas verdaderamente hilarantes (como no rascarse nunca). Otras, simplemente crueles (a la citada santa normanda no le darán morfina hasta el día antes de morir de tuberculosis). Todo lo anterior no significa que un cristiano no pueda alcanzar grandes cota de desapego, pero nunca lo llevarán tan lejos como el seguidor del Buda. Alguna 'excepción' sería digna de comentarse, como fue Meister Eckhart.
En cualquier caso y volviendo a la santa castellana, me parece que esas palabras (escribo de memoria)...
Ay qué larga es esta vida, qué duros estos destierros, esta cárcel y estos hierros en que el alma está metida. De sólo pensar la salida siento un dolor tan fiero que muero por que no muero.
...si las comparamos con otras que pronunciara en su lecho de muerte, admiten poco margen para ciertas interpretaciones.
Señor y esposo mío, ha llegado la hora de salir de este destierro y que mi alma goce contigo lo que tanto he deseado."
Es que es precisamente en la visión de la mística cristina donde podemos encontrar resonancias con la práctica budista, porque el significado de las palabras se ensancha, las barreras se pulverizan y, en definitiva, el corpus doctrinal pierde su preponderancia frente a la experiencia directa. Es justo esto último, lo que nos lleva de la mano a la noción que simboliza tal resonancia: la no-dualidad.
Al igual que al recorrer la Vía, a cada instante, entre el practicante y la realidad no existe la más mínima separación, en la mística (no solo cristiana, como es el caso, sino también musulmana, judía, etc) entre el místico y la realidad que, en el caso cristiano, se llena con la presencia de Dios. Que en el cristianismo se hable de Dios y en el Budismo, no, como es sabido, no imposibilita el diálogo. Se trata tan solo de la "seña de identidad" de cada uno, lo que los diferencia; lo que posibilita el diálogo, lo que hace de marco para el mismo es que la experiencia, la forma de vida tanto en el uno como en el otro, está atravesado por la no-dualidad.
Así, sin separarnos del ejemplo del poema de la carmelita, si bien en todo el poema el significado de vida y muerte, se van alternando constantemente, jugando con sus significados convencionales, al tiempo que con una interacción entre "vida" y "muerte" en el que ambas ya no están más tiempo separadas e independientes entre sí, sino que el verlas, vivirlas como dos caras de una misma cosa, transforma por completo a la persona que así lo vive. Unas estrofas más adelante de la citada que contiene los versos de "...esta cárcel y estos hierros, en los que el alma está metida...", podemos leer:
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte....
...que suponen un bello ejemplo, de aquel mencionado juego que es constante en el poema: el de la vida y la muerte intercambiando sus papeles, para aquel que mira ambas con visión clara.
