Si se quiere profundizar más en el asunto de la reencarnación, no ha mas remedio que bucear en las experiencias internas, sucedidas como consecuencia de (o a pesar de) la practica de la meditación. Esas experiencias tienen que haber llegado o, incluso, traspasado esa capa llamada Alaya Vignana (o cual sea su nombre sánscrito), pero yo creo que aquí se le ha dado en llamar el inconsciente colectivo. Este es un sustrato común, que a mi parecer, es donde van a parar las semillas karmicas (todo aquello que se hace dice o piensa desde la conciencia del yo). Yo no creo haberme quedado en el inconsciente colectivo mucho tiempo, porque en el zen se instruye a la gente a no recrearse en mundo de los makyos. Tanto es así, que a veces tengo deseos de ir y tener unos cuantos súper makyos, porque nunca los he tenido. La gente a veces cuenta cosas asombrosas, de ese nivel. Ven a Jesucristo, ven ángeles, ven a la Virgen, a Buda, Tara, antepasados, perros y gatos, incluso... Yo no he visto nada de nada

Supongo que los buenos karmas, producen buenas visiones y experiencias, y los malos, lo contrario. Pero como en el zen no se detiene uno, cuando coges la directa (el que la coge, claro), pasa como un cohete hasta el espacio exterior, o vacío, donde lo único que hay es luz, por así decir (no, tampoco hay luz, pero casi todos los que llegan hablan luego de una gran luminosidad).
Por tanto, es probable que tras abandonar el cuerpo físico, se vaya hacia el espacio exterior, pero al pasar por la estratosfera, donde está el inconsciente colectivo, se deje llevar por visiones, buenas o malas, y eso le arrastre en la búsqueda de nuevas experiencias. Quizás sea divertido ir de aquí para allá un poco más, y buscar un paraíso y reencarnar allí, quien sabe. Los tibetanos tienen unos pocos donde elegir, dicen ellos. O tal vez, si se ha experimentado la clara luz, ya en esta vida, uno no se confirme con menos, y apriete el acelerador y pase de todo. Ni la Virgen, ni Cristo, ni Buda. El vacío. Puro vacío. No tiempo. No - thing.
Perooooooo..... Hasta las ballenas tienen que subir de vez en cuando a respirar. Supongo que siempre hay un final, que es un comienzo, y PUF! Vacuidad es forma otra vez. Y, en ese caso, el karma es ineludible. Pero como dijo Mumon, el maestro zen chino de la edad media, hablando de un monje que reencarnó en zorro: quinientas vidas de zorro, tal vez fueron quinientas vidas de plenitud. Porque, forma es vacuidad, es la otra mitad del círculo . Un punto a tener en cuenta.
