Hola
@jorgeyordy,
escribió: "...Hola @Daido @tao.te.kat
¿Qué significaría "ser budista"?
..."
Aquello que caracteriza al Budismo, es decir, que podemos encontrar en todas las tradiciones y en todas las épocas, esto es, desde el Budismo primitivo anterior al surgimiento de las escuelas en la India nororiental, así como en su extensión por el resto del subcontinente indio, hasta su extensión por China, Tibet y el resto de países del Asia oriental, fundamentalmente, a partir del Budismo renovado,
son las Cuatro Nobles Verdades, pero no como creencias (el Budismo no es una cuestión de creencias ni en los deva, ni en la vida en el más allá, ni en el ciclo de las reencarnaciones, etc., aunque, provisionalmente, estas puedan encontrarse como surgidas -
dependientes, por lo tanto - a partir de un determinado hummus cultural y espiritual, sino como puntos de partida y tareas a abordar y llevar a cabo de manera efectiva con y en nuestras vidas. Además de las Cuatro Nobles Verdades, creo que también cabría considerar como mínimo común denominador del "ser budista", el reconocimiento del trilaksana o las 3 características de la realidad: impermanencia,
anatman y duhkha, conceptos que entre los practicantes occidentales, suelen entenderse de pasada, de una manera un tanto superficial y, por lo tanto, incompleta. De hecho, de una síntesis de trilaksana y de las Cuatro Nobles Verdades, resultan los cuatro sellos del Dharma que son una suerte de exposición de los puntos fundamentales con los que debe contar toda enseñanza budista.
Por otro lado, la experiencia espiritual en ámbito budista, hasta el s. XX,
nunca ha tenido un papel preponderante, encontrándose siempre en el centro la práctica y las circunstancias vitales que conformaban la experiencia de vida de cada practicante. Podemos ver que esto es así, incluso en el Zen - o en tradiciones similares en las que se habla de kenshô o "experiencia de ver la auténtica realidad" -, cuya finalidad - que no deja de ser una finalidad sin fin - es la de ajustar la propia vida, en cada aspecto de la vida, a la propia "manera de ser de la Vía" a cada instante, manera de ser, por otro lado, que no es una meta a alcanzar, sino que se encuentra en el origen de nuestra propia práctica. Podemos verlo, así, incluso en Hakuin, quien después de varios, muchos kenshos, pasados con su maestro principal y con otros, reconoció con sus propias palabras, "no sentirse libre". Solo, cuando comprendió - no intelectualmente, sino desde su propia práctica - que entre "él" y "los demás seres" no había ninguna separación, llegó a darse cuenta de que nunca había estado encadenado.
Por último, ser budista, no debería significar "ser birmano, tibetano o japonés", cosa que, no solo no tiene ningún sentido, sino que puede convertirse en un enorme obstáculo para la práctica. Realmente, las diferencias de expresión, de ritos, de creencias, de pensamiento, etc., que encontramos ya entre las distintas tradiciones y escuelas asiáticas, son un indicador de que la Vía de Buddha, para ser tal, precisa y necesita renovarse con el molde propio de la cultura que lo acoge, aunque el sabor del contenido siempre sea reconocible, sea en la época en que sea y allá donde quiera que se encuentre.
