En Occidente encontramos a menudo el estereotipo de que el buddhismo ofrece una visión pesimista de la existencia, desprecia el mundo terrenal por ser un lugar de sufrimiento, e insta a retirarse de él hacia un nirvana entendido simplemente como extinción de la existencia.
Sin embargo, tanto en China como en Japón, muchas tradiciones buddhistas desarrollaron una fuerte crítica a la oposición entre un mundo terrenal impuro y una realidad celestial pura y separada. Esta visión no dualista fue especialmente importante en tradiciones japonesas como el buddhismo Tendai, Shingon y, posteriormente, Zen.
En esta ocasión hablo del buddhismo esotérico Shingon, una de las escuelas más importantes de la historia de Japón. Entre sus ideas filosóficas más fascinantes está la de que el cosmos entero y todos sus fenómenos, por pequeños o insignificantes que puedan parecernos, son una manifestación del Buddha cósmico, Dainichi Nyorai.