Muchas personas tienen conceptos erroneos sobre la iluminación, y es comprensible. En todas las escuelas del budismo se parte del hecho de la iluminación de Buda, como si este marcase el final del sufrimiento y la ignorancia, y el principio de la nueva vida, ya sin sufrimiento y plenos de sabiduría. La compasión aparecería de golpe y porrazo, también, y ya nunca más habría que preocuparse de nada. Desde ese momento, seríamos Budas. Es una visión tan idílica como falsa. Las iluminaciones no son así. Eso es la creación del Theravada. También del budismo tibetano. Ahí se transmite esa idea falsa de que la iluminación de Buda supuso su salida instantánea del samsara y su entrada en el Nirvana. Eso solo son cuentos, la iluminación no es así.Sin embargo la cuestión de la "iluminación sin compasión" me parece un contrasentido. Obviamente uno podría tener acercamientos a la realidad última, destellos de verdad, pero la iluminación la entiendo de otra manera. Siendo poético, y recordando las palabras de Thich Nhat Hanh: la iluminación es cuando la ola se da cuenta que es oceano...En este caso, en la iluminación la ola no puede dejar de tener compasión por otras olas, que basicamente son lo mismo que ella, ha aprendido a no dejarse engañar por las apariencias. Si por el contrario la ola ve la realidad de mares buenos y mares malos, de olas negras y de olas azules, entonces no hay iluminación, lo que hay es simplemente samsara.
Debemos partir del hecho de que la iluminación no se puede definir, ni se puede explicar. Se la puede llamar experiencia, tanto en cuanto, existe un antes y un después, por lo que se supone que "algo" ha debido suceder. Es ese "algo", lo que llamamos iluminación, lo que no se sabe qué es, ni se puede explicar. Eso es la iluminación.
Pero no se sabe si ese "algo" es igual para todos, ni si tiene la misma intensidad (si es que puede hablarse de intensidad, porque eso supone tener una capacidad para medirla, cosas que no hay). Una cosa es posible, sin embargo: si una persona tiene la iluminación varias veces en su vida, puede compararlas y sacar conclusiones, diciendo la tercera fue más fuerte que la segunda, por ejemplo. Pero esto lo sabe para si mismo, y solo para si mismo. No puede saber nada de los demás.
Cuando se tiene una experiencia de iluminación, es como un relámpago que ilumina la casa. Hay distintas intensidades y el efecto puede durar más o puede durar menos. Lo que es seguro es que la luz no se va a quedar para siempre. Lo que se queda para siempre es la seguridad de lo que se ha visto (no con los ojos). Esa seguridad es para siempre. Hay un antes y un después.
Lo que no es para siempre es la beatitud que se experimentó. Ese es el punto, que casi todo el mundo quiere quedarse con la beatitud para siempre. Esa beatitud va desapareciendo, sin embargo, como se explica en los libros de mística, escritos por los grandes místicos cristianos, que son los únicos que hablan de lo que han vivido. Los budistas, lo expresan con poesías solamente. También los místicos cristianos, pero estos además lo intentan explicar.
En una palabra: salvo Ramana Maharsi, no he sabido de nadie que haya experimentado esa beatitud de continuo. Las sombras vuelven y si antes se tenían ideas fascistas, después se siguen teniendo. Pero son ideas, de modo que no tienen por qué ser dañinas. Poco a poco, la confusión se va. En algunos casos, sin embargo, la confusión tarda mucho en irse. En el caso que nos ocupa, tardo una vida entera, por lo que se ve. Por ello, lo mejor es quedarse quieto y no hablar hasta que todo se limpie. Las ideas no son el problema. El problema es seguirlas, hablar, escribir... No digamos actuar (entonces se lía parda).
Y la compasión aparece, pero no es lo que se creía.
En fin cuanto más escribo, menos se entiende. Lo dejo aquí, y no sé si seguiré.
Que sigáis bien